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Phase I: validating the working hypothesis

El siguiente nivel de análisis es el de la cortesía propiamente lingüística, es decir, utilizando la terminología de nuestro diagrama, el nivel de la cortesía no metalingüística. Aquí es necesario hacer una distinción primero entre actos de habla globales y locales. Los primeros pueden denominarse «macroactos», éstos «microactos». Como es bien sabido, hay una estricta correlación entre estas categorías en el sentido de que, en un texto bien estructurado, los microactos se integran tanto formal como conceptualmente en los macroactos. Y lo mismo ocurre con la información sociocultural del texto. Esto conlleva que, en lo que concierne a la expresión de cortesía, no deban producirse discrepancias entre la micro y la macroestructura del discurso.

En el micronivel del acto de habla, la cortesía se manifiesta a través de una variedad de categorías lingüísticas: selección de pronombres de tratamiento, uso del condicional o imperfecto de cortesía, realización indirecta del acto de habla, etc.

En el macronivel del discurso, que es el que enfocaremos ahora, la cortesía queda determinada por factores de coherencia y relevancia interaccional.

Estos factores deben analizarse desde dos perspectivas, según la cortesía se produzca en el turno de un solo hablante o en los turnos alternativos de dos interlocutores. En el primer caso se trata de aportaciones monádicas al diálogo, de extensión variable. Los ejemplos más característicos los encontramos en los actos exhortativos. Fijémonos primero en la estructura de la petición siguiente:

28) Ah, veo que te has cortado el pelo. Estás muy guapa así. A propósito, ¿tienes tiempo para cuidar del bebé esta noche?

En este ejemplo salta a la vista que el acto exhortativo central, que se formula mediante una pregunta informativa, precede una secuencia que tiene carácter de comunicación fática, o, mejor dicho, tiene carácter de comunión pseudofática, ya que el hablante finge no aspirar a ningún otro objeto que el de manifestar una forma de comportamiento socialmente apreciado, mientras que, en realidad, intenta reducir los posibles efectos negativos de su acto exhortativo. En resumen, el macroacto (28) encierra dos estrategias de cortesía diferentes: la comunión pseudofática sirve para

expresar cortesía positiva, en tanto que el carácter indirecto de la exhortación, manifestado por la interrogación informativa, sirve para expresar cortesía negativa.

Un segundo tipo de macroacto exhortativo, que se lleva a cabo con relativa frecuencia, se compone de una petición precedida o seguida de una secuencia de aserciones que tienen por objeto justificar el acto exhortativo central. Procediendo de esta manera, el hablante se comporta como un agente racional, anticipando posibles preguntas sobre su penetración en el territorio intencional del interlocutor. Al mismo tiempo, manifiesta cortesía negativa ofreciendo al oyente la oportunidad de juzgar la razonabilidad de la exhortación. Lógicamente, cuanto mayor sea el grado de imposición, más se le impone al hablante la necesidad de motivar su apelación a la colaboración del oyente. Examinemos un ejemplo concreto tomado de Rintell (1981, 20):

29) Disculpe, señor, mi sobrino no puede ver bien el juego, y yo le agradecería si Vd. Fuera tan amable de cambiar su sitio con él. Porque como Vd. Sabe, la localidad es muy cara, y el niño se va perder el juego si no puede ver.

Este macroacto consta de tres componentes claramente distinguibles: una presecuencia, que encierra la motivación, «mi sobrino no puede ver bien el juego», el núcleo exhortativo: «yo le agradecería que Vd. fuera tan amable de cambiar su sitio con él», y una post-secuencia, que añade dos motivaciones más: «la localidad es muy cara y el niño se va a perder el juego si no puede ver». Nótese que la última motivación no es más que una repetición de la expresada en la presecuencia. La referencia al precio de la entrada, finalmente, es una motivación de segundo orden, que no guarda relación indirecta con el núcleo exhortativo.

En (29) las motivaciones están orientadas hacia el hablante. Paralela a esta categoría, existe otra que consiste en motivaciones orientadas hacia el oyente. Para ver la diferencia, fijémonos en el ejemplo (30):

30) (Madre a su hijo:) Oye, Pepito, se me ha olvidado recoger la tarta que tenía pedida para la visita de esta tarde. Si vas a la pastelería ahora mismo, te daré un trozo. Puedes tomar mi bicicleta.

La macroestructura de (30) es idéntica a la de (29); reconocemos la tripartición de presecuencia, núcleo exhortativo y postsecuencia. La presecuencia sirve para justificar la petición del hablante, mientras que la postsecuencia expresa una motivación orientada hacia el oyente, especificando el provecho que éste puede sacar si cumple el deseo del hablante. Además, se le indica que puede ahorrar tiempo y energía aceptando la oferta de la bicicleta. Estas dos formas de cortesía positiva reflejan la operación de la máxima de tacto de Leech mencionadas en el capítulo 4. La máxima se compone de dos submáximas complementarias, que rezan:

I) Maximaliza el beneficio para el interlocutor. II) Minimaliza el coste para el interlocutor.

Evidentemente, la hablante de (30) actúa conforma tanto a la primera como a la segunda submáxima, haciendo la oferta del trozo de tarta y de la bicicleta, respectivamente.

La última variante del macroacto exhortativo que queda por analizar presenta la petición en forma de un problema. Consideremos el siguiente ejemplo:

31) Necesito un coche urgentemente. ¿Sería posible que me dejaras el tuyo durante un par de horas?

La estrategia desarrollada por el hablante de (31) consiste en hacer una apelación al interlocutor en su calidad de agente racional, capaz de resolver un problema al que el hablante no encuentra solución. La cortesía manifestada de esta manera es de tipo positivo, porque el objeto interaccional que se intenta conseguir es reforzar la imagen positiva que el interlocutor tiene de sí mismo.

De los análisis anteriores se deducen dos patrones –uno bipartito, otro tripartito- que parecen ser característicos del macroacto exhortativo en general. La fase inicial, y en el caso de las secuencias tripartitas, también la final, suele tener un marcado carácter periférico; allí es donde el hablante aplica diferentes estrategias de cortesía, tanto positiva como negativa. Así pues, puede recurrir a la comunión pseudofática, justificar su exhortación o apelar a la ayuda del interlocutor para resolver un problema. En la fase nuclear se enfoca el núcleo ilocutivo del macroacto, especificándose el contenido de la

exhortación. Obsérvese que, a las fases arriba indicadas, puede añadirse la de la salutación. Como el saludo es un acto cortés desprovisto de valor conceptual, se explica que ocupe la posición más periférica posible, o sea, la posición inicial absoluta del macroacto.

Conviene observar, para concluir, que los subactos del macroacto de habla son actos opcionales que sirven de soporte al acto ilocutivo central. Formulado de otro modo, es el contexto situacional el que influye en la decisión del hablante de efectuar un macroacto de habla en lugar de un microacto, o sea, un acto que se realiza mediante una sola locución. Por lo que al factor de opcionalidad se refiere, es interesante detenerse ante una diferencia con macroactos no verbales, que no se dejan reducir a un solo acto nuclear. Compárese, por ejemplo, el hacer un viaje en avión, macroacto determinado por un conjunto de subactos imprescindibles: reservar un billete, ir al aeropuerto, facturar el equipaje, subir al avión, etc. Es evidente que todos estos subactos, por diferentes que sean, integran en su totalidad el macroacto de hacer un viaje en avión.

El segundo tipo de macroacto, mencionado al principio de este párrafo, contrasta con el que acabamos de examinar por consistir en, por lo menos, dos turnos alternativos de los interlocutores; se trata, pues, de aportaciones diáticas o poliádicas al diálogo. Dentro del presente contexto, nos centraremos sobre las llamadas parejas adyacentes. Este concepto, que ocupa un papel primordial en el análisis conversacional, tal como lo practican los etnometodólogos28, puede definirse así:

Key to an ethnomethodological approach, for example, is the adjacency pair: is a sequentially constrained pair of turns at talk in which the occurrence of a first-pair- part creates a slot for the occurrence of a second-pair part, such that the non- occurrence of that second-pair-part is heard as an official absence… Example are question and answer pairs, compliment and response pairs (Schiffrin, 1986, 48-49).

[Un ejemplo clave del análisis etnometodológico es la pareja adyacente, o sea, una pareja de turnos de habla definida como una secuencia en la que la ocurrencia de la primera parte de una pareja crea una posición para la segunda parte, de modo que la no ocurrencia de esta segunda parte se interpreta como una ausencia oficial… Son ejemplos de esto las parejas de pregunta y respuesta, de cumplido y reacción ante el cumplido.]

28

El origen del análisis etnometodológico hay que buscarlo en las publicaciones de Garfinkel (1967) y Sacks, Schegloff y Jefferson (1974).

Esta cita pone de manifiesto que la pareja adyacente refleja la estructura canónica del diálogo que se caracteriza por una repartición equilibrada de turnos; es decir, lo normal es que el turno de uno de los interlocutores provoque el siguiente turno del otro.

Formalmente, cabe hacer una distinción entre parejas simétricas y asimétricas. En el primer caso, el segundo miembro de la pareja se da como eco del primero, fenómeno típico del intercambio de fórmulas de saludo y despedida. Como sugiere el término en sí, la pareja simétrica se manifiesta a través de turnos no idénticos. Un ejemplo ilustrativo es la secuencia de pregunta y respuesta, en la que la estructura del segundo miembro es necesariamente distinta de la del primero.

Si nos fijamos en la realización cortés de la pareja adyacente, constatamos en primer lugar que hay casos en que el primer miembro provoca una reacción estereotipada. Así, es cortés devolver un saludo o agradecer una oferta o invitación. En otros casos, sin embargo, el segundo miembro no se da de una manera preestablecida. Aquí se percibe una diferencia entre respuestas preferidas y respuestas no preferidas. Veamos algunos ejemplos. El acto de dirigir un cumplido al interlocutor puede provocar varias respuestas preferidas. Brown y Levinson (1987, 39) mencionan tres variantes distintas:

I) aceptar el cumplido reduciendo el elogio;

II) aceptar el cumplido atribuyendo el elogio a una tercera persona; III) devolver el cumplido.

Cabe deducir que una respuesta no preferida es aceptar el cumplido sin más ni mas, pues este tipo de reacción implica que el que recibe el cumplido sólo concede importancia al refuerzo de su propia imagen positiva.

Un caso más complicado es la invitación. Ya hemos visto que la respuesta convencional es agradecer al interlocutor la realización de un acto comisivo. No es raro, sin embargo, que la pareja adyacente correspondiente sufra una expansión, puesto que, si por una parte es cortés invitar a una persona, por otra es también cortés negarse a aceptar la invitación. Lógicamente, si el primer interlocutor insiste en que el segundo acepte, y éste, a su vez, insiste en no aceptar, la secuencia puede desembocar, en teoría, en un proceso de regreso infinito. En un estudio empírico del chino moderno, Gu (1990, 253) llega a la conclusión de que la secuencia de invitar y rechazar suele repetirse tres

veces antes de que se acepte la invitación. Mirando las cosas desde una perspectiva universal, podemos formular la hipótesis de que las cultures difieren notablemente con respecto a la realización del macroacto en cuestión. Una comparación global entre las culturas holandesa y española, por ejemplo, muestra que los holandeses hacen uso en general de menos turnos alternativos para llegar a la aceptación de la invitación que los españoles. En lo que respecta a algunos aspectos idiosincrásicos de la interacción española, es de interés remitir a Beinhauer (1985, 142):

Para insistir en una invitación que no ha tenido éxito se recurre a una forma muy característica de la mentalidad española: ¿Me va usted a hacer ese desaire? (o ese desprecio, o ese feo). Y para evitar que así se interpreta la no-aceptación, se suele decir: no me lo tome usted a desaire. El mismo pundonor característico revela la pregunta del que invita: ¿me lo desprecia usted? (es decir, «¿me cree usted indigno de ofrecerle esto?»).

A continuación, centraremos la atención en la pareja adyacente aserción-respuesta a la aserción. Aquí, la reacción preferida consiste en mostrarse de acuerdo con la aserción hecha en la primera parte de la pareja. El segundo locutor puede aumentar el grado de cortesía de la respuesta preferida reforzando el núcleo proposicional de la aserción. Por ejemplo:

32) A: Me ha gustado la última novela de Delibes. B: Sí, es un libro fenomenal.

La respuesta no preferida a la aserción consiste en negar que la proposición expresada corresponda a un estado de cosas real. Como la disensión amenaza la imagen positiva del interlocutor, poniendo en duda sus conocimientos del mundo o la veracidad de lo que asevera, es corriente que se introduzca por medio de una afirmación, que va seguida de una conjunción adversativa que divide el turno en dos partes, una afirmativa y otra negativa. La formulación prototípica es: Sí, pero… Este sí funciona como señal de cortesía positiva, porque sugiere que hay un acuerdo parcial con relación a la opinión expuesta. En realidad, sin embargo, no se trata sino de un pseudoacuerdo.

Un caso especial es el del diálogo sobre un tema específico entre un locutor experto en la materia y otro no experto. El tipo de interacción más profundamente investigado es la conversación entre médico y paciente. Se ha comprobado (Atkinson, 1982; Heritage, 1984) que en la mayoría de los casos los médicos escuchan la anamnesia de sus clientes sin intervenir, o si intervienen, es mediante un breve sí o una inclinación de cabeza. Estas llamadas respuestas mínimas caen fuera de la clasificación de los actos de habla corteses y no corteses; sirven únicamente para indicarle al locutor que se está prestando atención a lo que dice, de modo que no significan ni asentimiento ni disentimiento.

La última categoría de macroacto diádico relevante para esta investigación es el acto exhortativo. La reacción preferida, que puede o no ir acompañada de un asentimiento verbal, consiste en acceder a la exhortación. En lo que se refiere a la reacción no preferida, o sea, el rechazo de la exhortación, cabe advertir que las estrategias de cortesía muestran diferencias interculturales. Así, por ejemplo, en las culturas asiáticas es descortés formular una reacción abiertamente negativa. Esto lo ilustra la siguiente observación de Lloyd (1984, 87): una británica casada con un hindú, que pasó dos años en el campo de la India:

I later learnt that no-on ever flatly denied a request, however outrageous.

[Más tarde me di cuenta de que nadie se negaba nunca rotundamente a cumplir una petición, por muy extravagante que fuera]29.

En las culturas occidentales, la reacción no preferida suele mitigarse mediante una justificación que indica por qué le es imposible al hablante exhortado acceder a la exhortación. Llama la atención que, en general, la respuesta no va introducida por la

29

Este tipo de reacción es similar a la manifestada por personas que fingen estar enteradas de hechos de los que sus interlocutores creen que están enterados. Beinhauer (1985, 134) cita este ejemplo:

Julia (hablando de su marido): Calixto Romero; le oiría usted nombrar. Guzmán: Sí, tengo una idea.

Y éste es el comentario de Beinhauer:

Calixto Romero es un fabricante enriquecido, y, naturalmente, su mujer cree que todo el mundo le tiene que conocer. Guzmán en su vida ha oído hablar de él, pero evita confesarlo a Doña Julia y contesta: Sí, tengo una idea.

Obviamente, la mentira piadosa –Beinhauer habla de «mentirijilla»- tiene por objeto no defraudar las expectativas del interlocutor, de modo que sirve de estrategia de cortesía positiva. Refiriéndose a la mentira piadosa en términos generales, Bienhauer observa:

Lo desagradable que es para un español tener que dar negativas rotundas está reflejado de un modo característico en la calificación de algo árido como más seco que un no (1985, 134- 135).

negación explícita no; es indudable que se trata aquí de una estrategia que tiene por objeto prevenir que se vea amenazada directamente la imagen positiva del interlocutor30. Otra estrategia que sirve para atenuar los efectos negativos del rechazo de la exhortación consiste en acompañar la justificación con una contrapropuesta.

En resumen, la distinción entre respuestas preferidas y no preferidas es fundamental para el análisis de la cortesía, como se manifiesta en las parejas adyacentes. La conclusión general es que las respuestas preferidas expresan cortesía por respetar la imagen positiva que la persona a quien van dirigidas tiene de sí misma. En las respuestas no preferidas, el hablante cortés se esfuerza por compensar verbalmente la reacción negativa al acto de habla de su interlocutor. Según el tipo de acto de habla, hemos visto que las estrategias de cortesía tienen como finalidad:

I) reducir el elogio de un cumplido;

II) mostrar empatía por el interlocutor al negarse a aceptar una invitación; III) introducir el disentimiento por medio de un pseudoasentimiento; IV) indicar el motivo o los motivos por los que se rechaza una exhortación.

Para concluir, es interesante constatar que, a diferencia de las respuestas preferidas, las no preferidas suelen producirse con un breve aunque perceptible retraso, intercalándose entre la primera y la segunda parte de la pareja una pausa o una interjección monosilábica, como eh….

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