C. Effects of De Facto SEP Status
IV. OVERCOMING HOSTILITY TO COMPULSORY LICENSING
1.
DOCUMENTO CONTEMPORANEO. La generación de los mensajes de móvil sabe resumir al máximo.ESPECIAL: Placer y Amor
sentimientos positivos y también las sen- saciones contradictorias: las explosiones de júbilo o la aflicción inconsolable. Baja ostensiblemente el tiempo libre con los amigos y también disminuyen las reuniones de grupo. La relación román- tica de pareja figura en el primer lugar en la escala de todo tipo de relaciones.
En la transición a la joven edad adulta, de los dieciocho a los veinte años, se vuelve a transformar el amor romántico. En esta fase de la vinculaciónperma- nece todavía la profundidad emocional, pero ahora una visión más pragmática reprime los sentimientos excedentes (como los de la fase anterior). Los novios examinan si su relación tiene consis- tencia y analizan mutuamente si el otro es adecuado para una convivencia dura- dera y fundar una familia. La pareja pasa junta entre el cuarenta y cincuenta por ciento de todo su tiempo libre. Como término de comparación, entre los mucha- chos de trece a catorce años era sólo el veinte por ciento.
El hecho de que la pareja se halle muy unida explica que se desaten con más fre- cuencia los conflictos. A partir de este momento tienen que negociar cuánta libertad individual se conceden mutua- mente. En las dos primeras fases, de los once a los dieciséis años, el principal reto era equilibrar las relaciones con los amigos y las románticas de pareja. Por el contrario, en la adolescencia tardía la meta es establecer una relación íntima y equilibrada. Aquí las dos partes apenas comentan sus problemas con los ami- gos; los discuten sólo entre ellos. ¿Es la precocidad un riesgo? Podría dar la impresión de que los padres influyen muy poco en la posterior vida amorosa de sus hijos. Nada más lejos de la verdad. La investigación revela que los hijos que recuerdan su unión con los padres como segura y protectora viven de adultos sus relaciones amorosas con más intimidad y mayor satisfacción se- xual. Si, por el contrario, la relación con los padres fue distante y de poca confianza, también las posteriores rela- ciones románticas manifiestan escasa proximidad emocional y poco compro- miso mutuo.
Muy especialmente cuando el niño ade- más tenía miedo de que sus padres le “dejasen solo”, en sus posteriores relacio- nes amorosas predominará el sexo. Es posible que a esas personas les resulte muy difícil aceptar emocionalmente al otro, por lo que intentan satisfacer con sexo su necesidad de amor y de seguridad.
Es incuestionable la influencia de los padres en la infancia. ¿Persiste en la ju-
ventud? Suelen los adolescentes distan- ciarse de sus padres al comienzo de la pubertad. Consideran cada vez más incó- modas la proximidad corporal o las cari- cias; no dejan aflorar sus sentimientos y prefieren comentar sus preocupacio- nes con los amigos. Sin embargo, de forma latente, los adolescentes siguen emocionalmente muy unidos a sus padres. Esto se palpa en el intenso sufrimiento que experimentan en caso de divorcio de los mismos. Por eso no es de extrañar lo señalado por las estadísticas: una estruc- tura familiar afectada durante la infan- cia y también en la adolescencia perju- dica la estabilidad de las relaciones románticas en la joven edad adulta.
Existen también otros factores deter- minantes de la orientación en las rela- ciones amorosas de los jóvenes, predo- minantemente la madurez corporal y sexual. Los psicólogos han venido abor- dando este campo como un “factor de riesgo” en las relaciones sexuales pre- coces. Conviene, sin embargo, no olvi- dar que el creciente “impulso instintivo” no se traduce directamente en relacio- nes de pareja. Los adolescentes, por ejem- plo, desde el comienzo de la pubertad, tienen problemas con la erección del miembro viril en los momentos más inoportunos. Ni las chicas ni los mucha- chos aceptan de buena gana los conse- jos de prevención de sus padres. Casi siempre éstos se percatan de que los hijos hace tiempo que tienen suficiente infor- mación sobre estos asuntos por los ami- gos y la escuela.
En otro aspecto una buena autocon- ciencia del propio cuerpo refuerza no sólo el atractivo sexual; también influye en la manera en que la amistad y la inti- midad configuran las relaciones amoro- sas de los jóvenes adultos. Ya en la infan- cia se encauza la imagen positiva del propio cuerpo; en la juventud los padres a lo sumo se pueden permitir discretas observaciones, no la crítica.
Por su parte los adolescentes tienen ante sí una tarea considerable. En pri- mer lugar, definir sus papeles con los amigos, en la familia, en la escuela y en la profesión. También tienen que perci- bir sus propias características antes de poderlas integrar en su autorretrato. Sólo los individuos con una identidad defi- nida podrán experimentar sensatamente la fusión con el otro sexo.
Los padres pueden ayudar en estas cir- cunstancias a sus hijos adolescentes dando señales de su completa confianza. El “puerto seguro” tiene un valor incal- culable. Así, los jóvenes tendrán siem- pre la sensación de encontrar apoyo y refugio incondicionales en sus padres en situaciones críticas.
DEFD-MOVIES
2.
APROXIMACION PRECAVIDA. Ya en la adolescencia va madurando la idea de cuánta proximidad corporal y emocional puede ofrecer una relación.INGE SEIFFGE-KRENKE es catedrática de psicología evolutiva en la Universidad de Maguncia. Sus campos de investigación se cen- tran en la superación del estrés, las relacio- nes sociales y las enfermedades crónicas de adolescentes.
THEDEVELOPMENT OFROMANTICRELATION- SHIPS INADOLESCENCE.W Furman. B. Brown
y C. Feiring. Cambridge University Press; Nueva York; 1999.
COPING WITHSTRESS IN DIFFERENTPHASES OFROMANTICDEVELOPMENT. T. Nieder e I. Seiffge-Krenke en Journal of Adolescence, vol. 24, pág. 297; 2001.
BEZIEHUNGSERFAHRUNGEN IN DERADOLESZENZ:
WELCHENSTELLENWERTHABEN SIE ZURVOR- HERSAGE VONROMANTISCHENBEZIEHUNGEN IMJUNGENERWACHSENENALTER? I. Seiffge-
Krenke en Zeitschrift für Entwicklungspsychologie
und Pädagogische Psychologie, vol. 33, n.o 2,
pág. 112; 2001.
Marianne Leuzinger-Bohleber
E
n Nueva Inglaterra, en el año 1848, una explosión de dina- mita provocó que una barra de hierro, de unos tres centímetros de grosor, atravesara el cerebro de un tra- bajador del ferrocarril. Fue un milagro que sobreviviera al accidente. Pero el interés que suscitó entre los neurólogos el caso de Phineas Gage se debió a una razón muy distinta: antes del percance Gage era un sujeto tranquilo, bonachón y sociable; desde la lesión del lóbulo fron- tal, se convirtió en jaranero, camorrista y desconsiderado. Quienes le habían co- nocido no se explicaban tamaña trans- formación. Para los científicos, aquella conducta evidenciaba el nexo insepara- ble entre el cerebro y la personalidad.El interés por estos casos clínicos tan peculiares habría de actuar de lazo de unión entre el psicoanálisis y las neuro- ciencias. No hay que olvidar, sin em- bargo, que los métodos y la interpreta-
ción de los datos obtenidos difieren en uno y otras de manera absolutamente radical. Psicoanalistas y teóricos de la ciencia han venido subrayando que se ocupan de “objetos” diferentes: unos de la psique y otros del cerebro.
Contrario a esa separación, Sigmund Freud (1856-1939), fundador del psico- análisis, mantuvo la esperanza durante mucho tiempo de que sus teorías recibi- rían respaldo neurocientífico en cual- quier momento. Pero, a la vista del estado del conocimiento de las neurociencias en aquellas fechas, hubo él de renunciar a semejante expectativa.
Desde hace algunos años se perfila en el horizonte un cambio. En número cre- ciente los científicos vuelven a considerar la posibilidad de una vinculación entre los basamentos del conocimiento psico- analítico y las neurociencias. Se ha lle- gado a esta opinión gracias al desarro- llo experimentado por los métodos de investigación cerebral, que cuentan ya con nuevos procedimientos de forma- ción de imágenes en cerebros activos.
En el año 1999 apareció Neuropsycho- analysis, revista dedicada a la investiga- ción sobre las emociones, la memoria o el sueño, cuestiones nucleares no sólo de las neurociencias sino también del psi- coanálisis. Un año más tarde se fundó la sociedad internacional del mismo nom- bre. Paralelo a ello, grupos de investiga- ción de orientación psicoanalítica, de dife- rentes países, han empezado a tratar a pacientes con lesiones cerebrales loca- les. Abordan las consecuencias psíquicas y repercusiones anímicas de tales daños. Este diálogo restablecido podría ser muy productivo para la investigación sobre el sueño. En los años cuarenta del siglo pasado, comenzó la indagación ce- rebral sobre el sueño y su tipología. Eugene Aserinsky y Nathaniel Keitman, neurólogos de la facultad de medicina de Harvard, descubrieron en 1953 una fase del sueño peculiar. Aparecía de un modo periódico en ciclos de unos noventa minutos a lo largo de todo el sueño noc- turno; constituía en torno al 25 por ciento de su duración total.