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discharge relationships

3 METHODS AND MODELS

4.3 Parameter uncertainty and identifiability

instalaciones municipales, desde donde, posteriormente, se trasladarán a la planta de

tratamiento autorizada de la empresa Recilec, ubicada en Aznalcóllar (Sevilla).

El objetivo de concienciación social de la actuación se suma a la procura de información

cuantitativa y cualitativa sobre los RAEE generados en los domicilios sevillanos, con el

fin de extraer conclusiones e implementar medidas que incrementen la eficiencia de la

recogida selectiva de estos residuos.

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3.3.2.- Tratamiento.

De acuerdo con la Directiva de RAEE, se entiende por “tratamiento” toda operación efectuada para descontaminar, desmontar, triturar, recuperar o desechar los RAEE. Los RAEE recogidos por separado deben transportarse hasta las instalaciones de tratamiento autorizadas, salvo que se vaya a reutilizar el aparato en su totalidad. Los Estados Miembros deben garantizar que los productores organicen, de manera individual o colectiva, el tratamiento de los RAEE recogidos, a fin de cumplir los índices de valorización y reciclaje de la Directiva.

Para alcanzar altas cotas de calidad respecto a la protección medioambiental, es necesario crear instalaciones modernas y eficaces. Por ello:

- El tratamiento de los RAEE debe incluir, por lo menos, la extracción de todos los fluidos (sustancias que podrían complicar o impedir las fases posteriores de valorización o reciclaje) y el tratamiento selectivo de algunos componentes (PCB, tubos de rayos catódicos, pilas y condensadores, residuos de amianto…) o sustancias (mercurio, CFC, hidrocarburos…).

- Además, los emplazamientos destinados a almacenar o tratar los RAEE deben cumplir determinadas exigencias técnicas, tales como: estar siempre bajo techo, superficies muy impermeables, contenedores adecuados para el almacenamiento de residuos peligrosos, canalizaciones perimetrales…

Así, cualquier establecimiento o empresa que realice tratamientos deberá, necesariamente, obtener una licencia (en forma de autorización o registro) que garantice el cumplimiento de las condiciones de tratamiento, las condiciones de los lugares de almacenamiento y tratamiento y las condiciones necesarias para alcanzar los objetivos de valorización.

Las instalaciones para el tratamiento de residuos serán inspeccionadas al menos una vez al año; dichas instalaciones deberán utilizar las mejores técnicas de tratamiento, valorización y reciclaje existentes. Los Estados Miembros podrán establecer unos mínimos de calidad para el tratamiento de los RAEE recogidos. En los establecimientos o empresas que realicen el tratamiento de residuos deberá fomentarse la introducción de sistemas certificados de gestión medioambiental, principalmente a través de acuerdos con los sectores.

Las operaciones de tratamiento podrán, igualmente, llevarse a cabo fuera de los Estados Miembros, siempre que el transporte de los RAEE cumpla con la normativa vigente al momento. Los RAEE exportados fuera de la U.E. sólo se

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contabilizarán con respecto al cumplimiento de obligaciones y objetivos si el exportador puede demostrar que la operación se realizó en condiciones equivalentes a las exigidas por la Directiva sobre RAEE. Los Estados Miembros se encargarán de definir en detalle los requisitos técnicos y el seguimiento adecuado exigido.

Por lo que respecta a la fase antes del desmontaje, esto es, antes de desmontar, triturar, cortar, prensar… deben extraerse todos los componentes y sustancias que pueden suponer un riesgo medioambiental o sanitario antes de reciclar las piezas de metal, plástico y vidrio del aparato. Así:

- Condensadores que contengan PCB. - Componentes que contengan mercurio. - Pilas y acumuladores.

- Tarjetas de circuitos impresos para teléfonos celulares y, en general, otros dispositivos si la superficie de la tarjeta de circuitos tiene más de 10 cm2.

- Cartuchos de tóner, de líquido y pasta, así como tóner de color. - Plásticos que contengan materiales pirorretardantes bromeados. - Residuos de amianto y componentes que contengan amianto. - Tubos de rayos catódicos.

- CFC, HCFC, HFC o HC.

- Lámparas de descarga de gas.

- Pantalla de cristal líquido de más de 100 cm2 de superficie y todas las provistas de

lámpara de descarga de gas como iluminación de fondo. - Cables eléctricos exteriores.

- Componentes que contengan fibras cerámicas refractarias.

- Componentes que contengan sustancias radioactivas, excepto los componentes que se encuentran por debajo de los umbrales de exención establecidos legalmente.

- Condensadores electrólitos que contengan sustancias peligrosas.

Todos estos componentes, sustancias y preparados se eliminarán o valorizarán según lo establecido por ley.

Las instalaciones destinadas al pretratamiento deben tener, por tanto, sus obligaciones claras, así como las normas y niveles mínimos con respecto a la extracción de líquidos, etc. Para su seguridad y la eficacia de las operaciones, la

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restauración, las instalaciones de tratamiento y los Puntos Limpios sobre los procedimientos y normas que deben seguir.

Como ya se ha aludido anteriormente, la Directiva define ciertos requisitos técnicos sobre el tratamiento y almacenamiento que abarcan, entre otros: básculas para pesar los residuos tratados, pavimentos y cubiertas impermeables, sistemas de recogida de derrames y, donde sean necesarios, decantadores y limpiadores- desengrasantes, almacenamiento apropiado para las piezas sueltas, recipientes apropiados para el almacenamiento de pilas y acumuladores, condensadores y otros residuos peligrosos, equipos para el tratamiento de aguas…

Cualquier establecimiento o empresa que desempeñe operaciones de tratamiento deberá utilizar las mejores técnicas disponibles de tratamiento, valorización y reciclaje y, necesariamente, deberá obtener un permiso donde se definan: los tipos y cantidades permitidas de aparatos, las técnicas generales de obligado cumplimiento y las precauciones de seguridad que se deben adoptar. Deberán inspeccionarse una vez al año, al menos, tras lo cual se emitirá el informe correspondiente.

Señalar también que se ha prohibido la utilización comercial de los clorofluorocarburos o CFC, así como demás sustancias con incidencia en la atmósfera, puesto que si se liberan perjudican la capa de ozono. Igualmente deben recuperarse todas las sustancias que destruyen la capa de ozono empleadas en electrodomésticos de refrigeración (durante labores de mantenimiento y asistencia técnica o antes de desarmarlo y desecharlos), para que puedan reciclarse o, en su defecto, destruirse utilizando tecnología admisible desde un punto de vista medioambiental.

Los gases CFC se encuentran en los circuitos de refrigeración de frigoríficos, congeladores, sistemas de aire acondicionado, refrigerantes de agua, bombas de calor y deshumidificadores. También en la espuma aislante de los paneles laterales de los frigoríficos y congeladores, en embalajes, aerosoles y agentes desengrasantes. Los CFC tienen una gran persistencia en la atmósfera, alrededor de 50 a 100 años. Con el correr de los años alcanzan la estratosfera, donde se disocian por acción de la radiación ultravioleta, liberando el cloro y dando comienzo al proceso de destrucción del ozono.

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Así, los principales objetivos de cualquier sistema diseñado para recoger y tratar aparatos de refrigeración desechados deben ser una recuperación sin fugas y la consecuente destrucción de los CFC. Para el éxito de dicha tarea resulta fundamental recoger y almacenar correctamente todos los aparatos desechados antes de que se sometan a las operaciones de reciclaje.

Los frigoríficos y congeladores domésticos son las dos fuentes principales de CFC. Unos 150 gr. de CFC (es decir, 1/3 del contenido total en CFC) se encuentran en el circuito de refrigeración, mientras que entre 300 y 400 gr. de CFC (2/3 del total) se encuentran presos en el interior de la espuma de poliuretano o poliestireno (también muy contaminantes) utilizada para el aislamiento térmico del aparato. Garantizar que todos los aparatos desechados se reciclan por completo implica efectuar un tratamiento tanto en el circuito de refrigeración como en la espuma aislante.

Por todo ello, en las operaciones de recuperación de las sustancias que destruyen la capa de ozono son primordiales las normas y su cumplimiento: en la medida de lo posible, se requieren operadores cualificados, logros tangibles, eficacia y soluciones concretas.

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Por otra parte, también están los productos con contenido mayoritario en metal, cuyo problema principal consiste en separar los metales preciosos de las sustancias peligrosas, como los policlorobinefilos (PCB) y los metales pesados. Los PCB son agentes cancerígenos que no se descomponen en el entorno. Algunos aparatos contienen piezas eléctricas, como condensadores, que incorporan PCB: frigoríficos, congeladores, lavadoras, microondas, televisores, aparatos de calefacción y refrigeración y aparatos electrónicos. Si dichos productos se trituran, pueden generarse residuos contaminados por PCB. Al desarmar un condensador se corre riesgo de sufrir una descarga eléctrica o de abrasarse si los PCB líquidos entran en contacto con la piel o algún órgano. Además, durante el proceso de separación de los metales se genera un polvillo que contiene oro, aluminio, cobre y hierro, que podría perjudicar la salud de los operarios.

El carácter más volátil de los PCB permite su paso desde el suelo a la atmósfera, donde pueden volver otra vez al suelo o a la hidrosfera, o pasar a formar parte de la cadena alimenticia por inhalación. Su estabilidad permite que se difundan grandes distancias antes de ser asimilados o degradados.

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En cuanto a volumen de producción, el PCB -al igual que el hoy también prohibido DDT- fue destinado al sector agroquímico, por lo que su difusión a través de las aguas lo ha desplazado por toda la hidrosfera, y ello implica tanto a la masa acuática como a los sedimentos fluviales y marinos donde se acumula. Es lamentablemente destacable el vertido al estadounidense río Hudson que hizo la empresa General Electric con miles de toneladas de PCB que han hecho prohibir el baño y la pesca alimentaria a lo largo de los cientos de kilómetros fluviales desde las cascadas del Hudson hasta el mar.

Dada la acumulación de los PCB en los tejidos grasos animales, los seres más dependientes de toda una cadena alimentaria son los que han podido acumular más PCB, tales como los seres humanos u otros depredadores como cetáceos o aves rapaces. Los primeros expuestos son fundamentalmente los peces, por ser el agua y los sedimentos el principal acumulador del producto. Los policloruros de bifenilo son de lenta y difícil degradación, y buena parte de ellos en determinadas condiciones pueden permanecer durante siglos en el medio.

También hay que hacer referencia al tubo de rayos catódicos, que es una tecnología que permite visualizar imágenes mediante un haz de rayos catódicos constante dirigido contra una pantalla de vidrio recubierta de fósforo y plomo. El fósforo permite reproducir la imagen proveniente del haz de rayos catódicos, mientras que el plomo bloquea los rayos X para proteger al usuario de sus radiaciones. Se emplea principalmente en monitores, televisores y osciloscopios, aunque en la actualidad se está sustituyendo paulatinamente por tecnologías como plasma, LCD, LED o DLP.

Los metales pesados, así, se deben separar y se les ha de aplicar un tratamiento específico. El tubo fluorescente debe retirarse con medidas de higiene especiales, a fin de evitar el contacto con la piel. Al extraer el bario debe evitarse inhalar el polvo. Al manipular un tubo de rayos catódicos existe el riesgo de implosión. Por tal motivo, es necesario protegerse la cara y el cuello; se deben cubrir manos y arterias con guantes especiales; para proteger el estómago y caderas es obligatorio ponerse un delantal grueso y botas resistentes.

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