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TQM philosophy

Chapter 4: SME & Financial Performance – The Greek Crisis

5.4. Phase One: The Qualitative Data Analysis: Methodology

La Virgen María me llevó una vez, -parece que lo tengo patentito, lo estoy viendo- por donde tiene que recorrer el hombre cuando muere. No puedo explicar lo que vi porque la Virgen me dijo: “lo que tus ojos ven, tus oídos, tu boca y tu lengua, ¡jamás lo podrán descifrar!”

¡Pero es algo maravilloso, precioso, la Mansión Ce- lestial es preciosa!

Pero grande es el dolor de aquella persona, de aquella alma que queda en el Río de Fuego. La lamentación de esa gente que está ahí, de esas almas. Yo no las vi, en el sueño sentía los lamentos no más.

Porque cuando la Virgen María me llevó, salimos para allá donde estaba el Río de Fuego, y se sentían gemir las almas. Y nosotros pasamos con la Virgen María para arriba, y había como un cerrito y me pu- so a que mirara todo lo hermoso que había ahí. Pero no vi en ningún momento alguna persona. Vi lo her- moso donde llegan las almas no más, pero las almas no las vi. ¡La parte hermosa, imposible describirla!

Y ahí ella me explicó cómo hay que sacar el alma del difunto que queda en el Río de Fuego, porque toda alma tiene que pasar a purificarse ahí. Yo no me pasé a purificar porque no estaba muerto, eso la Virgen me explicó clarito. Ella me dijo todo lo que hay que hacer y yo fui sacando en versos todo lo que ella me dijo. Fui armándolos en referencia a lo que la Bendita me dio a entender.

No hay ningún alma que no tenga que pasar por el Río de Fuego. Ahí es donde se purifican las almas. Ese es el verdadero purgatorio, como se llamaba an- tes. Ahí hay que pasar. De ahí usted tiene que sacar las almas para afuera. Pero tiene que ser igual como me lo dijo la Virgen María a mí. No cualquier gallo lo puede hacer.

Cantando tiene que irle pidiendo a la Virgen, a los ángeles y arcángeles.

Y hay doce puertas selladas y tienen doce candados. Yo tengo las llaves para todos esos candados. Pero usted no puede ir a cantarle a cualquiera, si se tupe y lo hace mal, al otro día puede amanecer chueco, ¿Usted cree que ir a sacar el alma de un difunto para arriba, ayudarlo a subir, es cosa sencilla?

¡Prefiero trabajar un año a la pala y no hacer eso! Cuando me tocó ir a sacar el alma de mi amigo, ir a encaminarla, estuve dos días en la cama, muerto, como si hubiera trabajado 100 años. Si usted está peleando con la Muerte, tiene que estar preparado para que la Muerte no lo vaya a llevar a usted. ¡Si la Muerte es viva!

Estas son cosas muy grandes y cualquier gallo no puede cantarlas. Le voy a decir una cosa ¿ha es- cuchado de las siete palabras redobladas? son una

miseria delante de esa divinidad que hay para llevar el alma para allá. Y usted sabe que las palabras re- dobladas no son travesura.

Yo, de ir a cantar, a despedir a un gallo, voy en cual- quier momento, pero ayudar a sacar el alma es muy diferente.

Cuando saca el alma usted le va pidiendo, le va diciendo en el canto lo que tiene que hacer el alma, pidiéndole. Empieza usted abriendo el primer cielo ¿usted cree que el cielo es uno? No amigo, ¡son once cielos!

En el duodécimo está Jesús, recién ahí. Son doce cielos que tiene que pasar. Está el de la Virgen Ma- ría, el del granizo, el del trueno, el de las alabanzas, el de la pestilencia, el de las maldiciones, el de las tinieblas, así todos los cielos para arriba.

Si no es travesura esa cuestión. Eso no está escri- to en ningún libro. Eso a mi me lo reveló la Virgen María una vez en sueños, y nunca más se me salió de la cabeza.

Mire, el alma cuando sale del cuerpo de uno, queda flotando, dando vueltas aquí, en el aire, buscando el camino. Quiere caminar para arriba, pero si los pecados han sido muchos en la tierra, no puede, ahí está. El alma queda aquí, queda flotando para todos los días de la vida.

Entonces ahí yo le canto, empiezo a pedirle.

Pero cuando usted va encaminando el alma hacia arriba, los versos se le van haciendo más difíciles de componer, hay algo que le quiere perturbar la mente.

Y usted se da cuenta cuando ya el alma sale porque el canto se alivia de un peso y todas las cosas le vienen a la memoria y empieza a cantarle y a sa- carlo para arriba. Usted está recién cantando y ya el otro verso está listo en la cabeza. Pero cuando está recién sacándolo se pone pesado, se le olvida, como que no pudiera pronunciar una palabra. Claro, porque el Maligno no quiere que el alma llegue allá.

CON MI HUMILDE DEVOCIÓN: Bailes Chinos en Chile Central

98 El alférez Galdames: entre el cielo y la mar 99

Por eso que usted tiene que estar bien preparado, no puede ir a sacar el alma de cualquier persona, encaminarla para el cielo si no está bien preparado. Si es como un exorcismo, como pelear contra una cosa diabólica.

Yo estoy capacitado para hacer eso como una hora, una hora y cuarto máximo, más allá no me la puedo. Si el alma llega más arriba del cielo, no sé. Pero que la saco de la atmósfera para arriba, sí. Que la puedo sacar del Río de Fuego, sí que sé.

Y después que el alma sale, sigue hacia arriba y ahí viene la balanza de San Pedro. Yo saco las almas del Río de Fuego, pero no puedo hacerlas entrar al Reino de los Cielos, porque no tengo el poder de pelear con Jesús. Hasta ahí no más llego yo.

Silencio. Los muertos están muertos. Nosotros estamos vivos. Aún. La muerte nos está mirando. Algún día, tal vez, seamos almas buscando el camino.

Tantas religiones en el mundo,

tantas maneras de explicarse el universo. Y en todas ellas la muerte es un paso. La energía no se pierde, se transforma.

Algún día, tal vez, estemos buscando el camino. Quilama conoce ese camino.

Se lo mostró la Virgen María en un sueño. No hay más palabras. Es absurdo seguir sumando letras. Quilama ha dicho demasiado.

Algún día sabremos. Tal vez.

Galdames cantando al Cristo en la cruz. Fiesta de La Cruz de Mayo de Pucalán, mayo 2003.

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