6.2 Calvera
7.1.2 Parameter Selection
El procesamiento electrónico de la información para conocer la muestra y describir la cohesión y adaptabilidad familiar y la frecuencia en el consumo de sustancias psicoactivas de adolescentes entre 14-16 años de la ciudad de Paraná, se realizó utilizando el Statistical Package for the Social Sciences (SPSS) versión 21.0, estableciendo un nivel de significación estadística inferior a .05.
En primer lugar, se llevó a cabo análisis descriptivos de la muestra, con el fin de obtener información respecto a las características y frecuencias de las variables.
Para determinar si existe relación entre la cohesión y adaptabilidad familiar y la frecuencia en el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes se realizó un análisis de regresión lineal simple un análisis multivariado de variancia (MANOVA).
Resultados
Una vez administrados los protocolos a todos los sujetos se procedió a analizar los datos mediante el programa informático Statistical Package for the Social Sciences (SPSS) versión 21.0. A continuación se describen los resultados teniendo en cuenta los objetivos planteados.
El primer objetivo específico de esta investigación fue describir la cohesión y adaptabilidad familiar, es decir, la percepción que tienen los adolescentes entre 14 y 16 años respecto de estas dos dimensiones que forman parte del constructo funcionamiento familiar. Para esto se obtuvieron los puntajes brutos de la escala, los cuales, luego de pasarlos a puntajes percentilares, permitieron la categorización de la percepción de cohesión y adaptabilidad según los baremos argentinos para adolescentes, confeccionados por Leibovich de Figueroa y otros (2010).
Según este análisis, el tipo de cohesión para adolescentes se distribuyó de la siguiente manera: del total de la muestra, tanto para mujeres como para varones, el 19% percibe a su familia de manera desligada, el 21% separada, el 25,7% conectada y el 34,3% muy conectada.
Tabla 1
Tipo de cohesión familiar percibido por la muestra total
Tipo de cohesión Frecuencia Porcentaje de la muestra total Desligada 20 19 % Separada 22 21% Conectada 27 25,7% Muy conectada 36 34,3% N=105
Figura 2. Tipo de cohesión familiar percibido por la muestra total.
Respecto del tipo de Adaptabilidad percibido por la muestra total de adolescentes, el análisis mostró los siguientes datos: el 21% percibe a su familia de manera rígida, 27,6% estructurada, 30,5% flexible y el 21% muy flexible.
Tabla 2
Tipo de Adaptabilidad familiar percibido por la muestra total
Tipo de Adaptabilidad Frecuencia Porcentaje de la muestra total Rígida 21,0 21% Estructurada 27,6 27,6% Flexible 30,5 30,5% Muy flexible 21,0 21,0% N=105
Figura 3. Tipo de adaptabilidad familiar percibido por la muestra total.
Para el segundo objetivo específico, a saber: describir el consumo de sustancias psicoactivas en la adolescencia media, se obtuvieron los siguientes datos:
La descripción del consumo de sustancias psicoactivas muestra en primer lugar las tasas de prevalencia de vida, es decir, de los adolescentes encuestados el 18,1 % consumió alguna vez en la vida cigarrillo, el 94,3% alcohol y el 4,8% marihuana. El porcentaje menor fue 1,9% y corresponde a los que consumieron alguna vez en la vida paco/pasta base. Ningún sujeto de la muestra informó haber consumido cocaína alguna vez en la vida (ver Tabla 3).
Tabla 3 Prevalencia de vida del consumo de sustancias psicoactivas para la muestra total
Prevalencia de vida del consumo de sustancias psicoactivas para la muestra total.
Sustancias Psicoactivas Prevalencia de vida
Cigarrillo 18,1 % Alcohol 94,3 % Marihuana 4,8 % Paco/Pasta base 1,9% Cocaína 0,0 % N=105
En segundo lugar, se observa la edad de inicio de consumo de cigarrillo y alcohol. La mayoría de los adolescentes que consumieron cigarrillo lo hicieron por primera vez a los 15 años, mientras que los que consumieron alcohol fue a una edad más temprana, a los 14 años.
Tabla 4
Edad de inicio de consumo de cigarrillo en la muestra total.
Edad de inicio Frecuencia Porcentaje válido
12 1 5,3 % 13 2 10,5 % 14 4 21,1% 15 9 47,4% 16 3 15,8% n=19
Tabla 5
Edad de inicio de consumo de alcohol en la muestra total.
Edad de inicio Frecuencia Porcentaje válido
3 1 1,0 % 4 2 2,0 % 9 2 2,0 % 10 3 3,1 % 11 5 5,1 % 12 12 12,2 % 13 21 21,4 % 14 47 48,0% 15 5 5,1% n=98
En tercer lugar, se analizó el contexto de consumo de alcohol para la muestra total, tanto varones como mujeres, arrojando los siguientes resultados:
De la muestra total, el 33,3 % consume cerveza. De este grupo, el 54,3% lo hace en eventos sociales y el 45,7% lo hace los fines de semana.
Tabla 6
Contexto de consumo de cerveza.
Contexto de
consumo Frecuencia
Porcentaje de la muestra total
Fines de semana 16 45,7 %
Sólo eventos sociales 19 54,3 %
n=35
De la muestra total, el 14,3% consume vino. De este grupo, el 46,7% lo consume los fines de semana, el 20% lo hace algunos días de la semana y el 33,3% sólo en eventos sociales.
Tabla 7
Contexto de consumo de vino.
Contexto de consumo Frecuencia Porcentaje de la muestra total Fines de semana 7 46,7 % Algunos días de la semana 3 20 %
Sólo eventos sociales 5 33,3 %
n=15
De la muestra total, el 72,4% consume bebidas fuertes. De este grupo, el 1,3% lo hace diariamente, el 27,6% lo consume los fines de semana, el 1,3% algunos días de la semana y el 69,7% lo hace sólo en eventos sociales.
Tabla 8
Contexto de consumo de bebidas fuertes.
Contexto de consumo Frecuencia Porcentaje de la muestra total Diariamente 1 1,3 % Fines de semana 21 27,6 Algunos días de la semana 1 1,3%
Sólo eventos sociales 53 69,7 %
n=76
Para el tercer objetivo específico, a saber: evaluar la relación entre la cohesión y adaptabilidad familiar y el consumo de sustancias psicoactivas en la adolescencia media, se tomaron algunas decisiones para el análisis de los datos. Para este objetivo sólo se trabajó con los sujetos que consumieron alcohol alguna vez en la vida, los cuales fueron 98 sujetos (94,3% de la muestra total). El resto de las sustancias psicoactivas no se tuvieron en cuenta debido a que el porcentaje de sujetos que había consumido estas sustancias alguna vez en la vida era mínimo y, por tal motivo, no era factible de realizarse análisis estadísticos con estas sub muestras.
A los sujetos se les preguntó cuántos días consumió alcohol en los últimos 30 días. A partir de este índice y de la cohesión y adaptabilidad familiar, se realizó una regresión simple utilizando como variable dependiente el número de días que consumió alcohol y como variables independientes la cohesión y adaptabilidad familiar. Se observó una influencia inversa significativa de la adaptabilidad familiar sobre el número de días de consumo de alcohol. Es decir que a mayor adaptabilidad familiar menor número de días de consumo de alcohol (ver Tabla 9).
Tabla 9
Análisis de regresión de la cohesión y adaptabilidad familiar sobre la cantidad de días de consumo.
R2 β P
Cohesión -,111 ,323
Adaptabilidad ,073 -,223 ,049
De total de la muestra (N=105) se constituyeron dos grupos según los días en que consumían alcohol en los últimos 30 días para realizar una comparación con la cohesión y adaptabilidad familiar; 39 sujetos consumieron nada o poco (entre 0 y 1 día en los últimos 30 días) y 22 sujetos consumieron mucho (entre 6 y 20 días en los últimos 30 días). Se realizó un análisis multivariado de variancia (MANOVA) para evaluar la diferencia de cohesión y adaptabilidad entre estos grupos.
El MANOVA arrojó diferencias estadísticamente significativas con FHotelling (2, 57)=4,21 p= ,02 tamaño del efecto eta2= ,129 potencia observada ,717. En la Tabla 10
pueden observarse las medias y los desvíos para adaptabilidad y cohesión familiar según los grupos mencionados.
Tabla 10
Medias y desvíos para la adaptabilidad y cohesión familiar según el consumo de alcohol. Nada o poco consumo (n=39) Mucho consumo (n=22) F p Eta2 Potencia observada M DS M DS Cohesión 37,97 7,40 32,41 8,72 7,31 ,009 ,112 ,758 Adaptabilidad 27,38 5,27 25,36 5,90 2,17 ,146 ,036 ,305 n=61
Discusión
El objetivo central de este trabajo se orientó a estudiar la relación entre la cohesión y adaptabilidad familiar y la frecuencia en el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes entre 14 y 16 años de la ciudad de Paraná, con el fin de ofrecer información científica y contribuir a las tareas preventivas que permitan mejorar la calidad de vida de los sujetos.
Para el primer objetivo específico de esta investigación, a saber, describir la cohesión y adaptabilidad familiar en los adolescentes entre 14 y 16 años, los resultados mostraron que la mayoría de los encuestados, tanto varones como mujeres, perciben un alto nivel de cohesión familiar y un menor grado de adaptabilidad familiar.
Respecto del tipo de cohesión familiar, los porcentajes mayores refirieron a quienes perciben su familia como conectada y muy conectada. Esto describe que se perciben como independientes y a su vez conectados con sus familias; implica una mayor cercanía emocional y lealtad hacia la relación, se comparten los intereses, aunque hay actividades individuales.
Respecto del tipo de adaptabilidad, los porcentajes mayores correspondieron a quienes perciben su familia como estructurada y flexible. Una relación de tipo estructurada tiene un liderazgo básicamente democrático, con capacidad de negociación, incluso con los hijos; las reglas pueden cambiar, aunque hay algunas firmemente establecidas. Por su parte, una relación de tipo flexible tiene un liderazgo igualitario, con un estilo democrático en la toma de decisiones y hay un cambio fluido en las reglas cuando es necesario.
Cabe aclarar que en el presente estudio no se establece una relación curvilineal entre las variables como se predice desde el Modelo Circumplejo, sino una relación lineal partiendo de la evidencia empírica de la adaptación Argentina del FACES III. Esto quiere decir que, a mayor cohesión y adaptabilidad, mayor salud familiar (Leibovich y otros, 2010). Los datos mostraron que los adolescentes encuestados perciben un buen nivel de cohesión y adaptabilidad familiar, lo cual daría cuenta de
sistemas familiares funcionales. No obstante, como los autores afirman (Rolland, 1994; Olson, 1986 citado en Lei1bovich de Figueroa y otros, 2010), no hay un nivel que sea mejor que otro de modo absoluto y, tal vez, se necesita en cierto momento un muy alto o muy bajo nivel de flexibilidad para responder a las demandas internas o externas.
Estos resultados contradicen los considerados por Leibovich de Figueroa y Schmidt (2010), quienes consideran que las familias con un hijo adolescentes experimentan una mayor apertura al mundo exterior y fuertes requerimientos de cambio, donde los reclamos y conflictos suelen ser frecuentes. Las familias en fase de apertura poseerían mayor flexibilidad en sus roles, reglas y liderazgo y mayor independencia. Además, consideran que el adolescente obtiene puntajes más bajos en la cohesión.
El segundo de los objetivos específicos fue describir el consumo de sustancias psicoactivas en la adolescencia media.
En primer lugar, se arribaron los datos de la prevalencia de vida de las diferentes sustancias psicoactivas, considerando el punto más relevante que el 94,3% de los adolescentes encuestados había consumido alguna vez en la vida alcohol. Los porcentajes menores fueron para las sustancias psicoactivas restantes: el cigarrillo (18,1%), la marihuana (4,8%) y el paco/pasta base (1,9%). Ningún sujeto indicó haber consumido cocaína alguna vez en la vida. En segundo lugar, se relevó la edad de inicio de consumo de alcohol y de cigarrillo. La mayoría de los sujetos encuestados consumieron cigarrillo por primera vez a los 15 años y los que consumieron alcohol lo hicieron por primera vez a los 14 años.
Estos hallazgos concuerdan con las investigaciones realizadas a nivel nacional por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (2017) que evidenció la preeminencia del alcohol respecto de todas las restantes sustancias, legales e ilegales, para toda la población argentina. Además, registró un aumento en las tasas de consumo de alcohol en la franja etaria más joven de 12 a 17 años. Respecto de la edad de inicio de consumo de sustancias, evaluaron que los adolescentes actuales han iniciado su consumo apenas superados los 14 años. En contraposición, las personas de mayor edad evidencian edades de inicio en consumo de alcohol notablemente más elevadas, a partir de los 19 o 20 años.
Así mismo, al comparar el promedio provincial con el nacional, los estudiantes de Entre Ríos consumen alcohol en una mayor proporción a la media del país (OAD, 2014), y esto podría relacionarse con que el 94,3% de la muestra total ha consumido alguna vez en su vida alcohol.
En tercer lugar, los datos revelaron el tipo de bebida alcohólica que consumen los sujetos y el contexto de consumo de alcohol.
Aquí se informó que la bebida que más consumen los sujetos encuestados, el 72,4%, son las bebidas fuertes, que incluyen whisky, vodka, ron, licores. Luego le siguió la cerveza y con un menor porcentaje el vino. Estos resultados no concuerdan con un estudio realizado en Córdoba (Míguez, 2009) en adolescentes de 17 años, quienes indicaron que la bebida que más consumen es la cerveza. Se podría pensar que esta diferencia tendría que ver con la franja etaria que contempla esta investigación, dado que entre los 14 y 16 años son otros los contextos y formas de consumo.
Por otro lado, estos datos permiten posicionarnos ante lo consignado por Arnett (2008) que describe una secuencia para la drogadicción que seguirían los adolescentes: 1) beber cerveza y vino, 2) fumar cigarrillo y tomar bebidas fuertes, 3) fumar marihuana, y 4) consumir drogas “duras” (cocaína, LSD). A la cerveza, al vino, los cigarrillos y la marihuana se les denomina drogas de entrada porque la mayoría de los adolescentes que prueban las drogas duras ya pasaron por las “puertas” de esas sustancias. Por supuesto, esto sólo significa que los jóvenes que prueban una droga tienen mayor probabilidad que otros de pasar a la siguiente sustancia (Kandel, 2002, citado en Arnett, 2008). Si bien esta investigación se basó para estos datos en el consumo actual, en los últimos 30 días, por lo cual no es posible pensar con estos resultados cómo el adolescente se vinculó secuencialmente con las sustancias, lo cierto es que, la mayoría de los sujetos encuestados sí ha consumido alcohol alguna vez en su vida. Por lo cual, podría ser un interrogante para próximas investigaciones la secuencia de drogadicción.
Respecto del contexto de consumo, tanto para la cerveza, el vino y las bebidas fuertes, la mayoría de los encuestados informaron que lo hacen los fines de semana y en eventos sociales. Las cuales son categorías confusas, podríamos pensar que refieren a lo
mismo, dado que los eventos sociales con frecuencia ocurren los fines de semana. No obstante, teniendo en cuenta que de los adolescentes que dijeron consumir alcohol, el 72,4% consume bebidas fuertes, como se mencionó anteriormente e indicaron que el contexto de consumo de esta sustancia fue los fines de semana (27,6%) y en eventos sociales (69,7%).
Estos resultados son consistentes con lo sostenido por diferentes autores respecto del cambio cultural del consumo de alcohol, donde se ha pasado de la ingesta moderada de alcohol como acompañamiento de la comida en el marco de un ritual familiar que acota su uso, a la alcoholización actual caracterizada por un consumo episódico y excesivo, que se orienta a la búsqueda de efectos farmacológicos para alterar el estado del ánimo y el comportamiento (Míguez, 2007). En esta investigación, no sólo los porcentajes mayores demostraron que el contexto de consumo ocurre los fines de semana y en eventos sociales, sino que sólo el 3% refiere a que consume durante la semana, lo cual podría dar cuenta de este cambio cultural, del paso al consumo controlado en el ámbito familiar al consumo en ámbitos sociales. En síntesis, los resultados hasta aquí descriptos muestran la preeminencia del alcohol, la edad de inicio temprana y el contexto de consumo, lo cual también es consistente con lo establecido por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (2017), que afirmó que el inicio temprano de la ingesta de alcohol se asocia a las nuevas modalidades de consumo como “la previa”, que conlleva regularmente a un consumo problemático.
El encuentro denominado por los más jóvenes como la previa define al atracón abundante y rápido de alcohol que les permite entrar en el laberinto emocional que modifica las formas habituales de sentir y percibir (Míguez, 2015)
La previa es una instancia que permite alcanzar un estado que puede resumirse en la tríada diversión-desinhibición-descontrol. Se trata de una emocionalidad producida que tiene que ver con un vínculo social que requiere la acción de una sustancia como facilitador para “ajustar” el estado de ánimo, la percepción o el comportamiento a una presentación social determinada. Habilita la expresión, y a su vez, neutraliza aquellas que serían disfuncionales con lo requerido por el encuentro (Míguez, 2008). En esta investigación no se especificó con el nombre de “previa”, pero han referido al consumo en eventos sociales, por lo cual abre la pregunta de qué sucede con los cumpleaños de
quince como fenómeno social, en donde una de las características es la presencia de una barra libre toda la noche, esto es aceptado y organizado por los adultos, y a dicho evento concurren incluso menores de 14 años.
Algunos autores sostienen que los jóvenes consumen drogas con propósitos diversos, como experimentales, sociales, medicinales y adictivos (Weiner, 1992 citado en Arnett, 2008). En nuestro país, Schmidt, Molina y Raimundi (2017 citado en ODSA, 2017), consideran que la búsqueda de sensaciones está vinculada al consumo de alcohol; una forma impulsiva de búsqueda de sensaciones (desinhibición conductual y búsqueda de experiencias sensoriales fuertes) y una búsqueda de emociones y aventuras que refleja el deseo de lograr estimulaciones a través de actividades que pueden implicar riesgos, pero son más planificadas. Ambas facetas estarían vinculadas con quienes consumen alcohol, pero la forma impulsiva se asocia con quienes realizan un consumo riesgoso. En esta investigación se detalló el contexto de consumo que predomina en los adolescentes encuestados y, a partir de ello, queda abierto el interrogante por las motivaciones que hay detrás del consumo de alcohol en los sujetos.
El tercer objetivo específico de esta investigación fue evaluar la relación entre la cohesión y adaptabilidad familiar y el consumo de sustancias psicoactivas en la adolescencia media. Para este objetivo se tomó únicamente al alcohol; no fue posible trabajar con las restantes sustancias dado el bajo número de sujetos que reportaron ingerir estas drogas.
En primer lugar, a partir de realizarse una regresión simple, se observó una influencia inversa significativa de la adaptabilidad familiar sobre el número de días que el adolescente consume alcohol en los últimos 30 días. Es decir, que a mayor adaptabilidad familiar menor número de días de consumo de alcohol. Esto podría referirse a que cuanto mayor adaptabilidad percibe el adolescente en su familia, es decir, una familia que sería capaz de cambiar su estructura de poder, sus roles y reglas ante situaciones nuevas, el adolescente consumiría una menor cantidad de días.
En segundo lugar, de las comparaciones que se realizaron por submuestras entre quienes consumieron poco o nada y quienes consumieron mucho, se observó que la
cohesión es significativamente mayor en el primer grupo, mientras que la cohesión es significativamente menor en quienes consumen mucho alcohol.
Estos resultados verifican en parte las hipótesis planteadas en la investigación, a saber, en primer lugar, existe relación entre la cohesión y adaptabilidad familiar y la frecuencia en el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes entre 14 y 16 años, y, en segundo lugar, amayor cohesión y adaptabilidad familiar, menor frecuencia en el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes entre 14 y 16 años de la ciudad de Paraná. En primer término, esto se debe a que la relación entre la cohesión y la adaptabilidad familiar sólo pudo evaluarse en función del consumo de alcohol, no sometiendo al análisis a las restantes sustancias por los motivos ya mencionados. En segundo término, es la variable cohesión la que muestra una relación inversa significativa con el consumo de alcohol en los adolescentes encuestados.
Estos resultados coinciden parcialmente con los sostenidos por Schmidt, Messoulam, Abal y Molina (2003 citado en ODSA, 2017) quienes afirman que las variables de cohesión y adaptabilidad no se relacionarían específicamente con la frecuencia de consumo, sino que se lo atribuyen a variables comunicacionales. Vanina Schmidt (2006) afirma que la cohesión es, con mucha probabilidad, fundamental para