Chapter 2 LOT Instrumentation Development
2.3 Phantom Studies
2.3.1 Phantom design
personajes de la literatura universal. En el Dialogo no están resuel- tos todos los problemas científicos que planteaba la nueva forma, co- pernicana, de mirar y entender la naturaleza, pero se sentaban las ba- ses para hacerlo. No es extraño, por consiguiente, que los enemigos de Galileorecordaraneledictode1616 y lograran que se pusiera en marcha unprocesoensucontra.El resultadoesbienconocido: atemorizado ante el tor- mento físico que la Inqui- siciónterminabaaplicando a los que se resistían, Ga- lileo abjuró, negó que cre- yeseenelcopernicanismo. Las palabras que pronun- cióentonces,el22dejunio de 1633, resuenan y reso- narán, dolorosas, mientras los humanos valoren el re- cuerdo del pasado: “Yo, Galileo Galilei… de se- tenta años de edad… juro que siempre he creído, creo ahora y que, con la ayudadeDios,creeréenel futuro todo lo que la San- ta Iglesia Católica y Apos- tólica mantiene, predica y enseña…”
Dicen que tras su re- tractación, manifestó: Ep-
pur si muove (“Sin embar-
go, se mueve”). No lo creo. Pero aun suponiendo que fuese así, y re- cordando que fue mucho mejor tra- tado queotrosprocesados(seleper- mitió instalarse en una villa que poseía en Arcetri, no lejos de Flo- rencia), lo único cierto es que fue humillado, que la verdad científi-
ca fue escarnecida, y que permane- ció confinado hasta su muerte. Pese a todo, en Arcetri consiguió finali- zar su otro gran libro, Discorsi e di-
mostrazionimatematiche, intornoà due nuove scienze attenenti alla mecanica & i movimienti locali, que vio la luz en
1638 en Ámsterdam. Mientras que el Dialogo fue, en cierto sentido, el producto explosivo de una circuns-
tancia inesperada, una serie de ob- servaciones propiciadas por la in- vención del telescopio, los Discorsi fueron el fruto maduro de toda una vida de estudios sobre el movi- miento, que incluye esa joya que es la ley de la caída de los cuerpos. Le debemos a la Inquisición y al
papa Urbano este regalo inapre- ciable, uno de los pilares sobre los que se asentaría la física de New- ton.
S
in embargo, no faltaron, en sutiempo al igual que después, los que pensaron, los que piensan, que con su abjuración Galileo les había traicionado. En su conmovedora obra de teatro, Vida de Ga-lileo, que volveremos a te-
ner la oportunidad de ver en Madrid a partir del día 29 de la mano de Ernesto Caballero, Bertolt Brecht se detuvo en este punto. Uno de los protagonistas, Andrea, el hijo de su case- ra y uno de sus discípulos, dice: “Lo mismo que el hombre de la calle, nos- otros nos dijimos: Morirá, pero no se retractará… Us- ted volvió y dijo: me he re- tractadopero viviré… Tie- ne las manos sucias, dijimos nosotros… Usted dijo:másvalemanossucias que vacías”. Y poco des- pués, Andrea manifiesta, esperanzado: “Ganó tiem- po para escribir una obra científica que sólo usted podía escribir. Si hubiese acabado en la hoguera con una aureola de fuego, los otros ha- bríansidolosvencedores”.Nopen- saba lo mismo el Galileo de Brecht, quienconfiesa:“Meretractéporque temía el dolor físico”. “Entonces, ¿nofueunplan?”,preguntaAndrea. “No lo fue”, responde Galileo.
¡Qué triste!●
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A C U A R E L A P I N T A D A P O R G A L I L E O E N 1 6 1 9
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menosqueunovivaenMarte(lo que complica mucho la lectura de esta sección) seguro que se habrá enterado de la muerte de David Bowie.Siel lectoresasiduo alasredes sociales habrá experimentado además ese prolongado día de duelo virtual dondeseacumulancientos(pornode- cir miles) de expresiones de respeto, justo como si en un funeral todos y cadaunodelosasistentessevieranim- pelidos a decir algo.Antes de debilitarse el efecto re- sulta sobrecogedor. Igual es que soy demasiado impresionable pero cuesta mantenerse indiferente ante la pér- dida de un individuo que concitaba tanto afecto. Ya en vida Bowie era del gustodemuchosdemisamigos,ysen- tía por él una leve simpatía interpues- ta, que tras su muerte se ha vuelto pena interpuesta.
Y digo impresionable porque des- de muy pronto otros internautas em- pezaron a emitir mensajes de des- aprobación. El caso es que no se trataban de reproches artísticos o per- sonales, a los que son tan proclives los melómanosdelpop(unaaficiónquea menudopareceregidaporcriteriostri- bales). Los denuestos (y no exagero) ibandirigidosaquienesexpresabansu pena (y su respeto) hacia Bowie y se podíandividirentresgrandesfamilias expresadas con diverso nervio y con- tundencia: primero: “ya está bien de lloriqueo”; segundo: “¿dónde habían estado hasta hoy todos estos fans de ocasión?”; tercero: “estáis exageran- do”. Ya fuese por exceso de celo o por vivasuspicacia:portodasparteslamis- ma desconfianza. A lo que siguió el preceptivo río de bromas.
La lectura fácil (que tiene mucho de plausible) es que asoma aquí de nuevo el infatigable ánimo de fasti- diar:“aversisevanapensarestosque tienen derecho a expresar su pena como Pedro por su casa”. Pero fenó- menos así admiten más de una lec- tura. Cualquiera que se haya intere- sado alguna vez por el luto sabrá que muchos rituales incorporan una som- bra festiva: un gran banquete para re- lajarlatensiónoinclusocharadasypa- rodias de la ceremonia más solemne. Con independencia de lo que sos- tengan los antropólogos creo que es- tas sombras humorísticas que se des- prenden del luto son el correlato social de una conducta con la que es- tamos bien familiarizados: a veces la mejormaneradeconoceraalguienes envolverlo con un discurso cómico; ynosoloeso:imitarsusgestos,suvoz, repetir los latiguillos de su habla o lasmaníasdesumentepuedeseruna manera de expresar nuestro afecto.
La reiteración insistente sobre el mismo asunto convierten a las re- des en auténticos aceleradores sociales. Un poco al estilo de las cá- maras de Time Lapse vemos resu- midos en un día procesos que en el mundoanalógicoseprolongaríanme- ses (como el luto). En el caso de Bo- wie la insistente repetición habría desgastado a toda velocidad las fa- ses clásicas de estupor, negación, pena intensa, adaptación, comicidad, conformismo y leves olvidos... Y si no es así, valga por una vez la hipótesis para espantar la explicación más in- mediata y repelente: que en el mun- dodigitalnonosprivamosdefastidiar ni en los entierros.●