El Banco ya había reconocido que el desarrollo requería algo más que capital físico. Los bajos niveles de educación y salud eran un freno y se necesitaba asistencia técnica, pero se pensaba que debía proveerse en términos concesionales sin generar mayores requerimientos de capital de los que la institución podía conceder. El Banco creó la AID para evitar la competencia con otras agencias, pero al mismo tiempo fue consciente de la necesidad de mucha mayor asistencia externa en términos más favorables a los países en desarrollo.
Comenzó también la preocupación por la pobreza dentro de las naciones aunque de forma muy lenta. Walt Rostow habló ante los funcionarios del Banco a finales de 1963 y les dijo que el problema central del desarrollo no era la brecha entre naciones ricas y pobres, sino entre ricos y pobres dentro de los países en desarrollo, por lo que había que enfatizar las intervenciones en agricultura y en la producción de bienes manufacturados baratos. Esos mismos planteamientos fueron compartidos por Dragoslav Avramovic, cabeza del
departamento de economía en 1963 y 1964, preocupado por la pobreza del mundo rural 15 años después de los esfuerzos de desarrollo, pero la suya fue en ese momento una opinión minoritaria en el Banco.
La ampliación de la tipología de los préstamos durante la época de Woods (industria, agricultura y educación) fue más el resultado de un cambio en la visión del Banco de su propio papel, que un cambio en la concepción de los requisitos del desarrollo. En los 60 el Banco comenzó a realizar préstamos a compañías de desarrollo financiero, junto con asistencia técnica para formar nuevas empresas y desarrollar el mercado de capitales. En el sector agrícola, el Banco y la AID aumentaron el campo de sus preocupaciones desde los proyectos de irrigación y despeje de tierras a gran escala y con apoyo de los gobiernos, a acuerdos institucionales diseñados para variar los patrones de cultivo y proveer a campesinos individuales de insumos agrícolas. Los préstamos para educación se desarrollaron lentamente, y principalmente bajo la influencia de la experiencia con los nuevos países miembros de África, con lo que aumentó el énfasis en el desarrollo de los recursos humanos lo que refleja una concepción más amplia del proceso de desarrollo. La experiencia en África, donde no existían empresas privadas y la de Asia, donde se requería la participación gubernamental si se quería que la producción de abono creciera rápido, cambiaron la visión del Banco respecto al papel del sector público y privado. Su preocupación se volvió la eficiencia e independencia política de las empresas, independientemente de su propiedad pública o privada, aunque no fue hasta 1968 que el Banco aprobó la propiedad pública y el control de las compañías de desarrollo financieras promovidas por él (Mason y Asher 1973:472-473).
Uno de los temas discutidos en el Banco, fue la posibilidad de que la mejora de la agricultura pudiera requerir apoyo en las necesidades financieras de un programa de distribución de la tierra lo que se planteó en el documento de “Política Financiera del Banco” presentado al Directorio en 1963, aunque esto no significaba financiar las compensaciones a los propietarios de la tierra expropiada. El documento de política sobre agricultura de 1964 planteó la necesidad en algunas áreas de una reforma en la tenencia de la tierra45. La
reforma de la tierra era ya un tema importante en la política de países como Indonesia, Irán, Filipinas, y unos catorce países de América Latina donde se estaban realizando ocupaciones y reformas en la legislación sobre la tierra a comienzos de los años 60 (Kapur et al. 1997:197). Sin embargo, para la
45 Hay que tener en cuenta que la Alianza para el Progreso también planteaba la ayuda
institución seguían prevaleciendo los objetivos de expandir la producción por encima de las necesidades de redistribución y el Banco evitó las posibles complicaciones políticas y administrativas de la reforma de la tierra y se planteó mas bien nuevos tipos de proyectos para agricultores individuales como crédito agrícola, facilidades de almacenamiento o de infraestructuras.
Los préstamos en educación y suministro de agua reflejaban tensiones parecidas entre su naturaleza social y la necesidad de que fueran productivas. En el caso del suministro de agua la “producción” se asociaba con la obtención de ingresos a través de tasas a los usuarios y usuarias particulares, y al consumo industrial. La mayoría de los préstamos fueron del BIRD y dirigidos a países de ingresos medios, de forma que esta elección de países junto con la priorización de las ciudades respecto al mundo rural y la búsqueda de ingresos más que la mejora sanitaria llevaron a unas inversiones no favorables a los pobres.
En el caso de la educación, la productividad se aseguraba escogiendo las inversiones en áreas como formación técnica y vocacional en los niveles secundarios y superiores, y analizando las necesidades de mano de obra educada que habían aparecido en otros proyectos del Banco en el país. La educación seguía siendo considerada un área social o de consumo y no productiva, por lo que la mayoría de los créditos durante la década los hizo la AID (Kapur et al. 1997:199-202).
A lo largo de la década de los 60 se fue abriendo paso la idea del capital humano. T.W. Schultz la desarrolló en terminología económica en 1961 y aumentó su aceptación. El énfasis estaba en la educación, pero también se extendía a la salud. Como una alternativa potencial al modelo de desarrollo, la idea de “invertir en la gente” no estaba contaminada con consideraciones redistributivas (sus promotores en la universidad de Chicago lo veían como una fuente de crecimiento, no de equidad), aunque de hecho era una vía tanto de crecimiento como de un reparto más amplio de los beneficios. Más tarde Schultz extendió el modelo a la agricultura señalando que es la ausencia de factores de producción y tecnología lo que produce la baja productividad. Las investigaciones sobre agricultura revelaron que las pequeñas granjas tenían mayor productividad de la tierra y del trabajo que las grandes, dando un apoyo respetable a la distribución de la tierra. Schultz también criticó en 1960 las políticas del Banco Mundial como responsables de un esfuerzo unilateral para
transferir sólo capital físico y negar la contribución del capital humano (Kapur et al. 1997: 206)46.