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4 Two perspectives on HRM and productivity: Design and Technology

A 35 años de la muerte de Ernesto Che Guevara, me pareció importante presentar un itinerario de aquellos ideales y métodos que le han hecho un ídolo internacional, para sorpresa de los cubanos quienes mejor le conocieron como “revolucionario”. No sólo los ensayos literarios posteriores a su muerte realizados por la izquierda "chic" y los intelectuales de café en Roma o París han exagerado sus escritos panfletarios, su rol guerrillero, y han obviado su rotundo fracaso como administrador de la economía cubana, sino que han tendido un manto de silencio sobre su participación en el mecanismo de “terror rojo” que se implantó en Cuba.

El pasaje del Che Guevara por la administración cubana es un rosario de fracasos, desde su ineptitud como jefe de la fortaleza de La Cabaña, pasando por su desastrosa estancia como director de Industrialización de la Reforma Agraria, como su poca efectividad al frente del Banco Nacional de Cuba y su final descalabro en el cargo de ministro de Industrias.

Lejos de lo que se ha creído, el Che Guevara era un escritor mediocre, no gozaba de una cultura eminente, ni era un teórico de las ideologías de izquierda. Los escritos del Che Guevara no aportan al marxismo ningún pensamiento original, ni siquiera para el ámbito latinoamericano. Sus apuntes en el folleto El Hombre Nuevo resultan un amasijo improvisado e insustancial, alejado de la realidad que enfrenta el individuo dentro del socialismo real. Su intento de estructurar un sistema económico en el socialismo basado en los estímulos morales como palanca del trabajo, el famoso “sistema

presupuestado”1 experimentado en Cuba llevaron a su actual colapso a la

economía de la Isla.

El Che Guevara era un individuo inhumano, frío e implacable, que igual a Maximiliano Robespierre mandaba a ejecutar por simple sospecha, sin juicios. El Che Guevara no ocultaba su desprecio y desdén por casi todos los latinoamericanos, en especial a los cubanos, a los que consideraba inferiores culturalmente. Castro tuvo en el Che Guevara al ajusticiador de la revolución. En su tiempo de comandante en la fortaleza militar de La Cabaña, Che Guevara ordenó y supervisó el fusilamiento de miles de cubanos con esa frialdad hacia la vida humana que lo caracterizaba. Durante el año 1959 y parte del 1960, un baño de sangre sin paralelo cubrió la Isla de Cuba: 17,121 cubanos fueron fusilados, de los cuales 9,245 no fueron juzgados.

En febrero de 1959, frente a las cámaras de televisión del Canal 6 de La Habana y ante el estupor general de los televidentes, el Che Guevara declaraba que en La Cabaña todos los fusilamientos se hacían por órdenes

expresas suyas2. Las madrugadas habaneras se hacían eco de las descargas

de los pelotones de ejecución que ordenaba el Che Guevara.

El Che guerrillero es un mito creado por Fidel Castro, a inicios de la década sesenta, un instrumento idóneo para atraer latinoamericanos y africanos para desarrollar la guerra de guerrillas, la violencia como método para asumir el

poder, la subversión de países y continentes, el terrorismo urbano, la eliminación física de los "enemigos de clase" y de armas.

El Che Guevara no era un ser desprendido que puso su vida al servicio de los “condenados de la tierra”. Todo lo contrario, era un ambicioso desmedido que anhelaba brillar con luz propia; que rehusaba escoltar la sombra de Castro; que ansiaba ser también el jefe de una revolución. En suma, un aventurero que el destino colocó en una coyuntura de poder. El Che Guevara no fue un guerrillero hábil y brillante como el númida Yugurta, el galo Vercingetorex, el sioux Caballo Loco, el confederado John S. Mosby, el dominicano Máximo Gómez, el croata Joseph Broz Tito, el chino Mao Tse Tung, o el vietnamita Nguyen Von Giap. Como militar fue uno de los peores comandantes conque contó Castro en la Sierra Maestra; y sus andanzas de jefe guerrillero por El Congo y en Bolivia resultan una lección de incompetencia y de gruesos errores tácticos.

La indiada de Bolivia no realizó esa marcha de gigantes que el Che Guevara profetizara y los hormigueros de rudos jornaleros y mineros no estallaron en tempestades de protesta. El experimento de Bolivia no fue sino la marcha cruel de una hambreada retahíla de cubanos por embrujadas selvas, encabezados por un hermético, insensible y enfebrecido profeta por elección propia, prisionero de su razonamiento utópico e impregnado del destino bíblico del comunismo.

Si bien en Occidente se desató una frenética campaña de mistificación del Che Guevara y los jóvenes llevan aun su rostro impreso en las camisetas, éste no era un romántico sino el anticristo de aquellos que le abrazarían a partir de su muerte: los abanderados del pacifismo, del amor social, de la juventud de las flores y los Beatles. Sin embargo, en todo el bloque comunista, en las sociedades del futuro para la cual supuestamente se había sacrificado, no sólo fue objeto de críticas sino que su muerte pasó con indiferencia. Cuando en Varsovia o Praga se le preguntaba a los jóvenes, al hombre nuevo que tanto predicó, su criterio sobre el Che Guevara, estos decían no saber de quién se trataba, y algunos preguntaban si era una marca de perfume o un grupo musical. Se habla del asesinato del Che Guevara, pero en la quebrada del Yuro, éste recibió de los bolivianos la misma medicina que había aplicado en Cuba, de forma implacable y masiva, a sus opositores: el ajusticiamiento sin apelación.

Si bien Bolivia llegará a ocupar la primera plana por la figura del Che Guevara en la guerrilla, el país andino no se destacaba en la agenda que originalmente había confeccionado Castro para el continente. Bolivia sería al principio un mero puente fronterizo para el teatro de operaciones argentino. Mucho antes del triunfo de la revolución, Cuba ya tenía una larga historia de asociación y auspicio a la subversión y al terrorismo en la Argentina. Después de 1959, Castro y el espadón rioplatense Juan Domingo Perón confluyeron uno hacia el otro a la velocidad de la luz.

En junio de 1959, Castro establece en La Habana la agencia cablegráfica de

noticias Prensa Latina3, repetición de la que había sido fundada en tiempos de

Perón. Prensa Latina servirá a varios propósitos además del informativo: simultáneamente, será un vehículo de sostén a la beligerancia, un medio de

procesamiento de información para la policía política, y un instrumento de reclutamiento de intelectuales y periodistas latinoamericanos.

En Cuba se dio cita un enjambre de peronistas y comunistas argentinos en diciembre de 1959, entre ellos Jerónimo Ludovico Remorino, Jorge Antonio, Angel Berlenghi y John William Cooke. Este último había sido simpatizante público del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Esta tertulia cristaliza una alianza política con Raúl Castro, el Che Guevara y el entonces vicecanciller castrista Carlos Olivares. Entre el "justicialismo" de Perón y el "humanismo" de Castro se esperaba fomentar el pugilato en Argentina.

El reportero argentino Jorge Ricardo Masetti había visitado la guerrilla de Castro y del Che Guevara en La Sierra Maestra, y se había convertido en un expositor de la oposición anti-batistiana en Argentina. Masetti, eligiendo un nuevo oficio, el de las armas, pasaría a integrar el círculo íntimo del Che Guevara. Masetti introdujo en la agencia Prensa Latina a sus coterráneos Carlos Aguirre, Raúl Alejandro Apold, Ezequiel Martínez Estrada y Rodolfo J. Walsh, todos miembros peronistas de la Alianza Nacionalista Libertadora. A este ensamblaje se sumaron varios españoles y latinoamericanos, entre ellos Gabriel García Márquez; también se añadieron cubanos de la seguridad del estado, y miembros de la vieja guardia comunista cubana.

En julio de 1960, la policía bonaerense decomisó una valija diplomática cubana con material subversivo dirigida a los militantes peronistas. Tres meses después expulsan al embajador de Cuba en Buenos Aires, Américo Cruz, a quien acusan de estar implicado en conspiraciones con elementos peronistas. En el plan cubano para Argentina se insertaba a la vecina Bolivia como un punto necesario de tránsito y logística. Así lo infiere el hecho que en enero de 1960 José Tabares, funcionario castrista en La Paz, fuera señalado por el gobierno boliviano como la mano organizadora y financiera de los corrillos insurrectos en ese país. Un año y medio después, en junio de 1961, se descubrirá una extensa conspiración encaminada a propagar la agresión guerrillera, y cuyos hilos salían de La Habana. En el centro del complot estaba el representante cubano Mauro García Triana, con la participación de los estalinistas bolivianos Jorge Kolle Cueto, Monje y Luís Leyton.

Cuba continuó formando bandas armadas en Sacaba, Cochabamba y en

otros sitios para derrocar al gobierno4, lo que provocó que las autoridades de

La Paz realizaran una vasta redada entre los militantes de izquierda y del partido comunista. Ya en diciembre de 1960 se había tratado de poner en marcha el diseño de La Habana para Buenos Aires con una intentona acelerada por el general gaucho Miguel A. Iñiguez en la que la embajada cubana era nuevamente el eje de los contactos.

En La Habana, acontecimientos con el círculo de argentinos que resultaría ser portavoz de la nueva idea del foco guerrillero, precipitaron los eventos en el Cono Sur. Masetti se vio compelido a renunciar a su cargo en Prensa Latina por intrigas del anterior Partido Comunista cubano, y entonces abraza la idea de Guevara de intentar, una vez más, la agitación armada en su país.

Pero el momento escogido para irrumpir con la insurrección en Argentina resultó contraproducente. Arturo Illía acababa de ser elegido presidente el 7 de julio por mayoría de votos. No obstante, se llevaría a cabo el intento de

proximidades de Córdoba. Las actividades fueron supervisadas por el Che Guevara, y la ejecución estuvo a cargo de Masetti, transformado ahora en el

“comandante Segundo5”.

El objetivo de Castro, el Che Guevara y Masetti era establecer inicialmente los cuarteles generales de las guerrillas en Bolivia. Desde allí, y bajo la tutela de Masetti, se velaría por las actividades de los primeros cuerpos combatientes en los collados y selvas de Salta y Jujuy. Todo obedecía a preparar el arribo del Che Guevara, quien ya estaba familiarizado con estas localidades. Dada su ubicación, estos parajes estaban llamados a convertirse en el santuario guerrillero para todo el desempeño en Bolivia, Perú y Chile, pero, en especial para la Argentina.

En junio de 1963, Masetti recala en Bolivia escoltado por uno de los agentes claves en las posteriores campañas del Che Guevara, reconocido como el Ricardo Morales que organizó la red clandestina en la empresa de Bolivia. Masetti armó su campo de entrenamiento en un punto fronterizo con Argentina, en una hacienda llamada Emboraraza, al frente del cual había un cuerpo guerrillero en el que figuraban tres militares cubanos. Meses después, Masetti comenzó a infiltrar hacia suelo argentino contingentes para ir creando santuarios y emprender el reclutamiento para su Ejército Guerrillero del Pueblo. Pero, Masetti cometió dos errores fatales: dividir su pequeña columna en dos grupos, y lanzarse a operar prematuramente sin haber aún consolidado su plataforma logística en Bolivia y Argentina. En septiembre, Masetti comenzó la introducción del primer grupo de guerrilleros; el segundo penetró en diciembre de 1963, a las órdenes de los cubanos Hermes Peña y Raúl Dávila, que asesoraban y entrenaban a los futuros combatientes. Los siete guerreros de Masetti acamparon en las márgenes del río Pescado, en el norte desértico del país; sostenían comunicación directa con el Che Guevara mediante un equipo que se habían traído de Cuba. Después se sumaron dos voluntarios de Córdoba, uno de los cuales resultó ser un espía de la inteligencia militar Argentina.

La infiltración al grupo de Masetti, propició la información necesaria para desmantelarlo con rapidez; así, el 19 de abril de 1964, el ejército argentino rodeaba el campamento insurrecto en la provincia de Salta. En la redada algunos rebeldes resultaron muertos, entre ellos el cubano Peña; catorce de ellos fueron hechos prisioneros; el otro instructor cubano, Dávila, logró escapar. Las armas incautadas eran de manufactura belga y provenían de Cuba.

Este sería el más nefasto de los presagios para los planes de Castro en todo el cono sur. Masetti, por su parte, se vio abandonado a su suerte, se internó con dos de sus seguidores en la impenetrable jungla del Yuto, en El Chaco, para no aparecer nunca más. La intentona combativa de Masetti en Argentina sería silenciada por parte de la dirigencia cubana, como lo sería la catástrofe del Che Guevara en el Congo.

De ahí en adelante, lo que siguió fue el derrumbe de todo el andamiaje tan cuidadosamente levantado desde La Habana. Una red de espionaje que Cuba había armado en pleno estado mayor del ejército argentino fue desmantelada. En conferencia de prensa en junio de ese año, el jefe de la policía, Carlos Maldonado, revelaba el fracaso de la operación guerrillera que se había introducido desde Bolivia, y la cual sostenía contacto con el Che Guevara.

En julio se capturó un enorme arsenal en el hotel Sweet Home, en pleno Buenos Aires. Dos semanas después era destapado otro escondite en el aeropuerto de Ezeiza, en los suburbios de la capital, donde se requisaron fusiles, ametralladoras y uniformes procedentes del ejército rebelde de Castro. En septiembre caía en manos de las autoridades en Monte Grande un importante contrabando de equipos bélicos.

Pero el dossier argentino no fue engavetado del todo por el régimen cubano. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (Tacuara) que manejaba el aventurero Joe Baxter, recibía asistencia del Che Guevara por gestiones de William Cooke. Tacuara desató una ola de atentados y sabotajes que sacudieron el país. El 26 de diciembre de 1964 volaron el gasoducto de La Plata. La Habana acrecentaba su furia por todo el sur de América: el entrenamiento militar de jóvenes latinoamericanos, la labor de espionaje, la preparación de alzamientos armados en varios países del área y la existencia de violentas luchas en Guatemala, en Venezuela y en Perú tenía en ascuas a todo el alto mando militar del continente.

En agosto de 1965, el general argentino Juan Carlos Onganía pidió a las naciones del Cono Sur que sumaran sus fuerzas para encarar la ola terrorista. A su vez, el caporal de la gendarmería, general Julio Alsogaray, revelaba cómo el gobierno de Cuba tuvo participación en el suministro de armas que han usado varios grupos de jóvenes guerrilleros en Argentina6.

LA RED ILEGAL

Es el momento en que fracasan las operaciones de Masetti en la Argentina, y cuando el agente secreto cubano "Ricardo" logra entrar clandestinamente en La Paz. Allí comienza a reforzar la red ilegal boliviana, con el fin de repetir la faena para 1966 y 1967. A Ricardo luego se le incorporó el alto oficial cubano Orlando Pantoja (Olo), quien venía de asesorar al guerrillero peruano Hugo Blanco.

Las labores de penetración del aparato secreto cubano en Bolivia se habían incrementado desde el año 1963: originalmente para proteger la función de Masetti y el Che Guevara en la Argentina, y posteriormente con el designio de poner en pie una infraestructura que patrocinase eventualmente el despliegue de una contienda armada competente en Bolivia.

Paquita Leytón, esposa de Luís Leytón, así como el boliviano Orlando Jiménez Bazán (Camba) habían comenzado a colaborar desde muy temprano en la red de espionaje que Ricardo levantaba en La Paz. Camba se afiliaría más tarde a la guerrilla del Che Guevara. En marzo de 1963, la contrainteligencia militar boliviana arrestaba al peruano Armando Rivas Paredes que respondía a Ricardo; infiltrado en Cochabamba, Rivas Paredes se dedicaba al reclutamiento de bolivianos y peruanos que debían procurarse instrucción guerrillera en Cuba; asimismo, empleaba como contacto a Víctor Zannier, editor del diario El Mundo.

En esa época Ricardo participa en las operaciones que Cuba lleva a cabo en La Paz y que serían descubiertas más tarde. El gobierno cubano dispone de fuertes sumas de dinero para fortalecer un brote armado dirigido por Alberto Muñoz de la Barra, así como para apoyar los desórdenes en las minas de

estaño que manejaban Ireneo Pimentel y Federico Escobar. Pese a la eficiente labor de la policía boliviana, Ricardo no es detectado.

En junio de 1964 se descubre otro intento de subversión en el oriente boliviano, donde Ricardo y el militar cubano Olo Pantoja se habían involucrados; los agentes cubanos escapan de nuevo. Pocos meses después, en octubre, las autoridades bolivianas vuelven a desarticular otra pequeña red de espionaje cubana que llegaba incluso hasta la propia Cancillería, donde el boliviano Juan Rivero Lezcano, substraía para Cuba documentos secretos. El diplomático cubano José R. Viera, empalme principal con la red, se ve precisado a salir precipitadamente del país.

La Habana había colmado la copa. Bolivia rompe relaciones diplomáticas con Cuba, pero la ponzoña queda dentro: la estructura de espionaje de Ricardo permanece intacta. Entonces, La Habana envía a Bolivia a Tamara H. Bunke Bider, la famosa "Tania la guerrillera", que asume el falso nombre de Laura Gutiérrez Bauer. Tania había nacido en Argentina en 1937, hija de un comunista alemán que escapó del nazismo y de una judía de origen ruso. En 1952 se trasladó con sus padres a Alemania Oriental, y en 1958 fue reclutada por los servicios secretos del Ministerio de Seguridad Estatal bajo las órdenes de Guenther Maennel. Es el propio Maennel quien posteriormente descubre la identidad de Tania, al desertar a Occidente7.

Tania fue asignada a la KGB para relacionarse con altos dignatarios extranjeros que frecuentaban Berlín y obtener de ellos información. En diciembre de 1959 Tania entró en contacto con el Che Guevara, como traductora en un viaje que éste hizo a la Alemania Oriental. La extraña belleza de Tania atrae al Che Guevara, iniciándose un idilio que tendría consecuencias letales para éste.

En mayo de 1961 arribó Tania a Cuba, solicitada directamente por Guevara a las autoridades alemanas para que trabajase en el Ministerio de Educación. De inmediato Tania se hace necesaria a los planes del foco guerrillero en América Latina, siendo su primer bautismo de fuego con el brote guerrillero nicaragüense de 1962. Durante su estadía en Cuba y en Bolivia, Tania se mantuvo fiel a sus jefes en Berlín y por intermedio de ellos con la KGB, los cuales seguían paso a paso toda la estrategia cubana.

En 1964, Tania arribó a Bolivia bajo el nombre de Laura Gutiérrez Bauer con documentación Argentina, para unirse al hábil espía Ricardo. El trabajo de penetración que realizaron Tania y Ricardo en Bolivia permitió consumar con precisión una de las operaciones más complejas y vastas que halla afrontado el aparato cubano. Pero el papel de Tania en la edificación de este andamiaje clandestino, y en la destrucción intencional del mismo que precipitará el final del Che Guevara, merece atención. A su aparición en Bolivia, Tania asiste a cursos de arqueología en la Universidad e imparte clases privadas de alemán. Así comienza a desplazarse en los círculos intelectuales y de la alta sociedad de La Paz.

A través de su amistad con la boliviana Anita Heirinch logra acceso al poderoso ministro de gobernación Antonio Argüedas. Todo parece indicar que