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Sobre cuál debería ser la labor o la función del docente para llevar a cabo actividades dramáticas en el aula, hay que aclarar que su rol ha de ser diferente al usual, y es precisamente este aspecto el que crea cierta reticencia al emplear la dramatización, ya que hay docentes que se sienten incómodos al tener que establecer nuevas relaciones con los estudiantes, temiendo perder el respeto y la autoridad que le confiere su labor en el aula. Existe una relación proporcional entre la edad de los estudiantes y la inseguridad que los docentes tienen a que éstos le pierdan el respeto. Los expertos sugieren:

- El docente será un facilitador, colaborador y guía, carente de esa imagen de autoridad que siempre le ha precedido (Robbins, 1994). - Ha de ser un asistente, guía y provocador de pensamiento y juicios

de valor, su función es más la de sugerir y proponer que la de imponer (Annarella, 1999 y Curren, 1995).

- El docente debe ayudar a los alumnos a expresarse (McCaslin, 1990).

- Ha de guiarlos en su proceso de aprendizaje (Tejerina, 2004).

Una vez realizada la actividad dramática en el aula, surge la duda sobre cómo evaluarla. Según algunas publicaciones, la supuesta subjetividad y complejidad para valorar el trabajo de los estudiantes, por la falta de criterios que puntúen adecuadamente cada aspecto de la dramatización, lleva a que ésta se realice a través de instrumentos poco fiables. Para Motos (1996), no sólo es posible evaluar la dramatización sino que se debe realizar como en cualquier otro proceso de aprendizaje, aunque habría que puntualizar que más que medir los resultados obtenidos habría que valorarlos, ya que el sistema de evaluación usual no es compatible con la dramatización. Por ello se evaluarían las habilidades, los conocimientos y las aptitudes individuales, y teniendo en cuenta que lo importante es el proceso y no el resultado, el docente habrá de valorar aspectos como los siguientes (Motos, 1996):

- La satisfacción producida en los participantes por el trabajo realizado. - El desarrollo de los papeles adoptados por cada uno.

- La utilización de los recursos y medios adecuados para expresar lo que se quiere comunicar.

- El empleo de distintas formas de expresión. - La integración grupal.

- La participación en actividades colectivas.

De igual forma, el autor recomienda como parte de la práctica de la dramatización, dejar siempre un período al final de las sesiones para la valoración de las mismas, bien de forma oral o escrita.

Si tenemos en cuenta que la implicación de los estudiantes con la dramatización es primordialmente emocional, psicológica y personal, evaluar la labor de los estudiantes de forma negativa (no me gustó, no es bonito,...) puede ser muy perjudicial para ellos (Morris, 2001). Si “las notas para algunos estudiantes y sus padres representan un modo de clasificación, dependiendo

Reinventar la profesión docente

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de la cantidad de información aprendida” (Collazo y López Méndez, 1994: p.4), en nuestro caso dicho sistema de valoración no tiene cabida, ya que el estudiante no sólo está adquiriendo conocimientos, sino que como hemos comprobado, existen una serie de beneficios que habrá que evaluarlos en cada uno de los estudiantes. Si una de las características primordiales de la dramatización es el proceso vs el resultado final, el sistema de evaluación contemplaría por ejemplo las estrategias que el alumnado ha llevado a cabo para su aprendizaje, las características del proceso de trabajo con los compañeros, las limitaciones que han sido superadas, y los objetivos que se han logrado a nivel de motivación y autoestima.

A continuación exponemos algunas sugerencias sobre diferentes propuestas para evaluar la dramatización:

- Morris (2001, p.79): Se puede llevar a cabo una evaluación entre compañeros de clase, siguiendo unos criterios pre-establecidos entre todos. Se excluirían comentarios que hagan referencia a si les gustó o no lo expuesto, fomentando la argumentación de opiniones a través de entrevistas personales con quienes realizaron los trabajos, conociendo así de forma más clara la implicación de cada compañero en su proyecto.

- Silks, (1958, p.123): Las evaluaciones realizadas por parte del profesor han de ser menos comparativas y excluyentes (evitando los aprobados y suspensos), por lo que se recomienda que sean más personales, analizando y evaluando las acciones, los juegos dramáticos y los trabajos en términos de: calidad creativa, trabajo en equipo, destrezas en expresión, comunicación y asimilación del contenido del temario de clase.

- Schurr, (1998, p.41): Puede realizarse un auténtico proceso de evaluación lo más realista y objetivo posible a través de las evidencias del aprendizaje, las cuales se verán reflejadas en los proyectos a través de la evaluación por portafolios, y así como aquellas otras que valoren su rendimiento.

Precisamente el portafolio fue el medio que utilizamos en nuestra investigación para evaluar a los estudiantes, ya que la elaboración del mismo no es un proceso tan sencillo como pudiera parecer, sino que es necesario establecer una planificación para construirlo, definiendo cómo será su administración. Ya que no hay una manera correcta o única de crear los portafolios, hay que tener en cuenta ciertos criterios para valorar sus propósitos específicos, dependiendo de cada grupo de estudiantes.

Entre las características del portafolio estudiantil destacan (Verdejo y Medina, 2008):

-­‐ Es un producto creado a partir de la selección del estudiante

-­‐ Es un medio individual que sirve para apreciar, valorar y comprender el aprendizaje y progreso del estudiante, revelándose lo que aprendió, lo

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que puede hacer, así como sus progresos y sus logros. De igual forma, el estudiante comparte, comunica sus inquietudes, ideas y estrategias. Se consigue pro tanto, mantener en los estudiantes el interés y el control sobre el portafolio, ya que de lo contrario se convertiría en una asignación impuesta.

-­‐ El portafolio es también flexible, ya que puede ser utilizado en diferentes asignaturas curriculares, mostrando el desarrollo del conocimiento de destrezas y actitudes, proveyendo al maestro de una fuente de evidencias variadas, para así formular conclusiones y juicios acerca del aprendizaje de los estudiantes.

-­‐ Promueve cambios en las prácticas de evaluación a través de una participación activa y la responsabilidad por el aprendizaje, siendo un vehículo para que los estudiantes aprendan a apreciar y estimar su trabajo.

-­‐ Contiene la mayor información que demuestra el progreso y aprendizaje del estudiante.

-­‐ Fomenta la reflexión para que los estudiantes piensen y asuman la responsabilidad de su propio aprendizaje. Es un proceso de pensamiento cerca de lo que se ha aprendido, producido y elaborado, así como lo que se quiere alcanzar. Mediante la reflexión se espera poder identificar fortalezas y dificultades tanto en los trabajos, como de los propios estudiantes, ya que se espera que estos tomen una posición crítica ante los trabajos del portafolio, destacando qué metas han logrados y qué necesitan mejorar.

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