A. La edad
En el saber popular está ampliamente aceptado que la edad condiciona la facilidad para la adquisición de una L2, de forma que los aprendientes que empiezan a aprender una L2 cuando son mayores tienen más dificultades para lograr una pronunciación sin acento extranjero.
La adquisición de la fonología en lenguas extranjeras parece fuertemente ligada a la edad de inicio. La gran dificultad y normalmente imposibilidad de los aprendientes adultos para conseguir una pronunciación libre del acento extranjero llevo a los investigadores a formular conjeturas sobre la existencia de una etapa de la vida más idónea para la adquisición de una L2. Durante este periodo sería más eficiente la adquisición de la segunda lengua y a su término decrecería la habilidad e incluso sería imposible lograr un acento nativo.
Sobre la menor capacidad de los adultos para adquirir un acento cercano al nativo existen varias hipótesis. La más conocida es la que atribuye esta dificultad de los adultos a los cambios físicos que tienen lugar en la pubertad.
Lenneberg (1967, p. 97) propuso la existencia de un período crítico en la adquisición de una lengua extranjera. Afirma que la adquisición completa de una lengua extranjera no se puede lograr si este proceso se inicia después del período crítico.
Scovel (1969) reafirma esta teoría y agrega que la pronunciación es el único aspecto lingüístico que es afectado por el período crítico.
Sin embargo, como lo expresan Krashen et al. (1982, p. 76), ―los aprendientes que aprenden de niños superan a la larga lo que empiezan de adultos‖.
Krashen et al. (1982) concluyen en tres leyes:
1. Los adultos avanzan más rápido que los niños en los primeros estadios de desarrollo morfológico y sintáctico.
2. Los niños grandes adquieren la L2 más rápido que los niños más pequeños. 3. Los aprendientes que empiezan de niños superan a la larga a los que empiezan
de adultos.
B. La aptitud
El factor aptitud refiere a la habilidad que tiene los aprendientes para adquirir una L2 en general, así como para aprender su componente fónico, que es el interés concreto de este trabajo. Ellis (1996) considera que si existe una habilidad operativa para la investigación del factor aptitud en la pronunciación: esta es la memoria a corto plazo para imitar secuencias sin sentido de la L2. Para Ellis, esta actividad tan simple puede predecir con cierta fiabilidad la adquisición del léxico y de la pronunciación.
Se considera que la aptitud es en realidad una variable compleja constituida por varias habilidades. La segunda dificultad relacionada con el factor aptitud consiste precisamente en identificar cuáles son concretamente las habilidades que hacen de un aprendiente comparativamente más o menos apto en comparación con otro. Estas dificultades para identificar y medir sus componentes han hecho de este factor uno de los poco favorecidos por la investigación. Como ya hemos comentado, en los años sesenta surgió el máximo interés por el tema. Fue entonces cuando se desarrollaron varios test para medir la aptitud. Carroll y Sapon (1959) desarrollaron el MLAT, por su parte Pimsleur (1966) desarrolló el PLAB. Ambos test estaban organizados por módulos, cada uno medía habilidades de los cuatro supuestos componentes del actor aptitud.
Carroll postulaba la existencia de cuatro componentes:
1) Habilidad para la codificación fonológica.
3) Habilidad de aprendizaje inductivo para detectar similitudes y diferencias en forma y significado.
4) Capacidad para memorizar relaciones de vocabulario de la L1 y la L2.
Lo que nos llama la atención en Carroll es la relevancia que da a la capacidad auditiva y a la habilidad para discriminar los sonidos nuevos y codificarlos.
C. La actitud
Hasta ahora nos hemos referido a factores sobre los que el aprendiente tiene escaso o ningún control. En este apartado vamos a tratar un factor que surge de propio aprendiente: la actitud. La adquisición de segundas lenguas considera la motivación como un factor clave en la adquisición.
García Laborda (2000) o Tragant y Muñoz (2000), por ejemplo, estudian la importante influencia que tiene la actitud de los alumnos en el aprendizaje del inglés como lengua extranjera. La actitud que tiene el aprendiente hacia la lengua o la cultura donde se habla esa lengua ejerce una influencia relevante en el progreso en la adquisición fónica de una L2. Tener una actitud favorable, es decir un alta motivación, implica una voluntad de esforzarse para mejorar, lo que puede facilitar la adquisición, o bien al contrario, una actitud no favorable implica la ausencia de interés para progresar, lo que es determinante para el estancamiento en el proceso de adquisición. La cuestión está en que medida afecta la motivación a la adquisición fónica.
La correlación entre la motivación y el progreso en la adquisición fónica puede ser bastante estrecha, actuando como una variable que lo acelera u obstaculiza. Una alta motivación no implica que conseguir el acento nativo sea posible y este en la elección de cada individuo conseguirlo, pero sí que la ausencia de esta supone un freno para el progreso. No obstante aunque no existiera este freno, tampoco se garantizaría el logro del acento nativo, porque la adquisición completa es el resultado de una suma de varias variables favorables. La motivación es un factor claramente variable cuya intensidad puede cambiar con el tiempo debido a factores externos que influyen en el aprendiente.
1.2.1.6. Estrategia comunicativo-funcional para la enseñanza de la