Partiendo de la siguiente premisa: el enfoque territorial está conectado a las perspectivas interpretativas de que tratan o se ocupan del desarrollo, bien sea por la óptica de su proyección espacial o por el papel de los actores, de las instituciones, de las formas de organización colectiva e incluso de la cultura. Ahora bien, cuando se habla de desarrollo en el contexto amplio de la palabra, nos encontramos con un doble desafío a enfrentar, por un lado está la difícil tarea de darle una definición y por otro aplicar esta definición en los diferentes contextos rurales.
En el presente marco conceptual se toman postulados que parten de algunos planteamientos clásicos del desarrollo rural, en este orden se retoma lo expresado por Scheneider (2004), quien define el desarrollo rural como un proceso que resulta de acciones articuladas que buscan inducir cambios socioeconómicos y ambientales en el ámbito rural para mejorar la calidad de vida de sus pobladores. En este punto se precisa que, dada la evolución en los procesos territoriales, sus interacciones entre lo rural y lo urbano y entre las áreas de transición, la jerarquía, resultado y complejidad, estará dada en un plano territorial. En este sentido los procesos de desarrollo tienen inexpugnablemente un sentido social que va más allá de los límites físicos, de los espacios y lugares del territorio.
Avanzando hacia un enfoque integrador –Desarrollo Rural Territorial–, Schejman y Berdegué (2003) plantean una propuesta satisfactoria en términos de coherencia, siendo el DTR una visión orientadora de acciones que apuntan al análisis de las actuaciones de los actores, de las políticas públicas y de las instituciones a partir de una referencia territorial. Esta propuesta no deja de lado la trasformación productiva y el crecimiento de los mercados, pero sí enfatiza en la necesidad de articular e incluir apuestas sustentables en el aprovechamiento de los recursos naturales, al tiempo que indaga de manera
38 creativa en la formulación de un desarrollo rural desde una mirada territorial e instrumental, lo cual debe contribuir a la reducción de la pobreza, mejorando por ende las condiciones de vida de los habitantes rurales.
Con la anterior propuesta se abre una concepción más amplia del desarrollo rural y territorial, dada la cantidad de interacciones que implica su articulación con las necesidades de crecimiento económico y desarrollo urbano. Así mismo, la globalización ha incidido profundamente en la organización territorial con los consecuentes efectos económicos, en este sentido se hablará de desarrollo económico regional, para referirse al “Proceso de crecimiento y cambio estructural que mediante la utilización del potencial de desarrollo existente en el territorio, impulsado por el capital externo o interno, conduce a la mejora del
bienestar de la población de una región” (Álvarez, 2008).
De manera especial el municipio de Mitú, ha estado viviendo trasformaciones que inciden en su configuración actual, por un lado ser capital del departamento de Vaupés implica la concentración de intervenciones públicas y administrativas en relación a los lineamientos de orden central, los que a su vez buscan en teoría hacer de este municipio el eje generador de competitividad entre los tres municipios y demás corregimientos departamentales. De otro lado, se ha venido desconociendo la relevancia de los procesos de crecimiento urbano y la implicación de los mismos en el fraccionamiento de los predios dedicados al sector primario, máxime cuando la demanda de alimentos crece desde el centro poblado hacia lo rural.
De manera similar las nuevas formas de producción y ocupación de la zona rural están obedeciendo cada vez más a actividades económicas con mayor rentabilidad inmediata como la minería, recreación, extracción de madera ilegal, ganadería, equipamientos de servicios y de infraestructura militar. Con estas nuevas actividades económicas, los flujos de productos entre lo urbano y lo rural varia, tal como varían las intervenciones sobre la red hídrica de cada
39 uno de estos espacios del territorio. En este sentido, debe entenderse la necesidad de analizar desde una perspectiva más amplia los elementos que interactúan dentro de los procesos de desarrollo de un territorio.
Teniendo en cuenta lo anterior es evidente que el municipio de Mitú, se encuentra influenciado, por los enfoques de desarrollo rural propuestos a nivel central, sin que estos se adapten a las condiciones locales. Estos enfoques y lineamientos estatales a su vez están determinados por los lineamientos del modelo de desarrollo global, el cual determina las directrices de acción para países que como Colombia, son considerados del Tercer Mundo.
Los efectos desarrollistas en el Tercer Mundo se han hecho evidentes desde la década de 1950 cuando se formalizó su implementación, bajo el enfoque de industrialización por sustitución de importaciones, en el cual el sector rural se abordaba como un sector subsidiario de la industria proporcionando mano de obra, producción barata de alimentos, generando divisas y suministro de materias primas.
A finales de la década del 80 Colombia como en otros países de América Latina, adoptó el modelo de desarrollo neoliberal el cual representó fuertes transformaciones en la estructura económica del país y por tanto del sector rural. Con la implementación del modelo neoliberal se dio un punto de ruptura importante en la forma como el Estado abordaba el desarrollo rural, ya que se puso fin a la industrialización por sustitución de importaciones, y se dio paso a la apertura económica propia del neoliberalismo (Ministerio de Agricultura y desarrollo Rural, 2001).
El neoliberalismo según Harvey (2005), es ante todo una teoría de prácticas político económicas, que afirman que la mejor manera de promover el bienestar humano consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo dentro de un marco institucional
40 caracterizado por derechos de propiedad privada, libres mercados y libertad de comercio. En este marco el papel del Estado es crear y preservar el marco institucional apropiado para el desarrollo de estas prácticas.
Para el caso del sector agrícola según Kalmanovitz y López (2006) la liberalización del comercio internacional se tradujo en el desmonte de la intervención tradicional del gobierno a través de controles de importaciones, precios de sustentación y precios de cosechas, y adicionalmente se promovió la integración comercial con los países de la Comunidad Andina (CRECE, 2006).
Dentro del modelo neoliberal además del cambio en la forma de abordar el desarrollo, es importante mencionar lo relacionado con la percepción del medio ambiente que es un tema transversal en la discusión planteada en esta investigación. La importancia de abordar la temática eco sistémica desde la óptica del neoliberalismo es comprender que al igual que las propuestas de desarrollo rural, este se encuentra determinado por el contexto neoliberal, en cual, se plantean unos intereses ambientales, que en realidad sustentan los intereses del mercado.