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4.2 System Overview

4.2.2 Phase 2: Advert Requesting

es abierto y diverso. Resplandece como reflexión en la más suprema inteligencia hu- mana y en muchos recintos académicos, pero en muchas ocasiones es la gran ausen- te en numerosas de las prácticas cotidianas de la cultura, la educación, el trabajo, la investigación, la política, la religión y el diario vivir.

Güichardo Bretónla asume como un:reconocer en los grupos sociales dis- tintos el valor que hay en cada diferencia, el respeto a la diversidad, y el reconoci- miento de un tercero vulnerable, con necesidades específicas que deben ser sacia- das para que pueda estar en condiciones de igualdady disfrutar de sus derechos fundamentales” (2010). Por su parte, Gabriel Carmona Orantes como “un repertorio de significados distintos al que teníamos elaborado a partir de la expresión “actua- ciones contra la exclusión social”. Como estos, son múltiples los autores y las institu- ciones que adelantan la campaña en pro- de la inclusión social, algunos de los cuales centran su exposición a partir de la exclusión social.

En la tarea de conceptuar la inclusión social para el propósito de delimitar las acciones de la Fundación Universitaria del Área Andina, en esa línea de trabajo, habría que anunciar de la mano de Martín Hopenhayn, filósofo chileno, que: “la inclusión social tiene acepciones múltiples, pero sin duda pasa por las dinámicas que vinculan el desarrollo de capacidades con el acceso a oportunidades a lo largo del ciclo vital, y con ello, el acceso al bienestar, a redes de relaciones y al ejercicio de la ciudadanía (Hopenhayn, 2010).

En ese marco, Hopenhayn presenta aspectos problemáticos de la inclusión social en la juventud latinoamericana, por lo menos en dos perspectivas distintas. Por una parte: “se muestran disonancias que la juventud vive en sus procesos de inclusión: más educación pero menos empleo, más acceso a información pero menos acceso a poder, más consumo simbólico que no necesariamente se traduce en más consumo material (2010)”.

Por otra parte:

Se muestran brechas en el desarrollo de capacidades y el acceso a oportu- nidades entre los propios jóvenes, según el hogar de origen (por ingresos familiares), la territorialidad (urbano-rural) y otras condiciones que dife- rencian y segmentan, lo que indica que las brechas de inclusión social se

algunas tendencias positivas, como la expansión de la educación y de la conectividad, y su progresiva difusión entre los jóvenes (Hopenhayn, 2010).

Pero la inclusión social no es sólo una lucha por y para los jóvenes, es para todos los seres humanos con todo y su diversidad. Por eso la dicotomía persiste y se extiende a todos los sectores: la sociedad actual se muestra más consciente de incluir a los discapacitados en todos los entornos, pero sigue siendo ciega y sorda ante las necesidades específicas de locomoción, comunicación, empleo y desempeño físico de invidentes, parapléjicos, cuadripléjicos, sordos y mudos. Se muestra incluyente con la población LGBT, pero se sorprende y se fastidia con sus demandas de equidad en la totalidad de sus derechos, pero sistemáticamente continúa siendo causa de discriminación de indígenas y afrocolombianos. La organización Minority Rights Group Internacional (MRG, 2009) sostiene que:

en el mundo hay aproximadamente 101 millones de niños “no escolariza- dos”, de los cuales entre 50 y 70 millones [son] (sic) pertenecientes todos a minorías étnicas, no tienen acceso a la educación debido a que son exclui- dos sistemáticamente, discriminados o son demasiado pobres para afron- tar los gastos [...] un 72 por ciento de los indígenas de Colombia y el 87 por ciento de los afrocolombianos de más de 18 años no han completado la educación primaria, mientras que en los cursos de posgrado, menos de un 1 por ciento de los estudiantes matriculados son indígenas, y un 7,07 por ciento afrocolombianos.

Cada día esta misma sociedad se torna etariamente más excluyente y no se trata sólo de la tercera edad, que es el pináculo de esta exclusión, educación, trabajo y salud; son actividades que progresivamente excluyen por edades.

Es alarmante que la brecha de la inclusión social se siga ampliando tanto y que las universidades no logren hacer una transformación substancial en el más íntimo motor social y político nacional, sino que para su desprestigio se quedan en el tema desde una acción de pura cosmética intelectual para que cubra medianamente alguna norma que tenga que ver con estándares de reconocimiento nacional e internacional, pero la tarea concreta es la gran ausente. A este punto en la Fundación Universitaria del Área Andina se han atado dos tipos de responsabilidades sociales, la responsa- bilidad social en general y la responsabilidad social universitaria. Pero hoy por hoy

Las autoridades educativas de los países iberoamericanos son conscientes de que el logro de la inclusión social es una tarea compleja, que implica la confluencia de múltiples agentes y el desarrollo de políticas convergentes, pero también poseen la certeza de que la educación está llamada a desempeñar un papel relevante en ese empeño de carácter integrado. Si bien es cierto que la educación es sólo uno de los factores que deben contribuir a promover una inclusión social efectiva, no se puede ignorar que su aportación resulta indispensable para conseguir ese objetivo (Orga- nización de Estados Americanos, 2003).

En ese sentido, la universidad tiene un papel jalonador de la sociedad presen- tando, ratificando y potenciando estrategias, haciendo de la educación una alter- nativa real para todos y todas y un instrumento multiagente, capaz de conducirse a esas políticas convergentes consensuadas en lo local, lo regional, lo nacional, lo iberoamericano.