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Al aproximarse a los Evangelios, se observa que Jesús se siente identificado con el buen pastor anunciado para los tiempos escatológicos: “Yo soy el buen pastor” (Jn 10, 11); al decirlo, destaca su preocupación por las ovejas perdidas y aquellas que están en situaciones difíciles o de sufrimiento, las más débiles de la sociedad, a las que él denominó como “Las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 15, 24) y que hoy se pueden llamar como los pobres, los desheredados, los abandonados de la tierra, que en el tiempo de Jesús eran los pecadores, quienes no observaban los preceptos y tradiciones, las viudas, los huérfanos, los extranjeros, las prostitutas; sus sentimientos, su acción evangelizadora, se inspiran en aquel icono veterotestamentario en el que se condena a los pastores malos y se presenta la

imagen del Buen Pastor. (Ez 34)186

Las primeras comunidades cristianas igualmente reconocieron, después de la experiencia pascual, a Jesús como el Buen Pastor de los tiempos mesiánicos, enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres, a sanar los corazones afligidos, y a liberar los oprimidos, es decir, Jesús imagen del Dios del Antiguo Testamento, que acompaña la vida del ser humano desde la profundidad de su ser, no como

juez, sino como su liberador.187

Esta forma de actuar de Jesús corresponde a la pedagogía del Padre que está a favor de la vida, entregándola incluso en su Hijo, que acompaña en el momento histórico que vive, fácilmente relacionado con la liberación del pueblo de Israel, donde los rasgos en el aproximamiento son de liberación, promesa, alianza, del Dios que se compromete hacer camino con el ser humano, entablando una profunda relación divina y humana, bajo los valores del Reino que ha testimoniado.

186 Parra, Alberto, Apuntes de Clase de Teología Fundamental. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana.

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Jesús educa en función de la realización de la utopía de Dios de la cual es portador: la irrupción de un nuevo mundo, de una humanidad renovadora según el proyecto original nacido del corazón de Dios. No podemos, entonces, comprender la pedagogía de Jesús, fuera de ese proyecto evangelizador, que constituye el horizonte y sentido último de su praxis educativa. La pedagogía de Jesús es evangelizadora: mediación, signo e instrumento de Buena Nueva de la liberación, de la comunión y de la vida

en plenitud para la humanidad.188

Esta es una pedagogía performativa, es decir, Jesús lo que dice lo hace, su acción es coherente con su palabra y con la utopía del Reino. El enseñaba con amor, autoridad, servicio, presentes en los signos, críticas, revelación, praxis educativa todas ellas como acción Trinitaria del Dios que actúa para salvar, pues su dinámica no es otra distinta a amar. De esta manera la pedagogía de Jesús enseña la verdad que ha sido revelada por el Padre y el Espíritu al ser humano,

permitiéndole interpretar su realidad y los signos de los tiempos de la historia.189

2.3.1 Jesús el Buen Pastor

Es el evangelista San Juan, quien presenta de manera fascinante la identidad de

Jesús como Buen Pastor.190 Con la parábola del Buen Pastor, el evangelista,

ilustra la misión de Jesús y al mismo tiempo el sentido de su muerte en la que esta misión logra su cumplimiento. En el proceso que se ha presentado en este trabajo, se ha visto que de la imagen del pastor del Antiguo Testamento, quien está presente en el acto de la manifestación de Dios, se pasa ahora a la auto- revelación de Jesús, quien con signos, palabras y gestos es reconocido como el pastor bueno, que acompaña, guía y alimenta a un pueblo que está hambriento de la misericordia de Dios. Allí se expresa la solemne fórmula de Revelación divina

188 Ibíd., 117-118.

189 González-Carvajal, Los signos de los tiempos. El Reino de Dios está entre nosotros, 146. 190 Barrett, Charles, El Evangelio según San Juan, Madrid: Cristiandad, 2003, 555.

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Yo Soy (Jn 10, 7-9), que indica la atención sobre la persona de Jesús mostrando que Él es el Mesías Pastor del nuevo pueblo de Dios.

Jesús como el verdadero pastor de las ovejas se identifica con la puerta; Él es quien sirve de portero, las llama a cada una por su nombre, las saca fuera y va delante de ellas. Pues Juan en el capítulo 10, versículo (v.) 7 dice Yo soy la puerta de las ovejas, si uno entra por mí, estará salvo; entrará, saldrá y encontrará pasto. La misión de Jesús es clara en el v.11 de Juan en el capítulo 10 cuando dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia; y, Yo soy el Buen Pastor”, el pastor bueno, el verdadero, el bello, que da su vida por las ovejas, pues las conoce; nadie le quita la vida sino que la da voluntariamente y junto a ello, tiene el poder para darla y poder recobrarla de nuevo. Ahora bien, el pastor tiene otras ovejas, que no son de este redil, y que también tiene que llevarlas, pues habrá un solo pastor, un solo rebaño. El Padre, es una figura importante en el relato, pues de Él afirma que lo ama porque da su vida para recobrarla de nuevo. Las ovejas aparecen como actores que escuchan la voz del pastor, lo siguen, lo

reconocen, identifican quien es el pastor bueno y verdadero.191

En el capítulo 21 del Evangelio de Juan, Jesús confiere a Pedro el cargo de apacentar las ovejas, pero antes de otorgarle esta función, Jesús le pregunta insistentemente, hasta tres veces: ¿me amas? La autoridad debe basarse en el amor a Jesús, que es el que salva. Más aún, Jesús sigue hablando de sus

corderos y ovejas.192 El rebaño no pertenece a Pedro ni a ninguna autoridad

humana de la Iglesia, sigue perteneciendo al que dijo “Yo soy el Buen Pastor, conozco a mis ovejas y ellas me conocen” (Jn 10, 14).

Si se encomienda a Pedro la tarea de pastor, debe reunir los requisitos de la tradición joánica sobre el pastoreo: “el Buen Pastor da la vida por sus ovejas” (Jn

191 Ibíd., 556. 192 Ibíd, 563.

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10, 11)193, por eso seguidamente de haberle encomendado por tres veces que

apaciente y alimente a sus ovejas, Jesús, le habla de la forma que morirá. Esta muerte será la prueba de que, en su misma función de pastor, tiene prioridad el amor del discípulo: “[…] en esto reconocerá que sois discípulos míos, si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13, 35).194

Entonces, la pedagogía de Jesús es el resultado del proceso histórico venido desde el pueblo de Israel y que se contextualiza en el tiempo, es más es la manifestación de la esencia infinita de Dios, que no ha dejado ni dejará de revelar el amor a los seres humanos, a los pobres, a los débiles, en las estructuras humanas contrastantes con la bondad de la pedagogía de Dios.

Es claro, que Dios se revela en la historia, que guía y acompaña como Buen Pastor, habla por medio de su Hijo, quien todo lo sostiene con su Palabra, sin dejar de revelarse, es más, exige la interpretación de quienes lo siguen. De allí, que se tenga la obligación de encontrar modelos de pedagogía que realcen el

amor de Dios especialmente por los más pobres y en peligro.195

En ese contexto particular de la pedagogía de la revelación, la salvación y la liberación, se debe leer toda acción pedagógica hoy, que quisiera ser liberadora y salvífica. Por ello, ahora se valorará desde este marco teológico ya planteado, la pedagogía salesiana, para entrever sus intencionalidades evangélicas de liberación y salvación.

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