María Victoria Sotomayor Sáez (Universidad Autónoma de Madrid)
Jesús Díaz Armas (Universidad de La Laguna)
Resumen: Los premios Lazarillo y Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, convocados, respectivamente, desde 1958 y 1978 para reco- nocer la labor de autores e ilustradores dedicados a la literatura para niños y jóvenes, son los galardones más significados del país (por repercusión y por cuantía) y, por tanto, los que mayor influencia pueden tener para mantener vivo el interés de editores, mediadores y críticos sobre los autores y las obras premiadas, como parece des- prenderse del análisis de su pervivencia en el mercado editorial y del eco que despiertan sobre los medios informativos, las estructuras educativas y la investigación.
Palabras clave: canon, literatura infantil, literatura juvenil, Premio Lazarillo, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.
Abstract: The Lazarillo and National Children’s and Young Adult Literature awards, held respectively from 1958 to 1978, in ack- nowledgement of the work performed by authors and illustrators dedicated to the literature of children and young adults, are the most renowned awards in the country (due to size and repercus-
sions). Therefore, these awards could be the most influential in sus- taining the interest of editors, mediators and critics regarding the authors and works prized, as appears to be inferred from the analysis of its survival in the publishing industry, and the interest they arouse among the media, educational structures and research.
Keywords: canon, children’s literature, Lazarillo Award, National Children’s and Young Adult Literature Award, young adult litera- ture.
Los premios Nacional y Lazarillo, por su carácter institucional, son sin duda los que tienen un efecto más notorio sobre la configu- ración de un posible canon de las literaturas infantil y juvenil en el marco ibérico, y ello a pesar de la existencia (e incluso abundancia) de otros premios de prestigio convocados por entidades privadas que contribuyen, también, a la consolidación y renombre de autores e ilustradores. Tal y como decía no hace mucho uno de los últimos galardonados del Premio Nacional, un “premio es una maravillosa promoción gratuita” (Sierra i Fabra, 2007: 15) que, sin duda, tiene evidentes consecuencias, como apunta Puerta Leisse (en relación con el Premio Nacional de Literatura infantil y juvenil), en difusión (en medios, foros varios y programas radiofónicos y televisivos), ventas (y no sólo del libro premiado, sino también de los escritos antes por el autor), visibilidad e, incluso, de “discusiones sobre el fallo” (Puer- ta Leisse, 2007). Tal y como ocurre en el sistema de la literatura de adultos, donde los premios más prestigiosos o mejor remunerados son los que están sujetos a mayor controversia y polémica, Lazarillo y Nacional son también los que generan mayor número de dudas y de protestas, más o menos acalladas, que en ocasiones hallan su eco en alguna revista especializada.
A los criterios apuntados por Puerta Leisse podrían añadirse aún otros efectos, no todos ellos necesariamente relacionados con la re- cepción del premio, aunque este factor puede haber contribuido de-
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cisivamente a ello, y que suponen un cierto grado de canonización, pues parece haber convertido en clásicos a algunos (pero no a todos) autores y obras, especialmente en el caso de los textos que, escritos hace algunas décadas, aún continúan reimprimiéndose y reeditándo- se y recibiendo la atención de la crítica3.
Sin duda, ciertas circunstancias (que quizá podamos tomar como indicadores) hablan muy claramente acerca de la consolidación de un autor en el sistema de la literatura infantil y juvenil, y podemos encontrarlas reunidas en más de uno de los premiados en cualquiera de los premios literarios que analizamos en este trabajo, dándose, además, la circunstancia de que algunos hayan conseguido, preci- samente, ambos premios (y algunos otros más), como Montserrat del Amo, Marta Osorio, Ana María Matute, Carmen Vázquez Vigo, Joan Manuel Gisbert, José Antonio del Cañizo, Juan Antonio de Laiglesia, Francisco Climent, Agustín Fernández Paz, Eliacer Cansi- no, Emilio Pascual o Jordi Sierra i Fabra4. Algunos indicios de que
se ha ganado cierto grado de posteridad literaria –aunque, como ya se sabe, la consideración de clásico es una categoría que cambia con el tiempo (Pozuelo, 2000)– son los siguientes:
- Número de ediciones, reimpresiones y reediciones y permanen- cia en el tiempo.
3. Si bien, y sin faltarle razón, denuncia Puerta Leisse la existencia de una crítica miope, que acepta deslumbrada el valor del premio, distinguimos aquí entre las reseñas y comentarios amables que surgen entre las páginas de las revistas, de poco valor canonizador, aunque dignas de estudio para comprobar los mecanismos de recepción de una obra concreta, y las investigaciones más serias y rigurosas, no nacidas al calor del premio, centradas sobre la obra de un determinado autor. Por ello, no incluimos aquí los indicadores que muestran el impacto del premio y publicados el mismo año de su concesión (como entrevistas, reseñas y comentarios en revistas impresas y electrónicas, blogs y otros espacios cibernéticos), sino que centramos nuestra atención en la duración, en años siguientes, de la presencia de autores y obras premiados en la investigación y la recomendación lectora, estrechamente interrelacionadas.
4. Algunas veces, los dos premios fueron obtenidos por la misma obra, como ocurre con Días de Reyes Magos, de Emilio Pascual. Contamos aquí no sólo los primeros premios, sino también segundos y accésits.
- Ediciones de la obra completa del autor (como en el caso de Ana María Matute y la edición de Lumen Todos mis cuentos, 2000).
- Ediciones de la obra premiada o la obra completa precedidas de prólogos o estudios.
- Ediciones al cuidado de un editor5.
- Nuevas ediciones, en la misma o en otra editorial, en la que se hace dialogar al texto con imágenes remozadas, encargadas a un segundo ilustrador6.
- Presencia del nombre del premiado en los paratextos: tiras so- bre la sobrecubierta, ediciones de lujo, ediciones en estuche, mención en cubierta o portada de la concesión del premio o in- cluso de la intervención del premiado en otro menester, como, por ejemplo, el de traductor7.
- Inclusión de la obra en selecciones de libros para el itinerario formativo de niños y adolescentes.
- Experiencias de animación lectora sobre el autor o alguna de sus obras.
- Cuadernillos de actividades didácticas8.
5. Circunstancia no muy frecuente, pero posible (e indicador de la consolidación del renombre de un autor), como en el caso de Canciones de nana y desvelo, de Carmen Conde (Premio Nacional en 1987), que, en nueva edición con Octaedro, en 2009, recibe edición de José Calero Heras.
6. Entre otros muchos ejemplos, que afectan o a los más renombrados o a los premios otorgados en las primeras ediciones de los premios, puede citarse El
último elefante blanco, de Marta Osorio, ilustrado en 1980 por Maite Miralles
para Miñón y por Violeta Monreal para Anaya en 1998.
7. Circunstancia que se cumple en rarísimas ocasiones, como en el álbum
Frederick, de Leo Lionni, en cuya cubierta aparece el nombre de la traductora,
Ana María Matute, que cuenta con los premios Lazarillo y Nacional; algo más frecuente es (pero no tanto, por desgracia) que el nombre del traductor aparezca en portada y no en cubierta, lo cual ocurre con más probabilidad si se trata de un autor reconocido.
8. Como ejemplo de ello, pueden citarse las guías de lectura editadas por el CEPLI y que se han ocupado, por ejemplo, de obras de Montserrat del Amo, Fernando Alonso o Elvira Lindo.
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- Traducciones de obras del autor (y más concretamente de la premiada) a otros idiomas (especialmente a lenguas no penin- sulares): Juan Farias, Ana María Matute...
- Adaptaciones cinematográficas (como en el caso de Morirás en Chafarinas, la novela de Lalana premiada en 1991 y llevada al cine por Pedro Olea cuatro años después).
- Investigaciones recogidas en volúmenes colectivos (atención de la crítica especializada y los estudiosos en comunicaciones de congresos, artículos de revista, capítulos de libro).
- Investigaciones sobre el autor publicadas como libros monográ- ficos.
- Tesis doctorales sobre la figura del autor9.
Valga esta relación sucinta de circunstancias (observadas en rela- ción con algunos de los autores galardonados) para trabajos futuros que exploren las relaciones entre formación y evolución del canon (en todas sus vertientes: escolar, formativo, etc.) y premios literarios, una relación que cobra pleno sentido en el ámbito de la literatura infantil y juvenil y no tanto en el de la literatura para “adultos”. Por razo- nes de espacio, en este trabajo se tendrá en cuenta, especialmente, la información sobre ediciones y reediciones. Por razones obvias, estos datos son más reveladores acerca del envejecimiento o la vigencia de tal o cual obra cuanto más tiempo haya pasado desde su publicación, siendo lógicamente más digno de atención lo sucedido con las obras del Premio Lazarillo (en vigor desde los años cincuenta) y menos relevante cuanto pueda observarse acerca de las del Premio Nacional (convocado por primera vez en 1978) que, además, supone ya un reconocimiento a toda la obra de un autor. Lo publicado en el siglo XXI mantiene aún la inercia del impulso que les ha conferido el haber sido distinguido en uno de los premios más importantes del país.
9. Y que, ya leídas y publicadas, o en curso de realización, se han dedicado a muchos de los premiados en el Lazarillo y el Nacional, como Juan Farias, Montserrat del Amo, Ana María Matute, José Antonio del Cañizo, Agustín Fernández Paz, etc.
El premio Lazarillo: breve apunte histórico10
El premio Lazarillo es el más antiguo y prestigioso de los que se convocan en la actualidad con carácter estatal. Data de 1958 y su creación se explica en el marco de las circunstancias políticas, socia- les y educativas que definen la segunda etapa del franquismo11.
En lo que concierne a la literatura infantil y la promoción de la lec- tura, en los años cincuenta se producen una serie de iniciativas para estimular la labor creadora y mediadora en torno a esta clase de lite- ratura. Tras la traumática ruptura que supuso la guerra civil, una literatura que ya en la etapa republicana había alcanzado un notable prestigio debía iniciar de nuevo su camino hacia la calidad literaria y el reconocimiento social. En este sentido, y junto a medidas como exposiciones y ferias o apoyo a la edición, la creación del Premio La- zarillo pretendía ser un medio para estimular la creación artística y literaria de obras destinadas a los niños. En un ambiente poco favo- rable y muy condicionado ideológicamente, la figura de José Miguel de Azaola fue decisiva en la lucha por dignificar y promover la lectura infantil con los textos más adecuados. Como secretario general del INLE, tuvo un papel determinante en la creación de este premio, que desde 1958 viene convocándose regularmente hasta la actualidad sin más excepción que el año 1976. Así lo señala Fernando Cendán (1986), al tiempo que recoge, con el rigor y detalle que le caracteriza, la documentación en que sustenta su imprescindible historia de los libros infantiles en el medio siglo que transcurre entre 1935 y 198512.
10. Agradecemos a Ana Cendán su generosa ayuda para la recogida de datos que sustentan este estudio. Sin ella, hubiera sido mucho más difícil su elaboración. 11. Repetidas veces se ha propuesto una división de este largo tiempo de dictadura en tres etapas, definidas por la evolución ideológica del régimen, la situación económica y de política internacional, y la fuerza de la contestación interna en su lucha por el restablecimiento de la democracia. Cada etapa abarcaría algo más de una década entre 1940 y 1975.
12. El relato personal de la primera convocatoria del Lazarillo, de la que fue testigo directo, se encuentra en Fernando Cendán (2000) y se reproduce en el catálogo de la exposición Mundos imaginarios, pp. 7-8.
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El Premio Lazarillo fue instituido por la Comisión de Literatura In- fantil y Juvenil del remodelado Instituto Nacional del Libro (INLE) en una de sus primeras reuniones en 1957. Formaban parte de esta recién creada Comisión, además de los representantes de la Admi- nistración y técnicos del INLE, escritores, editores, críticos, libreros, pedagogos y organismos relacionados con la literatura infantil.
En su primera convocatoria tuvo tres modalidades: creación, ilus- tración y edición, siendo su dotación económica de 50.000 ptas. para los escritores y 25.000 para los ilustradores, en tanto que para las editoriales era honorífico. El primer autor que obtuvo este pre- mio fue Alfonso Iniesta Corredor por su obra Dicen las florecillas; el primer ilustrador fue José Francisco Aguirre, por sus ilustraciones a la obra El libro del desierto, publicado por Aguilar, y la editorial galardonada fue Mateu, de Barcelona.
A partir de este momento, la historia del premio a lo largo de su extensa trayectoria (en 2013 cumple la respetable edad de 55 años) ha pasado por diferentes etapas y sufrido los naturales altibajos de una larga vida. La propia naturaleza del premio, patrocinado por la Admi- nistración pública (aunque no oficial desde 1986), de ámbito estatal y nunca vinculado a editoriales, empresas o instituciones de carácter pri- vado, ha condicionado su historia ya que, por una parte, le ha permi- tido mantenerse independiente, al margen de intereses económicos, comerciales o de otro tipo, y por otra ha tenido que adaptar su conte- nido y convocatoria a las circunstancias que han ido condicionando la realidad política, social y cultural española en estas últimas décadas.
Algunos datos que pueden explicar esta curiosa tensión entre esta- bilidad y cambio que define a los Lazarillo13 están relacionados con
las modalidades, condiciones y forma de presentación de los originales, lenguas en que se podían presentar y organismo convocante. En los primeros años se podían presentar, por ejemplo, obras inéditas o publicadas, pero a partir de 1975 solo se admitían obras inéditas, in- cluso, como se señala actualmente, sin compromiso de publicación.
Como se ha dicho, se convocaba en tres modalidades hasta el año 1975, en que dejó de convocarse para editoriales tras haber queda- do desierto durante cuatro años14. A lo largo de los años se han ido
aquilatando las condiciones de presentación de originales, como la extensión, género, forma de presentación bajo lema y plica cerrados (desde 1980) o la posibilidad de conceder accésits, lo que ocurre desde 1979 para creación literaria y desde 1982 para ilustración. La extensión ha sido variable, según la edad a que se destinaba la obra: en la convocatoria de 1960 se habla de 2.000 palabras en obras para menores de 9 años, ya que es el momento en que se empieza a es- tablecer la alternancia infantil/juvenil15, pero en 1962 se amplía a
4.000, en 1967 (juvenil) se habla de 25.000 palabras, y se estabiliza en 5.000 palabras a partir de 1973. En 1985 son 7.500; en 1987, 35 folios, y a partir de 1991 se establecen distintas condiciones para narrativa, teatro y poesía, géneros que por primera vez que se inclu- yen en las bases de manera explícita16. Por otra parte, el premio fue
convocado por el INLE hasta 1985; al extinguirse este organismo, la entidad convocante pasó a ser la Organización Española para el Li- bro Infantil y Juvenil (OEPLI), siempre con patrocinio de los minis- terios competentes en materias relacionadas con el libro y la cultura, la educación y la información, fuera cual fuese su denominación.
14. Así figura en Cendán (1986: 205) y en el catálogo Mundos imaginarios. Premio
Lazarillo (1958-2001) (p. 59). Sin embargo, en Premios Nacionales. 1958-1088. Libro infantil y juvenil, catálogo elaborado por varios autores y publicado por la
Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, en 1988, se señala el año 1977 como el último en que fue convocado y declarado desierto, al igual que en los siete anteriores (p. 59). Por lo que se desprende de las actas de la Comisión de Literatura Infantil y Juvenil y de la convocatoria que publica el INLE, el dato correcto es el primero, es decir, el de 1975.
15. La alternancia se interrumpe en 1973, año en que se convoca indistintamente para menores de quince años, y así se mantiene hasta 1998, en que se convoca en la modalidad de infantil y se restablece la alternancia hasta la actualidad.
16. Las actas de las reuniones dan fe de la propuesta de Carmen Bravo Villasante para incluir estos géneros ya en 1975, pero no se lleva a cabo en ese momento por desacuerdo de otros miembros de la Comisión.
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Permanencia y significado de los Lazarillo
La perspectiva que aporta tan larga trayectoria nos permite va- lorar el significado de este premio en la literatura infantil y juvenil de nuestro país. Considerando algunos datos sobre su recepción, se observa una línea de trazos irregulares, propia de cualquier proceso de larga duración. El número de ediciones, por ejemplo, nos desvela la permanencia durante muchos años de un buen número de títulos premiados que, o bien se reeditan o bien se publican en coleccio- nes y editoriales distintas a la primera. Cotejando la información procedente de la BN y el ISBN, el conjunto de obras premiadas se distribuye en tres grupos que representan tres situaciones diferentes:
a) Títulos apenas reeditados, o editados solo una vez.
b) Títulos reeditados durante un tiempo, pero actualmente des- catalogados.
c) Títulos reeditados desde su origen hasta la actualidad.
Tres escenarios distintos, de corta, media y larga duración, que, convenientemente explicados y matizados, nos ayudarán a entender mejor esta pequeña parcela del sistema literario y su vinculación con todo el entramado social y educativo en que se inscribe.
En el primer grupo se encuentran, como no podía ser de otra for- ma, la mayoría de las obras premiadas en el siglo XXI; pero también encontramos en él algunos autores hoy casi olvidados y otros que han permanecido, pero no por la obra premiada con el Lazarillo. Entre estos últimos podemos citar a Manuel Alfonseca y a Jaime Ferrán, autores consagrados de nuestra literatura cuyas obras pre- miadas, El rubí del Ganges y Ángel en Colombia respectivamente, han quedado oscurecidas por otras posteriores mucho más citadas, como El agua de la vida o La playa larga, entre otras.
Al segundo grupo pertenecen la mayoría de las obras premiadas aproximadamente en la primera mitad de esta larga historia. Obras que se reeditan durante una época porque responden a las demandas y expectativas de ese momento, pero dejan de tener interés cuan-
do los factores que determinan esta demanda sufren un cambio tan acentuado que provoca la sustitución de estas obras por otras en las preferencias de editores y lectores. No poco tienen que ver en este proceso los profundos cambios sociales, de acceso a la información y organización del ocio de las últimas décadas, que han impuesto nue- vas formas de lectura y creación literaria. Hablamos de obras que, tanto en su contenido, temática y pensamiento subyacente, como en las formas del discurso literario o del género adoptado, se han quedado “viejas” o han sucumbido a la sobreabundancia, arrastradas por la riada de las novedades y los mundos virtuales.
Ocurre esto con las primeras obras premiadas, Dicen las florecillas, de Alfonso Iniesta, de 1958, que se reedita hasta 1960 (seis edicio- nes), y El niño, la golondrina y el gato (1959), de Miguel Buñuel, que permanece hasta 1975 con siete ediciones. Igualmente, El juglar del Cid, de Joaquín Aguirre Bellver (premiada en 1961), se reedita hasta 1989 y De un país lejano, de Ángela C. Ionesco, de 1963, lo hace hasta 1988. Por otras razones y ya en otro contexto, Operación pata de oso, de María Puncel, premiada en 1971, tiene registrada la última edición en 2000; Capitanes de plástico de Pilar Mateos (premio de 1982) se publica hasta 1993; y Pabluras, de Miguel Martín (premio de 1983) lo hace hasta 1991.
En el tercer grupo, repartido a lo largo de toda la historia del pre- mio, se encuentran las obras que, por una u otra razón, se han edita- do (y por tanto, leído) desde su primera edición hasta la actualidad más próxima. Son las obras de larga permanencia, que han resistido el paso de los años y mantienen el interés en contextos distintos.
Diversas circunstancias pueden explicar esta permanencia. En al-