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económicamente rigurosa y segura‖ (CABRÉ, 2010:1). Esta condición ha sido favorable para Alemania, puesto que desde el principio de la crisis ha dispuesto del mejor crédito y paga el interés más bajo de todos los países de la UE.

El dinero ha fluido a Alemania mientras la liquidez ha escaseado en otras economías. Países como España, a pesar de que su deuda pública era menor y más controlada, ha estado pagando una prima de riesgo de entre el 4 % y el 5 % superior a lo que paga Alemania. Por supuesto no tan malo como Grecia, Italia, Portugal o Irlanda que están pagando un diferencial con Alemania mucho mayor (CABRÉ, 2010:1).

Adicionalmente, para citar un ejemplo más concreto acerca de la mencionada divergencia política, está el caso de Alemania, que en el afán de que los demás países logren reducir considerablemente sus respectivas deudas, ha obstaculizado y se ha opuesto a la creación de un Bono Europeo, conocido como

eurobono. “Los eurobonos son emisiones conjuntas de deuda para todos los países de la Unión Europea. La creación de esta figura supone que la deuda alemana sería la misma que la deuda

española, o la portuguesa: el pasivo ya no sería de cada país, sino de toda Europa‖ (PASTRANA,

2012:1). En este contexto el Banco Central Europeo se convertiría en un órgano al estilo de la Reserva Federal americana y al contar con la garantía de su respaldo, los inversores exigirían menos intereses por adquirir la deuda europea.

Es decir, la emisión de deuda común estaría a cargo del BCE para toda la UE, la cual casi todos los gobiernos europeos reconocen que sería la mejor solución para el conjunto de la Unión Europea del euro, ya que daría mayor confianza a los inversionistas. Sin embargo, Alemania se ha mantenido en su posición porque está consciente que adoptar los eurobonos supondría grandes riesgos. Su propia deuda sería menos rentable que ahora, ya que asumiría como propias las debilidades de todos los demás países; y es así como pese al no consentimiento de los demás países miembros Alemania plenamente resguardado por Francia hasta el 2012, ha sido el principal país detractor de este proyecto. (PASTRANA, 2012:1).

Además, valiéndose de la situación en Grecia, la cual más adelante será plenamente detallada; refiriéndose específicamente a la malversación de fondos y a las cifras falseadas, Alemania aumentó aún más su protagonismo, convirtiéndose en el principal país que ha interpuesto objeciones para ayudar a

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Grecia y es así cuando conjuntamente con Francia deciden imponer las políticas de austeridad ya mencionadas. Un rasgo importante de la crisis de la zona euro es que los organismos financieros (FMI) y los gobiernos de los países más poderosos en este caso Alemania y Francia, inciden directamente en las decisiones de política económica de las naciones más débiles. Este fenómeno se expresa mediante las políticas de ajuste, de corte neoliberal, impuestas en esos momentos (REYES, 2012:102).

Los bancos franceses y germanos tienen ahora la mayoría de la deuda griega, siendo ambos países los mayores exportadores a Grecia… Merkel, con el apoyo de Sarkozy, han

estado bloqueando desde hace tiempo todas las soluciones posibles: la ayuda a Grecia, los bonos europeos, potenciar la capacidad y autonomía del Banco Central Europeo y otras medidas (CABRÉ, 2010:1).

Sin embargo, pese a su oposición y a sus esfuerzos por sobrellevar la crisis europea sus esfuerzos han sido casi nulos. El bienestar social, la salud, la educación y otros servicios sociales son los que han sufrido los recortes debido a las nuevas necesidades de liquidez. Tal ha sido el protagonismo y la cooperación bilateral entre ambos países que incluso se llegó a utilizar el término MERCOSY, connotándose específicamente a Merkel y Sarkozy, para referirse a este tipo de coalición.

Más adelante, para cuando la crisis empeoró las opiniones políticas que existían sobre cómo salir de la crisis eran totalmente diferentes, y se podría incluso decir que Europa se encontraba dividida ideológicamente. Los ciudadanos de Francia, Alemania y Austria estaban más a favor de la austeridad que de las políticas de crecimiento, no obstante lo contrario ocurría en Dinamarca, Irlanda, Grecia y en España que se oponían rotundamente a estas políticas de recorte (ORRIOLS, 2013:1).

Sin embargo en el 2012, cuando François Hollande, actual presidente de Francia, le sucede a Sarkozy en su mandado, esta cooperación entre potencias europeas se ve terriblemente afectada principalmente por su divergencia política. Este nuevo presidente, con una tendencia claramente socialista, defiende la equidad en la repartición de la riqueza y al inicio desaprueba las políticas de austeridad impuestas por Alemania, puesto que se iban en contra de su ideología izquierdista.

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Lo grave de estas discrepancias políticas es que las autoridades de cada país miembro de la UE ejercen una presión sobre las instituciones nacionales para que lleven a cabo políticas divergentes, lo que estanca y pone en cuestión la viabilidad del proyecto europeo. Justamente, son estas diferencias en el manejo político y tendencias ideológicas, las que no han permitido avanzar en el proceso de integración y que han ocasionado que no se consolide una unión política. Una forma de ver la magnitud de este problema es mostrar cómo los distintos países europeos tienen unos partidos políticos con ideologías cada vez más divergentes. Es así como

los partidos políticos son hoy menos favorables a la UE que antes de la crisis. No obstante, el apoyo a la integración europea ha sufrido un retroceso mucho mayor en los países PIIGS

que en el resto de miembros de la UE‖ (ORRIOLS, 2013:1).

Se torna evidente entonces, que en Europa se ha producido una divergencia ideológica mayor a raíz de la crisis europea. Los datos del Comparative Manifestos Project (CMP) muestran que los partidos de los PIIGS, Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España; son hoy más favorables a las políticas sociales y menos partidarios del libre mercado y de las políticas de austeridad. Lo opuesto ocurre en cambio en el resto de países europeos. Esto quiere decir que la tendencia de los partidos políticos no evoluciona en la misma dirección en toda Europa: unos se mueven hacia posiciones más favorables al Estado y otros más favorables al mercado (ORRIOLS, 2013:1).

Antes de la crisis económica los PIIGS y el resto de la UE tenían unos partidos ligeramente ubicados a la izquierda. Y no existían diferencias entre las dos Europas. Ambas mostraban una ideología media de los partidos muy similar. El escenario actual es muy distinto. Los partidos de los PIIGS se han movido claramente hacia la izquierda y el resto de países lo han hecho hacia la derecha. En definitiva, la crisis económica ha provocado una fractura ideológica en Europa. Los países que han sufrido más el embiste de la crisis tienen hoy partidos más de izquierda que antes, y los que no han sufrido tanto tienen hoy partidos más de derecha (ORRIOLS, 2013:1).

Por lo tanto, mientras cada país europeo permanezca bloqueado, se oponga a recibir nuevas opiniones políticas y se niegue a compartir ideologías para actuar al unísono como bloque, será muy difícil, y casi imposible superar por completo la crisis europea.

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