LINEAR SHORT-TERM INTEREST RATE MODELLING IN THE UNITED KINGDOM
4.2.3 Data and Measure ment Issues
4.2.3.2 The Output Gap Measures
en Bcm.íkicz, f/tsforíií, cap. 127, le atribuye la identificación de M agón con "la mítica tierra de sir John de Mandeville de Moré donde vivían los liom- bics ccm cola” . Poro no es eso lo que dice Bernáldez. ES texto de Mande- vííle: 7'rrrvc/s, cap. 55.
El relato concerniente a los hombres con túnicas blancas en Bemáldez,
Historia, cap. 128, Pedro M ártir, Década, Déc. I, lib. III, cap. 6, Las Casas, Historia, I. xcv y en Fem ando C olón, V ida del Almirante, cap. Ivii. Cuneo
nada dice sobre el particular, y no parece tener razón Morison (op. cif., If, p. 137) al asociar el episodio con lo que refiere C anco (Ritccolln, III, ii, 102) acerca de los sacerdotes de tos caribes. La explicación de H um bo ldt
(Examen Critique, IV , p. 243) de que se trata de una confusión con grandes
guillas blancas tiene por base los pasajes de Bernáldez (Historió, cap. 128), Pedro M íilir (Dcc. I, lib. IIÍ, cap. 6) y Las Casas (Historia, I, xcv) donde se refiere tpie en ese sitio liabía grullas blancas mayores que las conocidas por los europeos.
Es Bernáklcz (Historia, cap, 128) quien afirma que los rastros encontrados eran de grifos. Sobre estos animales fabulosos y la creencia en ellos, véase Mandevillc, 7’ravcíí, cap. 85.
33 Información y testimonio acerca de la exploración de Cuba. 12 de ju nio de 1494. Navarrete, Colección, II, Ixxvi.
34 Bcrnáklcz, Hiíforirt, cap. 12 3.
35 Las Casas, Historia, I, xcix, se resiste a crcer que Colón tuviera inten ciones de pasar a las islas de los caribes para hacer esclavos. Es de temerse, sin embargo, que tal era su intención. Véase, Pedro M ártir, Décadas, Déc, 1, lib. III, cap. S.
30 Véase, entre muchos testimonios que pueden citarse para documentar ese escepticismo, la Carta de Colón sobre su tercer viaje (Navarrete, Colec
ción, 1, pp. 244-5) y otra Carta de Colón transcrita en parte por el P.
Las Casas. ( í listona, I, cxxxvi.) ■
’ T Recuérdense los conmovedores esfuerzos de C olón por impresionar fa vorablemente a los reyes y al pueblo durante su jecorrido desde Sevilla 2
Almazán donde estaba la corte. BernAlclc/, IJÍs/orití, cap. 131, y Las Casas,
Historia, I, csii,
3R Por ejemplo, véanse los documentos en Navarrete, Coíeccíón, II, cix, cxiii. e\ív, cxxii, cxxv y cxxvi.
30 Re«/ Provisión acerca de los que querían ir a poblar a las Indias, y de los que deseaban ir a descubrir nuevas tierras. Abril, 50 de 1495. Navarrete,
Colección, II, Ixxxvi.
40 Bcniáldcz, Historia, cap, 123. Durante el viaje de retomo Colón hizo una observación de un eclípse de luna y creyó que sus resultados confinnaban la medida de longitud que era necesaria para poder afirmar que había llega do al Qucrsoncso Aureo. (Las Casas, Historia, J, xevi y xcviii, y Morison, A dmiral of f/ie Occíih Sen, 11, 158-9 y 162 nota 16 ), El Dr. Chanca (Carta, Navanetc, Colección, I, pp. 198-224) no dudó que las nuevas tierras fueran Asia, pero su testimonio se refiere tan sólo a la parte del viaje que correspon de hasta la llegada a la isla Española. N o dice, pues, nada acerca de la exploración de Cuba. El relato de Syllacio merecería un comentario dete nido por la fantástica visión que tiene de las regiones bailadas por Colón. A quí baste advertir que, como el Dr. Chanca, su testimonio se refiere sólo a la primera parte del viaje, y que el autor está bajo la impresión de que
N O T A S A L A T E R C E R A F A R T E
177
C olón circunnavegó el Africa, con virtiéndolo en un Vasco de G am a avtmfla lettre. Le parece que c) almirante había repetido la supuesta hazaña del cartaginés H annon; que llegó a unas islas cercanas al G olfo Arábigo, y que los caribes podían ser los m’yifdc, tribu m arítima de los etiopes africanos, apelación que significa hombres con Ircs ojos, no porque los tuvieran, sino como alusión al tino infalible de sus flechas. Verdaderamente el pobre de Syllacio andaba muy despistado.
•“ Cuneo, “ Relato del Segundo viaje’'. Rdccolid, I I I , ü, 107.
Pedro M ártir, Epistolario, H 2 , 152, 156, 158 y 164. Dos cartas son de finales de 1494 y las restantes de 1495.
43 Pedro M ártir, Décadas, Déc. I, lib. I I I . (Redactado en 1500.) E l 3utor no se compromete con declaraciones expresas, pero se adivina que lia adm itido ya para sus adentros la posibilidad de que, de ser Cuba parte de un continente, no era absolutamente forzoso que fuera el asiático. Eso pa rece indicar, en efecto, la manera en que alude a Cuba, ya com o isla, ya como "la imaginada tierra firme” (en la traducción de Torres Asensio Se emplea la expresión "el existimado continente” ), ambigüedad que, indicando preferencia por la tesis insular, no deja de admitir la posibilidad contraria, pero sin comprometedoras identificaciones. Parece claro que la ausencia de indicios indiscutibles de asíaticidad pesa en e! ánim o de Pedro M ártir lo suficiente para hacerlo titubear respecto a la supuesta enorme longitud de Asia, ónica pre'iisa de donde depende, para él, la posible verdad de la creencia colombina.
* ' A este respecto deben tenerse presentes las dos expediciones de Gabóto
patrocinadas por el rey de Inglaterra que se efectuaron en mayo-julio de H 9 7 y ¡unió de 1498-99, respectivamente. M ucho más importante es la expedición española de mayo de 1497-octubre de 1498 que se supone fue capitaneada por Solís y que Lcvíliicr identifica como "primera navegación" de Américo Vespucio. La prueba cartográfica aducida por el '-historiador argentino parece contundente, aunque no ha convencido a todos. Véase Afosfra Vespticiana. Catálogo. C om itato onorartze ad Arnerigo Vespucci nel
quinto centenario d e lh nascita. Florencia, 1955. E n todo caso, de acuerdo con esa prueba, e independientemente de los problemas concretos que sus cita, resulta innegable que a principios del siglo xvi se tenían datos de la existencia de una gran masa de tierra al poniente de las islas y vecina a ellas.
•f5 Así se infiere de lo que afirma en su Carta sobre el tercer viaje en que dice que los reyes tienen ahora el monte Sophofa que está en la isla Espa ñola. Navarrete, Colección, I, p. 244. Fierre d’Ailly, Jmago M u n d i, cap. 39, menciona ese monte como un promontorio en la Indis oriental donde Salomón enviaba su flota. C olón en una apostilla repite la noticia. Apostilla, 304 y además, las apostillas 374 y 500.
48 N o parece casual que fue, precisamente, hasta 1495 cuando los portu gueses decidieron hacer el vi^je a la India, a pesar de que el C abo de Buena Esperanza se había descubierto años antes. E l viaje no lo emprendió Vatsco de Gam a sino hasta 1497.
*7 C olón, apostilla N 9 36 a la Historia rerum ubique gestarum de Pío II {/Eneas Sylvius P icco lo m in í),'
48 C olón, Carta sobrt el tercer viaje enviada a los reyes en octubre de 1498.
Ráccoltd I, ii, 26-40. Dice C o lón: “ . . .y yo navegué al austro, con propó sito de llegar a la línea equinoccial y de alíf seguir aí poniente hasta que la isla Española me quedase al septentrión” .
178 N O T A S A L A T E R C E R A P A R T E
4e En el Diario del tercer viaje. Raccolta, I, ií, 5, expresamente se afuma
ese propósito: . .y quiere ver (C o ló n ) cuál era la intención del rey D . Juan de Portugal, que decía al austro había tierra firme” . Sobre el mismo asunto, véase la Carta de los Reyes a Colón de 5 de septiembre de 1493. Nuvarrele,
Colección, II, bou.
60 C olón, Didrío del tercer viaje. “ Y o estoy creído que esta es tierra {irme
grandísima, de que hasta boy no se lia sabido.” Raccoífa, I, ii, 22.
S1 Segunda Parte de este libro, l l i, 3. « ¡bid. 111, 2.
53 C olón, Diario del tercer viaje. (Raccolta, l, i i, 22.) E n ningún momen to parece que C olón haya identificado esta tierra firme que halló con la que había augurado el Rey de Portugal.
41 Segunda Parte de este libio, III, 2 y 3.
64 C olón, Diario del tercer viaje. Dice: “y si esta es tierra {irme, es cosa de admiración, e t c . . . " Raccolta, 1, ii, 22.
69
¡bid. Raccolta, I, ii, 24.61 U na interesante especulación sobre el Paraíso Terrenal en Las Casas,
Historia, I, cxli-adv. Véanse las apostillas de Colón al hnago M u n d i de
d ’Ailly, números 19, 40, 47, 313, 397 y 398.
68 Carta sobre su tercer viaje, ya citada antes en estas notas. Rticcoííti, 1, ii, 26-42. Escrita entre 30 de mayo y 31 de agosto de 1498, y enviada en octubre de ese año.
69 Es interesante tratar de aclarar el sentido en que empleó Colón las pa
labras “otro m und o" para referirse a las tienas que había hallado. Exam i nemos los textos.
I. Diario del tercer viaje. Raccolta, 1, ii, 18-9 y Las Casas, Hísíorid, I, cxxxvi.
E n un pasaje autoapologético que tiene el propósito de defender la em presa contra los maldicientes que pretendían desacreditarla, Colón aduce, entre otros, el argumento de que nunca antes un príncipe de Castilla hubiere ganado tierras fuera de España, y añade “ ahora Vuestras Altezas ganaron estas tierras, tdníítt, que son otro m undo, y donde habrá la Cristiandad tanto placer, y nuestra fe, por tiempo, tanto acrecentamiento'1.
E n este contexto, C olón alude a las tierras nuevamente halladas en este tercer viaje y en los anteriores, y parece claro que las califica de “ otro m u n do” , por ser mucha su extensión y grandeza. E n efecto, son “ otro m undo", por ser “ tantas".
II. Carta de Colón sobre su tercer viaje. Raccolta, I, ii, 28 y 40. Navane- te, Colección, I, pp. 244 y 263.
1. E n el preámbulo de la carta Colón defiende de nuevo la empresa con tra sus detractores. E n este pasaje, sin embargo, se refiere a sólo las tierras halladas en los dos primeros viajes que, como sabemos, consideraba regiones asiáticas. Y repitiendo el argumento de que nunca antes un príncipe de Castilla hubiere ganado tierra fuera de España, añade, “ que esta de acá (C o lón escribe desde Santo Dom ingo en la isla Española) es otro m undo en que trabajaron Romanos y Alejandre y Griegos, para la haber con grandes ejercicios''.
La ¡dea es clara por lo que se refiere a la identificación de las tierras: se trata de las regiones extremas de Asia que los antiguos vanamente quisieron conquistar con grandes esfuerzos. Se infiere, pues, que si Colón las califica
N O T A S A L A T E R C E R A P A R T E 179 de "otro m undo” no es en el sentido de ser tierras de que no se "hubiere tenido noticia antes. Esta inferencia está expresamente confirmada por olra Carta de C olón enviada al lley Católico en la misma fecha en que alude a las tierras halladas en los dos primeros viajes como “ tierra firme de los an ti guos muy conocida y no ignota, como quieren decir los envidiosos e ignoran tes". Raccolta, 1, ¡i, 47. Es de suponerse, entonces, que en el pasaje que ana lizamos C olón empleó el término de “ otro m uudo’' en el mismo sentido que en la cita del Dwrío, o quizá en eí sentido de que aquellas regiones, aunque no ignoradas desde antiguo, constituyen algo distinto a lo habitual, como cuando le dice, por ejemplo, de un europeo que se traslada a Africa que va a vivir en otro mundo.
2. Ya casi al final de la Carta, C olón arremete de nuevo contra los ene migos de la empresa y repite el argumento de las citas anteriores: "ningunos príncipes de España —-dice— jamás ganaron tierra alguna fuera de ella, salvo ahora que Vuestras Altezas tienen acá otro m undo, e t c . . . "
E n este caso puede suponerse que C olón se refiere al conjunto de las tie rras halladas en los tres viajes, pero oada hay para hacernos pensar que e m picó el término de "otro m undo" en un sentido distinto a los casos anteriores. I I I . Cdrta de C olón a doña ju ana de la Tone (Navarrele, Colección, I. 274).
Quejándose C olón de los agravios que le han hecho, dice que debe ser juzgado como capitán que salió de España “ a conquistar hasta las Indias. . . y adonde por voluntad divina he puesto yo el señorío del rey y de la reina nuestros señores otro m u ndo".
Se advierte con claridad que si Colón afirma que ha puesto bajo la sobe ranía de la Corona de España “otro m u nd o" en las Indias (es decir, en Asia) adonde fue a conquistar como capitán esc otro m undo no alude a unas regiones de que no se tuviera conocimiento. Usa, pues, el .término en el mismo sentido que en los casos precedentes.
Podemos concluir, entonces, que C olón no empleó la designación de “ otro m undo" para referirse a una entidad desconocida, distinta y separada del
orbis terrantm, y m ucho menos, claro está, para aludir pioféticamente a
América como pretende el distinguido historiador norteamericano Samuel Eliot Morison. Admiral of the Ocetm Sea, II, pp. 26S-9. Más adelante veremos que C olón usó en una ocasión el término de “ nuevo m undo" con un sentido muy distinto a éste que hemos analizado.
00 Véase atrás, nota 45.
01 Carta de C olón sobre su tercer viaje. Raccoífíi, I, ii, 34-6. Pedro M ár
tir, Décadas, Déc. I, líb. 6 al fina!, consideró absurdas e ininteligibles estas especulaciones de C o lón , Sabemos que esta idea de una montaña de agua no carece de antecedentes medievales. Véase Segunda Parte de este libro, II I, 3 y nota 22.
63. Véase Las Casas, Historia, 1, cxlv.
aa Carta de Colón sobre su tercer viaje. Raccoita, I, ii, 37 y 38. 01 ¡bid. Raccolta, I, ii, 39.
05 Raccolta, I, ii, 46-8. ea Ib id . I, ii, 46 y 47.
0T Navarrete, Coiccción, 1, 265-76.
63 San Juan, Apocalipsis, X X I, I: E í vidi cochun novinn, ct terram no- Vi/»). Isaías, L X V Í, 22: Qi/w sicut cocti uovi, ct ierra nova, i¡utc c<¿o ja-
ISO N O T A S A L A T E R C E R A P A R T E
cío stare cotam me, c/icíí Dom iim s: sic ctabit semen vcsfwm, ct ttomen vcslnmi.
09 Es significativo que C o lón expresamente altera los textos citados por él cuando los aplica a ía Tierra de Paria, porque en lugar de repetir '‘nuevo cielo y tierra” dice que emprendió "viaje nuevo al nuevo ciclo y m undo, que hasta entonces estaba en oculto” . Navsrrctc, Coíecríón, I, pp. 267-68.
70 Raccolta, 1, ¡i, 164-6,
71 Pedro Mártir, Décadas, Déc, f, lib. G si final.
72 Véase José Toríbio M edina, El descubrimiento del Océano Pacífico',
Vasco N úñcz de Balboa, 1913-20, para un relato de estos viajes. Para ci de
Ojcda, que es "la segunda navegación de Vcspucío” , consúltese Levillicr,
América la bien llamada, 1, pp. 107-14 y 123-34.
73 Las cartas de Vcspucio de 18 de julio de 1500, de 4 de junio de 1501 y de 4 de septiembre de 1504 muestran que su autor pensó que los dos pri meros viajes que hizo (¿Solís?, 3497-8 y Ojcda, 1499-1500) habían sido sobre litorales de Asia. Igual concepto privó en el viaje de Vicente Y iñ e z Pinzón (1499-1500). Véase al respecto, Pedro M ártir, Décadas, Déc. J, lib. 9. El mismo autor en la Década I, lib. 6, informa brevemente acerca de las dos opiniones que existían respecto de la tierra firme hallada por C olón en su tercer viaje. Dice: "los que después 5a han investigado con más diligencia por causa de utilidad, quieicn que sea el continente indio, y que no lo es Cuba, como piensa el Almirante” .
71 E! original de este mapa se encuentra en el Musco Naval de M adrid. Referencias, llarrissc, The Discovcry of ¡s'orlh America. Londres y París, 1892. Reproducido en Nordcnskiold, Pcripíus, 149, láminas X L J íl y X L IV . 7fi Este viaje de Vcspnrio, como todo lo suyo, ha motivado largas y apa sionadas discusiones eruditas que, para nosotros, revisten importancia muy secundaria. En efecto, lo decisivo en nuestro problema no son los itinerarios y oíros detalles de esa índole, sino los conceptos que aparecen en los escritos del navegante.
7,7 Carta de Cabo Verde, 4 de junio de 1501 y Carta a Lorenzo di Picr Francesco de M e d id , Sevilla, 18 de julio de 1500, Referencias, Levillier, AmhMc<j id M oi ¡¡anuida, II, 278-81 y 275-8. Texto, con traducción al cas tellano y a) inglés: Vcspucio, Carias, 126-41; 283-9 y 9*í■ IZS; 271-8?.
77 El texto citado dice: "perche m ia intem ionc era di vctlcre st polevo vol
vere uno cuvo tii ícrnr, che Píofomco nom ina in Cavo di Caltegara, chc c giuuto con ¡í sino Mrigno” . Carta de! 18 de julio de 1500. Vcspucio, C ar tas, 98.
El "Sino M ag no" a que se refiere Vcspucio es el nombre que se daba al polio que separaba al Quersoneso Aureo de la supuesta península adicio nal en cuya existencia creía Vcspucio.
70 " E i o tengo spcranzí¡ m questa rniít nav¡ga?.ionc medere, c conere gran
parle del sopradetto, e discoprire molto p iu .” Carta de Cabo Verde. Vcspu
cio, Crtr/rtS, 136.
60 . .Spero verme ín fam a fungo secolo, se fo fonto con salute di quesfo
vtaggio.” Carta de Cabo Verde, V espudo, Cartas, 128.
81 La Carta autorizando el viaje, el Pliego de instrucciones y la Carta para el capitán de la armada portuguesa, en Navarrcte, Colección, I, 277-82. Los tres documentos están fechados en Valencia de la Torre, a 14 de m ar zo de 1502.
N O T A S A L A T E R C E R A T A R T E 181 52 En la Carta de autorización del viaje los reyes prohibieron al almirante que pasara por La Española, aduciendo com o razón que el derrotero del viaje era otro. C om o sabemos, C olón desobedeció esta orden, alegando la nece sidad de cambiar uno de sus navios. Es probable que tuviera el deseo de hablar con Bastidas, entonces en Santo Dom ingo, para informarse hasta dónde esc navegante había empujado la exploración. Oviedo afirma qué Colón ‘'tenía noticias quel capitán Rodrigo de Bastidas había descubierto hasta c¡ golfo de Urabá, que está nueve grados e medio, la punta de Cariba* na. que es a la boca de aquel golfo". Ilistaría, Primera Parte, lib, III, cap. 9.
La alusión de que se trataba de un viaje muy largo se encuentra en las
Instrucciones: "porque! tiempo de agora es muy bueno para navegar, y según
es largo el viaje que, Dios queriendo, habéis de ir todo el tiempo de aquí adelante, es bien menester antes que vuelva la fortuna del invierno” . Nava- rretc, Coíccrióir, 1, 279.
Por últim o, el permiso pata llevar intérpretes de lengua árabe está en la Carta de autorización del viaje: "A !o que decis que querriades llevar uno o dos que sepan arábigo parescenos bien, con tal de que por ello no os deten gáis." Navarretc, Coíecridn, I, 277-8.
Según Motison, el probable destinatario de la Carta dirigida al capitán portugués era Vasco de G am a, a la sazón en su segundo viaje a la India.
A d m iw l of the Occan Sea, II, 316.
53 Diego de Porras, Navanete, Colección,
í,
284. Femando C o lón, V ida, cap. 88, y Oviedo, flisíori<r, Primera Parte, III, cap. 9, documentan la busca de) paso como meta inmediata del viaje.84 Pata ía reconstrucción pormenorizada del itinerario del tercer viaje de Vespucio, LevilHer, A?ncric<t id fríen llamada, II, 322-37.
65 Esto explica que a partir de ese m om ento los textos no precisan el iti nerario como hasta entonces. Levíllier distribuye los días en que la armada estuvo al m ando de Vespucio, por lo menos nominalmente, digo yo, de la siguiente m anera;.20 días hasta la arribada al Río Jordán (hoy R ío de la Pla ta); 10 días gastados en Ja exploración de su desembocadura, y los demás en el resto del recorrido hacia el sur.
De acuerdo con Levillier, Vespucio em pujó la exploración hasta la Pa- tngonía en 46° o 47° de latitud sur. C uando ios navegantes llegaron al Río Jordán, debieron creer que, por fin, habían dado con el extremo de la penín sula y por consiguiente, con el paso al Indico. Eso explica el tiempo que gastaron explorando esa desembocadura.
ST Para la reconstnjccíón del itinerario del cuarto viaje de C olón, véase Morison, Admíral oj the Ocean Sea, II, caps. 44-50.
ss "Y o , que, como dije, había llegadlo muchas veces a la muerte, alli supe de las minas del oro de la provincia ‘de Ciam ba, que yo buscaba.” C olón, Leífení Rtírissímd, 7 de julio de 1503, Navarretc, Colección, I, 298. Ciam ba es la Cochinchina de Ja geografía de, Marco Polo.
69 C olón, Letiera Rarissima. Navarrete, Colección, I, 299.
05 Pedro M ártir, Carta al Cardenal Bemardino de Carvajal. Epistolario, 168. Fechada 5 de octubre de 1496, pero evidentemente de fecha posterior a! regreso de C o ló n ; en octubre de 1500. Dice Pedro M ártir que\,Colón "su pone que estas regiones (Paria) están contiguas y pegadas a Cuba, de mane ra que ambas sean el propio continente de la India gangética” .
mmm
182 N O T A S A LA T E R C E R A l’A R T E