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4 Results and Discussion

4.4 Effect of Doping on Oxidation of H-Si(111)

4.4.2 p-type Surfaces

Para evaluar la situación de la vivienda en Cuba y sus principales déficits, se revisaron diferentes documentos (anexo 1a), que permitieron ver su evolución en el país, así como constatar su situación actual.

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El Censo de Población y Vivienda de 1953, evidenció que en la etapa pre revolucionaria existían un total de 1 255 000 viviendas, de las cuales 795 000 eran urbanas y 464 00 rurales.

El 25% de las viviendas censadas habían sido construidas antes de 1920, por lo que ya superaban los 33 años de servicio. Del total de las mismas el 15% se

encontraba en estado ruinoso, el 31,6% era catalogado como malo, 20,8%

regulares, 19,6% aceptables, y sólo el 13% se encontraba en buen estado técnico. Existía, además, un considerable número de viviendas precarias, (más del 40%), fundamentalmente en el ámbito rural, y numerosos barrios insalubres en el área urbana, principalmente en la Ciudad de La Habana y en las ciudades cabeceras de provincias.

En las áreas rurales la situación era peor. Solo el 3% de las viviendas se consideraba en buen estado, el 74% eran bohíos y el 81% tenían pisos de tierra. Solo el 34% del total de las viviendas recibía agua por acueducto, el 54% carecía de baño propio y el 26% no contaba con inodoro ni letrina. Según (Valdés y Felipe, 1996), en 1958 sólo aproximadamente el 50% de la población disponía de suministro de energía eléctrica, agua potable y sistemas de saneamiento.

Solo una pequeña parte de la población residente era propietaria de la vivienda que habitaba, el resto vivía alquilado y bajo amenaza de desahucio si no cumplía sus obligaciones con los arrendatarios con buena parte de sus ingresos familiares. Se evidenciaba con claridad las significativas diferencias que existían entre el campo y la ciudad y la grave situación de la vivienda y el hábitat humano en el país.

La demanda de vivienda estimada en 1959 alcanzaba las 640 mil viviendas, o sea, el 43 % del fondo total ascendente en aquel entonces a 1,490 000

viviendas,ya desde su alegato “La Historia me Absolverá” ,en 1953, Fidel Castro

refiere la gravedad de la situación de la vivienda, declara que: existían en Cuba 200 000 bohíos y chozas; 400 000 familias del campo y de la ciudad vivían hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales

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condiciones de higiene y salud; 2 200 000 personas de nuestra población urbana pagaban alquileres que absorbían entre un quinto y un tercio de sus ingresos; y 2 800 000 de nuestra población rural y suburbana carecían de luz eléctrica. Consideraba el problema de la vivienda como uno de los más importantes a acometer por un gobierno comprometido con su pueblo.

En Cuba, después del triunfo de la Revolución, se identificó por muchos años a la acción estatal como la principal forma de resolver el problema de la vivienda. El sector privado ya no sería el encargado de la provisión de alternativas, la

vivienda dejaba de ser una mercancía y se eliminaba la especulación con el

suelo y los inmuebles. Había cambiado el régimen de tenencia de la vivienda,

pasando a ser propietarios el 85% de los inquilinos (Valdés y Felipe, 1996). En los primeros 20 años de la Revolución, el Estado cubano construyó poco más de 300 000 viviendas, mientras que los particulares ejecutaron, individualmente, el

doble de esa cifra(Betancourt, 2009).

Según el Censo Nacional de Población y Vivienda realizado en 1981, de un parque calculado de 1 400 000 en 1959, para 1981 el país contaba con 2 363 364, un incremento cercano al millón de unidades. No obstante, su estado técnico aún no mostraba significativas mejorías, aunque eran innegables en relación con el ámbito rural.

Para diciembre 1985, con la primera Ley General de la Vivienda, se plantea el reconocimiento a la población como un constructor válido y la necesidad de apoyarla. Entre 1985 y 2007 se terminaron en Cuba 772 391 viviendas, de ellas 48% edificadas por el Estado, 11% por las cooperativas agropecuarias y 41% por la población (Betancourt, 2009).

Para la década del 60, la idea de que la tecnología sería la clave para solucionar el déficit habitacional que se consideraba en cerca de un millón de unidades en todo el país, cobró fuerza al hacer contacto con las realizaciones de la Unión Soviética y demás países miembros del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).

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Se construyeron nuevas edificaciones con proyectos repetidos de edificios multifamiliares de cinco, doce, dieciocho o veinte pisos, utilizando principalmente concepciones y tecnologías industrializadas importadas o adaptadas de estos países. “Los sistemas prefabricados todos a partir del hormigón armado fueron considerados entonces la solución a la demanda acumulada y a la creciente escasez de mano de obra” Coyula (2009, p.42).

Estas iniciativas estatales basadas en la construcción de extendidos conjuntos habitacionales impuestas a la población, no dieron el resultado esperado en términos de mejoras de la vida social ni en la creación del sentido comunitario entre sus ocupantes, ya que no respondían a sus intereses y necesidades.

Muchas edificaciones quedaron inconclusas y sobre todo, la mayoría de las

urbanizaciones no tenía, un trazado coherente y escaseaban los servicios y los espacios públicos de calidad.

Para el año 1985, se habían solucionado en el país, en lo fundamental, las necesidades básicas de educación, salud, seguridad social, así como gran parte de los demás servicios sociales, solo “quedaba la vivienda como la gran aspiración no resuelta, como única gran deuda social” Betancourt (2009, p.75). En los países en desarrollo, la falta de acceso a la vivienda para un gran número de habitantes constituye un derecho aún postergado y de resolución compleja. Cuba no es la excepción, el problema de la vivienda se ha tenido en cuenta en los planes y programas del gobierno revolucionario, pero esto no ha sido suficiente. Durante medio siglo se han priorizado otros sectores y planes

sociales y productivos que resultaban decisivos para sostener el desarrollo

económico y social del país y su sobrevivencia, así como se ha potenciado el resto de la isla en detrimento de la capital del país, en aras de un mayor equilibrio nacional, por lo que se orientó promover el desarrollo de los pueblos urbanos y ciudades pequeñas y medianas y contener o paralizar las grandes. En la etapa de 1991 al 95, sobrevino la crisis económica con la reducción de la capacidad de importaciones en 73 % y el recrudecimiento y extensión del bloqueo en un mundo unipolar. La vivienda, como prioridad social, tuvo que

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pasar a un segundo plano ante las enormes carencias del país y su alternativa de respuesta se concentró en el uso de materiales de bajo consumo energético y fácil accesibilidad, los que fueron priorizados para la ejecución de los planes de vivienda.

Para Cuba, el Objetivo de Desarrollo del Milenio número 7, Meta 11, aprobado

por la ONU en el 2000,implica rebajar en el 2015 a un 20% el 42% de viviendas

en estado malo y regular que existía en 2006, según el Informe presentado a la Comisión de Política Económica (CPE) del Estado para elaborar la Política para el Mantenimiento de Viviendas e Inmuebles Estatales de marzo 4, año 2008. Entre las deudas pendientes en materia social aparece la necesidad de satisfacer la demanda de viviendas, que ubica a nuestro país, según el Censo

Nacional de Población y Vivienda efectuado en el año 20022, con un déficit

cualitativo estimado de más de 563 000 viviendas, las que a su vez presentan una serie de problemas en su estado técnico-constructivo.

Hasta el 2002, la población con residencia permanente en el país era de 11 177 743 habitantes que residían en 3 534 327 unidades de alojamientos, para un promedio de 3,16 personas por unidades de alojamiento. Sin embargo, pese a lo positivo de este índice nacional, según los datos aportados por el censo 2002, había aproximadamente 86 mil viviendas con hacinamiento, con un índice de ocupación estimado de 7,31 habitantes por vivienda.

El deterioro acumulado está presente en el fondo habitacional del país, incluso, viviendas en buen estado tienen muchas lesiones constructivas debido a la falta de mantenimiento sostenido. La principal causa de deterioro son las humedades

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La finalidad principal del Censo de Población y Vivienda es complementar necesidades de datos estadísticos en el país. Este censo (2002) es el último realizado en Cuba y uno de los más exactos que se ha llevado a cabo. Cuba tiene una notoria tradición censal, primero sólo de población y avanzado el siglo XX combinado con la vivienda. El primer patrón poblacional que se tiene constancia en Cuba se realizó en el siglo XVIII en el entorno al año 1774, con posterioridad a esto se sucedieron otros 17 censos con menor o mayor rigor y calidad. Cumpliendo lo que establece la ONU en relación a la periodicidad con que deben efectuarse los mismos (10 años) actualmente se preparan las condiciones para la realización del censo del año 2012.

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y filtraciones, el debilitamiento de las estructuras a causa de las sobrecargas y la falta sistemática de mantenimiento.

Al cierre del año 2006 el país ya contaba con 3 573 135 viviendas y con una población de 11 243 836 habitantes. Con relación al estado técnico constructivo de su fondo habitacional, 2 080 615 (el 58% del total) estaban en buen estado y las restantes, 1 492 520, (el 42%) en regular y mal estado.

En las provincias de Ciudad de La Habana, Holguín, Granma y Santiago de Cuba se concentraba el peor fondo, al aglutinar el 48% del total de viviendas regulares y malas y existen 140 772 viviendas que son irreparables debido a su estado de deterioro ruinoso, por lo que es necesario sustituirlas por nuevas viviendas.

Con condiciones precarias existían aproximadamente unas 399 641 viviendas, desglosadas, según estimados en: 49 370 con pisos de tierra, más 76 608 viviendas concentradas en asentamientos insalubres, otras 192 149 dispersas y 81 514 habitaciones o cuartos en 10 010 ciudadelas y cuarterías.

En el año 2007 el país tenía un fondo edificado de unas 3 543 900 viviendas. De ellas, el 40,5% se encontraba en un estado entre regular y malo. Según estimaciones, pudieran ser rehabilitadas alrededor del 14% y el 4,3% deberá ser

completamente sustituido por nuevas edificaciones debido a su precariedad. Se

estima un total de 647 556 viviendas en mal estado técnico, lo cual pudiera

considerarse como fondo no adecuado, no útil o infraviviendas(Gasmuri, 2009).

La política habitacional nacional tiene como estrategia la disminución del déficit habitacional acumulado. El déficit habitacional para Cuba es la demanda de viviendas adecuadas, determinada por el nivel del Fondo no Adecuado y el Fondo no Útil. El fondo no adecuado es el comprendido por aquellas viviendas que poseen materiales precarios y vulnerables en sus paredes y/o su cubierta. Son casas improvisadas, cuartos, habitaciones, bohíos, etc. Mientras que el fondo no útil es el comprendido por aquellas viviendas que, dado el tipo de materiales empleados en paredes y techo, y dado su estado técnico malo, no

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garantiza la seguridad de sus ocupantes.

Los huracanes que afectaron el país en 2001 y 2005 causaron unas 620 000 afectaciones al fondo habitacional por derrumbes parciales y totales, así como por daños en las cubiertas. De estos eventos, los más significativos por la magnitud de los perjuicios, fueron el Michel, en 2001, y el Dennis, en el 2004. En el 2008, el paso de Gustave y Ike afectó más de 444 000 viviendas, de ellas 63 249 fueron derrumbes totales. Esta situación, así como su impacto social, han añadido complejidad a la solución del problema de la vivienda debido a la magnitud y el efecto económico de la inversión requerida para sufragar las pérdidas.

Para el 2009 el déficit cualitativo era de 509 250 viviendas en total, 185 050 con mal estado técnico que requerían rehabilitación y 324 200 vivienda muy precarias, irreparables y que requerían ser repuestas por nuevas. El déficit cuantitativo era de 220 800 en total, 88 200 por reposición debido a derrumbes totales o afectaciones climatológicas y 132 600 nuevas viviendas de desarrollo

demográfico para un déficit habitacional total de 730 050 viviendas según el

informe Déficit Habitacional en Cuba, del Instituto Nacional de la Vivienda, de junio del 2009.

En el 2010 en Cuba se terminaron un total de 33 901viviendas, 21 687, por el

sector estatal, 781 por el sector cooperativo y 11 433 por esfuerzo propio. Hoy en día continúa la construcción estatal de nuevas viviendas y repartos para responder a las demandas y necesidades de la población. Además, se está motivando en el país la explotación de los recursos locales por parte de las municipalidades para originar un mayor desarrollo en la gestión del hábitat por parte de las localidades.

La autora de la investigación considera que estas cifras son una aproximación discreta al problema, pues en muchos casos no se tienen en cuenta aspectos como el hacinamiento familiar. También resulta cuestionable cómo en inspección técnica consideraran viviendas en estado regular como adecuadas.

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Un aspecto de interés, en gran medida ausente al dimensionar las necesidades habitacionales, es la infraestructura técnica y los servicios de la vivienda que tanto peso tienen en la calidad de vida de los asentamientos poblacionales. A pesar de ello, este análisis da un acercamiento al grave problema que presenta el país en el tema de hábitat humano, ya sea por el déficit cuantitativo que existe de vivienda, como el cualitativo debido a las malas condiciones técnico- constructivas de buena parte de las mismas.

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