4 COMPARISON PROCESS
4.2 Overall comparative analysis
Algunas investigaciones que se han realizado sobre MMNA (Giménez y Suárez, 2000; ESCODE, 2000; Moya, 2002; Jiménez Álvarez, 2003) suelen establecer grandes tipologías de estos. Estas tipologías o perfiles son performativas, en el sentido en que no sólo nombran, sino que también construyen. Al describir y categorizar, contribuyen a la configuración del diseño de la intervención a nivel administrativo (la gubernamentalidad de la minoridad extranjera), por tanto, tienen una utilidad práctica en la gestión de los riesgos.
Entre los perfiles que se describen se encuentran:
Menores no acompañados con vínculos familiares, que pasan gran parte del tiempo en la calle, pero que no hacen de ésta un medio de vida. Tienen escasa escolarización y algunos han tenido experiencias laborales en talleres o en la venta ambulante en Marruecos. Estos menores suelen tener un proyecto migratorio claro dirigido más hacia la necesidad de encontrar un trabajo en España, conseguir los papeles y ayudar, en la medida de lo posible, a sus familiares. Una vez en España, mantienen vínculos con la familia de origen y no suelen presentar problemas de adaptación a los proyectos de integración pensados para ellos, sobre todo cuando se trata de apoyarles en su formación ocupacional y laboral. Sin embargo, suelen tener conflictos de integración cuando ven fracasar sus objetivos por la lentitud de su documentación o la obligación que tienen los que son menores de 16 años de ir a la escuela. En muchos de estos casos, los familiares apoyaron el proyecto migratorio, en otros, no sabían que el menor vendría a España.
Menores que han llegado a España a través de redes familiares (hermanos, tíos, primos). Suele tratarse de un proyecto migratorio decidido en el seno de la familia. Los familiares en España están pendientes del desarrollo de la vida del menor cuando está siendo tutelado, pero prefieren que no se sepa que existen. Como los anteriores, suelen integrarse mejor a los sistemas de protección, formación y apoyo al empleo. Una vez que han sido emancipados tienen mejor inserción social gracias al apoyo de los familiares.
Menores de la calle que no han tenido vínculos familiares gratificantes. Estos menores tienen una trayectoria de marginación social en Marruecos que suele continuarse en España por sus grandes dificultades de adaptación a las instituciones de control social. Pueden proceder de familias muy desestructuradas por la separación, la violencia doméstica, la extrema pobreza... En la calle han vivido experiencias de maltrato por parte de la gente, la policía, otros menores... y algunos presentan abuso de sustancias tóxicas como el pegamento. Tienen escasa o nula escolarización y escasa experiencia laboral que suele ser, generalmente, de explotación. No tienen un proyecto migratorio claro, se suman al discurso de los otros, actúan por impulsos y al momento ante la imposibilidad de proyectarse en el futuro incierto. En España, suelen rechazar el acogimiento en los centros y presentan gran conflictividad en ellos.
Menores con graves problemas personales (o menores en la calle). Aquí encontraríamos menores con antecedentes delictivos (robo con violencia e intimidación, lesiones, abusos sexuales, etcétera), comportamientos agresivos o problemas de salud mental. Suelen ser niños o adolescentes que han vivido mucho tiempo en la calle y que tienen una larga trayectoria de rechazo social y vivencia de situaciones de violencia. La mayoría ha vivido en la calle mucho tiempo y presentan abusos serios de sustancias tóxicas (pegamento). Son presa fácil de las mafias y utilizados como “correos de drogas”. Algunos se dedican a la prostitución. Muchos presentan trastornos sanitarios físicos y mentales. Estos menores son muy rechazados también por la sociedad marroquí. En las calles de Tánger, la gente suele apartarse de ellos por temor al robo ya que tienen un aspecto físico de deterioro que les hace ser muy visibles entre la población. Por este motivo, les es muy difícil llegar a España pasando desapercibidos entre los viajeros o pagarse un viaje en patera. Muchos se quedan en Ceuta y Melilla, pero los que consiguen llegar a la península lo hacen mediante medios más peligrosos para su vida. Una vez en España son más fáciles de ser localizados por la policía. Su continuo contacto con las Fuerzas de Seguridad y la percepción de sí mismos como de “quien no tiene nada que perder” les sumerge aún más en la marginalidad.
Sin embargo, en nuestro caso, no nos interesa tanto describir perfiles de menores como describir trayectorias guiadas por contingencias. Intentamos demostrar precisamente que, partiendo de una situación parecida (adolescentes marroquíes, provenientes de la periferia de las grandes ciudades, clases pobres, una misma religión, migración irregular, cierto contacto con instituciones de protección en España, etcétera) puedan desarrollar trayectorias vitales muy diferentes entre sí y que no tienen que ver con los perfiles, sino con la interrelación de los siguientes elementos: 1) la tensión subjetiva de libertad (siempre ambivalente) (Mezzadra, 2005); 2) la acción de las fronteras, entendidas estas en un sentido amplio (fronteras territoriales, administrativas, legales; barreras sociales, discriminación); 3) la práctica de la gubernamentalidad (Foucault, 1992b, 1999) en cuanto a la gestión de los riesgos sociales a partir de un Estado de Bienestar achicado, y 4) la agencia, no como propiedad de los sujetos, sino como posibilidad compartida (Ema López, 2005).
La particular interrelación de estos elementos determina que niños de familias desestructuradas, empobrecidas y que han pasado muchos meses viviendo en la calle puedan llegar a conseguir vivir en España, tener papeles y estar trabajando actualmente. Y, por otra parte, que niños que vienen de familias estructuradas, con necesidades básicas cubiertas y socialización moral y religiosa se encuentren viviendo verdaderas situaciones de marginación.
Como hemos visto en nuestro marco teórico, la propia tarea de describir tipologías forma parte de aquello que Foucault definió como gubernamentalidad (1992b, 1999). Para este autor, existe un momento en la construcción del Estado, como poder centralizado “de gobierno no arbitrario, sino basado en el conocimiento operativo de aquellos cuyo bienestar está llamado a promover” (Garay, 2001). A partir de este momento, el gobierno tiene que ser ejercido con la ayuda de un conocimiento de lo que tiene que ser gobernado, al mismo tiempo que debe desarrollar un conocimiento de los medios a través de los cuales lo hará. Se trata de racionalizar los problemas que plantean a la práctica gubernamental los fenómenos sociales (la infancia, la mortandad, la natalidad, las migraciones, la salud, la longevidad…).
Las encuestas, las investigaciones, el estudio de tipologías, las estadísticas, los registros78… Son instrumentos de construcción de saberes en torno a un hecho social que debe ser gobernado (sobre todo si estas investigaciones son financiadas desde las propias Administraciones públicas). La producción científica redefine y reconstruye los fenómenos sociales, adscribiéndoles características propias, potencia interna y responsabilidad sobre los problemas que origina a la gubernamentalidad.
La insistencia en realizar registros de personas a partir de una definición que intenta homogeneizar procesos bien diferentes, forma parte también de la construcción de estos saberes que requiere la gubernamentalidad.
El sujeto, en este caso, el menor migrante marroquí no acompañado no es un sujeto pre- establecido, sino que se construye como tal a partir de discursos (científicos, políticos, jurídicos…) que dan lugar a la puesta en marcha de múltiples instancias de gobierno (no necesariamente estatales) que lo van modelando a través de técnicas de gobierno (Landau, 2004: 2) como son los programas de atención a los menores no acompañados.
A nuestro entender, el proceso es bien distinto. Existen unas actuaciones económicas euromediterráneas de libre comercio (claramente a favor de Europa) y unas restricciones policiales y jurídicas a las migraciones (política europea de inmigración) que han propiciado las migraciones de los jóvenes marroquíes hacia países ricos, en su insistencia por controlar la migración de los adultos y domesticarla.
Al mismo tiempo, la concreción de la Declaración de los Derechos de la Infancia de 1989 en países como España (cuyas normativas construyen a todo joven menor de 18 como sujeto de protección), ha sido condición de posibilidad para la migración de jóvenes menores de dicha edad.
Una vez emigrados, estos menores han entrado en contacto con sistemas de protección que, por sus propios déficits han ocasionando, en algunos casos, la conflictividad en el seno de los centros de menores. Para “gobernar” esta situación, se ha desarrollado todo un aparato jurídico y administrativo que, bajo una declaración de principios basada en el difuso concepto de “interés superior del niño”, vela la contradicción entre una gestión de las tutelas bajo mínimos y una permanente obstaculización de su regularización
documental. Cada nueva intervención, ha ocasionado el despliegue de nuevas estrategias de fuga y supervivencia por parte de los menores con el fin de permanecer en Europa. La aparición de menores itinerantes, que viajan de CCAA en CCAA en busca de un centro que les ayude a obtener los papeles o la mayor conflictividad surgida fruto de la impotencia y la frustración, han dado lugar a la construcción de una imagen de los mismos como “intratables” y ha justificado aún más medidas de vigilancia y repatriación (incluso al margen de la ley, como veremos en los siguientes apartados). Después de diez años desde que comenzaron a llegar los primeros menores marroquíes a España, ya estamos en condiciones para describirlos, caracterizarlos, tipificarlos… Pero estos métodos son fotografías de un momento actual que velan la historicidad del fenómeno y la contribución que “el arte de gobernar” las migraciones ha tenido en su construcción.