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Lee a tu hijo en voz alta. Cuando tu hijo es pequeño, siéntalo en tus piernas y léele todos los días. No solo así le enseñas lenguaje y fortaleces el vínculo con él, sino que creas un recuerdo agradable que lo atraerá a los libros en el futuro. A medida que tus hijos crecen, pueden sentarse junto a ti mientras les lees un libro que toda la familia disfrutará.

Visita la biblioteca con regularidad. La mayoría de las cosas en la vida no son gratuitas, pero la biblioteca todavía lo es. Aprovecha la gran cantidad de recursos de tu biblioteca local. Busca tus autores favoritos en el catálogo de la biblioteca, y solicita aquellos que no ves disponibles para préstamo inmediato. Esto dará a tu hijo un motivo para regresar de nuevo a la biblioteca. Y no olvides elegir un libro para ti.

Tiempo de lectura por tiempo frente a la pantalla. Algunos padres han logrado con éxito que sus hijos acepten leer poniendo la lectura como prerrequisito para el tiempo frente a la pantalla. Si tu hijo lee durante treinta minutos, puede entonces ganar treinta minutos de pantalla.

Busca libros que interesen a tu hijo. ¿Qué le gusta a tu hijo? ¿Historias acerca de ponis o biografías de grandes beisbolistas? Busca libros que sean irresistibles para tu hijo. Pide sugerencias de libros a tus amigos con hijos de la misma edad o mayores. No te des por vencido hasta que encuentres buenas opciones para tu lector.

Procura que te vean leyendo. Cuando tu hijo te ve cómodo leyendo un libro en el sofá, esto lo animará a hacer lo mismo. Habla con tus hijos acerca de lo que lees y muéstrales mediante tu ejemplo que los libros son útiles e interesantes.

El tiempo frente a la pantalla y los trastornos de atención

Keith, de siete años, volvía de la escuela casi a diario con marcas rojas en su reporte de conducta. Su madre había ofrecido diversas recompensas y prácticamente le había implorado a Keith que escuchara a su maestra y siguiera las instrucciones. Pero en lugar de traer a casa un reporte de conducta con anotaciones verdes, Keith parecía destinado a ser uno de esos niños famosos por portarse mal. En la escuela hablaba constantemente fuera de lugar, no completaba sus deberes y nunca levantaba la mano para responder preguntas. La vida en casa no era mejor. Keith era conflictivo durante las comidas y agresivo con su hermana mayor.

Su madre se preguntaba si tendría TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), pero se dio cuenta de que podía sentarse durante horas concentrado en videojuegos. No parecía tener problemas de atención en el mundo digital. Sin embargo, la capacidad de Keith de concentrarse únicamente en la pantalla era en realidad un síntoma del trastorno de déficit de atención e hiperactividad. Muchos expertos creen que los niños con TDAH pasan más tiempo con videojuegos y televisión que sus compañeros.

Entonces, ¿un niño se aficiona más a las pantallas porque tiene TDAH, o es su afición a las pantallas lo que conduce al TDAH? Esta es una pregunta compleja, pero algunos estudios, como el que publicó la revista Pediatrics en 2001, descubrió que pasar más tiempo frente a la televisión y los videojuegos causaba problemas de atención en niños de edad escolar y en jóvenes universitarios. Los investigadores descubrieron que los niños que excedían las dos horas diarias de tiempo frente a la pantalla eran 1,5 a 2 veces más propensos a desarrollar problemas de atención que la media de la población. Los estudiantes universitarios mostraron una asociación similar, lo cual sugiere que el uso de las pantallas trae consecuencias que perduran hasta la vida adulta.[7]

La atención que invierte un niño en un videojuego es diferente a la atención que necesita para tener éxito en la vida normal. Un niño como Keith puede controlar la ira en un juego animado por cambios frecuentes, recompensas constantes, nuevos niveles, acumulación de puntajes y dosis de dopamina para el cerebro. Cuando el cerebro de un niño crece acostumbrado a este ritmo acelerado, es natural que el mundo se vuelva insatisfactorio y aburrido.

Los niños que tienen dificultades escolares quieren buscar un lugar dónde triunfar. Con frecuencia encuentran ese lugar de éxito en los videojuegos y los mundos virtuales. Los niños con trastornos de atención se apartan en busca de la pantalla con más frecuencia que otros. Si tu hijo ha sido diagnosticado con TDAH, estas son algunas formas de ayudarle a manejar el tiempo frente a la pantalla:

Fija límites para el uso diario de la pantalla (intenta dos horas o menos). No permitas pantallas en la habitación.

Evita videojuegos violentos.

Apaga la televisión, la radio, y los juegos de computadora mientras hacen tareas.

cuando los niños pasan más de dos horas al día en videojuegos y frente a las pantallas, su capacidad de concentrarse en las demás áreas de la vida se perjudica.

El error de la multitarea

Suzy, de once años, pone su maleta escolar sobre la mesa. Enciende la televisión para ver su programa favorito. Saca su carpeta y lo que necesita para hacer su tarea. Enciende la tableta de sus padres para buscar una definición. Mira la televisión y se ríe. Sigue mirando sus búsquedas en línea. Mientras Suzy está en la página del diccionario, ve una publicidad de una película que pronto estará en cartelera. Hace clic para ver más, al tiempo que anota la definición de una palabra en su carpeta de tareas.

Al otro lado del pasillo, el papá de Suzy, que trabaja desde casa, tiene múltiples páginas abiertas en su computadora. Mientras trabaja en el borrador de un documento, revisa su correo electrónico y responde a varias solicitudes urgentes. El teléfono suena y mientras atiende la llamada, hojea las últimas noticias. La llamada termina pero, antes de volver a su documento original, el papá de Suzy hace clic en un vídeo noticioso para saber en qué anda el Senado.

Bienvenido al mundo de la multitarea. La multitarea solía ser una insignia de éxito, una palabra que brillaba en tu currículo para demostrar tu capacidad para manejar varias tareas simultáneamente. Pero últimamente se han multiplicado las advertencias acerca de los inconvenientes de la cultura de la multitarea.

La multitarea disminuye la calidad de tu trabajo. En un experimento, se les pidió a

unos estudiantes sentarse en un laboratorio y completar un examen estándar de habilidades cognitivas. A un grupo de no se le interrumpió mientras realizaba el examen. Al otro se le indicó que recibiría en cualquier momento textos con indicaciones adicionales. Se le interrumpió dos veces durante el examen. El grupo que fue interrumpido puntuó 20 por ciento por debajo del otro grupo.[8] Esta diferencia basta para que un estudiante pase de ser un estudiante con buenas calificaciones a ser un estudiante que reprueba. En otro estudio, los investigadores descubrieron que los trabajadores que se distraen con correos electrónicos y llamadas telefónicas sufrían una baja en el coeficiente intelectual superior al doble de aquella detectada en fumadores de marihuana.[9]

Si tu hijo lleva a cabo múltiples tareas mientras hace sus deberes escolares u otras actividades que requieren concentración, la calidad de su trabajo se afecta. Cuando Suzy hace su tarea mientras ve televisión, tiende a cometer errores que detectaría fácilmente si no se distrajera.

La multitarea cambia la manera en cómo se aprende. Las investigaciones muestran

que las personas usan diferentes áreas del cerebro para aprender y almacenar nueva información cuando realizan varias tareas simultáneamente. Los encefalogramas de las personas que estás distraídas muestran actividad en el striatum, una zona del cerebro involucrada en el aprendizaje de nuevas destrezas. Los encefalogramas de las personas que no están distraídas muestran actividad en el hipocampo, una zona que se ocupa de almacenar y recordar información.[10]

Si quieres que tu hijo sea capaz de pensar con profundidad, aleja las distracciones como audífonos, televisores o computadoras mientras está concentrado en una tarea. La multitarea de medios, es decir, el uso de varios medios electrónicos simultáneamente, ha aumentado en los usuarios de un 16 por ciento en 1999 a un 26 por ciento en 2005.[11]

Nos estamos acostumbrando a usar todos nuestros aparatos al mismo tiempo: el televisor, los textos, la computadora, los videojuegos y los correos electrónicos. Esta inmersión digital está cambiando la manera como tu hijo aprende.

La multitarea crea personas que tratan las cosas superficialmente. Puesto que la

multitarea entrena a un niño a prestar atención a toda la información nueva, se acostumbra a procesarla de forma superficial. De lo contrario, sería abrumador. Piensa en el cerebro de tu hijo como una torre de control. Cuando es bombardeado con estímulos digitales, titulares, correos electrónicos y textos, su cerebro redirige constantemente el tráfico de información, como si dijera “Siguiente, siguiente, siguiente”. Las personas multifuncionales tienden a buscar nueva información en lugar de poner a funcionar la información antigua y más valiosa que ya poseen. Esto se traduce en un niño que solo alcanza un entendimiento superfluo de un sinnúmero de temas diversos en lugar de una comprensión profunda de conceptos clave. Los niños que continuamente manejan multitareas tienen dificultades para discernir entre información relevante e irrelevante. Aunque la tarea de hoy puede ser su deber en determinado momento, hay otras cosas igualmente fascinantes o incluso más, en especial para un niño aficionado a la tecnología: Mira este nuevo juego. ¿Cuál es ese nuevo juguete? ¿Está a punto de empezar mi programa favorito? Es poco probable que se pueda profundizar cuando se manejan tantas opciones. Las personas que más tienden a la multitarea tienen más problemas para enfocarse y descartar información irrelevante.

La multitarea es un desperdicio de tiempo. Adivina cuántas veces en promedio por

hora revisa un trabajador de oficina su correo electrónico. La respuesta es treinta.[12]

Los adultos alternan constantemente de tarea, lo cual normalmente supone una pérdida en vez de un ahorro de tiempo. Algunos investigadores han descubierto que se necesita un promedio de veinticinco minutos para regresar a una tarea original después de una interrupción.[13]

Justin, de once años, ha estado sentado en la mesa de la cocina con su tarea abierta durante más de una hora. Ha releído el mismo problema de matemáticas una y otra vez. Primero, no podía entender el problema, así que empezó un videojuego y se entretuvo durante unos minutos para relajarse. Leyó el problema de nuevo y decidió textear (enviar un mensaje de texto) a un amigo para preguntarle. Su amigo tampoco lo entendía, así que empezaron a textear acerca de otras cosas. Decidió teclear el problema matemático en Google, pero primero visitó su sitio favorito de la red. No tardó en llegar la hora de la cena. Su tarea estaba incompleta y él había desperdiciado mucho tiempo atendiendo distracciones.