3.2 Recognizing Activities
3.2.3 Particle Filtering
Leer la mano de otra persona es un asunto muy serio que implica una tremenda responsabilidad. Dicho simplemente, significa que una persona permita a otra estudiar una parte de su cuerpo para que se pronuncie sobre cuestiones muy personales y sensibles. En un sentido, el análisis de la mano puede compararse con la lectura de diarios o cartas privadas de otra per- sona. Por este motivo, el palmólogo es responsable de lo que se dice, y del modo en que se expresa, durante una consulta.
La intención subyacente del palmólogo es de suprema importancia. El análisis de la mano no se debe utilizar nunca para impresionar o seducir, o para obtener poder o control sobre la vida de otra persona. Hay que es- forzarse por ser lo más objetivo posible, al tiempo que se mantiene un es- trecho contacto con la otra persona durante la lectura. La honestidad es un componente esencial de toda lectura de manos, pero hay que expresar toda observación y sugerencia de modo que sea verdadera, amable y no impli- que un juicio. Si lo que hemos de decir no satisface esos tres requerimien- tos, es mejor no decir nada.
Al mismo tiempo, hemos de evitar la tendencia a centrarnos sólo en los aspectos positivos de la mano. Aunque hemos de ayudar al individuo a ser consciente de sus talentos y habilidades, no le hacemos ningún favor si ocultamos los aspectos negativos o las áreas de conflicto de su vida.
Con esta cuestión está estrechamente relacionado el tiempo. En ciertas situaciones no es apropiado revelar información, especialmente si pensa- mos que podría causar un dolor innecesario o que esa persona no es capaz de enfrentarse a ese problema o cuestión.
Aunque nuestro objetivo primordial sea ayudar a los que acuden a con- sultarnos, es importante entender que, como lectores de manos, no esta- mos practicando una terapia. Una terapia es un proceso regular y conti- nuado para el cambio psicológico profundo del individuo, y sólo debe ser realizada por un psicoterapeuta cualificado. El aconsejar, en cambio, es re- lativamente breve y suele relacionarse con áreas específicas de interés, como la salud, la profesión o las relaciones. Aunque la tarea de leer las manos suele implicar algún nivel de consejo, no es ése nuestro objetivo principal. Nuestra tarea primordial es más bien educativa, e implica una sola consul- ta en la que simplemente se comparte información. La persona que recibe la información quiere que se le hable de ella con el objetivo de aumentar su autoconocimiento y su bienestar personal. Aunque a menudo es posible que una consulta haga al individuo buscar consejo o terapia, no es ésa la tarea principal del lector. Este es el motivo de que muchos quirólogos de-
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saconsejen las consultar frecuentes (usualmente las limitan a una o dos al año), remitiendo al «cliente» a un consejero apropiado, terapeuta o profe- sional de la salud, según sea el caso.
Una de las lecciones más difíciles del lector de manos es, posiblemen- te, el interesarse personalmente por el cliente sin olvidar que es el respon- sable de su propia vida. Sin embargo, cuando se exponen y discuten las cues- tiones más importantes de la vida, nunca debemos dejar pendiente al clien- te, sino que hemos de tratar de conducirlo hacia el «siguiente paso» siem- pre que nos resulte posible. C o m o dice Stephen A r r o y o en su excelente li- bro, Astrology, Psychology and the Four Elements:
Hay que comprender que sería de poco valor dar consejo sin propor- cionar al mismo tiempo los medios de un entendimiento más profun- do, pues cada persona debe hacer su trabajo y, por medio de su ex- periencia, debe llegar a una conciencia superior que le permita crecer o trascender la dificultad.
Además del posible envío a un consejero o terapeuta, el proceso puede incluir el provocar reacciones y preguntas, para que el cliente adopte un pa- pel más activo en la lectura, y no sea simplemente un oyente pasivo. Esta participación incluye también el que busque soluciones por sí mismo. C o n mucha frecuencia en un nivel profundo conocemos las soluciones a nues- tros problemas, pero nos hemos acostumbrado a evitarlas y a que alguien nos proporcione la solución.
El respeto a la intimidad es a menudo desestimado por los lectores de manos. Personalmente prefiero leer las manos de un cliente a solas en un lugar tranquilo, sin que haya una tercera persona mirando y haciendo pre- guntas. No pongo objeciones a la utilización de una grabadora, aunque su presencia suele hacer que el cliente preste menos atención a la lectura. N u n - ca discuto una lectura con otros; cuando estoy leyendo la mano de alguien, es una tarea de ambos, pero en cuanto termina la consulta la información discutida deja de ser asunto mío.
T É C N I C A
No exite un método o técnica para la lectura de manos. Aunque esti- mulo a cada lector a que elabore el método que mejor le va, el siguiente procedimiento general puede serle de utilidad.
Preparación
Antes de leer la mano de otra persona, trate de tomar conciencia del privilegio y la responsabilidad que ello implica. La meditación y la oración son útiles para «anclarse» en su «núcleo» o ser superior, entrando en un- contacto más estrecho con su intuición.
Antes de mirar las manos de la persona, pregúntele si le han hecho una lectura anteriormente. Señálese que las manos muestran tendencia, no he- chos concretos necesariamente, y que las líneas pueden cambiar en cues- tión de semanas. Yo suelo mencionar que conozco a personas muy ancia- nas con líneas de la vida muy cortas, así como a jóvenes de largas líneas de la vida que han muerto p r o n t o en accidentes.
Pregunte la edad de la persona y averigüe si es zurda o diestra. Explí- quele que la mano pasiva es más bien el almacén del potencial, mientras la activa expresa más claramente lo que estamos haciendo con ese potencial.
Cómo leer las manos
Mirar las manos
Sentado enfrente del cliente, tómele las manos entre las suyas y míre- las. Cierre los ojos un momento y piense una oración para ayudarse a cen- trarse y hacerlo lo mejor posible. Yo prefiero el simple «así será», y un ami- go prefiere orar: «Que todo lo que pueda decirle sea para su máximo bien y para el máximo bien de todo lo concernido.» Esta momentánea concen- tración espiritual no debe ser tan evidente que sea observada por la perso- na a la que le va a leer las manos; debe dar la impresión de que simple- mente está poniendo en orden sus pensamientos antes de comenzar la lectura.
Examine cuidadosamente ambas manos. Observe el tamaño, la forma, la textura de la piel y la flexibilidad. Observe las posiciones y la longitud de los dedos, teniendo en cuenta los tipos de mano básicos. No tenga mie- do de tocar, doblar y oprimir suavemente la mano al examinarla.
Mire los dedos cuidadosamente, observando especialmente su tamaño, flexibilidad, forma y contorno. ¿Hay alguno doblado? ¿Cuáles son los pre- dominantes y cuáles los débiles? ¿Cómo están situados en la mano?
Dé la vuelta a las manos y observe las uñas, pidiendo al cliente que ten- ga las manos bien abiertas. Compruebe los nudillos y la posición relativa de los dedos entre ellos y con respecto a la m a n o c o m o totalidad.
Vuelva a dar la vuelta a las manos y examine los montes. Pase un dedo por cada monte para juzgar su fuerza relativa. Observe cualquier marca es- pecial en los montes, como cuadrados, cruces y enrejados.
Examine las líneas, observando cuidadosamente su fuerza, claridad y longitud. ¿Dónde empiezan y dónde terminan? ¿Hay rupturas, puntos o islas sobre ellas? ¿Hay ramas o cambios de color? ¿Qué diferencias hay en- tre las líneas de cada mano?
Tras haber examinado las manos unos minutos, tendrá una idea básica de quién es la persona a la que está haciendo la lectura. En ese momento tome la mano activa y empiece a leer, pasando a la pasiva para confirmar o contrastar los rasgos. Empiece la lectura por el punto que considera más apropiado. Con algunas personas decidirá tratar inmediatamente las cues- tiones de salud, con otras empezará con observaciones sobre el carácter o la profesión. Utilice su juicio.
Prosiga la lectura, asegurándose de cubrir todas las áreas de interés, in- cluyendo la salud, historia de la vida, inteligencia, características emocio- nales, profesión, viajes, relaciones y otros aspectos como la creatividad y la espiritualidad. Proceda lentamente, abierto siempre a los mensajes intui- tivos de su subconsciente. Mire frecuentemente a los ojos del cliente. Q u i - zá desee hacerle preguntas durante la lectura o al finalizar la lectura.
Procure tener en su mente las siguientes preguntas, preguntándose a sí mismo si las ha tratado:
• ¿Qué es lo que está buscando realmente esta persona? • ¿Qué está dispuesta a oír?
• ¿Es apropiado para ella, en este momento, lo que le estoy diciendo? • ¿Cuál es el mejor enfoque para ayudar a esta persona a desarrollar su sentido de iniciativa, responsabilidad y participación en la vida? • ¿Toca esta lectura cuestiones sensibles para mí que pueden afectar
a la lectura y a mi objetividad? • ¿Estoy siendo claro y comprensible?
Al terminar la lectura, la gente suele hacer preguntas como éstas: «¿Me casaré (o divorciaré)?», «¿Cuántos hijos voy a tener?», y la clásica: «¿Cuán-
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do me voy a morir?» C o m o las manos muestran posibilidades, y por tanto pueden cambiar, aclare bien que cualquier predicción específica no es más que una pura conjetura. C o m o ya dijimos antes, nunca debe predecir el m o - mento de la muerte.
Si se practica con cuidado, sensibilidad y humildad, el análisis de la mano puede ser una fuente inagotable de aventura, aprendizaje e inspira- ción. Al ayudar a otros a aumentar su autoconocimiento, invariablemente profundizamos el nuestro. Ayudando a otros a «quitar las piedras del ca- mino», abrimos nuestro canal de compasión y de servicio.