Como instrumento jurídico se debe resaltar el carácter programático y político de la Convención, sus disposiciones constituyen más bien un listado de declaraciones de intenciones (soft law) que obligaciones vinculantes y ejecutivas. Con todo, su adopción y entrada en vigor cuenta, en primer lugar, con el mérito de ser el primer instrumento internacional que alertó sobre la problemática del cambio climático y despertó, consecuentemente, la concienciación pública mundial sobre el tema. En segundo lugar, pese a la regulación de principios y disposiciones generales, no se debe olvidar la obligación que tienen las Partes de presentar informes sobre la aplicación del Convenio que constituye una fuente de información considerable. De hecho, el cumplimiento de dicha obligación ha evidenciado la dificultad de muchos países en compilar toda la información exigida dada la falta de datos en la materia y de recursos humanos y técnicos, habiendo sido necesario, fundamentalmente, apoyo técnico y financiero para los Países en desarrollo, que lo han recibido del Fondo para el Medio Ambiente Mundial y sus organismos de ejecución, así como a través de programas multilaterales y bilaterales adicionales. Gracias a ello, en el tercer informe anual se evidenció los progresos conseguidos por estos países al establecerse equipos encargados de los inventarios, al mejorar su capacidad para evaluar sus emisiones y al generar los primeros datos nacionales originales sobre las mismas.
Respecto al cumplimiento de la obligación de informar por parte de las Partes Anexo I, casi todas las Partes sometieron sus primeras comunicaciones entre 1994-1995 y sus segundas entre 1997-98. La tercera comunicación debería haberse realizado antes del 30 de noviembre de 2001, no obstante, la Secretaria fue recibiendo las mismas entre finales 2001-02. Por su parte, la información referente a los inventarios nacionales de emisiones de gases de efecto invernadero en el periodo 2001-2003 se ha ido remitiendo a finales de 2003-marzo de 2004.
Como conclusión de los últimos datos derivados de la tercera comunicación se puede destacar, en primer lugar, que hay todavía considerables diferencias en los niveles de emisiones per cápita entre los distintos países incluidos en el Anexo I. En cierta medida, las emisiones per cápita aumentan con el PIB per cápita, aunque en estos niveles superiores de PIB la correlación es relativamente débil y muchos de los países más ricos incluidos en el Anexo I, tienen emisiones más bajas que otros países con nivel económico inferior, como las economías en transición. Las diferencias pueden deberse, por ejemplo, al distinto grado de utilización de energía renovable o nuclear, o las necesidades de calefacción o aire acondicionado a las diferencias en los sistemas de transporte. Otro factor importante es el equilibrio entre las manufacturas y los servicios, ya que éste último sector suele hacer menor uso de combustibles fósiles.
En lo que respecta al conjunto de estos países, las emisiones disminuyeron 1.200 millones de toneladas de equivalente de dióxido de carbono, es decir, el 6,6%, tal y como se observa en la figura 2.7. Así pues, colectivamente han superado el objetivo establecido en el inciso b) del párrafo 2 del artículo 4 de la Convención, que era reducir para el año 2000 las emisiones a los niveles de 1990. No obstante, ello se debió en gran medida a la caída del 39,7% de las emisiones en los países con economías en transición, que compensaron con creces el aumento del 7,5% en las emisiones de los países muy industrializados. Estas reducciones se consiguieron en una gran variedad de gases de efecto invernadero.
En cifras absolutas, la reducción de las emisiones de dióxido de carbono de los países incluidos en el Anexo I fue a grandes rasgos semejante a las reducciones de todos los demás gases en conjunto, aunque en porcentaje la reducción de las emisiones de dióxido de carbono fue menor. Aunque el contraste global más significativo en los resultados sea el existente entre los países muy desarrollados incluidos en el Anexo II y las economías en transición, hay también diferencias sorprendentes entre países concretos dentro de esos grupos.
Como puede verse en la figura 2.9, las emisiones oscilaron desde una reducción del 60% en Letonia, en un extremo, hasta un aumento del 40% en Mónaco, en el otro. Estas diferencias se deben en parte a las distintas circunstancias nacionales. El crecimiento económico, por ejemplo, ha sido mucho más rápido en algunos países que en otros, y ello puede estar asociado con un aumento de las emisiones: de hecho, durante este período las economías de muchos PET se contrajeron. Otros factores explicativos son el ritmo de crecimiento demográfico y las pautas de suministro y utilización de la energía. No obstante, las diferencias se deben también en parte a la importancia de las medidas adoptadas por estos países para reducir las emisiones. Entre ellas, cabe citar los esfuerzos directos por mitigar las emisiones así como las políticas que actúan de manera indirecta: algunos países, por ejemplo, han liberalizado sus industrias de suministro energético, y en consecuencia el carbón, importante fuente de dióxido de carbono, se ha sustituido por el gas. La reducción de las emisiones, por ejemplo, en Alemania y el Reino Unido demuestra el éxito de dichas políticas.
Por su parte, en el momento presente queda pendiente de su presentación por parte de las Partes Anexo I la cuarta comunicación. A fin de facilitar el trabajo a las Partes para la elaboración de dicha comunicación, la Secretaria a organizó un “workshop”
en Dublín en Septiembre de 2004, publicó unas Directrices para su elaboración, y diseñó una página web en enero 2005. El plazo de remisión de dicha comunicación finalizó el 1 de enero de 2006, pero todas las Partes se han atrasado en su cumplimiento.
España recientemente ha remitido la Cuarta Comunicación a la Secretaria del Convenio, tratándose de un Documento de 250 páginas en donde se evalúan las emisiones de GEI y su absorción, los inventarios de dichas emisiones, las políticas y medidas adoptadas para luchar contra el cambio climático y su efecto global, los recursos financieros, la investigación, la educación, formación y sensibilización del público3.
En relación con los inventarios de gases de efecto invernadero elaborados, los datos observados muestran que las emisiones totales se sitúan en 2003 en un 40,6% por encima del año base, valor que se reduce a un 34,6% cuando se compara la media del último quinquenio, 1999-2003 con el mismo año base. En conjunto la evolución del índice ha venido marcada por un crecimiento sostenido en el periodo inventariado, excepción hecha de los años 1993, 1996 y 2001 en que se registran descensos respecto al año anterior. En términos de pendiente de la curva, el intervalo 1990-1996 se caracteriza por un crecimiento más moderado que el correspondiente al intervalo 1996-2003. Esta variabilidad de la evolución parece estar puntualmente (puntas/valles anuales) relacionada con la mejor o peor hidraulicidad del año considerado y su implicación en la producción de electricidad de origen térmico, si bien otra serie de factores adicionales, como la expansión general del consumo de combustibles y de la actividad industrial, están en la base del cambio de pendiente observado entre los dos subintervalos temporales antes indicados, 1990-1996 y 1996-2003.
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Se puede consultar en la siguiente página del Ministerio de Medio Ambiente:
2.5 POSICIÓN DE LA COMUNIDAD EUROPEA (CE)