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El concepto de “ética” empezó a permear los discursos de la empresa y el trabajo a mediados de los años 90 paralelamente a los discursos de la gestión empresarial en red. Su intención: sacar a la empresa del paradigma clásico de la separación de los negocios y la ética y buscar una relación armoniosa entre el mundo del beneficio y el mundo de la moral.

Esta preocupación por la ética pretende “reconstruir la confianza perdida” de la sociedad, los inversores y los trabajadores después del rediseño de las empresas y el impacto de sus actividades productivas. Así, las empresas recurren cada vez más a un sin número

de fórmulas para mostrarse sintonizadas con los ideales de comunidad y solidaridad, mientras su horizonte es la búsqueda insaciable de rentabilidad22, que exige la mercantilización de esferas que incluso antes eran impensables y la sobreexplotación de los medios de producción.

La ética se introduce en los negocios para apartar cualquier crítica del funcionamiento de las empresas.

En los últimos años las formulas éticas más utilizadas son las de desarrollo sostenible (DS) y responsabilidad social empresarial (RSE). Bajo estos paradigmas las empresas destinan grandes recursos para crear fundaciones, “comprometerse con el medio ambiente”, apoyar los derechos humanos y crear escuelas, ONGS y otro tipo de instituciones de carácter solidario.

En el caso de la RSE, se argumenta que “la empresa ya no puede ignorar a la sociedad en la que evoluciona; su número de asalariados, su volumen de productos y su influencia económica y política….que… le otorga nuevos deberes” (Marzano, 2011, pág. 118). El paradigma de la RSE se desarrolla sobre 3 ejes (triple bottom line), los cuales son la responsabilidad económica, la responsabilidad social y la responsabilidad medioambiental. La RSE se presenta entonces como un discurso en el que las empresas deben asumir responsabilidades que van más allá de sus actividades productivas para lograr una integración armónica entre medio ambiente, sociedad y empresa. Esta figura de “integración y armonía” le otorga a la empresa un poder simbólico para “ocultarse” de la regulación y control social, pues las empresas son cada vez más quienes aplican al desarrollo de programas para erradicar las problemáticas sociales tornando cada vez más inocuo el rol del gobierno en la solución de problemáticas sociales y en la implementación de reglamentaciones para las actividades empresariales. Además, la RSE permite a las empresas prevenirse contra movimientos sociales y mediáticos23 al

22 Precisamente, la RSE ha querido justificarse como un paradigma en el que las empresas no

solo tienen como objetivo la maximización de beneficios sino también un compromiso con la sociedad. Sin embargo, la RSE ha devenido como la manera más fácil de mostrar una cara amigable de las empresas cuando estas recurren a trampas (como el hecho de crear pseudo- fundaciones para reducir impuestos etc.), cuando violan los derechos de los trabajadores, cuando desconocen las normas y cuando recurren a la competencia desleal. En resumen, la RSE es entonces una limpieza de imagen ante prácticas ilegales y desleales que incurren.

23 Es el caso de reacciones a empresas como Coca Cola y Nestlé frente a la violación de

mostrar que las empresas tienen “cualidades humanas”. En resumen, “la ética” en la empresa es una forma de compensación. “Se hace ética como se hace publicidad. Se vende bien y permite atraer la atención del público” (Marzano, 2011, pág. 121).

Hemos podido identificar 4 conexiones entre emprendimiento y RSE. En primer lugar el discurso emprenderista ha llegado a potenciar los ejes de responsabilidad social y económica en el discurso de la RSE. La financiación y el desarrollo de “proyectos productivos” empiezan a tomar cada vez más fuerza como una de las opciones que tienen las empresas para contribuir al bienestar de las comunidades abordando problemáticas socioeconómicas como el desempleo.

En segundo lugar, el emprenderismo ha llegado a potenciar la RSE bajo el discurso de “la inclusión económica” en el que se llama a pequeñas comunidades y pequeños productores a que se integren o hagan parte del proceso económico de las grandes compañías24.

En tercer lugar, el discurso del emprendimiento hace énfasis en la necesidad de que no solo las grandes empresas sino también los nuevo emprendimientos tengan programas de RSE. Se señala que “es un error creer que sólo tienen responsabilidad las grandes empresas que ocasionan daños ambientales o sociales” (Dinero, 2010, pág. 35). Los nuevos emprendimientos deben entonces iniciar su gestión incluyendo los principios y prácticas de la RSE en sus planes de negocio en el que se recomienda establecer alianzas con otros emprendedores para ayudar a “la comunidad” de la que forman parte. Por último lugar, tenemos la RSE como “nuevo negocio” en la que se recomienda al emprendedor naciente “aprovechar y generar oportunidades de negocio asociadas al concepto de responsabilidad social, tales como los mercados verdes, los negocios inclusivos y los emprendimientos sociales” (Dinero, 2010, pág. 35)

En resumen, en términos de RSE las ideas del emprendimiento se expanden, por la vía de grandes empresas que buscan “lavar” su imagen a través de sus fundaciones que

24Desde el 2006, por ejemplo, la Fundación Carvajal ha apoyado el desarrollo de la Cooperativa

de limpieza del Valle del Cauca (Coolimva) mediante la conformación de una “Organización de Base Comunitaria” que brinda los servicios de limpieza de canales de aguas lluvias de la ciudad de Cali en Colombia.

Otro ejemplo es el de Suramodas, la empresa más grande en producción y comercialización de zapatos en el departamento de Sucre, que “firmó una alianza con pequeños talleres productores de calzado con el fin de fortalecerlos y desarrollarlos como proveedores”.

desarrollan proyectos que impactan el bienestar de la comunidad, por medio de los nuevos negocios que adaptan sus principios y formulas, pero también como una nueva forma de negocio.

Bajo el concepto de RSE, la empresa pretende ser un “actor social y moral” capaz de influir en el bienestar de una comunidad y que bajo la visión emprenderista deviene también como desarrollo de la empleabilidad para aquellos que están desempleados. No obstante, la RSE “aparta la atención de…establecer nuevas reglas susceptibles de promover el bien común e impedir al mundo de las empresas que tomen la política como rehén” (Marzano, 2011, pág. 65).

Esta introducción de la ética en los negocios, no es otra cosa que la invasión de la esfera moral por parte de los valores económicos, en un mundo en que la “libertad individual no tiene rival… pues…constituye el valor en función del cual han acabado por evaluarse todos los demás valores” (Bauman, 2009, pág. 133).

El capitalismo entonces no solo ha absorbido los discursos psicológicos sino también los discursos morales, que han sido reorientados implícita o explícitamente, bajo la egida del homo-economicus, y que antaño solo actuaba en la esfera del mercado, pero que ahora se trasladan a las demás esferas de la vida.