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Los modelos mentales proponen un mecanismo general del proceso que subyace al razonamiento humano, con capacidad para explicar tanto la competencia deductiva como algunos de los más significativos errores y sesgos documentados en la literatura, y que ha permitido la predicción de nuevos y sugerentes fenómenos. Manktelow (1999), la ha calificado como la más ambiciosa de las aproximaciones actuales al razonamiento, en térmi- nos de alcance y grado en que ha sido probada empíricamente. Evans y Over (1996), aun cuando mantienen una posición crítica respecto a algunas cuestiones importantes, han enfatizado el amplio rango de actividades cog- nitivas a las que ha sido aplicada. Estos autores han valorado que su alcan- ce, que incluye la inferencia lingüística y el pensamiento creativo, está más allá de lo que pueden llegar a explicar las teorías de reglas de inferencias. En la teoría de los modelos mentales el referente de la representación no es el texto sino la situación que se describe, lo cual implica que los elemen- tos que lo conforman y las relaciones entre elementos son derivados direc- tamente desde el mundo fuera del modelo. En palabras del mismo Johnson- Laird (1999), las expresiones del lenguaje natural sustituyen realidades extralingüísticas y el vínculo entre ambas proviene de la construcción de un doble del mundo. Puesto que un modelo representa un estado de cosas, su estructura no es arbitraria, tal y como lo es la de una representación propo- sicional, porque refleja aspectos relevantes del estado de cosas correspon- diente en el mundo. Estar alejados de las estructuras de las oraciones, pero cerca de la estructura del mundo, tal y como lo conciben los seres huma- nos, es la característica definitoria de los modelos mentales. Son represen-

taciones que tienen la cualidad de ser análogos estructurales del mundo y pueden ser manipuladas y evaluadas. La relación de analogía estructural entre la representación y lo representado diferencia claramente los modelos de las formalizaciones lógicas.

Los modelos son concebidos como estructuras mentales provisorias que se forman en la memoria de trabajo en el momento de la interacción con el mundo y el lenguaje, cuya construcción está fundada en la combinación de informaciones textuales y otras informaciones no presentes en el texto pero que pertenecen a los conocimientos de los sujetos (Johnson-Laird, 1983, 1999). Su función específica es hacer explícitos los objetos, las propieda- des y las relaciones en el seno de una situación y tornarlos disponibles para hacer inferencias. Cada entidad es representada por un elemento correspon- diente en el modelo, las propiedades de las entidades son representadas por las propiedades de sus elementos, y las relaciones entre las entidades son representadas por las relaciones entre sus elementos.

Así, por ejemplo, dado un problema sencillo como el siguiente: B está a la derecha de A

C está a la derecha de B

¿Cuál es la relación entre A y C?

Dará lugar a un modelo que representa el estado de cosas que describe la primera premisa:

A B

luego al modelo de la segunda premisa: B C

A continuación, ambos modelos se integran en un modelo simple: A B C

La relación entre los elementos en el modelo permite concluir: «C está a la derecha de A»

La deducción es descrita como el resultado de un proceso de pensamien- to en tres estadios:

(1) los razonadores construyen modelos mentales de las premisas; (2) formulan una conclusión tentativa y no trivial acerca de las relacio-

(3) buscan modelos alternativos admitidos por las premisas y que fal- sean la conclusión.

El primer estadio es de comprensión. Los razonadores construyen mode- los mentales de las premisas utilizando su conocimiento del mundo y el lenguaje para comprender las informaciones iniciales y construir una repre- sentación del estado de cosas que describen. Las entradas lingüísticas son convertidas en representaciones analógicas, de modo tal que los modelos de las premisas se corresponden con el modo en que sería el mundo si éstas fuesen verdaderas. En razón de la limitada capacidad de la memoria opera- tiva, que dificulta mantener y evaluar varios modelos alternativos al mismo tiempo, la teoría propone que los procedimientos comienzan construyendo un conjunto inicial que mantiene implícita tanta información como es posi- ble, es decir, el mínimo de modelos conteniendo el mínimo de información, en suma, intentando que el modelo sea lo más simple posible.

El segundo estadio consiste en la interpretación de los contenidos men- tales para intentar derivar una conclusión que describa de modo sencillo lo que está representado en el/los modelo/s, manteniendo la información se- mántica de las premisas y expresando algo que no se encuentre explícita- mente en ellas. Deducir es mantener información semántica, simplificarla y llegar a una conclusión nueva (Johnson-Laird y Byrne, 1991). Esta breve definición contiene una explicación de por qué las personas llegan a algu- nas conclusiones, pero no a otras. La teoría supone que la derivación de conclusiones en el razonamiento ordinario está gobernada por tres princi- pios extralógicos. El primero de ellos es que una conclusión no debe conte- ner menos información semántica que las premisas. Este principio explica por qué a partir de una premisa del tipo «Elena está en el parque» las perso- nas no llegan a una conclusión del tipo «Elena está en el parque o Mario está en el cine», inferencia válida pero menos informativa que la premisa, porque hay más situaciones compatibles con la conclusión que las que son compatibles con la premisa. El segundo principio es que la conclusión debe acabar en una simplificación de la información. Esto explica por qué las personas no sacan conclusiones simplemente uniendo premisas mediante la conjunción, aunque tales inferencias sean en principio válidas. El tercero es que una conclusión no debería repetir algo que ya ha sido establecido explí- citamente en una de las premisas. Cuando se da el caso de que el razonador no encuentra una conclusión que satisfaga estas restricciones, responde que nada se sigue desde las premisas.

El tercer estadio del proceso de razonamiento (en este caso deductivo), es el de validación. Este estadio es el propiamente deductivo porque en él reside la posibilidad de asegurar el carácter necesario de la conclusión. Consiste en la búsqueda de modelos alternativos admitidos por las premi- sas, en los cuales la conclusión previamente obtenida es falsa. Si el razona- dor no encuentra tal modelo acepta como válida la primera conclusión; si

no lo encuentra pero su búsqueda no ha sido exhaustiva, entonces puede que la conclusión sea válida (o puede que no lo sea). Si encuentra un mode- lo alternativo de las premisas, entonces el razonador prudente retornará al segundo estadio para intentar descubrir si hay una conclusión verdadera que se sostenga en todos los modelos que haya podido construir. Esto es, intentará comprobar si hay una conclusión que satisfaga todos los modelos compatibles con las premisas. Para un razonador que no ha recibido forma- ción especializada en lógica, una inferencia es satisfactoria si no hay un modelo de la situación que pueda hacer falsa la conclusión.

Para visualizar de modo más concreto este proceso, recurrimos al razo- namiento condicional en sus dos formas válidas. Dada la siguiente premisa condicional:

«Si hay un círculo entonces hay una cruz»

Dará lugar a un modelo en el cual hay un círculo y hay una cruz. El enun- ciado es consistente con el estado de cosas en el cual no hay un círculo, pero probablemente esta posibilidad no se represente explícitamente en vir- tud de que inicialmente se tiende a representar el mínimo de modelos con el mínimo de información.

† . . .

donde los tres puntos denotan un modelo cuyo contenido permanece implí- cito.

Si luego se agrega la premisa categorial para el modus ponens: «Hay un círculo»

Incorporar esta descripción sólo requiere suprimir el modelo implícito, porque ya hay un círculo en el primer modelo.

La interpretación del modelo resultante permite concluir: «Hay una cruz»

Conclusión válida porque no hay otro modelo de las premisas que la haga falsa.

Distinta es la situación con la premisa categorical del modus tollens: «No hay una cruz»

En este caso, el modelo inicial del condicional, a diferencia de lo que ocurre con el modus ponens, no admite la incorporación de esta descrip- ción. Es necesario entonces construir el modelo correspondiente:

Donde indica negación. Porque el modelo representa sólo la premisa categorial, parece que de aquí nada se sigue, respuesta que es frecuente con estas premisas.

Para obtener la conclusión válida es necesario desplegar la información que permanecía implícita (véanse tablas de verdad del condicional en el ca- pítulo 1. Razonamiento condicional):

[ ] [†] [ ] [†] [ ] [ †]

La premisa categorial elimina los primeros dos modelos. El tercero per- mite derivar la conclusión válida:

«No hay un círculo»

Para razonar correctamente, una persona debe ser capaz de construir modelos que representen cualquiera de las distintas formas en las que las premisas de un argumento podrían ser verdaderas, pero excluyendo cual- quier modelo de la situación en que aquéllas serían definitivamente falsas. No está de más reiterar aquí que el aspecto esencial del razonamiento a través de modelos no está sólo en la construcción de modelos adecuados para captar distintos estados de cosas (lo cual sería un nivel meramente de representación/comprensión), sino también en la habilidad de verificar cua- lesquiera conclusiones posibles a las que se llegue utilizando tales modelos (lo que le confiere su estatus real de proceso de razonamiento). En los últi- mos años se ha producido una verdadera cadena de revisiones desde posi- ciones internas a la teoría (Johnson-Laird y Byrne, 2002; Byrne, 2007), así como desde posiciones no alineadas (Markovits y Barrouillet, 2002), o más críticas (Evans, Handley y Over, 2003; Evans, Over y Handley, 2007).

La cuestión decisiva es que diferentes problemas requieren diferentes cantidades de modelos para su solución, dependiendo de los distintos tipos de situaciones en el mundo con los que las premisas son compatibles. Al- gunos necesitan un único modelo de las premisas para obtener la conclu- sión válida porque no hay otro que pueda refutarla. Para otros problemas hay más de un modo legítimamente diferente de representar las premisas, requiriendo por tanto la construcción y evaluación de más de un modelo para asegurar el carácter necesario de la conclusión. Este punto ha sido in-

terpretado como crucial para la teoría, ya que se suponía que era el paso que superaba definitivamente el plano de la representación, al proponerse una sintaxis operacional con consecuencias empíricas directamente demos- trables (la duda razonable sería si no supone simplemente un paso más de complejidad en la representación, pero esto lo discutiremos al final del ca- pítulo).

De aquí derivan las dos predicciones más importantes de la teoría: 1. Los problemas de un modelo serán más fáciles que los de múltiples

modelos.

2. En los problemas de múltiples modelos las conclusiones erróneas más frecuentes se corresponden con los modelos iniciales de las premisas.

Veremos con mayor detalle estas predicciones en el razonamiento propo- sicional y en el razonamiento silogístico.

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