P
reguntas: ¿es seguro para mí explorar e intentar nuevas cosas? ¿Puedo confiar enlo que aprendo? ¿Puedo retener y soltar? ¿Puedo dar y recibir?
Cualidades a desarrollar: esta es una etapa importante de autoconfianza. De
confiar en nuestros sentidos, en los movimientos de nuestro cuerpo, en sentirnos seguros para explorar. Aprender a explorar el entorno sin tener que pensar, solo sentir. Ponernos en relación con las sensaciones del cuerpo y el contacto con la naturaleza. El poder desarrollar nuestra curiosidad, disfrutar aprendiendo. Desarrollar la iniciativa y la voluntad de llevar cosas a cabo y terminarlas. Sentirnos libres para movernos por el mundo. También tiene que ver con el retener y soltar, dar y recibir.
Si en la etapa anterior éramos más pasivos en el sentido de no poder desplazarnos y por lo tanto estábamos más centrados en qué sentíamos, ahora podemos ser curiosos moviéndonos. Aprendemos a fiarnos de que podemos mover nuestro cuerpo, de que estamos seguros para poder explorar. Ya podemos sentarnos, gatear, tirar cosas y escuchar cómo hacen ruido. Habremos pasado de gatear (que es muy importante para desarrollar nuestra sensación del eje central de la columna) a irnos apoyando y levantándonos, e incluso empezar a andar. En esta etapa queremos explorar por nuestra cuenta pero también queremos contar con el apoyo de un adulto por si lo necesitamos. Los padres nos tienen que proporcionar un entorno seguro para que podamos explorar sin peligro.
Normalmente aquí, junto con la figura nutritiva que nos proporciona cuidados y nutrición, necesitamos la orientación y estructura, los límites que nos hacen sentirnos seguros. Este es el momento en que toma una función relevante la figura protectora, normalmente el padre, que nos orienta y guía en nuestra exploración. Esta etapa tiene que ver con movernos, hacer cosas, con la creatividad, la motivación, la curiosidad, el asombro y la inocencia. Si nos falta el apoyo exterior para poder llevar a cabo las actividades exploratorias de esta etapa, no aprenderemos a tener apoyo interno o confianza en nuestros recursos para realizar nuestras tareas. Nos podemos cuestionar si ser activos o pasivos (no nos atreveremos si no tenemos sensación de arraigo o
seguridad de base, que tendrá mucho que ver con la etapa anterior). Todo nos llama la atención, lo miramos con inocencia, asombro y sin juicio. Cuando lo probamos y lo sentimos en el cuerpo es cuando nos damos cuenta si produce placer o displacer, si nos gusta o nos disgusta. Es una etapa de probar. Aquí empieza, aunque se consolida en la siguiente etapa, la transición de la dependencia a la autonomía.
Esta es la fase de hacer, de explorar el mundo a través de los cinco sentidos, el sentido propioceptor y el de estar vivo. Aprendemos a fiarnos de nuestros sentidos, de que podemos usarlos para atraer las cosas hacia nosotros y descubrir cómo se sienten. Necesitamos estimulación para desarrollarnos; así pues, nos sale de forma natural el querer, mirar, oír, gustar, tocar, oler, movernos y explorar el mundo. Estamos orientados al placer. Necesitamos descubrir cómo nos sientan las cosas, y esto lo hacemos a través de los sentidos. Es una etapa de incorporación y de
expresión. Aprendemos haciendo, probando por ensayo y error, repitiendo, no
reflexionando. El estar en contacto con nuestras sensaciones sienta las bases de
nuestras percepciones, que luego van a dar lugar a nuestra manera de pensar.
Nos distraemos con facilidad, hay tantos estímulos interesantes que es difícil mantener la atención; todo es nuevo, todo atrae. No tenemos capacidad para restringir nuestros impulsos por nosotros mismos; por ello los padres tienen que enseñarnos los límites. Con estos viene la frustración, y aprender a manejarla es importante. No obstante, los padres deberían animarnos a desarrollar nuestras capacidades; cuando los padres tienen miedo de que nos podamos hacer daño y nos sobreprotegen, nos hacen sentirnos torpes y tener miedo y nos volvemos cautelosos y retraídos. Si nos restringen la movilidad nos van a coartar la iniciativa. Es como si nos dijéramos: «Para qué lo voy a intentar si no me van a dejar», o «Si me dejan me van a estar corrigiendo», o «Mis padres van a pasar miedo y me van a hacer pasar miedo… Total, para qué».
En la medida en que vamos confiando en nuestras capacidades vamos haciendo más cosas y empezamos a querer actuar con más autonomía y voluntad. La lucha entre querer seguir nuestros impulsos y los límites que nos ponen desde fuera puede crear duda y vergüenza si no nos tratan con cariño y amor. Es la lucha entre seguir nuestros instintos en vez de hacer lo que nos piden desde fuera porque es lo socialmente correcto.
Es conveniente que los padres no juzguen ni interpreten los comportamientos de los niños, pues estos pensarán que no les aceptan y les desaprueban. Lo que no es útil es criticar, avergonzar o descontarnos; así, solo nos sentimos no queridos. No distinguimos entre que se enfaden con nosotros porque no nos quieren o que lo hagan porque nos hemos portado mal. Por eso conviene que nos animen, alienten y enseñen con mucha paciencia, para que podamos aprender. Si nos celebran lo que hacemos bien, nos motivan para que sigamos interesados en aprender y queramos practicar hasta que lo sepamos hacer.
De niños necesitamos disfrutar de aprender lo que estamos conociendo, ser creativos y activos y recibir apoyo mientras estamos haciendo todas esas cosas. Saber que vamos a recibir ayuda si la necesitamos nos ayuda a desarrollar la
iniciativa. Cuando de niños disfrutamos probando todo, incluyendo mojarnos,
mancharnos y revolcarnos por la tierra, y se nos permite, desarrollamos la
capacidad de disfrute. Cuando se nos limita, se nos desaprueba, se nos critica,
entonces se nos está limitando la capacidad de disfrute. O si se nos reprende por ensuciarnos, por «no portarnos como una señorita» o se nos dice que «somos un desastre», poco a poco van minando nuestras ganas de aprender y disfrutar.
En esta etapa los padres continúan creando fuertes vínculos o apegos con nosotros y nos empiezan a exponer a otros apegos con otras personas que pueden ser importantes para nosotros, como abuelos, tíos, cuidadoras... Un entorno seguro, amoroso y nutritivo crea un sentido de: «Este es un lugar donde alguien me quiere». Nuestros padres crean relaciones con otros padres que tienen niños de nuestra misma edad y esto hace que aprendamos a depender además de otras personas de confianza.
En esta etapa el contacto adecuado, el sostener, coger, acariciar y apoyar sigue siendo muy importante. A través del contacto percibimos la conexión con el otro. De niños vamos a intentar alejarnos y volvemos para asegurarnos que el adulto sigue ahí y nos sigue apoyando y dando seguridad. Cuando los padres no tienen paciencia, y no nos permiten que disfrutemos mientras hacemos algo o están demasiado enfocados en los resultados, nos decimos: «No lo haces bien, date prisa, no disfrutes hazlo», o por el contrario: «Para qué lo voy a hacer si no lo hago bien, ya no lo intento, no me gusta».
A caballo de esta etapa y la siguiente se da el aprender a retener y soltar: con las manos, boca y esfínteres. A partir de los 2 años es la época en la cual se enseña a los niños a controlar los esfínteres, a hacer «pipí y popo» en el orinal en vez de encima. A veces a los mayores nos cuesta hablar de pis y caca porque nos enfrenta con muchas cosas que tal vez no queramos ver, y es que los niños pueden decidir retener a voluntad su pis y su caca y hacerlo dónde y cuándo lo desean. Es como si tuvieran cierto poder donde ellos deciden, y disfrutan pudiendo decidir. Aquí no podemos mandar, ni forzar, ni obligar. Además, no es lo mismo el día que la noche. Puede que durante el día podamos controlar los esfínteres y no por la noche, lo que les crea bastante desilusión a nuestros padres. Además en esta etapa habrá muchos avances y retrocesos y es un periodo de bastante frustración para nuestros padres y el comienzo de nuestra sensación de vergüenza. Esta surge cuando vemos las caras de frustración, desaprobación o asco de nuestros padres cuando nos hemos hecho pis y caca encima. Es una sensación de impotencia porque en un principio no hemos desarrollado la capacidad de controlar. Sin embargo, cuando aprendemos a controlar y nos damos cuenta de que podemos ejercer un control sobre ello, nos produce
placer el poder decidir qué hacemos.
La necesidad relacional de dar y recibir afecto también cobra importancia en
esta etapa. Si de niños captamos que solo recibimos afecto si hacemos las cosas bien, sentiremos mucha tensión si hacemos las cosas mal. Es muy importante que los adultos nos aseguren que nos quieren siempre, aunque nos corrijan los comportamientos o nos enseñen a hacer las cosas mejor. Es importante para nosotros escuchar: «Mamá y papá te quieren siempre, pero hay que cambiar lo que haces, hay que hacerlo mejor».
Comportamientos parentales negativos:
No proporcionan protección. Restringen la movilidad.
Critican o avergüenzan al niño por explorar. Le castigan por tener comportamientos infantiles. Esperan que los niños no toquen objetos valiosos.
Esperan que los niños controlen los esfínteres demasiado pronto.
Diálogo interno: no soy suficiente. No es seguro explorar. Lo que hago y cómo
lo hago no está bien. Me contengo y no pruebo cosas nuevas porque no lo voy a hacer bien. Me van a avergonzar y me voy a sentir torpe. Tendré que buscar la aprobación de los demás.
Autosabotaje: podemos tener falta de motivación para hacer las cosas o
empezarlas y darnos cuenta que nos ha fallado la motivación. Empezamos cosas pero no las acabamos por miedo a la desaprobación. En vez de iniciar, intentar, perseverar, desarrollando la voluntad, lo dejamos si no nos es fácil y rápido. También podemos volvernos dependientes y esperar que otros nos ayuden. Podemos decir que vamos a hacer algo y luego no hacerlo. Hay problemas con las comparaciones con otros, sintiendo que no damos la talla. Usamos el mecanismo de la proyección; esto quiere decir ver en el otro lo que realmente está en nuestra propia mente; por ejemplo, imaginar la desaprobación por parte del otro cuando es una desaprobación que nos hacemos a nosotros mismos. Lo que está en el fondo de estos autosabotajes son mandatos como los siguientes: «No hagas cosas, no seas curioso, no inicies, no te molestes, no lo vas a hacer bien, no sabes». Aprendemos a observar el comportamiento de los otros adivinando lo que necesitan los demás y terminamos complaciendo en vez de actuando para aprender.
Claves de que hay fallos en esta etapa:
Ser hiperactivo o hipercallado.
Evitar hacer las cosas, o no hacerlas si no las vas a hacer perfectas. Ser compulsivamente ordenado y pulcro o dejado y despreocupado. No creer que sabes lo que sabes (sientes que no tienes credibilidad). Pensar que no importa sentirse inseguro, no apoyado y protegido.
Acciones reparativas:
Poder pedir ayuda cuando la necesitas.
Vete a apreciar un lugar donde no hayas estado antes. Expande tus iniciativas.
Explora objetos, muévelos, huélelos, míralos, escúchalos, apílalos y obsérvalos atentamente; date cuenta de cómo te sientes cuando estás aprendiendo.
Explora nuevos talentos, comidas, actividades y culturas. Intenta ir al trabajo por diferentes rutas.
Afirmaciones para potenciar la exploración:
Está bien que seas curioso y quieras mirar, tocar y probar las cosas.
Estoy aquí para atender tus necesidades, tú no tienes que atender las mías. Puedes utilizar todos tus sentidos cuando explores.
Puedes explorar y experimentar y yo te apoyaré y protegeré. Puedes hacer las cosas tantas veces como necesites.
Puedes estar interesado en todo.
Me gusta observarte iniciar las cosas, crecer y aprender. Te quiero cuando estás activo y cuando estás tranquilo. Está bien sentirte asustado cuando no puedes.
Está bien enfadarte cuando no te salen las cosas como quieres. Está bien estar triste cuando necesitas atención y no la recibes. Puedes ser tú mismo y contar con que estaré a tu lado.
Ejercicio de narración: imagina cómo fueron tus primeros movimientos,
reptando, gateando, andando, y las sensaciones al respecto. Imagina tus ganas de explorar, de probar, tu curiosidad y asombro.
Escribe cómo te gustaría que los demás te apoyaran y animaran para que desarrollaras las capacidades que se quedaron bloqueadas en esta etapa.
Recuerda a las personas que sí confiaron en ti y rememora cómo te animaban y cómo te sentías cuando confiaban.
Reflexiones:
¿Confías en las sensaciones que tu cuerpo siente respecto de las cosas? ¿Respondes a esas necesidades cuando sabes las que son o las niegas? ¿Qué te dices a ti mismo respecto de intentar algo nuevo?
¿Qué te hace pensar que no puedes o no vale la pena intentar algo nuevo? ¿Cómo anticipas que van a reaccionar las personas significativas cuando intentas hacer algo nuevo?
Explora tu sensación de vergüenza respecto de no hacer las cosas del todo bien.
Comprobación de que has desarrollado las destrezas de esta etapa:
Cuando te pones en contacto con tus sensaciones y necesidades y las escuchas.
Cuando te des permiso para no saber hacer algo sin que te dé vergüenza. Cuando desarrollas tu curiosidad, tu creatividad, tus ganas de aprender. Cuando te permites pedir apoyo para aprender a hacer las cosas que no has aprendido.
Cuando te permites hacer las cosas lentamente, equivocarte, y volverlo a intentar.
Cuando empiezas a confiar en tus posibilidades de desarrollar nuevas destrezas.
Cuando no te pones metas sino que te permites hacer algo por el mero disfrute de hacerlo.