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5. RESULTS

5.1. Perceptions on the farming vulnerability and adaptation to changing rainfall

El paciente es, junto a la enfermera, uno de los protagonistas del cuidado por motivo de la interacción necesaria que se produce entre ambos en el acto del cuidado y de la atención de las necesidades del enfermo. Por este motivo, se considera importante profundizar en la percepción del paciente acerca del cuidado que recibe, así como en conocer el cuidado que éste espera recibir de los profesionales que le atienden.

A raíz del interés surgido por aproximarse a la experiencia del propio paciente, surgen durante la última década numerosos estudios (Findik, Unsar y Sut, 2010; Zhao Akkadechanunt y Xue, 2008; Mira, Galdón, García, Velasco, Lorenzo, Vitaller y Buil, 1999; Palacio Lapuente, Marquet Palomer y Oliver Esteve, 2003; González-Valentín, Padín López, y de Ramón Garrido, 2005; Mira et al., 2002; Fröjd, Swenne, Rubertsson, Gunningberg y Wadensten, 2011) que han orientado sus objetivos a estudiar el cuidado desde la perspectiva del paciente, así como a evaluar el grado de satisfacción que presentan ante los cuidados recibidos y percibidos.

El abordaje metodológico para descubrir las causas de satisfacción o insatisfacción de los pacientes en el ámbito sanitario se ha llevado a cabo a través de técnicas tanto cualitativas (Mira et al., 2002;) como cuantitativas (Findik, Unsar y Sut,2010).

Estudios como el de Findik, Unsar y Sut (2010) resaltan diversos factores relacionados con el grado de satisfacción de los pacientes, destacando los hospitales de gestión privada como los que tienen una mayor satisfacción entre los pacientes. No destaca únicamente el tipo de gestión, sino que lo relaciona con características de los pacientes, mostrando diferencias sustanciales en la satisfacción en función del sexo, la edad, el nivel cultural y los ingresos económicos, todos ellos factores ligados al propio paciente; pero, por otro lado, explica la existencia de factores externos como los relacionados con la duración del ingreso o el tipo de unidad en la que está ingresado. En todos los estudios

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se puede apreciar una nota común: la relación esencial que existe entre el profesional de enfermería y el cuidado que proporciona con el grado de satisfacción del paciente.

En general se puede concluir que los pacientes están satisfechos de los cuidados de enfermería que reciben (O’Connell, Young y Twigg, 1999; Akin y Erdogan, 2007; Hekkert Cihangir, Kleefstra, Van den Berg y Kool, 2009), siendo indiferente el país en el que se haya llevado a cabo el estudio. Todos reflejan un nivel de satisfacción aceptable. Los pacientes estudiados valoran positivamente (Findik, Unsar y Sut, 2010) tanto el cuidado proporcionado como las habilidades necesarias para proporcionar los cuidados.

Sin embargo, otras investigaciones, como la de González-Valentín (2005), ponen de manifiesto la necesidad de modificar el modo y la cantidad de información que proporcionan los profesionales a los pacientes, así como la cercanía en el trato que proporcionan las enfermeras, expresada fundamentalmente en el conocimiento del nombre de la enfermera que les va a atender.

La expectativa de cuidado manifestada por el paciente es la que debería marcar tanto el aprendizaje como la práctica dentro de la disciplina enfermera, adecuando constantemente los valores profesionales a las necesidades de la sociedad.

No obstante, del mismo modo en que se considera relevante conocer las expectativas y las percepciones de los pacientes, el estudio llevado a cabo por Souza, Brêtas y Matheus, (2009) pone de manifiesto la necesidad de comprender lo que el término humanización significa para los profesionales de enfermería. Este estudio destaca tanto el desconocimiento por parte de los profesionales sobre el significado del término “humanización”, como la relación de éste con la tecnología y la falta de comunicación entre los profesionales y los pacientes. Pero no únicamente señala como responsable a la falta de interrelación, sino que también responsabiliza a las propias instituciones hospitalarias por la falta de tiempo y de recursos con los que los profesionales deben desempeñar sus tareas, implicando a las áreas gestoras en la humanización del cuidado.

Los estudios mencionados tienen en común diversos conceptos que, según los profesionales, ayudan a humanizar la enfermería. Entre ellos se pueden destacar:

• Tratar como a uno mismo le gustaría ser tratado • Pensar en la persona y no en la enfermedad • Compromiso con la persona cuidada

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Según los artículos mencionados, la percepción de la calidad del cuidado de las enfermeras difiere sustancialmente de la percibida por los pacientes (Zhao Akkadechanunt y Xue, 2008; Fröjd, Swenne, Rubertsson, Gunningberg y Wadensten, 2011). Mientras los profesionales de enfermería ponen sus expectativas y supeditan sus valores de cuidado a la cantidad de personal, el trabajo en equipo y las relaciones interpersonales, los pacientes valoran la competencia y las habilidades técnicas del personal que le atiende.

Sin embargo, hay que destacar en contraposición, otros estudios como el de Daza de Caballero, Torres Pique y Prieto de Romano (2005), en el que sí se evidencia por parte de los pacientes una necesidad de ser cuidado desde una perspectiva más humana, ya que valoran más el trato que reciben por parte de los estudiantes de enfermería que de los propios profesionales, debido a un distanciamiento entre lo teórico y lo práctico como consecuencia de las vivencias personales en el ámbito hospitalario.

Por tanto, se evidencia una necesidad de reorientar el tipo de cuidado en función de las expectativas del paciente para alcanzar un nivel óptimo en la calidad del cuidado percibido, pero incluyendo valores humanos y profesionales que recuperen el sentido de la práctica de enfermería.

A modo de conclusión a todo lo expuesto en este capítulo, es necesario resaltar la importancia de ofrecer un cuidado centrado en el paciente y en valores por parte del personal de enfermería. Este cuidado humanizado se debe, tal como explica Watson, a que los pacientes necesitan que se les atienda de una forma integral, de modo que se les preste una atención que fomente el humanismo, ya que se podría afirmar que el cuidado de los pacientes únicamente resulta eficaz cuando se practica de forma interpersonal.

Sin embargo, no se puede olvidar, tal como apunta Medina (2005), que para que exista una humanización de los cuidados de enfermería es imprescindible que el propio profesional de enfermería sea el que detecte esta necesidad de cambio, a la par que se dé en un cambio de paradigma en el estudio, la reflexión, la voluntad y el deseo de mejora.

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