A diferencia de lo que se piensa usualmente cuando se utiliza el concepto de darwinismo social, la aparición del paradigma evolucionista en las ciencias sociales no es un reflejo inducido por los avances en el conocimiento de la evo- lución biológica de las especies. Por el contrario, los mecanismos de la evolución se descubrieron primero en los procesos de cambio histórico y social y en las transformaciones de los sistemas económicos, sociales y políticos. Marvin Harris nos avisa de este error:
“Uno de los obstáculos que se oponen a la comprensión de la relación existente entre Darwin y las ciencias sociales es el hecho de que la doctrina del progreso a través de la lucha [por la supervivencia] lleva el nombre de darwinismo social. Esta frase expresa y refuerza la idea errónea de que después de 1859 [año de publicación de El Origen
de las Especies] los científicos sociales encabezados por Herbert Spencer ‘aplicaron los
conceptos desarrollados por Darwin en la interpretación de la naturaleza y el fun- cionamiento de la sociedad‘21. Lo que hay que dejar aquí claro es el hecho de que
los principios de Darwin eran la aplicación a la biología de conceptos de las ciencias sociales. Fue el análisis y el estudio del progreso y la evolución sociocultural por parte de teóricos sociales como Monboddo, Turgot, Condorcet, Millar, Ferguson, Helvetius y d’Holbach lo que facilitó el marco donde se desarrolló el estudio de la evolución biológica por parte de Godfrey Saint Hillaire, Erasmus, Darwin (el abuelo de Charles) y Lamarck. Basándonos en la autoridad del propio Darwin podemos aceptar que la idea de la selección natural le fue inspirada por el análisis de Malthus22 de la lucha por
20 A. Palerm, 1995b: 12. 21 A. Montagu, 1952: 22-23.
22 Con la teoría de la población, T.R. Malthus (1766-1834) presenta como destino inevitable de la humanidad la pobreza, ya que la población tiene tendencia a crecer más rápidamente que los medios de subsistencia hasta alcanzar un nivel dictado por estos medios. Dos tipos de factores pueden, sin embargo, evitar una densidad de población que condene a la humanidad a la esca- sez económica: los factores que aumentan el coeficiente de mortalidad (las guerras, la miseria misma) y los que disminuyen el coeficiente de natalidad (el ‘vicio’, término que incluye la con- tracepción y la autocontención moral).
la supervivencia. Con palabras de Darwin: Esta es la doctrina de Malthus aplicada en todo el terreno animal y vegetal”23.24
A propósito de Darwin, Alan Moorehead (1980), basándose en la autobio- grafía de Darwin, en los diarios de viaje del capitán FitzRoy y del propio Darwin, y en la colección epistolar de este último a su familia, reconstruye La expedición del Beagle (1831-1836): uno de los viajes científicos del siglo XIX más
celebrados y conocidos. Aunque el viaje tenía unos objetivos básicamente cartográficos y naturalistas, nos proporciona bastante información sobre las poblaciones indígenas de Argentina, Chile, algunas islas del Pacífico y una parte de la región andina. Además, el libro habla de los debates entre FitzRoy y Darwin sobre las teorías de este último sobre la evolución:
“La tesis de Darwin era simplemente ésta: el mundo que conocemos no fue creado exactamente en un momento, sino que evolucionó desde algo infinitamente primi- tivo y aún cambiando. Existía una maravillosa ilustración de lo que había sucedido en estas islas [Galápagos]. Habían emergido del mar en épocas relativamente recientes a causa de una erupción volcánica como la que habían visto en Chile, y en un primer momento no había vida. Entonces llegaron las aves, que depositaron semillas, inclui- das en sus heces o en el barro adherido a sus patas. Otras semillas que eran resistentes al agua marina llegaron flotando desde el continente sudamericano. Troncos flotantes pudieron transportar las primeras iguanas. Los galápagos podían proceder del mar y haberse transformado en animales terrestres. Y cada especie llegada de nuevo se adaptó al alimento que encontró en las islas. Las que no consiguieron adaptarse y las que no pudieron defenderse de las otras se extinguieron. Esto es lo que sucedió con las enormes criaturas, los huesos de las cuales habían descubierto en la Patagonia: habían sido atacadas y destruidas por enemigos. Todas las cosas vivas estaban sometidas a este proceso. El hombre mismo había sobrevivido y triunfado porque era más hábil y agresivo que sus competidores, aunque al principio era una criatura muy primitiva, más primitiva que los fueguinos, más incluso que los monos [...] FitzRoy debió pensar que todo eso eran ‘tonterías’ heréticas, ya que estaba en clara contradicción con la Biblia; el hombre fue creado inmutable, perfecto, a la imagen de Dios, y todas las es- pecies –tanto animales como vegetales– se crearon independientemente y no habían cambiado. Algunas simplemente habían muerto, eso era todo”.25
23 C. Darwin, 1858: 29 [traducción castellana, 1967, pág. 42]. 24 M. Harris, 1978: 105
La descripción que Darwin hace, en una carta dirigida a su hermana Caroline, sobre la impresión que le hacen los fueguins es bastante sintomática: “Siento bastante aversión por el ruido de las voces de estos miserables salvajes”. Posiblemente, Darwin estaba muy influenciado por lo que Jemmy Button, un indígena fueguino que FitzRoy se había llevado a Inglaterra en su anterior expe- dición, le había explicado sobre las costumbres caníbales de este pueblo. Según esta versión, en invierno, cuando faltan los alimentos los fueguinos se comen a sus mujeres y no, por ejemplo, a sus perros: “Perra caza nutrias, mujeres buenas
para nada; hombres muy hambrientos“26. FitzRoy, el capitán de la expedición
del Beagle, recoge en su diario impresiones directas sobre los fueguinos de la tri- bu tekeenica del sudeste de la Tierra del Fuego: “lo más lascivo de la humanidad [...] los miserables señores de esta miserable tierra”, o bien: “Sus cabellos negros, despeinados y muy sucios ocultan, pero acentúan, una expresión infame de la peor clase en las facciones de estos salvajes”27. A favor o en contra de la teoría de
la evolución, la visión etnocéntrica y el desprecio hacia a las formas de huma- nidad inferiores era una constante en la visión de los observadores occidentales sobre las otras manifestaciones de la diversidad cultural.
4.2. El evolucionismo en el contexto social del romanticismo