Pocos temas de la sexualidad humana han suscitado más controversias a lo largo del tiem- po que el orgasmo. No tenemos todas las respuestas, pero algunos descubrimientos cien- tíficos fascinantes han arrojado luz sobre algunas de estas controversias.
Preguntas: ¿Son capaces las mujeres de experimentar orgasmos múltiples? ¿Y los hombres? Orgasmos múltiples. Kinsey ha informado que el 14 por ciento de sus pacientes femeninos tuvieron múltiples orgasmos regularmente, sorprendiendo a sus colegas científicos tanto como a toda la comunidad (Kinsey et al., 1953). Muchas personas se espantaron de que las mujeres pudieran tener más de un orgasmo durante una relación sexual. Hubo comentarios (la mayoría de los hombres, ¡por supuesto!) de que las mujeres de los estudios de Kinsey eran «ninfómanas» y que eran incapaces de satisfacerse con la dotación «normal» de un or- gasmo por ocasión. Sin embargo, solo trece años después, Masters y Johnson (1966) infor- maron que muchas, si no todas, las mujeres son capaces de orgasmos múltiples. Aunque todas las mujeres son biológicamente capaces de tener orgasmos múltiples, no todas las mu- jeres dicen experimentarlos. Un estudio sobre 720 enfermeras mostró que el 43 por ciento experimentaban orgasmos múltiples (Darling et al., 1991). Un estudio canadiense sobre 202 mujeres casadas con edades entre 18 y 75 encontró que cerca de la mitad de ellas experi- mentaban orgasmos múltiples cuando utilizaban un vibrador. Por lo general, aplicaban el vibrador sobre el clítoris, informando que el orgasmo experimentado con el vibrador era más intenso que el obtenido de otras maneras. Dos tercios de las mujeres, por cierto, utili- zaban los vibradores al mismo tiempo que mantenían relaciones sexuales con sus maridos. Es difícil ofrecer una definición precisa del orgasmo múltiple. Según el punto de vis- ta de Masters y Johnson, los orgasmos múltiples implican la ocurrencia de uno o más or- gasmos adicionales que siguen al primero, dentro de un corto periodo de tiempo y antes
Orgasmos múltiples
Uno o más orgasmos adicionales que siguen al primero, que ocurren dentro de un periodo corto de tiempo y antes de que el cuerpo haya vuelto al nivel de excitación premesetario.
de que el cuerpo haya vuelto al nivel de excitación premesetario. Según esta definición, una persona podría no experimentar un orgasmo múltiple si él o ella tuvieran dos o más orgasmos sucesivos separados por un retorno a un estado previo a la excitación o un ni- vel de excitación premesetario (estado de excitación).
Según la definición de Masters y Johnson, los hombres no son capaces de lograr or- gasmos múltiples porque entran en un periodo refractario que sigue a la eyaculación. Los hombres que quieren conseguir más de un orgasmo durante una sesión tienen que des- cansar durante un rato. En cambio, las mujeres pueden mantener un elevado nivel de ex- citación entre orgasmos múltiples y los tienen en rápida sucesión, porque las mujeres no tienen un periodo refractario. Ellas pueden seguir teniendo orgasmos si continúan reci- biendo estimulación efectiva (y, por supuesto, si están interesadas en continuarlo). Por este motivo, algunos hombres se controlan para no llegar ellos al orgasmo hasta que sus parejas han tenido el número suficiente. Esta capacidad diferencial para los orgasmos múltiples es una de las diferencias sexuales más sobresalientes en la respuesta sexual.
Algunos hombres tienen dos o más orgasmos sin eyaculación («orgasmos secos») precediendo al orgasmo eyaculatorio final. Estos hombres no entran en el periodo refrac- tario después de los «orgasmos secos» y son capaces de mantener sus niveles de estimula- ción cerca de los niveles máximos.
Masters y Johnson encontraron que algunas mujeres experimentaron veinte o más orgasmos masturbándose. Con todo, pocas mujeres tienen orgasmos múltiples durante la mayoría de sus relaciones sexuales, y muchas se encuentran satisfechas con solo uno por ocasión. Algunas mujeres que han leído o han oído hablar de la capacidad orgásmica fe- menina se preguntan qué hay de malo en ellas para que se conformen solo con un orgas- mo. Por supuesto, no les ocurre nada malo: una capacidad biológica no crea una obliga- ción conductual.
¿Cuántos tipos de orgasmos tienen las mujeres? ¿Uno, dos o tres? Pregunta: ¿Cuántos tipos de orgasmo experimentan las mujeres? Hasta que Masters y Johnson publicaron sus resul- tados de laboratorio, muchos creían que había dos tipos de orgasmo femenino, como pro- ponía el psicoanalista Sigmund Freud: el orgasmo clitoridiano y el orgasmo vaginal. Los or- gasmos clitoridianos se alcanzaban a través de la estimulación directa del clítoris, como durante la masturbación. Los orgasmos clitoridianos eran interpretados por los psico- analistas (psicoanalistas principalmente masculinos, naturalmente) como símbolos de una fijación en la niñez, un retroceso a un patrón erógeno adquirido durante la mastur- bación en la niñez.
El término orgasmo vaginal se refería a un orgasmo logrado a través del coito y se in- terpretaba como indicativo de sexualidad madura. Freud defendió que las mujeres logran la madurez sexual cuando renuncian al estímulo clitoridiano por el estímulo vaginal. Este punto de vista sería poco más que una nota a pie de página académica si no fuera por el hecho de que algunas mujeres adultas que continúan requiriendo estímulo clitoridiano directo para alcanzar el orgasmo, incluso durante el coito, se han dejado llevar por la opi- nión de psicoanalistas tradicionales (generalmente varones) que les dicen que siguen liga- das a un estado inmaduro de su sexualidad o que viven su sexualidad de manera inade- cuada. A diferencia de la teoría freudiana, Masters y Johnson (1966) solo fueron capaces de encontrar un tipo de orgasmo, fisiológicamente hablando, independientemente de la fuente de estimulación (manual-clitoridiana o pene-vaginal). Monitorizando las respues- tas psicológicas a la estimulación sexual, encontró que los orgasmos femeninos implican los mismos mecanismos biológicos, ya se alcancen a través de la masturbación, las cari- cias, el coito o incluso la estimulación de los pechos. Gertrude Stein escribió: «Una rosa es
una rosa es una rosa». Biológicamente hablando, el mismo principio puede aplicarse al orgasmo: «Un orgasmo es un orgasmo es un orgasmo». En los hombres tampoco impor- ta cómo se alcanza el orgasmo: a través de la masturbación, las caricias, el sexo oral, el coi- to o fantaseando con un compañero estudiante en el laboratorio de química. El orgasmo implica los mismos procesos fisiológicos: contracciones involuntarias de los músculos pélvicos en la base del pene expulsan el semen y liberan la tensión sexual. Una mujer o un hombre pueden preferir una fuente del orgasmo a otra —con un amante más que con la masturbación o con una persona más que con otra—, pero los eventos biológicos que de- finen el orgasmo son los mismos.
Aunque los orgasmos logrados a través del coito o la masturbación pueden ser fisio- lógicamente iguales, existen diferencias psicológicas o subjetivas. (Si no fuera así, habría menos relaciones sexuales.) Los experiencia coital, por ejemplo, se acompaña a menudo por sentimientos de atracción sexual, lujuria, compromiso, amor y conexión con el com- pañero. La masturbación se experimenta más probablemente como una descarga sexual. La pretendida distinción entre los orgasmos clitoridianos y vaginales también se apoya en la asunción de que el clítoris no se estimula durante el coito. Masters y Johnson mostra- ron que esto es falso. Los empujones coitales del pene mueven el capuchón clitoridiano hacia delante y hacia atrás contra el clítoris. La presión vaginal también eleva el flujo san- guíneo hacia el clítoris, ayudando a alcanzar el estado del orgasmo (Lavoisier et al., 1995). Uno podría pensar que las investigaciones de Masters y Johnson dejaron zanjada la cuestión de si existen o no diferentes tipos de orgasmos femeninos. Sin embargo, otros in- vestigadores han propuesto que hay distintas formas de orgasmo femenino, no sugeridas por la teoría psicoanalítica. Por ejemplo, Singer y Singer (1972) sugerían que hay tres tipos de orgasmo femenino: vulvar, uterino y mixto. De acuerdo con Singer y Singer, el orgasmo vulvar representa el tipo de orgasmo descrito por Masters y Johnson (1966). Implica con- tracciones vulvares, es decir, contracciones del cuerpo vaginal. De acuerdo con los descu- brimientos de Masters y Johnson (1966), aceptan que un orgasmo vulvar sigue siendo el mismo, independientemente de cuál sea la fuente de estimulación, clitoridiana o vaginal. Pero para Singer y Singer el orgasmo uterino no implica contracciones vulvares. Ocurre solo como respuesta a empujes profundos del pene contra el cuello uterino. Estos empujes desplazan ligeramente el útero y estimulan los tejidos que cubren los órganos abdominales. El orgasmo uterino se acompaña por un cierto patrón de respiración: jadeos o bocanadas de aire que son seguidos por un sostenimiento involuntario del aliento mientras se aproxima el orgasmo. Cuando se alcanza el orgasmo, el aire se expulsa de manera explosiva. El orgasmo uterino se acompaña por profundas sensaciones de relajación y satisfacción sexual.
El tercer tipo —orgasmo mezclado— combina características de los orgasmos vulvar y uterino. Implica a ambos: es una respuesta involuntaria de respiración sostenida y con- tracciones de los músculos pélvicos. Singer y Singer destacan que el tipo de orgasmo que experimentan las mujeres —vulvar, uterino o mixto— depende de factores como las zo- nas del cuerpo que son estimuladas y la duración de la estimulación. Cada uno produce su propio tipo de satisfacción y ninguno es necesariamente mejor que otro. La hipótesis de Singer y Singer de tres tipos de orgasmo femenino sigue siendo controvertida.
La pregunta del punto G: ¿Qué es el punto G? El punto de Grafenberg, o punto G, es en teoría una parte de la vagina —una zona en forma de alubia en la pared anterior que pue- de tener una importancia erótica especial—. Se cree que el punto G está a unos 2,5 a 5 cm de la entrada de la vagina y consiste en una masa de tejido blanda que se hincha hasta el tamaño de una moneda cuando se estimula (véase la Figura 4.6). El nombre viene del gi- necólogo Ernest Grafenberg, que fue el primero en sugerir la posible importancia erótica
Punto de
Grafenberg Una parte
de la pared anterior de la vagina cuyo estímulo prolongado, en teoría, provoca orgasmos particularmente intensos y una eyaculación femenina. Abreviadamente, punto G.
del área. El punto se puede estimular directamente con los dedos de la mujer o de su pare- ja, o por los movimientos del pene si la penetración es posterior, o en la posición de la mu- jer encima. Algunos investigadores sugieren que la estimulación del punto produce sensa- ciones eróticas intensas y, con la estimulación prolongada, una forma de orgasmo distinta que se caracteriza por un intenso placer y, en algunos casos, un suceso que antes se pensa- ba era solo patrimonio del hombre: la eyaculación (Perry & Whipple, 1981; Whipple & Ko- misaruk, 1988). Estas posturas han dado lugar a numerosas controversias. En un experi- mento de laboratorio, Zaviacic y sus colegas (1988a, 1988b) encontraron evidencia de una eyaculación en 10 de 27 mujeres estudiadas. Algunos investigadores creen que este fluido es orina que algunas mujeres liberan involuntariamente durante el orgasmo. Otros creen que es diferente de la orina (Zaviacic & Whipple, 1993). La naturaleza de este fluido y su fuente permanecen poco claras, pero Zaviacic y Whipple (1993) sugieren que puede ser un fluido que es liberado durante el sexo por una «próstata femenina», un sistema de conduc- tos y glándulas llamado glándulas de Skene, de una manera parecida a como el semen es li- berado por la próstata en los hombres. Zaviacic y Whipple sugieren que «muchas mujeres que sienten que se están orinando durante el sexo... [deberían ser ayudadas por] el conoci- miento de que el fluido que producen puede ser diferente de la orina y un fenómeno nor- mal que sucede durante la respuesta sexual» (1993, p. 149). Sin embargo, algunas mujeres pueden emitir orina durante el coito, quizás por incontinencia producida por estrés urina- rio (Zaviacic & Whipple, 1993). Zaviacic y Whipple también destacan que la estimulación del punto G puede producir la eyaculación en unas mujeres y no en otras.
Incluso los partidarios de la existencia del punto G admiten que es difícil de localizar porque no es visible (Ladas et al., 1982). Terence Hines (2001) resume las críticas de las in- vestigaciones del punto G haciendo notar que se basa en anécdotas y estudios de casos prácticos con un número muy pequeño de sujetos. Hines caracteriza la evidencia de la existencia del punto G como débil y sin apoyo de la investigación anatómica y bioquími- ca más rigurosa. Califica el punto G como «un mito ginecológico moderno». Los críticos también hacen notar que toda la parte anterior de la vagina, no solo un área, está llena de terminaciones nerviosas y sensitivas a la estimulación erótica.
Es necesario investigar más para determinar las bases científicas que defienden la exis- tencia de diferentes tipos de orgasmo femenino y si hay lugares específicos de la vagina que sean especialmente sensibles a la estimulación erótica.
Figura 4.6. Punto de Grafenberg. En
teoría, el punto G puede estimularse con los dedos o con la penetración posterior o la postura de la mujer encima. ¿La estimulación del punto G produce sensaciones eróticas intensas y una forma distinta de orgasmo?
Punto G Clítoris
Útero Ano
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