6.3 Robust Energy Efficient MISO Transmission for
6.4.1 Performance Study of Non-Clustering Robust Design
información o proporciona habilidad para mejorar la eficacia o incrementar la eficiencia en la satisfacción de las necesidades. Se presenta cuando una persona o grupo tiene poder sobre otra persona o grupo, porque los primeros poseen alguna clase de conocimiento que puede Flory Fernández Chaves
Ante esos tipos de poder se dan diversas reacciones por parte de las personas afectadas, las cuales, según Amitai Etzioni (“A comparative analysis of complex organizations”: 1975), pueden ir desde el compromiso (cuando, frente al poder referente o de experto se está dispuesto a ir más allá de las órdenes con tal de alcanzar la eficacia) y el cumplimiento (cuando, frente al poder recompensa o el legítimo, en una estricta relación de intercambio se hace exactamente lo que se pide, pero no más) hasta la franca resistencia (cuando, frente al poder coercitivo se despliega una oposición activa a las directrices recibidas).
De las muchas definiciones que se han dado sobre el poder a lo largo de la historia, Andrade (1983: 59 a 62) ha deducido que según los diversos aspectos que cada investigador destaque del concepto sus ideas pueden clasificarse en dos grupos principales:
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La tesis relacional: arranca del principio de que el poder es una relación entre seres humanos, dada en función de dos tipos de conducta humana, una determinante y otra determinada; lo considera como la acción de conductas sobre conductas; lo concibe en función de acciones concretas; lo comprende como actitud orientada hacia los demás; lo ve como causa en el sentido de receta para la acción; se presenta como relación bilateral donde un sujeto produce una conducta en otro y lo mide por su efectividad en el resultado.•
La tesis sustantiva: visualiza al poder como una sustancia en el sentido de algo que se puede poseer; lo considera como la capacidad para obtener determinados resultados; lo concibe en función de la posibilidad de que una acción se produzca; lo comprende como situaciones que pueden agotarse en sí mismas; lo ve como causa en el sentido de condición necesaria y suficiente; se presenta como una existencia que bien puede no manifestarse y lo mide por su posibilidad de obtener un resultado.Con respecto al poder político en particular, uno de sus aspectos fundamentales es que está estrechamente relacionado con el monopolio del Estado para el ejercicio legítimo de los medios de coacción física sobre los gobernados, en tanto éstos lo consideran válido por alguna razón y lo aceptan de una manera conforme, a la vez que autorizan su obediencia a las reglas establecidas para su convivencia como ciudadanos del Estado-nación del que forman parte.
Desde ese punto de vista, “el poder político en su forma decisoria suprema corresponde, en sociedades históricas más o menos evolucionadas, al Estado” (Kaplan 1983: 143), poder ejercitado en un contexto político propiamente dicho. Posición extrema que se contrasta notablemente con otras donde todo tipo de poder es poder político.
Una posición intermedia es la sostenida por Andrade, para quien un poder puede ser considerado poder político siempre y cuando se presente en relaciones vinculadas con la idea de grupos sociales; de modo que:
“poder político es aquel que se manifiesta con relación a la acción en el interior de un grupo o de diversos grupos entre sí, siempre que dichas acciones tengan un impacto, así sea mínimo, en las relaciones generales de la colectividad en la que tales grupos se encuentran inmersos.” (Andrade 1983: 65)
Posición similar es la mantenida por Rafael del Águila (1997: 23) al concebir el poder en términos relacionales entre los que obedecen y los que mandan, donde la autoridad y la legitimidad de los que mandan están en gran parte basadas más en ideas, creencias o valores que en posesiones de fuerza o de violencia o de castigo.
Entre las tácticas utilizadas para obtener poder político se encuentran el intercambio social, la formación de alianzas y redes, la identificación con autoridades superiores, el acceso a los criterios para la toma de decisiones, el control del flujo de la información, la inclusión o exclusión de temas en las agendas, el servicio y el apoyo selectivos, el control de los procesos burocráticos, el acceso a la distribución de los recursos escasos y el manejo de los símbolos de status.
En términos de la estructura del poder político, Andrade (1983: 66) considera que está en función principalmente de la distribución efectiva que dicho poder tenga entre los diversos grupos que componen una sociedad, no desde el punto de vista jurídico o legal, sino desde el punto de vista del grado de su participación en la estructura real del poder.
En las sociedades modernas dicha estructura del poder político puede abordarse desde diferentes perspectivas, como la concepción elitista de Gaetano Mosca, quien en una fecha tan temprana como 1896, la plantea en términos de gobernantes y gobernados, donde los primeros constituyen una minoría organizada o clase dirigente, detentora de fórmulas políticas para justificar sus actos, tanto moral como jurídicamente ante los segundos.
“La primera, que siempre es la menos numerosa, desempeña todas las funciones políticas, monopoliza el poder y disfruta de las ventajas que van unidas a él. La segunda, más numerosa, es dirigida y regulada por la primera de una manera más o menos legal, o bien de un modo más o menos arbitrario y violento, y recibe de ella, al menos aparentemente, los medios materiales de subsistencia y los indispensables para la vitalidad del organismo político.” (Mosca 1992: 23)
La denominada concepción pluralista de la estructura del poder social, como el caso de Robert A. Dahl, para la cual en vez de una concentración del poder político en un solo grupo social, lo que se evidencia -en las modernas sociedades industriales- es una dispersión del mismo entre grupos con intereses diversos, y a veces contradictorios, producto de la alta movilidad social existente en ese tipo de sociedades.
Para Dahl “no cabe duda que la diversidad de opiniones es un hecho de la sociedad humana; no hay ninguna sociedad conocida en la que todos los miembros estén siempre de acuerdo con todas las políticas, y esto hace imprescindible que todas las organizaciones sociales posean algunos medios, aunque sean primitivos, para resolver los conflictos sobre objetivos.” (Dahl 1992: 88)
La concepción pluralista de la estructura del poder social para manejar las relaciones entre los diversos grupos sociales que componen una sociedad, requiere la superación de las maneras tradicionales de concebir el poder como algo que se ejerce en una forma vertical desde unos pocos hacia los demás miembros de la sociedad, para guiarse por nuevas formas de relación. Estas formas de relación deben dejar atrás el comportamiento egoísta de unos pocos y pasar a un proceso más holístico, donde cada grupo social participe en diferentes aspectos de los procesos decisorios en función de sus capacidades, necesidades e intereses particulares, y eliminar así, los sentimientos de ansiedad e insatisfacción derivados de su exclusión en las decisiones que los afectan directamente.
Para matizar la incertidumbre y el conflicto, naturales, inevitables y derivados de capacidades, necesidades e intereses contrapuestos, el Estado debe actuar como mediador del proceso para llegar a un acuerdo entre las partes involucradas e identificar soluciones alternativas que disminuyan la incertidumbre, incrementen la dependencia entre los grupos y aumenten la disposición de recursos.
4. Notas:
(1) Conjunto de grupos humanos, organizados formal o informalmente, que se presentan como instancias intermedias entre la persona individual aislada y el conjunto de instituciones que conforman el Estado.
(2) “Se habla de externalidades o efectos externos cuando las acciones de una persona o de una empresa perjudican o benefician a otras, sin que esa persona o empresa pague o reciba indemnización.” (Banco Mundial 1997: 28).
(3) Conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a los seres humanos su completo y rápido perfeccionamiento. Es el principio de legitimidad del Estado.
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“Siempre hay esperanza y oportunidad para cambiar, porque siempre hay oportunidad para aprender”
(Virginia Satir)