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Alumno tutor

3. THEORETICAL FRAMEWORK

3.2 Paired reading

La experiencia es irrepetible y continua en el sentido de que en cada momento es única, tiene una cualidad diferente y específica. Para William James, al igual que para su amigo Bergson, hay que des- confiar de la validez de las visiones que anteponen lo estático para el conocimiento de lo real. Se da una irrepetibilidad del presente por- que el propio hecho de pensar cambia la infraestructura corporal del pensamiento (cerebro).

A propósito de esta realidad cambiante, acude James a Heráclito para señalar que, en el tema de las sensaciones, aparte de lo que sea o no cierto respecto al río de la vida, “respecto al río de la sensación original, sería más cierto decir, como Heráclito, que nunca descende- mos dos veces a la misma corriente” (James, Ibídem, p. 187).

Y ello es así porque el pensamiento está en constante cambio. Esta característica hace referencia al rasgo de originalidad que comporta todo pensamiento. No puede darse un estado mental repetido, pues- to que la mente cambia por el hecho de haber experimentado dicho pensamiento.

De esta forma “ningún estado puede ocurrir y ser idéntico al que fue

antes” (Ibídem, p. 186). Lo que podemos recibir más de una vez es un

mismo objeto, pero en cambio no lo recibimos en la misma forma: “no hay prueba de que la misma sensación corporal la tengamos dos

veces” (Ibídem), porque

Para que vuelva a presentarse una sensación idéntica, deberá ocurrir la segunda vez en un cerebro no modificado. Pero como, hablando estrictamente, esto es una imposibilidad fisiológica, así también es una imposibilidad una sensación no modificada, por- que a cada modificación del cerebro, por pequeña que sea, debe corresponder un cambio de igual monto en la sensación que el cerebro atiende (Ibídem, p. 187).

Perls va a utilizar también, en relación con la corriente de pensa- miento, su sensación de continuidad, de fluir, y va a afirmarlo tam- bién, usando igualmente la cita de Heráclito (Perls 1969/1975, p. 67) que antes veíamos en James, respecto a la propia vida.

Perls aboga igualmente por esa irrepetibilidad del momento, de tal forma que su modelo ha sido calificado frecuentemente como “terapia del aquí y ahora”, por el énfasis que pone en este rasgo de la experiencia. Justamente este sentido de apertura a la realidad nueva es el que permite el contacto genuino, la sana experiencia. A propó- sito de ello, Perls asume la noción oriental de “vacío” en su sentido más genuino, cuando señala:

Decirle a una muchacha que tiene la cabeza hueca es para noso- tros un insulto. Para un oriental puede ser un gran piropo; su cabeza no está llena, no está bloqueada, está abierta (Ibídem).

Esta irrepetibilidad no es ajena a la necesidad, en el proceso de psicoterapia, de prestar atención a las manifestaciones reiteradas de una expresión estereotipada de la experiencia que, si bien a veces puede ser fruto, simplemente, de dificultades expresivas, en otras nos pueden estar indicando la presencia de lo que el modelo del Análisis Transaccional denomina una “emoción parásita”, en la que lo más genuino de la experiencia queda velado por un sucedáneo de la mis- ma que, sin embargo, se presenta como más seguro de vivenciar y exhibir. De parecida manera ocurre con los pensamientos obsesivoi- des, de tipo reiterativo y traslucidos en frases que parecen bloques inamovibles. En ambos casos a las emociones o pensamientos expre- sados les falta la frescura y espontaneidad que da el contacto con la experiencia, y más bien aparecen como emociones y pensamientos disecados, faltos de reverberación en la expresión corporal y paralin- güística.

Igualmente esa novedad de cada momento llevará al terapeuta a no dar nada por sabido previamente, es decir, a estar atento –a pesar de todo lo que pueda conocer previamente al protagonista de la tera- pia– a los signos del momento, a plantearse –por ejemplo– al inicio de la sesión: “¿cómo es su vivenciar en este preciso momento?” para entrar en verdadero contacto, y a no pretender forzar una situación encauzando la sesión por unos derroteros típicos o arquetípicos pre- vistos por el terapeuta, pero que se están apartado del lugar en el que el cliente o paciente se encuentra. En ese caso el profesional de la terapia se puede encontrar a mitad de la sesión constatando que lle- va “varios kilómetros” andando sólo.

Y se trata de un acontecimiento continuo. No hay rupturas en el experienciar. Estamos implicados permanentemente en ese pro- ceso que Gendlin llama “experienciar”, James “corriente del pen- samiento” y Perls “ciclo de la experiencia” o también “proceso homeostásico”:

Homeostasis es el proceso mediante el cual el organismo satisfa- ce sus necesidades. Dado que sus necesidades son muchas y cada necesidad altera el equilibrio, el proceso homeostásico transcurre todo el tiempo. La vida, en todas sus formas, se caracteriza por este proceso continuado de balance y desbalance en el organismo

(Perls, 1973/976, p. 20).

El experienciar es un aspecto del vivir humano que es constante, como la vida corporal, el metabolismo, el input sensorial [...] El experienciar es el constante, siempre presente fenómeno soterra- do del vivir interior, y por lo tanto hay un lado experiencial de cualquier cosa (Gendlin, 1970/1997, p. 135).

La transición entre el pensamiento de un objeto y el pensamien- to de otro, no es un rompimiento en el pensamiento, como no lo es en el bambú la juntura entre varios espacios. Es una parte de la conciencia tanto como la juntura es una parte del bambú

(James, ibídem, p. 193).

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