Uno de los elementos más destacables del cine de Mariano Ozores es el “destape”. Con el objetivo de atrae la mayor cantidad de público posible y amparándose en supuestas presiones de la productora, el director mostraba en sus películas a jóvenes (siempre mujeres) desnudas, sin una justificación muy sólida en el argumento. Este tipo de comedias se sirvieron de los avances en materia censora para ir haciéndose más y más explícitas sexualmente.
Dice Casimiro Torreiro (1995: 364) que en esta época, “la comedia sexy hispánica siguió explotando sin pudor y con zafias maneras el imaginario sexual del macho ibérico”. Así, el director aprovecha la aparición de cualquier personaje femenino y joven para mostrarlo desnudo al espectador; contrasta, sin embargo que los personajes masculinos se muestren siempre vestidos, como mínimo con una camisa, incluso cuando se disponen a mantener relaciones sexuales.
La sexualidad que presenta Ozores en su película es primaria, buscando únicamente un erotismo rudimentario para atraer al gran público. La pareja protagonista que se ve inmersa en todas las escenas eróticas de la película, y adoptan siempre una actitud que se puede considerar como heredera del landismo (término cinematográfico derivado del nombre del actor Alfredo Landa que está definido por Casimiro Torreiro, 1995: 364, como “arquetipo del español medio más listo que inteligente perennemente acuciado por su desbordado apetito sexual y por un cierto complejo de culpa en su relación con los otros, que supera a base de una enorme caradura”). Pajares y Esteso adoptan sin ninguna duda esta personalidad cuando consideran válido cualquier medio para conseguir mantener relaciones sexuales con alguna de las mujeres con que aparecen en la película.
Las mujeres, por tanto, se muestran como un claro objeto de deseo que, paradójicamente, nunca se llega a colmar. Es decir, a pesar de las numerosas escenas en las que se presentan mujeres desnudas, en ningún momento se muestra (ni siquiera se insinúa) que los personajes culminen una relación sexual. Los protagonistas asisten (y aceptan de buen grado) a un acoso que no les reporta más provecho que el de ser espectadores de los cuerpos desnudos de las chicas.
VI.- CONCLUSIONES
En definitiva, vemos que el tratamiento que Ozores realizó en Los Bingueros de los personajes femeninos es frívolo. Prefiere no profundizar en aspectos sociales y aprovecha la mínima oportunidad para desnudar a las actrices delante de la cámara. En estas escenas eróticas, las mujeres se muestran como exhibicionistas: el único placer sexual que el director
muestra en su película es casi exclusivamente el de los protagonistas mirando el cuerpo desnudo de las mujeres. Dice E. Ann Kaplan (1998: 36-37) al estudiar el exhibicionismo en el cine que este término “se refiere, en el psicoanálisis, a la gratificación erótica derivada de mostrar el propio cuerpo –o parte de él- a otra persona, como en la complacencia de ser visto o verse a uno mismo en la pantalla”.
Pero el exhibicionismo suele ser complementario del voyeurismo: dice la misma autora más adelante que “el voyeurismo es una perversión activa practicada, sobre todo por los hombres, con el cuerpo femenino como objeto de la mirada, mientras que el exhibicionismo es su equivalente pasivo”. Por lo tanto, podemos decir que mientras las actrices muestran sus cuerpos desnudos, el director los encuadra en la imagen como si fuera un voyeur; este papel de mirón pasa a adoptarlo, directamente y por extensión, el espectador, que contempla cómo se desnudan sin ningún peso en el hilo argumental de la película.
Por otra parte, cabe destacar con respecto a estas escenas eróticas que Mariano Ozores ha asegurado en diversas ocasiones que los desnudos de sus películas eran exigencias de la producción; dice que “es casi imposible encontrar una película actual en la que no haya, por lo menos, una escena de cama” (Ozores, 2002: 226). Pero está equivocado: en ese mismo año se produjeron películas como Alien, Superman o Manhatan de Woody Allen, o El crimen de Cuenca de Pilar Miró y en ninguna de ellas hay escenas de destape y mucho menos obligadas por nadie.
VII.- BIBLIOGRAFÍA
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