Podríamos afirmar que el conjunto de las obras monástica de Juan Casiano es un verdadero tratado de perfección en el que se aprecia una consciente ilación
temática o acolutía, entendiendo por ésta una ordenación o concatenación
doctrinal.61 Si bien el autor entrega sus escritos en tres etapas, el proyecto literario -y por lo tanto magisterial- es unitario. Como afirma Olphe-Galliard: “Il a eu le mérite
59 Id est non solum hi qui adhuc per congregationes laudabili subiectione perdurant, sed etiam illi qui
haud longe a vestris coenobiis excedentes anachoretarum sectari gestiunt disciplinam, pro condicione locorum ac status sui mensura plenius instruantur. p. 9
60 (...) anachoreseos disciplinam illorum potius praeceptis capere consuescant, quos in ómnibus et
antiqua traditio et longae experientiae instruxit industria. p. 9
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d’offrir à de nombreuses générations de moines un enseignement à la fois complet et gradué, théorique et pratique concernant la vie religieuse”. 62
Teniendo en cuenta los temas que desarrolla, podríamos agrupar sus obras monásticas en tres series o partes: Las Instituciones, Las Colaciones I-X y las
Colaciones XI-XXIV. Tal como explica el mismo Casiano en el primer Prefacio a las Colaciones, en sus dos primeros escritos existe una suerte de gradual interiorización.
Él parte, en las Instituciones, de la descripción del hábito monástico, es decir, del aspecto exterior del monje, hasta llegar a explicar en las Colaciones “las disposiciones del hombre interior” (Pref. Col. I; p. 25), vale decir, el crecimiento de la vida del espíritu. Incluso dentro de las mismas Instituciones se advierte una
anábasis, un ascenso espiritual. En efecto, la primera parte que culmina en el libro
IV, se cierra con las sabias recomendaciones que realiza el abad Pinufio a un joven novicio, en las que destaca la necesidad de la humildad y de la obediencia a los ancianos si se quiere perseverar en la vida monástica. Los libros siguientes presentan los vicios principales en gradación, desde el más carnal -la gula- hasta el más espiritual -el orgullo.
Por su parte, la segunda etapa, constituida por la redacción de la primera serie de Colaciones, forma una unidad doctrinal en la que Casiano enseña un verdadero
itinerario espiritual. Señala al monje, y a todo cristiano deseoso de alcanzar la
perfección, cuál es la meta de su vida: la consecución del Reino de Dios y el medio más importante para alcanzarlo: la pureza de corazón o caridad.
Esta búsqueda constante del Rostro de Dios conlleva en el interior del monje un largo y doloroso proceso de purificación. Su vida se convierte en un verdadero combate espiritual con las tentaciones que le sobrevienen de su propia flaqueza, del mundo y del demonio. Pero en esta lucha el hijo de Dios no está solo sino que cuenta con el auxilio todopoderoso de la gracia divina.
A lo largo de las Conferencias, Casiano presenta ordenadamente los distintos pasos y elementos de esta ascesis. Si bien la narración está coloreada con múltiples anécdotas y varias digresiones, el hilo conductor temático es claro y se advierte un camino progresivo y consciente por parte del autor. Este orden está dado por el mismo crecimiento espiritual: conocido el fin -la posesión de Dios-, se deben buscar
62 OLPHE-GALLIARD. “Cassien”, col. 225: “Tuvo el mérito de ofrecer a numerosas generaciones de
70 los medios pertinentes para alcanzarlo -la práctica de las virtudes y la oración-. Al respecto, afirma el P. Fernando Rivas que los autores patrísticos “conociendo bien las leyes de la retórica, establecían conexiones internas en sus escritos y le daban formas al pensamiento que no siempre seguían un desarrollo lineal como hace el hombre de hoy”. 63
No es nuestro propósito detenernos en el estudio detallado de la estructura de sus obras; Adalbert de Vogüé propone una posible organización interna de las
Colaciones en un artículo que ya analizamos oportunamente. 64 Nuestro interés es señalar el magisterio advertido y ordenado de Casiano, destacando la centralidad que tiene en él la virtud de la discreción.
Nuestro autor parte del dato dado por la revelación y constatado por la propia experiencia de que el hombre está dividido en su interior por una doble tendencia: una espiritual y otra carnal que suelen enfrentarse mutuamente. De allí la importancia que tiene la virtud de la discreción, llamada por el autor, “madre y moderadora de todas las virtudes” (Col. II, 4) pues enseña al cristiano a discernir el camino más conveniente para realizar a cada instante lo mejor. Tal como desarrollaremos en el próximo capítulo, en el corazón del monje se entabla un duro combate donde el hombre se enfrenta con múltiples opciones y debe aprender a elegir, por tanto, a renunciar a una multitud de pensamientos inútiles que lo solicitan y lo distraen de la meta principal, la unión con Dios mediante la oración continua. Además, el demonio, gran enemigo del asceta, lo tienta constantemente. Por eso Casiano presenta la virtud de la discreción, en primer lugar, como un discernimiento de espíritus imprescindible para el monje.
Reiteradamente, a lo largo de su obra, el escritor destaca que el principiante no puede aprender por sí mismo esta especie de estrategia de combate sino que necesita de maestros que lo adiestren en las batallas del espíritu. Por lo tanto, se advierte en sus escritos, la importancia que otorga al maestro o padre espiritual, denominado Abba en toda la tradición monástica. Este anciano sobresale por el don de la discreción y por su larga experiencia de vida interior; ambas le enseñaron los
63 Fernando RIVAS, OSB. “La gracia de Cristo. La Colación XIII de Casiano”, en: Cuadernos
Monásticos 148 (2004); p. 76
64 VOGÜÉ. “Para comprender a Casiano. Una ojeada a las Conferencias”. Obra citada en el Estado de
71 ardides recurrentes del adversario y las causas y remedios de los vicios. Por lo tanto, él es el único que está capacitado para enseñar al novicio el arte del discernimiento.
Casiano busca destacar que el fin del largo camino interior es la pureza de corazón y el encuentro con Dios en la oración continua, una verdadera antesala de la vida eterna, tema que desarrolla en las Conferencias IX y X.
Con estas diez conferencias se cierra la llamada “primera serie” que, a nuestro juicio, es la más importante; incluso puede ser leída sin necesidad de completar su lectura con las dos series restantes.
Este primer conjunto de Conferencias constituyen un todo doctrinal junto con las Instituciones cenobíticas y es completado con catorce conferencias más, que según expresión del mismo Casiano, completan y aclaran las diez primeras: “Suplirán lo que mis opúsculos precedentes podrían ofrecer de oscuro e incompleto en torno al tema de la perfección” (Pref. Col. XI; 13). 65
Pero juzgamos que la enseñanza sustancial de nuestro autor se halla concentrada en la primera y segunda etapa de su proyecto literario, es decir, en las Instituciones cenobíticas y las
Conferencias I-X. Tanto el monje como todo cristiano que busque con sinceridad una
vida espiritual profunda, encontrarán en ellas los medios más importantes para conocerse a sí mismos, para luchar contra sus vicios y para tender a Dios por medio de una oración intensa.
La posteridad cristiana es deudora de este autor magistral. Signo de esto es la recomendación especial que hace San Benito en su famosa Regla respecto de la lectura de las obras de los santos Padres, entre las que cita a las de Casiano:
“Para el que corre hacia la perfección de la vida monástica, están las
enseñanzas de los santos Padres, cuya observancia lleva al hombre a la cumbre de la perfección. Porque ¿qué página o qué sentencia de autoridad divina del Antiguo o del Nuevo Testamento, no es rectísima norma de vida humana? O ¿qué libro de los santos Padres católicos no nos apremia a que por un camino recto, alcancemos a nuestro Creador? Y también las Colaciones de los Padres, las Instituciones y sus Vidas, como también la Regla de nuestro Padre San Basilio, ¿qué otra cosa son sino instrumentos de virtudes para monjes de vida santa y obedientes?” (Regla, 73) 66
65 Quibus ea, quae de perfectione in praeteris opusculis nostris obscurius forsitan comprehensa vel
praetermissa sunt, suppleantur. p. 99
66 SAN BENITO. La Regla de los monjes. Traducción del P. Pablo Sáenz, OSB. Luján, Ediciones
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