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La realidad histórico-política de República Dominicana hoy está marcada por la personalidad de caudillos. Fueron varios, pero un hito que marca, sin lugar a dudas, el proceso de construcción de la conciencia política contemporánea del país es la tiranía de uno de los más crueles opresores de la historia del continente americano, Rafael Leonidas Trujillo Molina. “El generalísimo”, como se le llamaba, es considerado rey de la sangre, de la muerte y del abuso del poder. Fue la figura que instituyó el pánico como moneda circulante en toda la isla, durante tres décadas.

El neopatrimonialismo resume sus formas de conducirse como gobernante y, en general, la organización mental de la política dominicana se orquesta a partir de Trujillo. Algunas de sus destacables acciones o ideologías fueron:

-Quien tenía el poder, debía procurarlo y ejercerlo, en tanto que era permitido cualquier tipo de abusos en todas las esferas, y quienes los protagonizaban se sentían impunes y amparados por un manto de poder: diputados, alcaldes, jefes militares, etc.

-La instauración del paternalismo a ultranza. El gobernante era el “padre” que sabía todo, lo que imponía como norma la centralización completa del poder, lo que a su vez propiciaba un presidencialismo pujante.

-Tener el terror como bandera. El pánico al poder era evidente, y se reforzaba cada día más. El tirano hizo del miedo su mejor baluarte. Quien tenía el poder suponía que los demás estaban con él o contra él, no había puntos medios.

-Fruto de la cultura del terror, nació la piratería de calle, “los informadores”, el vaivén de la chismografía, los celadores del oprobio, el comercio del silencio, lo que no permitía delatar a los traficantes de los bienes y propiedades nacionales.

-Trujillo orquestó, durante su imperio un desprecio por los haitianos que permeó todas las capas y estructuras sociales dominicanas. Así se instauró esa urgencia por marcar las diferencias de lenguas, culturas, religiones y organizaciones socio políticas entre los dos

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pueblos, fomentando el discurso que llevaría a escenificar en el campo de batalla masacres como la de 1937.

De lo mencionado con anterioridad, es propicio aclarar que, primero, aun en nuestros días la figura del presidente se transforma en la del líder o “superhéroe” sobre el que recaen las soluciones a los problemas sociales y públicos, en sentido general, lo que hace de él una especie de mesías que vuelve cada cuatro años a “salvar” a los ciudadanos. Tal y como apunta Belarminio Ramírez (1997): “el poder político en la República Dominicana lo envuelve todo. Quien detenta el poder se convierte en un semi dios, en una persona a quien todos le rinden culto. Eso mismo sucede con el grupo que tiene el control del poder. Ahí estriba el por qué de la politización de la sociedad dominicana”.

Y segundo, que aunque las relaciones con Haití hoy en día están caracterizadas mayormente por la cooperación y cordialidad, y a pesar de contar República Dominicana con una población de más de un millón de haitianos, en el subconsciente social persiste el rechazo, a veces reprimido, hacia ellos.

Otro gobernante, cuya mención en este tema es obligatoria, es Joaquín Balaguer, discípulo de Trujillo. Él también incidió considerablemente en ese forjamiento del ser político dominicano, a partir de ciertas premisas, como:

-Imposición del fraude y de la adulteración de la decisión popular en los procesos electorales, como forma de ejercicio “democrático”.

-El Estado, como soberano, atendía sus prioridades y transaba sólo con quienes quería, llegando a ser anecdóticas las relaciones de poder entre Balaguer y algunos empresarios, por ejemplo.

-El clientelismo político, afianzado en la “solidaridad social” como disfraz y motivación al apego a las dádivas: raciones de comida que conseguirlas conllevaba largas filas, es sólo una muestra de ello. Para asistir a los mítines políticos, también distribuía algún tipo de bien material, es decir, los ciudadanos no iban por convicción sino porque sus conciencias estaban compradas al irrisorio precio que equivalía a un enser o mueble del hogar o la comida de tres días.

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-Poner precio a las personas y las que no quisieran venderse, es decir, actuar a favor del gobierno, eran eliminadas, como es el caso de periodistas desaparecidos o vilmente asesinados. Del mismo modo, los gremios y grupos sociales que intentaron transformaciones en esos años fueron amilanados en sus intenciones.

De lo alusivo a Balaguer, es preciso dar cuenta de que desde la contienda electoral de 1994, en República Dominicana no se producen esos fraudes descomunales, los cuales eran por demás demasiado obvios. Se puede decir que desde que el líder reformista dejó de ser candidato, en el país no se dieron situaciones embarazosas por denuncia de trampas electorales. Tampoco en la actualidad se realizan esas persecuciones tan vehementes a los opositores del gobierno. Lo que sí continúa es el clientelismo. No se imagina el proselitismo político sin esas “gratificaciones”. “El candidato que no da, no gana”, es la consigna dominicana.

“Las campañas electorales dominicanas se han caracterizado por un desproporcionado gasto en publicidad, movilizaciones como marchas y caravanas y otras actividades políticas, así como en dádivas, vehículos y equipos. El derroche ha originado persistentes reclamos de una regulación que acorte las campañas, limite el gasto publicitario y prohíba la compra de conciencias, como cuestión fundamental para cumplir con el principio de equidad al que la Constitución obliga, encargando a la JCE de garantizarla”, reflexionó Participación Ciudadana37.

Estos pilares del accionar político dominicano son aun asumidos por la mayoría como los aceptables, lógicos o normales, a partir de lo que se ha transmitido de generación en generación. Así se ha quedado: ciudadanos desinteresados en renunciar a estas costumbres y una clase política contaminada con estas prácticas. Aunque instituidas por Balaguer, muchas de esos manejos del poder fueron adoptados también por el PLD y el PRD (con Bosch y Peña a la cabeza), quedándose perpetuados libremente.

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Cuarto Informe de Observación Electoral: Elección Presidencial del 2012. Link consultado el 21 de noviembre de 2012:

http://www.pciudadana.org/explorer/oe12/Informes/4to%20Informe%20de%20Observaci%C3%83%C2%B3n %20Electoral%202012.pdf

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Y es que con las desapariciones físicas de Trujillo y Balaguer no murieron sus grandes influencias sociales, económicas, culturales y políticas. De sus estilos de gobernar hay un importante remanente hoy, visto hasta el mismo 2012, cuando gobernaba Leonel Fernández.

En la última década, el país ha vivido con escasos cambios respecto al manejo del poder por parte del gobernante y sus funcionarios. Persiste la pleitesía al mandatario, con acciones tan trujillistas como colocar su fotografía en las recepciones y oficinas de instituciones públicas (Danilo Medina al llegar al poder en el 2012 eliminó esta práctica). Asimismo, la conversión de cualquier acto de inauguración de obras de infraestructura en proselitismo y autopromoción.

Rosario Espinal, reconocida politóloga dominicana manifestó que actualmente el sistema político dominicano está basado en el liderazgo de los tres caudillos (Balaguer, Bosch y Peña) y sus formas, a partir del inicio de la vida democrática en 1978, y que desde entonces, el partidismo se sostiene del clientelismo y de la corrupción, en detrimento de las confrontaciones ideológicas. Comentó además, entre otros puntos, cómo los partidos son subsidiados por el Estado y el sector privado, por lo que son nidos de acumulación de riqueza38.

3.3.2 Situación social de la República Dominicana ante las elecciones

La población dominicana es muy política, en el entendido de que participa mucho del proselitismo electoral; incluso se habla del tema hasta cuando no se está en campaña. Esto, amén de que en sondeos realizados la mayoría de los ciudadanos ha enjuiciado negativamente el desempeño de los partidos políticos. Se ha convertido en una ciudadanía descreída, luego de ver cómo los distintos gobiernos y diferentes partidos llegan al poder para hacer poco, enriquecerse e irse sin haber resuelto las necesidades acuciantes del pueblo.

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Hoy, 14 de agosto de 2012. Link consultado el 23 de noviembre de 2012: http://hoy.com.do/la-democracia- dominicana-ya-dio-lo-que-iba-a-dar/

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No obstante, la simpatía que tienen muchos ciudadanos encuentra su base en la precariedad económica que ellos viven, ya que al menos durante unos meses consiguen mejorar su calidad de vida, gracias a lo que el clientelismo les proporciona. Ya después, se quedan vinculados al poder de algún modo, lo cual también es importante, por razones que más adelante se expondrán.

Otra relevante causa de esta elevada participación en política es que en el país se tiene el concepto de que quien se inmiscuye en ella, progresa. Y esto puede verse en dos sentidos. Primero, la arraigada cultura de necesitar “estar pegado”39 con algún político que ayude a resolver problemas. Y más allá, en República Dominicana todo aquél que desea lograr alguna incidencia social necesita tener “relaciones políticas”. Por mencionar un caso, lo que sucede en importantes gremios, en los cuales el proceso de elección de sus presidentes, directores o encargados depende del respaldo de una entidad política; desde la Federación de Estudiantes de la universidad estatal hasta los Colegios de médicos, abogados y otros. Esto marca que no bastan los méritos para ejercer un cargo, sino que es obligatorio el apoyo de un partido.

El segundo, fundamentado en la relación corrupción-impunidad. La clase política nacional ha demostrado que puede ingeniárselas para hacer sus fechorías al más alto nivel, sin que la justicia los alcance. Por eso, muchos deciden participar en política. Piensan que es un modo fácil y rápido de ascender en el escenario de la vida pública nacional y hacerse ricos.

De su lado, la mayoría de votantes perciben que los políticos sólo se interesan por ellos mismos, sus familias y el partido al cual pertenecen, de modo que tienen una imagen negativa. Cada día disminuye la credibilidad en quienes hacen política.

Los ciudadanos, envueltos en esta vorágine sociopolítica, se aprestaron a elegir al presidente dominicano para el periodo 2012-2016 y siete diputados para representar a la diáspora dominicana. La sociedad, ante estas elecciones, estuvo muy abierta a recibir las

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En el argot popular dominicano, “estar pegado” significa tener conexiones importantes con poderosos, famosos, etc.

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propuestas de los candidatos y lo que más requería era un cambio; nuevas acciones políticas, económicas y sociales que enrumbaran al país por derroteros distintos.

El momento no exigía menos. República Dominicana arrastraba carencias tan básicas como un eficiente servicio de energía eléctrica, desde iniciada la vida democrática, hacía 50 años. Y cada programa de gobierno de los aspirantes en las campañas electorales anteriores dedicaba un apartado a este tema. Sin embargo, una vez juramentado un presidente, le transcurrían los cuatro años habiendo aportado poco. Y así ha sucedido con muchos otros renglones prioritarios de la vida nacional.

Los dominicanos identificaron la inseguridad ciudadana como su mayor

preocupación, según el estudio

“Inseguridad ciudadana sigue siendo principal preocupación para 2014”, publicado por el Observatorio Político Dominicano40.

“Escenarios”, la revista de Análisis Económico del Centro de Estudios Regionales Latinoamericanos (CERLA) del Tecnológico de Monterrey, publicó un estudio sobre la situación dominicana durante el 2011 y de cara al 201241, año electoral. En él se asentó que el país tuvo una tasa de desempleo de 15.7% en promedio en la última década y que el 21% de las mujeres y el 9.7% de los hombres de la población económicamente activa estaba sin empleo. De igual modo, reflejó que un 29.7% de la juventud (entre 15 y 24 años) no tenía trabajo.

Estas estadísticas reflejan la razón por la cual el desempleo se convirtió en problema social importante en las discusiones y propuestas. Y más aún, el énfasis que pusieron los candidatos en los jóvenes y las mujeres, como estratos más endebles. La citada investigación publicada dio cuenta asimismo de que en el 2011 los dominicanos básicamente se dedicaban a trabajar en las actividades agrícolas, pecuarias y manufactureras (en zonas francas) y al sector de servicios, en la industria turística, en

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Observatorio Político Dominicano. Link consultado el 5 de diciembre de 2012:

http://www.opd.org.do/index.php?option=com_content&view=article&id=1372:inseguridad-ciudadana-sigue- siendo-principal-preocupacion-para-2014-&catid=299:ruta-2014

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esencia. Estimó que la economía informal dominicana producía alrededor de 904.854 millones de pesos dominicanos, equivalente a 92.108 por habitante y que para el 2012 los porcentajes de desempleo se estarían alrededor de un 8.5% en los países desarrollados, y de un 7.2% en Latinoamérica y El Caribe.

Estas cifras dejan cierto asombro, en lo que se refiere al tema de los empleos, puesto que si el país había alcanzado un crecimiento económico, no era señal positiva que tuviera una tasa de desempleo tan alta, en comparación con otros estados latinoamericanos que no crecieron igual.

En una carta abierta que Amnistía Internacional dirigió a los candidatos a las elecciones presidenciales, el 19 de abril del 2012, les solicitó de cara al próximo gobierno, entre otras cosas: garantizar que las personas están debidamente protegidas de la delincuencia y la violencia, que se designara al Defensor del Pueblo, aplicar medidas efectivas para reducir la violencia de género, promover la firma, ratificación y aplicación de los tratados internacionales de derechos humanos y que no se privara arbitrariamente de su nacionalidad a los dominicanos y dominicanas de origen haitiano, de manera que se les protejan plenamente los derechos de las personas migrantes de Haití.

Si de evaluar a ambos aspirantes presidenciales se trató, el panorama era confuso. Había quienes evaluaban positivamente al gobierno de ocho años seguidos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), en función del desempeño económico logrado, luego de la crisis del 2003. Sin embargo, este aspecto no fue el únicamente evaluado por la opinión pública y la ciudadanía. Estuvieron sobre el tapete los temas: inversión en salud, educación y vivienda, nivel de vida de maestros, médicos y policías, combate al narcotráfico y a la delincuencia, construcción del metro de Santo Domingo, la corrupción, la impunidad, entre otros.

El votante tenía de un lado este escenario y del otro la valoración de la administración de Mejía 2000-2004 y del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), durante la cual República Dominicana vivió una gran crisis tras la quiebra de bancos privados, que provocó un aumento de la prima del dólar, por mencionar sólo una de las consecuencias. A

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este hecho se sumó la reforma constitucional que hizo para poder postularse a la reelección. Al final, quedó una estimación sombría del gobierno perredeísta.

El gran reto de ambos postulantes para estos comicios era mostrar que era posible una transformación. Los peledeístas tuvieron que insistir en que los errores cometidos no se repetirían y que las promesas de mejor vida serían cumplidas. Esto en medio de una fuerte percepción de incremento de los niveles de corrupción e impunidad, sobre todo por los últimos casos develados por la prensa. Estaba planteada la interrogante de si el PLD merecía la permanencia en el Palacio Nacional.

De hecho, a Medina se le vio nadar en dos aguas: a nivel interno con deferencia y respeto al presidente y su gabinete, y externo, con suficiente demostración de que no iba a ser más de lo mismo, aspecto acreditado en su eslogan de campaña. En las calles se comentó innúmeras veces que Medina estaría al servicio de Fernández y que sería éste último quien en verdad gobernaría. Había la percepción de que el candidato carecía incluso de personalidad y capacidad para asumir un estilo propio.

De todos modos, podría entenderse que aun si Medina gobernaba guiado por sus propias convicciones y propuestas, Fernández tendría cierta incidencia, a partir de su liderazgo dentro del PLD (mayoría de dirigentes, legisladores y simpatizantes le siguen), fuera de él, a nivel nacional (tenía alrededor de un 60% de aprobación popular al momento de dejar el gobierno) e internacional. Por supuesto, sin dejar de mencionar que su esposa asumiría de vicepresidenta.

Respecto al “cambio” y ante el apremio de tener a dos postulantes que parecían incapaces de representar ese valor, el ciudadano común podría votar por el que consideraran “menos malo”. Pese a ello, en un determinado momento ambos partidos asumieron como eslogan el tema del cambio. El PLD tomó la delantera, robándole ese discurso al PRD, al autodenominarse “el cambio seguro”.

Medina habló reiteradamente de superar la pobreza que arropaba al grueso de dominicanos. Muchas veces dijo que se había logrado un crecimiento económico y una riqueza y que era momento de que los más pobres percibieran esos frutos. En general, dirigió su discurso a los ejes que potenciaría, a fin de mejorar la calidad de vida de la gente,

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en especial, de los más necesitados: apoyar la agropecuaria, el turismo y las zonas francas. También un plan de alfabetización, tanda escolar extendida y seguridad social.

Por otra parte, el candidato perredeísta centró su discurso en una evaluación al gobierno de Fernández y cuando mencionaba a Medina era para recordar que fue su secretario de presidencia. Habló en varias ocasiones de que la saneada economía y progreso que exhibían como logro el PLD sólo la disfrutaban las élites, pero que las grandes masas seguían tan empobrecidas como años atrás. Advirtió que durante las tres administraciones del entonces mandatario el gasto público fue muy elevado, a consecuencia de la corrupción y que las riquezas han sido usadas para sustentar el clientelismo que llevaba el partido de gobierno.