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Oxidative stress causes apoptosis and inflammation

5.1 RNA-Seq

5.2.3 Oxidative stress causes apoptosis and inflammation

El escenario es una de las categorías principales de cualquier estructura narrativa, pero a veces no tiene tanta importancia como en La catira. Aquí la tierra venezolana representa, prácticamente, al lado de la catira Pipía Sánchez, una de las protagonistas. La protagonista Pipía Sánchez y la tierra son uno, y sus ritmos naturales no se diferencian en mucho. La trayectoria vital de la protagonista se ve tan unida a la tierra que podemos llegar a perdernos en este mundo venezolano, bondadoso y malicioso a la vez. El vivir de Pipía Sánchez «no es un vivir cualquiera, hecho y deshecho con arreglo a circunstancias o vocación lograda, no. Es como el vivir de los campos, de los pastizales, esperando el sucesivo, ordenado fluir de las estaciones…»242. El mundo venezolano de La Catira está formado por el hato del Pedernal, el hato Potreritos, el hato Primavera. La gente que habita estos lugares es pasajera, sin embargo la tierra es constante y ella permanece durante los tiempos malos y los buenos, es decir, durante la guerra y la paz. Por esta razón muchos críticos consideran que la novela alaba la tierra americana: sus llanuras y selvas. Durante la guerra la tierra es el motivo de la lucha entre los terratenientes, y durante la paz la tierra sigue siendo el motivo por el que vive la catira Pipía Sánchez. Sea la guerra o la paz, la catira sigue siendo unida a la tierra de la misma manera, aún más en la segunda parte de la novela, ya que la tierra le ayuda superar la muerte de su único hijo: «La catira Pipía Sánchez, desde la muerte del hijo, se agarró aún todavía más a la tierra.»243, y la cita continúa con la descripción de esta tierra que es hermosa y cruel a la vez: «La tierra es, al mismo tiempo, caritativa y cruel, hermosa y monstruosa, blanda como la

240 Camilo José Cela: La Catira: historias de Venezuela, Barcelona-Madrid, Editorial Noguer, 1966, p. 161. 241

Ibíd., p. 270.

242Alonso Zamora Vicente: Camilo José Cela: acercamiento a un escritor, Madrid, Editorial Gredos, 1962, p. 75 243 Camilo José Cela: La Catira: historias de Venezuela, Barcelona-Madrid, Editorial Noguer, 1966, p. 250.

pluma de garza y dura como el viento del páramo, amarga y dulce, sonreidora y esquiva, desmemoriada y rebosante de amor.»244.

La catira, igual que la tierra, tiene dos características distintas. Se presenta a la vez como una mujer hermosa y maliciosa. Lo podemos ver en la siguiente cita: «Un tigre agonizado, un volcán que va a entrar en erupción, el viento derribando torres, no tenían la voz más velada, más siniestra, más hermosa, que la catira Pipía Sánchez, en aquellos momentos.»245. No solamente que la tierra y la catira tienen tanto en común sino que incluso, el autor usa los epítetos y comparaciones similares para describirlas. En este caso ambas están comparadas con el viento: el viento del páramo y el viento derribando torres.

La tierra venezolana sirve de fondo a las distintas historias humanas en cuyo centro se encuentra la catira Pipía Sánchez. La historia de la catira empieza con una emboscada que le prepara don Filiberto Marqués a don Froilán Sánchez. El caso es que don Filiberto Marqués quiere casarse con la catira en una ceremonia sencilla, pero don Froilán Sánchez que es, a la vez el padre de la catira, intenta interrumpir la ceremonia. Entre estas tres personas la catira es la única que sobrevive, porque en la balancea que se provocó como consecuencia de todo don Filiberto Marqués, el marido de la catira, fue vencido y matado por parte de don Froilán Sánchez. Y como resultado de esto, la catira realiza la venganza y en un acto desalmado mata a su padre:

Don Froilán, echó el potranco sobre la catira Pipía Sánchez… Por el cielo voló el carrao, como un fantasma… La catira Pipía Sánchez, desde el suelo, descargó revólver sobre don Froilán. La catira Pipía Sánchez le metió las seis balas en el cuerpo; no marró ni una… por el cielo voló la vocinglera chenchena… Don Froilán dobló por la cintura. No se movió nadie…246

Mediante esta escena no solamente nos damos cuenta de la relación que tenía la catira con su padre sino que también entendemos que en la tierra las cosas no funcionan igual que en las ciudades; aquí los problemas se resuelven con armas, de manera extremadamente primitiva. Además, esta escena es un poco irónica tomando en consideración el hecho de que la última palabra la tiene la mujer en una sociedad tan primitiva donde en general la última palabra y el último acto lo tienen los hombres. Asimismo la catira parece ser más hombre que su marido y su padre. Esta escena llega a su culminación cuando después de las muertes de los propietarios la catira toma posesión de dos tierras – el hato Pedernal y el hato Potreritos. Es

244

Camilo José Cela: La Catira: historias de Venezuela, Barcelona-Madrid, Editorial Noguer, 1966, p. 250. 245 Ibíd., p. 38.

interesante que después de todo lo sucedido la catira Pipía Sánchez se comporte como si no hubiera ocurrido nada.

La vida de la catira sigue rodeada de caporales (Aquiles Valle, Catalino Borrego, Feliciano Bujanda), servidumbre (la negra Cándida) y peones de confianza. Mucho tiempo la catira pasa con su buen amigo Juan Evangelista Pacheco. Toda esta gente es secundaria en la novela, de todos modos, cada su historia forma una parte del mosaico primitivo venezolano. Considera Zamora Vicente que «las reacciones humanas son, por lo general, en los personajes secundarios, toda una larga melodía que acompaña al motivo central, son, digo, puramente instintivas, elementales, sin reverso posible.»247 Es muy especial el caso del caporal Aquiles Valle que se va del hato de la catira robando los mejores potros de las hermanas, misia Marisela y misia Flor de Oro. En este momento empieza la persecución del caporal Aquiles. Un acto siniestro de Aquiles Valle es cuando asesina y viola el cadáver del peón Gilberto Flores: «Aquiles Valle se abalanzó sobre Gilberto Flores y los dos hombres rodaron por el suelo. La lucha fue breve y, en la lucha, Gilberto Flores llevó la peor parte. Aquiles Valle, fiero como un tigre rijoso, tumbó al peón de un tajo en el gañote. La sangre de Gilberto Flores ahogó el chillo espantable que dejó escapar. Aquiles Valle, a carcajadas siniestras, gozó el cadáver del peón.»248. Una vez que el amigo de la catira, don Juan Evangelista Pacheco con sus hombres de confianza, el mestizo Rubén Domingo y Pedro Apóstol Taborda, alcanzó al caporal Aquiles Valle, éste tratando de huir cayó del caballo en una caribera y murió devorado por las pirañas carnívoras. Su muerte resulta ser tan siniestra como han sido sus actos durante la vida:

La caribera cargó sobre el hombre y sobre la bestia, que braceaban, inútiles y violentos, acodándose en su propio espanto. El animal volvió a relinchar y el hombre tornó a rugir, envenenados ya por sus mil mordeduras de fuego. El animal mostró el morro un instante y por el aire volaron, orgullosos, vencedores, brillantes, los dos caribes que se cebaban en su boca sangrienta.249

Ciertos personajes secundarios, aunque también son primitivos, a diferencia de Aquiles Valle, son buenos. Este es el caso de la negra Cándida José cuyo primitivismo está reflejado en su creencia en la Moquinga, el ser inventado por los habitantes de la tierra venezolana, que según

247 Alonso Zamora Vicente: Camilo José Cela: acercamiento a un escritor, Madrid, Editorial Gredos, 1962, p. 71

248 Camilo José Cela: La Catira: historias de Venezuela, Barcelona-Madrid, Editorial Noguer, 1966, p. 111. 249 Ibíd., p. 132.

la creencia trae mala suerte. Si ponemos de lado esta falta de educación, ella era una persona alegre dispuesta a ayudar a la catira en lo que fuera:

La negra Cándida José era la única persona contenta del Pedernal. La negra Cándida José se había venido de la isla Margarita, detrás de su ama, cuando misia Chabelonga se casó. La negra Cándida José entendía el llano como un destierro, pero no sabía el camino de vuelta. La negra Cándida José, algunas mañanas, se iba a Potreritos, montada en un burro guacharaco de su propiedad, a ver a la catira.250

Toda esta gente que habita en la tierra venezolana, sean indios, mestizos, gente culta como Juan Evangelista Pacheco, peones, o malvados caporales, no importan mucho, porque al final son solamente unos seres pasajeros, que nacen y mueren. La catira sobrevivió muchas tragedias, primero la muerte de sus dos maridos de los cuales uno fue matado y otro murió de manera tonta subiéndose al chinchorro. Y después la tragedia más grande de todas, la muerte de su único hijo. Después de tantas tragedias ella entendió que la tierra es lo único que le queda. Es cierto que la tierra ha sido a la vez la causa de muchos conflictos entre los terratenientes, pero también la tierra es como el santuario para la catira. Todos los personajes secundarios no dejaron significantes huellas en la vida de la catira, y tampoco en la tierra venezolana. Fueron unos pasajeros que morían uno tras el otro, cada con su historia trágica. Al final se quedaron solamente la tierra y la catira, la única diferencia entre estas dos es que la tierra se quedará para siempre, y la catira morirá: «La tierra queda. La tierra queda siempre. Aunque los ríos se agolpen. Aunque los cielos lloren, durante días y días. Aunque los alzamientos ardan. Aunque los hombres mueran.»251. La conclusión es que la gente venezolana es frágil y la tierra venezolana es la que persiste a pesar de todo.