el intercambio de bienes entre las personas implica no sólo soli- daridad afectiva, sino, básicamente, solidaridad funcional. Éstos son los contenidos más conocidos en los estudios de redes, porque se trata de una práctica supuestamente frecuente entre las personas. para poder acercarnos a esta realidad seleccionamos dos indicado- res: “prestar o regalar dinero”10y “dar alimentos o ropa”.
si bien puede intuirse que quienes tienen más capacidad de dar son los que más tienen, es muy interesante comprobar que también existe desprendimiento o actitud solidaria entre las personas más carentes.
en el cuadro 1 se observa que, en promedio, tres de cada diez personas de los estratos bajos prestaron o regalaron dinero y que es- ta proporción se duplica entre las personas del estrato medio alto. la misma tendencia se observa cuando se refiere a dar ropa o ali- mento, siendo una actitud más frecuente que prestar o dar dinero.
las diferencias entre los estratos son estadísticamente significa- tivas para los dos indicadores considerados y cabe destacar la que existe entre los de menores recursos abonando la hipótesis de hete- rogeneidad entre los pobres y la polarización de la sociedad en su conjunto. los estratos bajos intercambian más con parientes que con amigos; en cambio, entre las personas del estrato medio alto se dan indistintamente con ambos en cuanto al dinero y también con compañeros de trabajo –aunque es menos frecuente–. Kessler (1998) ha encontrado que en los sectores medios de la argentina hubo un importante proceso de transformación debido a las recu- rrentes crisis que a muchos convirtieron en nuevos pobres.11 esa
circunstancia ha acreditado como ocasionales prestadores de bienes y servicios a parientes, amigos y compañeros de trabajo, que en
10prestar y regalar dinero son dos acciones muy diferenciadas que, al estar
puestas como alternativas en una misma pregunta de la edsa, reúnen varias po- sibilidades, como las personas que habían regalado dinero a un necesitado, ayu- dado a un hijo, a sus padres, o las que le habían prestado a un amigo o a un her- mano, entre otras posibilidades. por esta razón hemos incorporado este tema en las entrevistas en profundidad y analizado los datos de la encuesta usando tam- bién esos resultados más que la significancia estadística de estos últimos.
11los llamados nuevos pobres corresponderían a las personas del estrato me-
ciertas circunstancias pueden dar, pero seguramente en otras han re- cibido. aquí la reciprocidad no es inmediata, pero el favor puede ser retribuido en cualquier otro momento o ante un cambio de cir- cunstancias, y tal vez no a la misma persona de la que se recibió, si- no a otra de su entorno.
hay muy pocas diferencias en las respuestas por sexo y grupos de edad. las características personales que afectan diferencialmente el hecho de prestar o dar dinero son el nivel de educación (alto) y la si- tuación laboral (ocupados) y conyugal (separados o viudos). en el es- trato muy bajo, las más solidarias económicamente son las mujeres de edades avanzadas, con mayor nivel educativo y que viven en un hogar incompleto. en comparación, entre las personas del estrato más alto hay mayor probabilidad de que presten o regalen dinero lo adultos que trabajan y son separados o viudos –que forman parte de una familia de núcleo incompleto o viven solos–. en todos los grupos, esta actitud es- tá relacionada positivamente con el mayor nivel educativo.
con relación a dar alimentos o ropa, se observa una mayor pro- babilidad de que estas acciones estén relacionadas con las mujeres adultas independientemente del estrato al que pertenezcan. en los dos estratos medios también regalan ropa las personas mayores de 60 años, y en el más alto, las jóvenes. esta actitud prevalece entre aquellos que tienen trabajo y mayor nivel de educación individual y en el contexto familiar.
algunos casos entrevistados denotan gran solidaridad aun sien- do del estrato bajo. uno es la señora ester, para quien regalar dine- ro fue una constante a lo largo de su vida. sus acciones fueron siempre “con arreglo a valores” y no “a fines”, como habría sido si hubiera decidido ahorrar su dinero en lugar de regalarlo. si hubie- ra ahorrado, probablemente –como ella misma lo expresó–, hoy podría tener una casa propia, si la hubiera podido comprar en cuo- tas. ahora que ninguno de sus parientes le retribuye la ayuda reci- bida, no se arrepiente de haberlos ayudado, pues para ella la re- compensa es sentir que hizo lo que correspondía.
Ester (84) fue siempre muy generosa con su familia. de niña juntaba maíz ayudando a su familia, que vivía en el campo. traba- jó siempre como empleada doméstica y planchadora. crió una hija siendo madre soltera y le dio dinero durante mucho tiempo cuando quedó viuda con hijos adolescentes. también le regalaba a un her- mano mayor que vivía en su pueblo natal del interior bonaerense. a
pesar de que tiene sobrinos en buena posición económica y también nietos, nadie le ha retribuido su ayuda ahora, que podría necesitar- la, porque ya no puede trabajar como antes. por esa razón aún se emplea para acompañar personas ancianas, ya que su pensión por vejez no le alcanza. siempre está de buen humor y agradece a dios por la salud que tiene.
Roberto (35), jardinero, soltero y sin muchos gastos, también contó que siempre se prestan plata entre la familia y que es algo re- cíproco: “hoy puedo yo y otro día pueden ellos”.Lucila (38 años), madre soltera, participó de un grupo de ocho personas entre parien- tes y amigos que todos los meses ponían una cuota fija en un fondo común. el monto recaudado estaba disponible para que lo usara uno solo de ellos por mes y en un orden que habían sorteado. al ca- bo de ocho meses todos habían dispuesto de la suma total de lo aportado y habían podido usar el dinero para comprar algún ele- mento para la casa, o ladrillos, o algo que necesitaran disponiendo de dinero efectivo. esta estrategia de ahorro y préstamo en el grupo denota una fuerte confianza entre ellos, que tal vez se acreciente por el hecho de ser inmigrantes paraguayos.
Eduardo (40)pertenece al estrato alto y comparte con un her- mano la dirección de las empresas que recibieron de su padre y su abuelo. tiene una hija de 21 años de su primer matrimonio, que “duró únicamente dos años, dado que éramos muy jóvenes. Y con mi señora llevamos dieciséis años juntos y seis de casados”.eduar- do dona siempre dinero a la iglesia y participa con sumas importan- tes de dinero en la colecta anual de cáritas Más por Menos. tam- bién, a través de las empresas, hacen donaciones a organizaciones con fines benéficos, entre ellas el hospital garrahan, la maternidad sardá, hospitales de su provincia.
“Por otro lado, dentro de la empresa tenemos un plan de be- cas para los hijos de nuestros trabajadores, para que asistan a la universidad y vivan en Buenos Aires, al igual que hay becas allá [se refiere a la provincia donde está parte de la empresa].Si nece- sitara dinero, no recurriría a un amigo; lo mismo pasa con el tra- bajo. Creo que es muy sano mantener separados los ámbitos, ya que si uno trabaja con un amigo puede ganar un empleado y per- der un amigo. Lo mismo con un familiar, salvo para los hijos que tienen que trabajar e incorporarse a la empresa si lo desean, pe- ro deben cumplir ciertos requisitos que están establecidos por el código familiar”.
del análisis global de las entrevistas en profundidad surge la existencia de cadenas de ropa entre la gente, que circulan horizontal y verticalmente, distribuyéndose algunas entre las amistades o rega- lándola a los que tienen menos. esto se da especialmente en situa- ciones de crisis económica e inflación, que repercuten en la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos de la clase media, y aunque es más común que reciban los pobres, no es privativo de ellos. casi to- dos los entrevistados de clase media alta contaron que regalan ropa para la gente más necesitada; lo hacen directamente a las empleadas domésticas o empleados de pequeñas empresas de las que son due- ños, o, si no, a través de la parroquia. pero también siempre hay ro- pa que le sirve a alguna amiga íntima, hermana o sobrina. entre los hombres también se da esta actitud, especialmente porque la ropa ya no les gusta o sienten que no les queda bien; sobre todo regalan ropa formal a los familiares más cercanos con los que tienen mayor intimidad, y la más informal o que está más usada se la dan a otra gente, usando los canales ya señalados. también algunas personas de estratos más altos regalan mucho para que se venda en ferias americanas a beneficio de alguna organización (comedores comuni- tarios, hogares de jóvenes, etcétera). a dichas ferias no sólo concu- rren personas pobres, sino también de la clase media, que distan de poder comprar todo lo que les gustaría y que en algún tiempo pasa- do tuvieron.
las personas de sectores bajos que reciben ropa también la dis- tribuyen entre la parentela. Éste es el caso de las mujeres que son empleadas domésticas y les regalan ropa de toda la familia para la cual trabajan. el destino es su propia familia y los vecinos, es decir, los que están más cerca.