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La Luna marca los tiempos y calendarios de casi todos los pueblos antiguos. Los mapuches fueron marcando las estaciones, los tiempos de trabajo y sus diversos deberes con los pasos de la Luna.

La Luna, Cuyen o Quiyen, también escrita como Quillem, era la base de su calendario, las variaciones de la misma servían a los mapuches para establecer los tiempos del año. La Luna llena es la enteramente pintada. Erize señala que "los antiguos mapuches explicaban las fases lunares por su visibilidad, que se hacía efectiva porque estaba más o menos teñida o desteñida."

Luna nueva: Chomcüyen, de chom: 'apagado' y cuyen: 'Luna', y también nombrada Hue cuyen o Wecuyen, esto es, directamente Luna nueva, lo que puede ser una traducción del español y ser más antigua la otra versión. La Luna creciente es la que se va pintando, dibujando o tiñendo como las mujeres tiñen las lanas que van a formar los ponchos coloridos. Purncüyen utiliza el mismo verbo püm que significa teñirse y cuyen, Luna. Luna que se va tiñendo y destiñendo o menguante, Nagmencuyen.

[186] Según Cañas Pinochet, "el año araucano, 'el tripantu', consta de doce lunaciones". El mes, dice este autor, de tres semanas de diez días, abarca el tiempo comprendido entre Luna y Luna. Los cronistas no dan muchas informaciones pero hay algunas noticias de que se reunían en determinados momentos como para la Luna llena o Luna nueva, ocasiones que establecían las fechas.

Lo que está claro en lengua mapuche es la existencia de los meses lunares y en cada uno de ellos las actividades agrícolas determinadas y que era necesario realizar.

El año mapuche comenzaba en pleno invierno, en lo que es el día más corto del año en el hemisferio sur, el solsticio de invierno, el día 21 de junio, que coincide generalmente con el día de San Juan en el calendario católico. El año, tripantu, nuevo, we, coincidía con el momento en que la tierra se apagaba y comenzaba nuevamente a surgir, al igual como lo pensaron prácticamente todas las culturas. El Antu o Sol estaba en su punto más alejado y parecía que quería abandonar al ser humano. Por eso ese día del solsticio de invierno en casi todas las culturas se celebra con oraciones123. El Padre Housse relata que una de las

solemnidades principales de los mapuches es festejar el año nuevo. A media noche, o a más tardar al alba,

121 Ver el capitulo XVII de la Parte Quinta de la Historia de Chile de Don Diego Barros Arana en que describe en detalle lo que fue esa campaña y las características que tuvo.

122 Aunque no sea necesario siquiera decirlo, pero no se refiere nuestro autor ni a esta tesis, a los bosques antiguos de araucarias y alerces, que nunca fueron cortados y que están ubicados en lugares de altura y cordilleranos donde no son competitivos con la agricultura. Por otra parte en la medida que e1 bosque de araucarias produce alimentación tampoco tenia sentido alguno cortarlo.

123 El lector deberá recordar que la Pascua judeocristiana proviene de un rito de muerte y resurrección solar del mismo tipo del que acá estamos hablando y como es obvio ocurre justamente al revés que en América ya que se trata del hemisferio norte. La Pascua al igual que el Wetripantu coincide con el día más corto del año, en que comienza el renacer del Sol. Según Mircea Eliade la Luna es "por excelencia el astro de los ritmos de la vida": la antigua raíz indoeuropea "me" que designa la Luna es también la de toda "medida". "El tiempo controlado y mensurado sobre las fases de la Luna es un tiempo---vivo---, se refiere siempre a una realidad biocósmica, lluvia o marcas, siembra o ciclo menstrual", Agrega este autor que el cristianismo no es muy favorable a la Luna. La mujer apocalíptica asimilada a la Virgen María en la iconografía medieval coloca el pie sobre un cuerno de la Luna que simboliza la precariedad de las cosas humanas, y el loco es llamado lunático.

todo el mundo está en pie y se va a bañar a la orilla más cercana, "porque tiene como artículo de fe que en esta hora matutina posee el agua virtud particular comunicada por el Gran Espíritu en favor de los mapuches diligentes. Ancianos, adultos y niños, hombres, mujeres bajan a bañarse a los ríos".

Unen eliror cüyen, le denominaban los antiguos mapuches a ese primer mes, la primera Luna de las brumas, traducen algunos, y Erize habla de espumas, lo que puede haber sido una transformación pampeana. Es un tiempo oscuro y brumoso en el que las familias se deben quedar guardadas en sus casas al abrigo del fuego. La segunda Luna de sombras y lluvias, inan chror cúyen, expresa la fuerza de los elementos del mes de julio en el sur de Chile.

A partir de allí vienen dos Lunas que también son malas y que expresan una enseñanza aprendida por generaciones, es el tiempo en que mueren las personas de edad. En Chile se dice desde siempre cuando muere un anciano, "no pasó el invierno". Parece que esa expresión está ligada a los dos meses que vienen, los de "las cosechas de ancianos",

[187] unen cuye cüyen, Luna de la cosecha de viejos, por la gran mortandad de gente mayor, y unen huin cüyen, la Luna que le sigue. Hemos apenas llegado a mediados de septiembre en que el tiempo aún no se estabiliza en el sur de América y recién aparece en el calendario indígena, la unen huenul cuyen, la primera Luna buena, la de la primavera. Continúa la ínan hueul efiven, o segunda Luna buena. Vienen a continuación dos Lunas que se han confundido en el lenguaje mapuche actual, ya que hablan de la última Luna y de la primera, esto es, adaptándola al calendario español y asimilándolos a diciembre y enero, último y primer mes del año, inalen cüyen, última Luna, y unen cuyen, primera Luna.

A partir de allí viene la Luna de la cosecha, inan congui cüyen, y la Luna de la cosecha de maíz, inan huanguen cüyen, la que coincide con los meses de verano, febrero y marzo aproximadamente, periodo de las cosechas en el sur.

Luego viene el mes de unan rima cüyen, primera Luna de 'la flor amarilla de la perdiz', y la inan rimú cüyen, segunda Luna de la flor amarilla de la perdiz, nombre difícil de interpretar por su carácter poético, con el que se denominan los dos meses del otoño. La flor de la perdiz en el sur es una hermosa flor muy común en los campos. Este tiempo es el de mayor abundancia y tranquilidad. Las cosechas han terminado, las bodegas están llenas de productos, aún no sobreviene el invierno en toda su crudeza y por tanto es un período placentero del año para los agricultores hasta el día de hoy.

Los trabajos y los días escribió Hesíodo, primer calendario o manual de agricultura que se conoce. Ambos, el trabajo de la tierra y la contemplación de los astros, van unidos a la historia de los pueblos sedentarios. La existencia de estos elementos es una de las demostraciones del tipo de sociedad que había en el sur de América. Los mapuches, al igual que los demás pueblos antiguos, conocían los ritmos lunares: se planta y siembra en días de Luna creciente, también las jóvenes se cortan el pelo mirando el momento en que se encuentra la Luna. En el sur las mareas son muy pronunciadas y los mapuches se han acostumbrado a observarlas desde siempre. El conocimiento de la "mar llena" y los momentos en que el "mar se vacía" están relacionados con la Luna. Hay estaciones del año en que el mar no se llena completamente y otros en que se vacía más de lo común. La pesca depende de esos conocimientos. Las Lunas además vienen con agua y sin agua dependiendo de la postura de la Luna nueva que nace. Todos estos conocimientos se traspasaron a la población criolla y hoy forman parte del conocimiento popular, quizá sean observaciones universales que los humanos antiguos fueron comprendiendo sin necesidad siquiera de comunicárselos entre si.

La lengua, que se ha mantenido por siglos casi inalterada, nos expresa con mucha claridad y es quizá la mejor ventana para "espiar" en el pasado de los antiguos mapuches. Por ejemplo, en un mundo lluvioso como el que habitaban y habitan los mapuches del sur de Chile el

[188] lenguaje se vuelve preciso y detallado. Así como se dice que los esquimales no tienen una sola voz para denominar la nieve ya que saben distinguir los más diversos tipos, asimismo la palabra lluvia es un genérico inútil para un agricultor mapuche. Decir va a llover o está lloviendo, no describe más que una generalidad en esta parte de Chile. El puté es un tipo de lluvia finita y el vainu sería la garúa que moja mucho sin notarse, pero que impide trabajar el campo. La lluvia del sur, esa que cae a torrentes, se denomina futa maún y la corriente o común es el maun. Pero el temporal, esto es, la lluvia con viento es un cunguma o diversas voces que se componen del sufijo maún que significa en términos genéricos llover o lluvia.

Juan Ignacio Molina, estudioso de la lengua mapuche, reflexiona sobre las contradicciones entre lengua y cultura. Su análisis apunta a una realidad que no pudo desentrañar. Dijo Molina:

"Siempre que se reflexione sobre la armoniosa estructura y riqueza de la lengua propia de este país, parece que la nación chilena haya sido en otro tiempo más culta de lo que es al presente, o al menos que ella sea un residuo de algún pueblo ilustrado, el cual debió caer por alguna de aquellas revoluciones físicas o -morales... La perfección de las lenguas sigue constantemente la de la civilización; ni se puede comprender cómo una nación siempre salvaje, que jamás ha sido limada ni por las sabias leyes, ni por el comercio, ni por las artes, pueda hablar un idioma culto, expresivo y abundante. La copia de las palabras de un lenguaje presupone un número correspondiente de ideas claras en el complejo de los individuos que las hablan, las cuales en un pueblo rústico son, y deben ser necesariamente, muy limitadas"124.

Por cierto que Molina no podía menos que ver la contradicción entre la lengua y la realidad de los indígenas chilenos en el siglo XVIII. No pensó Molina -o si lo hizo, no lo señaló más que como una hipótesis: "... parece que haya sido en otro tiempo más culto...", que la lengua mapuche se había criado durante el período prehispánico, en un

[189] contexto de una sociedad agraria compleja como la que estamos describiendo en estas páginas125. En la lengua

mapuche le llamó la atención la cantidad de voces para nombrar las relaciones entre amigos y parientes. La capacidad de la lengua en transformar los sustantivos en verbos y la riqueza y precisión del lenguaje. Ciertamente ese lenguaje provenía de las necesidades de una sociedad compleja126.