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Performance comparison with existing work

CHAPTER 3 DISTRIBUTED CONVEX ENERGY EXCHANGE FRAMEWORKS

3.3 Distributed model and algorithm

3.4.5 Performance comparison with existing work

La mejor forma de armonizar Ajna es abriéndonos a la visión. La meditación, magnífico recurso para abrir y armonizar todos los chakras, es el instrumento por excelencia en éste, ya que es la manera de acallar nuestra mente y escuchar nuestra voz interna.

Pero además de la meditación, el sexto chakra puede beneficiarse enormemente si practicamos la visión aural. La posibilidad de ver los campos sutiles ha fascinado al hombre desde tiempos remotos. Aunque parezca increíble, la percepción visual de estos campos es una forma de conocimiento perceptual humano, que potencialmente existe en todas las personas y puede ser estimulada mediante técnicas específicas muy sencillas. Una de ellas, que ya mencionamos en la Introducción, es la visión aural, que desarrolla potencialidades humanas no habituales, permitiendo alcanzar esta habilidad.

La visión aural reconoce la existencia de los campos sutiles, que trascienden a la realidad física e interpenetran y rodean a todas las cosas existentes. Cuando hablamos de campos sutiles nos estamos refiriendo al otro lado de las cosas, al medio en que se producen y manifiestan ciertos fenómenos que no se someten a una interpretación física convencional y hacen referencia a un nivel más profundo de la realidad o a una dimensión paralela y menos accesible.

Abrirnos a la visión aural es en realidad una vía para abrir y armonizar el Tercer Ojo. Junto a la visión aural, son también recomendables otras prácticas que hacen nuestra mente más ágil.

La proyección astral (estando debidamente protegidos) y la habilidad de introducirse en objetos, animales, plantas y personas son también prácticas aconsejables. Para hacer esto basta con ponerse en actitud de meditación, relajarse y conectar con un objeto e intentar sentirlo hasta que, haciendo una proyección astral, consigamos introducirnos en él. Entonces se realiza un ejercicio consistente en sentir su energía y visualizar su perspectiva. Si se trata de un ser vivo, hemos de pedir permiso a esa entidad. Ésta es una práctica que desarrollan algunos sanadores y chamanes, especialmente los vinculados al nagualismo.

Pasar tiempo solo, mirando al cielo estrellado y contemplando el vacío, también abre y armoniza el segundo chakra. Otras maneras de trabajar con Ajna son: contemplar el cielo de la hora azul, justo después del atardecer; conectar con nuestros guías a través de una visualización guiada, pedirles consejo a través de paquetes de pensamiento y escribirlos en un diario; llevar un diario de sueños y sincronicidades, apuntando asimismo nuestras intuiciones y percepciones, lo cual ayuda a desarrollar la conciencia simbólica, y practicar la visualización para crear lo que deseemos en nuestra vida. Es recomendable colocar las gemas y cristales indicados (amatista, apatita morada, azurita, calcita, zafiro, fluorita, lapislázuli) en el entrecejo mientras nos tumbamos para meditar; vestirse de añil o índigo y hacer un altar en el que reine este color: piedras, velas, los inciensos y esencias apropiadas.

Desde un punto de vista psicoterapéutico, propongo varias opciones. Por un lado, para desarrollar la conciencia simbólica y autonoconocerse, descubriendo los patrones internos, y encaminarnos a la creación de nuestra vida de una forma consciente, sugiero el trabajo con el inconsciente a través del viaje del héroe, es decir, el trabajo con sueños, sincronicidades, cuentos, arquetipos, regresiones y demás manifestaciones del inconsciente.

La terapia regresiva, de la que ya hablamos cuando tratamos el primer chakra, puede ayudarnos a conocernos, recuperando nuestro pasado para vivir mejor el presente; además, también nos ayuda a salirnos de la linealidad del tiempo y nos permite percibirlo tal y como es en nuestro inconsciente: simultáneo. La sanación de las vidas pasadas libera nuestro presente y nos proyecta a un futuro más pleno. Las progresiones podrían ser de gran utilidad como broche final de una terapia regresiva. Asimismo, la terapia regresiva es

una herramienta muy poderosa para unir los hemisferios cerebrales (libera la emoción y pone a la lógica a interpretar, desde la experiencia vivida, lo que el hemisferio derecho siente) y desarrollar la conciencia simbólica (las regresiones son como los sueños, tienen una dimensión real y otra metafórica, ambas igualmente válidas y valiosas).

Otra herramienta enormemente efectiva a la hora de abrir y armonizar Ajna es la terapia tensérgica. Está basada en la idea de que el cuerpo es el reflejo de las emociones, y consiste en un masaje con las manos, piedras y cuarzos buscando los bloqueos energéticos que se descubren como puntos ciegos de energía en los que se concentra el dolor. Al entrar físicamente en contacto con estas zonas localizadas, la persona entra en un estado alterado de conciencia por el que suele revivir una situación emocional que quedó bloqueada y se libera experimentándose el dolor. El resultado es una reestructuración del organismo desde el punto de vista físico, mental y emocional.

Muy beneficioso para Ajna es el EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing), psicoterapia

que consiste en la estimulación bilateral de los dos hemisferios cerebrales a través de la vista (con el clásico reloj que se mueve de un lado a otro utilizado en las películas por los hipnólogos), del oído (con un tambor tocado por el terapeuta) o del tacto (dando suaves y rítmicos golpecitos sobre las piernas o los pies del paciente como si se tratara de un tambor). Esto se traduce en un movimiento ocular, que es el que vivimos durante nuestro sueño diario en la fase REM, lo que induce a un estado de relajación que facilita la conexión

de los dos hemisferios cerebrales. De esta manera se accede a las emociones y acontecimientos pasados no resueltos y, por tanto, reprimidos (hemisferio derecho), siendo el propio paciente quien lo procesa desde su parte lógica y racional (hemisferio izquierdo) y le da una solución. El EMDR en realidad funciona liberando

las emociones y procesando a partir de la lógica y la experiencia adquirida con el tiempo. Son dos herramientas en las que el paciente es quien lleva la batuta y el psicoterapeuta es sólo un guía que le dirige al encuentro con su inconsciente. Es tremendamente eficaz y rápido para procesar experiencias traumáticas pasadas, como abusos y duelos, así como fobias o trastornos psicosomáticos. Se está empleando con las víctimas de atentados terroristas como el del 11-S y el 11-M.

Por último, otra forma de autoconocerse y ponerse en contacto con la propia sabiduría es el asesoramiento filosófico. No es una psicoterapia y quienes lo practican no son psicoterapeutas, sino filósofos. Sin embargo, los que lo han probado reconocen abiertamente que tiene efectos terapéuticos, porque les ha ayudado a ser más felices, algo que no consiguieron a través de la psicología y mucho menos mediante la psiquiatría. Esto mismo decía Lou Marinoff hace unos años con su best seller Más Platón y menos Prozac,12 que fue el libro que dio a conocer al mundo la práctica de la filosofía en nuestra vida cotidiana. Estos filósofos se han opuesto diametralmente a que destierren su disciplina al ámbito de la erudición, del academicismo y de la investigación, y se han aventurado a devolverle el lugar que le dieron los antiguos: el de ser el arte de la vida por excelencia. Para los griegos, el filósofo, lejos de ser el erudito aislado en su torre de marfil, era el que buscaba una visión profunda de la realidad y vivía en armonía con sus creencias. Esta concordancia entre su pensamiento, sus sentimientos y su actuación era lo que le permitía vivir con mayor plenitud. La misión del asesoramiento filosófico es precisamente dar luz a la filosofía que rige la vida de cada persona, desechando los tópicos y aquellas creencias heredadas generacionalmente y que no han pasado por el tamiz de la experiencia personal, para llegar a lo que para cada individuo es la verdad.

Se asemeja a la psicoterapia en que busca el bienestar personal del individuo que acude a esta práctica, pero se diferencia de ella en que el filósofo no trabaja con modelos clínicos ni acude a categorías como síntoma, diagnóstico, tratamiento o enfermedad.

entendiendo la felicidad según el concepto griego antiguo, y no según el actual, es decir, como capacidad para asumir la realidad con su vertiente de luz y de sombra. Si consiguiéramos, como proponían los filósofos de la Antigüedad, vivir en concordancia con lo que pensamos, viviríamos con mayor plenitud.

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