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What Ought to Be Components of Visual Art Education?

El tema del tiempo es uno de los ejes principales de la filosofía; por sus diversas variantes e interpretaciones a lo largo de la historia, no existe una sola definición que sintetice y reduzca su conceptualización. Por esta razón, y con el fin de darle continuidad a nuestro eje conceptual, sólo nos mantendremos en la línea teórica de Castoriadis.

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Castoriadis, Cornelius. Los dominios...op. cit. p. 66

Partimos de que “en el acto de creación se inscribe el tiempo’’,80 el cual se revela en el inicio y final de la historia de la sociedad. Hay una constante creación que se circunscribe en una temporalidad. La creación, que se manifiesta en el tiempo, implica a la sociedad. Cabe destacar que hay una correspondencia: sin la sociedad no hay creación del tiempo y, sin el tiempo, no hay una institucionalización de ésta, ya que no podríamos encontrar la “diferencia de lo idéntico” y tampoco el sentido, pues toda pregunta por el sentido del mundo y del ser nos llevan necesariamente al tiempo.

Esta institucionalización del tiempo lo diferencia del espacio y del lugar (contrario a lo que forja la visión del ser determinado). En ella se concibe al tiempo y al espacio como inteligibles, invisibles e informes. Sin embargo, el único modo de contacto sólo lo podemos encontrar a través de la “reflexión bastarda”81 y también por medio de la visibilidad: en el instante (sentimos) al tiempo y en el punto (visualizamos) al espacio. Tiempo y espacio están íntimamente ligados, pues el tiempo no se puede concebir fuera del movimiento.

Vistos desde la concepción determinante del ser, el tiempo, el espacio y el lugar no son diferentes, porque cuando se ve al ser de manera determinada hay una visión atemporal,82 pues al tiempo se le ve como repetición y sólo como pura “referencia de localización”;83 no se encuentra la identidad que lo hace diferente del otro. Esta forma de ver las cosas induce a olvidar que la temporalidad es una “condición de toda existencia, como estructura, y como tiempo que vivimos, nunca como tiempo externo”.84

Si se llega hablar de temporalidad en la historia es de manera secundaria, aunque necesaria, para tener una referencia identitaria, lo que no le da la posibilidad de una distinción clara entre el espacio y el tiempo (debido a que en la construcción del mundo se carece de estos elementos). No hay más ser, en este caso, que el

80 Xirau, Ramón. El tiempo vivido. Acerca del "estar", México, Siglo XXI, 1993, p. 26

81 Cf. Castoriadis, Cornelius. La institución...op. cit. p. 45

82 Cf. Ibíd. p. 46 83 ídem.

ser siempre, sin movimiento y estático, en donde hablar de devenir es hablar de un devenir que no se dará nunca, lo que lo hace atemporal.85 86 En la concepción del ser determinado se concibe que los sucesos se dan todos a la vez, pero ubicados

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en diferente lugar, sin que el tiempo sea un “autoengendramiento de la alteridad” y sin que sea reconocido como un valor ontològico. El tiempo aquí no tendrá sentido por la determinación misma del ser. Es importante aclarar que en esta visión de Castoriadis sí hay una consideración del tiempo, pero la forma en que la hace es para justificar solamente la “diferencia de lo idéntico consigo mismo’’.87 88 El tiempo servirá, en este caso, como ‘“orden de las sucesiones’: por el hecho de ser

en otro tiempo, la ‘misma’ cosa’.” No hay una manera de captarse como sociedad

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e individuo, es decir, se carece, entonces, de una “epocalidad del ser”.

Contrario a la determinación del ser, el tiempo también debe de ser concebido como un “tiempo esencial irreductible a una espacialidad” en donde haya creación absoluta porque, si se entiende al tiempo como el ordenador de sucesiones de los acontecimientos, es necesario la concepción del espacio, pues es lo que permite lo “plural” que, al mismo tiempo, nos accede a “la identidad de lo diferente”, de lo idéntico; es decir, de la alteridad. Es así, según Castoriadis, como se debe de pensar la historia: como tiempo de alteración y alteridad.89 Esta alteridad, lo otro, necesaria para entender la diferencia, es lo que permite encontrar la identidad, precisamente porque la alteridad es lo contrario a la identidad. De ahí la necesidad del espacio (chora) y del lugar (topos) que, además de no poder “estar” el uno sin el otro, es lo que permitirá la “identidad de lo diferente”.90

Al hacer Castoriadis la relación del tiempo con respecto a la alteración y alteridad, relaciona la existencia del tiempo en función de su necesidad por lo otro que “esta

Cf. La institución...op. cit. p. 49 86 ídem. 87 Ibid. p. 48 88 Cfr. Ibid. p. 49 89 Cfr. Ibid. pp. 46-47 90 Cfr. Ibid. p. 48

por ser" y no por lo que está dado; y eso que está por ser son las “figuras distintas”91 u “otras figuras” que no tienen relación con “figuras diferentes”.92

Cuando se hace referencia a “figuras distintas”, se está hablando de creación cuando no derivan de otras figuras porque, si retomamos el ejemplo que nos presenta Castoriadis, B no deriva de A, no es diferente ni deducción, ni construido de A, más bien es otra, es distinta. No es producto de algo inamovible ni eterno, es una creación extraída de la nada, que no tiene antecedentes. Es la forma, producto de la imaginación y de la inventiva.

Como pilar importante el tiempo es, por lo tanto, el que le da temporalidad a la sociedad, es decir, la que le da existencia y un estatus institucional que contiene temporalidad y autoalteración e identidad.