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Performance on average: stochastic simulations

4 Monetary policy in real time

5.2 Performance on average: stochastic simulations

La visibilidad de los textos autobiográfi- cos escritos por mujeres ha sido un proce- so lento y lleno de obstáculos. En la ficción, incluso en la poesía, la mujer puede, hasta cierto punto, ocultarse o camuflarse; en la autobiografía es difícil; en los diarios, im- posible. Además, en este registro literario, la génesis de la conciencia personal no se puede sustraer nunca a la cuestión de gé- nero. En el caso de los hombres, el mode- lo de referencia estaba ya explícita o implí- citamente formado: el sujeto autobiográfico masculino convencional ha sido tradicio- nalmente, por definición, macho, blanco y occidental. Las mujeres, por el contrario, no disponían de un modelo propio, salvo el que le imponía el patriarcado; en consecuencia, la formación y emergencia de su propio mo- delo ha sido y sigue siendo todavía dificulto- sa. Por su cuestionamiento del modelo mas- culino, la mujer parece ser más consciente de que su identidad se construye siempre en relación con el otro.

Por tanto, la experiencia femenina es diferente a la masculina, y dicha diferen- cia no puede soslayarse. Es lo que refren- da este diario de Laura Freixas, que viene a decir en una entrada que la literatura no es, desde luego, una cuestión de hormo- nas, pero ciertas cuestiones que compe- ten especialmente a las mujeres (sexuali- dad femenina, embarazo, aborto, decisión de tener hijos, su crianza, etcétera), y para ser comprendidas en toda su complejidad, deben ser contempladas desde su óptica. Si este aspecto no es atendido en un dia- rio femenino, considera Laura Freixas, si- guiendo a Virginia Woolf, algo importante se pierde. Ese modo distinto de ver y apre- ciar la realidad, que está todavía en pro- ceso, es lo que se nos muestra en primera persona en este diario.

La libertad y la autonomía de la mujer son los pilares imprescindibles del femi- nismo, a partir de los cuales se puede es- tablecer una independencia con respecto al mundo masculino. El feminismo de nuestra autora es realista, en la medida que acepta críticamente la propia situación dentro de la pareja y la familia, sin intransigencias ni fundamentalismos: «No quiero empecinar- me como si fuera un hombre o como si fue- ra soltera y sin hijos […]. El ser mujer y el ser esposa y madre me limitan, pero tam- bién me ofrecen ventajas». En este sentido, observa que sus suegros franceses ofrecen una aceptable y funcional división de pape- les que no implica jerarquía ni descontento ni humillación.

La carencia de diarios de mujeres no es una cuestión de pudor, ni tampoco creo que las mujeres lo sean más que los hombres; al contrario, y, al menos en este caso, y de algunos otros diarios femeninos que se po- drían aducir, se caracteriza por su compro- miso de buscar su verdad más íntima. Así, evita la composición en escorzo, más fre- cuente en los masculinos, y va de frente a tomar el toro de la verdad, de su verdad, por los cuernos, con la sola ayuda de la sinceri- dad. En este aspecto, el diario de Freixas es meridianamente claro y da lo que promete: autenticidad y verdad. La diarista mantiene un diálogo continuo consigo misma, una in- terpelación del yo desde la mismidad ínti- ma. Ésta no es una característica exclusiva de las mujeres ni de los diarios femeninos, pero no cabe duda de que en el contexto ac- tual esto escasea en los diarios masculinos. En los diarios masculinos actuales, el diarista expone un yo autor público para contradecir o cuestionar otros yoes no me- nos masculinos ni menos armados, si bien no se adentra en la interpelación de la mis-

midad. Suele colocarse de perfil, oculta sis- temáticamente su intimidad y cubre con un velo sus sentimientos más personales. Construye un calculado personaje público en el que parapetarse de las posibles incle- mencias de la vida y demuestra que la me- jor defensa ante las agresiones externas es el ataque. Su presencia es tan aplastante y totalitaria que no deja ver nada más que a él mismo y la realidad filtrada por su tamiz. Más allá no hay nada que merezca la pena. No hay lugar para la ambigüedad ni para la disensión, y el lector lo toma o lo deja. En los diarios de hombres más celebrados, la función del diario es, sobre todo, literaria, entendiendo por esto profesional. Son dia- rios que dan cuenta de cómo se desenvuel- ve el diarista en el mundo de la literatura y cuáles son sus estrategias de promoción. El diario no es, en estos casos, un espacio de introspección. Quiere y aspira a alcanzar la categoría literaria, y se escribe con ese fin, por lo tanto, su meta es la publicación. Son así, y, si están bien escritos, ésa será su gracia y su atractivo. No se vea, por tanto, en las palabras anteriores ningún rechazo o menosprecio.

En el diario de Laura Freixas, la escritu- ra no obedece, en principio, al cálculo pu- ramente literario ni está motivada por su publicación. En alguna entrada la autora puede soñar o imaginar una posible y le- jana publicación, pero no es el fin primor- dial. El diario es para Freixas un cauce de expresión, de liberación y desahogo íntimo, como repite al cerrar alguna entrada en la que se evidencia precisamente esto: «Bas- ta por hoy. Estaba un poco inquieta y escri- bir, de un tirón, estas páginas me ha senta- do bien»; «¡Qué desahogo el diario!». Esta sinceridad está reforzada porque la escritu- ra surge a borbotones sin cálculo ni medida.

Y también por el entusiasmo que producen los pequeños o grandes logros, momentos de plenitud y de satisfacción que se con- trabalancean en la comprobación de una mayor fragilidad ante los contratiempos y frustraciones.

La sinceridad para hablar de los asun- tos íntimos, los que se suelen guardar en secreto, es lo que caracteriza este diario. Aquí se abordan de manera directa y pre- cisa los conflictos de pareja, los dilemas de una mujer que se debate entre los pape- les sociales pautados y la lucha por su in- dependencia o los problemas derivados de la maternidad, lo que la autora ha llamado en su diario anterior «la vida subterránea». En relación con esta lucha por la afirmación como mujer, está, asimismo, la disyuntiva y la dificultad de hacer compatible la vida familiar con la carrera literaria. El afán de éxito y reconocimiento literario es omnipre- sente en el diario, del mismo modo que pla- nea continuamente el temor del fracaso y lo poco gratificante que puede ser a veces la dedicación a la literatura. Es, por tanto, este del diario un ejercicio que refrenda el camino costoso y lento que conlleva llegar a ser una mujer libre y autónoma y una es- critora auténticamente coherente y respon- sable con su condición de mujer que no re- nuncia a nada.

El diario arranca con una frase teñida de desánimo: «Hace unos días me desper- té triste». Y se cierra bajo los auspicios de la plenitud de esta otra: «Durante un rato me he sentido totalmente feliz, incapaz de desear nada más». Entre ambas, comienzo y final del diario, han pasado dos años, los que abarcan las anotaciones de Todos lle­

van máscara. La vida cotidiana de la dia-

rista no se asemeja casi nunca a la triun- fal linealidad de la recta, sino al bucle de

la espiral en la que los progresos son pasa- jeros y los problemas vuelven y se reiteran sin encontrar salida ni solución. En ese di- bujo cabe todo el abanico de expectativas, de anhelos, de avances y retrocesos, con- tratiempos y contradicciones, y para contar todo esto el discurso del diario íntimo resul- ta tal vez el más adecuado. En este aspec- to, Freixas, en tanto que escritora y espo- sa-madre, debe armonizar las dos esferas y hacerlas compatibles sin perder nunca su autonomía. Es un asunto capital que jalona el diario, aunque sin ningún tipo de drama- tismo, sólo como una elucubración intelec- tual, pues la situación laboral del marido y el desahogo económico de la pareja hacen posible la compatibilidad de las funciones. En la entrega anterior del diario, este asun- to revestía todavía una cierta tensión, pero ahora es una mera cuestión teórica o de pru- rito feminista. Además, la presencia de la hija cataliza la vida del matrimonio y ayuda al acuerdo en las posibles disensiones de la pareja. La plenitud es absoluta y esto per- mite, como arriba he señalado, que la auto- ra confiese con total convicción y libertad a los cuatro vientos uno de sus secretos mejor guardados: «Soy muy feliz».

También comparece, por supuesto, el mundo literario, sus intrigas, sus envidias y mezquindades, pero están ahí como la ex- presión de la lucha por abrirse camino en este campo, que es infinitamente más di- fícil para las mujeres. Son, por lo general, pasajes que en pocas pinceladas describen este mundillo por dentro en sus aspectos menos edificantes: su endogamia, su arri- bismo, su mediocridad. Deben leerse con

atención, pues son dignas de encomio, al- gunas semblanzas de notables del mundo del libro, autores a los que se les ajusta las cuentas de su infatuada presencia, como sucede en una aparición fugaz de Luis An- tonio de Villena, o de editores a los que cla- va en un perfil que hace honor a la realidad: las de Juan Cruz, Herralde o Gimferrer son, cada uno en su estilo, un exponente de la mirada acertada y crítica de la diarista.

Los avatares del manuscrito de la primera novela de Freixas, Último domingo en Lon­

dres, y los primeros pasos de la que sería la

segunda, Entre amigas, ocupan una parte importante de las disquisiciones literarias y de política editorial. En este caso, las ano- taciones adoptan la forma de una plegaria con la que se pretende propiciar que se pro- duzca ya de una vez por todas lo que se es- pera tanto tiempo. Para la autora la escri- tura del diario es una manera de aliviar y exorcizar la espera, si bien no impide, sólo atenúa, la desesperación: «Estoy deprimida y de mal humor porque mis proyectos no sa- len adelante. Nadie me llama, llamo yo a to- das partes. Qué ganas de mandarlos al cuer- no…». Pero, a diferencia de los diarios que firman los hombres, Freixas no incurre en la autocomplacencia ni en la persecución de los colegas que se consideran enemigos ni destila envidia por los logros de los otros. Prevalece aquí otra mirada sobre el mundo literario: no como un campo de minas o de batalla. Freixas, en general, observa con ad- miración y curiosidad la fiesta literaria en la que comenzaba a estar invitada.

Este diario es una lectura muy aconseja- ble para todos… ¡los hombres!

He leído No leer, lo que supongo es una re- beldía hacia Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975), que es quien tituló su libro con esa exhortación tan gratamente antipe- dagógica. Confieso que tuve una tentación de obediencia: hay demasiados libros y, si él mismo apela a dejar el suyo a un lado, razo- nes que el lector desconoce tendrá. Pero las paradojas me intrigan y acabé por morder el anzuelo: por lo pronto, decidí comprar el libro online y luego ya vería (como si de mí dependiese) si lo leía o no. El título es buen cebo, la incoherencia es insinuante.

Pasaron varios días y el libro –por aza- res varios– no llegaba. Empecé a pensar en Zambra como en alguien dueño del devenir de sus palabras, capaz de imponernos la no lectura. A la tercera semana de espera, ya estaba convencido. Acepté que el título fue-

ra más oráculo que ironía y me resigné, no sin enfado, a No leer. ¿Hasta qué punto po- día Zambra imponerme la imposibilidad de la lectura? Por descabellado que parezca, sabemos de escritores que han hecho co- sas peores: estafas, manipulaciones de todo tipo, incluso se ha llegado a matar al lector. Recuerden «Continuidad de los parques», de Cortázar, o La asesina ilustrada, de Enri- que Vila-Matas. No hay derecho.

El paquete se hizo esperar, pero llegó. No obstante, me encontraba ya en un estado de semisospecha. ¿Y si el autor fuese tristemen- te coherente y el libro no fuera sino una suer- te de acción artística, un eficaz contrasentido a lo Magritte con su Una pipa no es una pipa o como esas fotografías de Chema Madoz en donde nada es sólo lo que parece? Quizá lo que había comprado –pensaba mientras Alejandro Zambra:

No leer

Anagrama, Barcelona, 2018

312 páginas, 18.90 € (ebook 9.99 €)

Por JULIO SERRANO

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