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6.2 Phasing of Development
Nilda Susana Redondo
Introducción
En estas páginas se analiza la conversión al peronismo del grupo político- cultural marxista que se expresa en la revista cordobesa Pasado y Presente (PyP). Se
trata de un fenómeno típico de inicios de los 60 en Argentina: el éxodo del Partido Comunista al que consideran dogmático e incapaz de comprender tanto al pro- pio marxismo como a la realidad sociopolítica en la que se inscribe. La inquietud fundamental es ver cuál es la manera de concretar la revolución socialista en aquel presente; es decir, sin esperar que se realicen determinadas etapas históricas. Entre el 64 y el 73 vemos un movimiento que va desde el guevarismo hasta la izquierda peronista. En todos los casos es constante la necesidad de la lucha armada para llevar adelante un proceso revolucionario pero a la vez se observa el imperativo de lograr la inserción en el movimiento de masas. De aquí que las dos circuns- tancias históricas que tensan la perspectiva de PyP sean la Revolución Cubana y
el peronismo. Los problemas que surgen en Argentina son el fracaso del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), en 1964, en Salta y, en 1973, la demostración de que Perón y la estructura del Partido Justicialista tienen un proyecto capitalista y avanzan hacia la destrucción de la izquierda revolucionaria.
Pasado y Presente tuvo su primera aparición en abril de 1963 en la ciudad de
Córdoba, y en esta primera época, publicó nueve números en seis volúmenes hasta septiembre de 1965. Estaba impulsada por jóvenes que pertenecían, en ese mo-
57 Conferencia de Nilda Redondo en la Cátedra Libre Ernesto Che Guevara de la Facultad de Ciencias Humanas, UNLPam, el 31 de Mayo de 2013. Ponencia presentada en XIX Jornadas de Investigación de la Facultad de Ciencias Humanas, UNLPam, 8 y 9 de Septiembre de 2011.
mento, al Partido Comunista Argentino (PCA): unos de aquella ciudad como José Aricó, Oscar del Barco, Héctor Schmucler y Samuel Kiecskovsky; otros, de Bue- nos Aires, como Juan Carlos Portantiero (Burgos, 69). El maestro de estos jóvenes en el PCA había sido uno de sus intelectuales más conspicuos y activo difusor de la obra escrita de Antonio Gramsci en Argentina: Héctor Agosti (Altamirano, 2011; Burgos, 2004; Aricó, 2005). Esta influencia probablemente haya tenido mucho que ver con las derivaciones hacia el nacionalismo popular —no por Agosti quien permaneció en el PC sino por Gramsci—, manifestadas en particular en la segunda época de la revista, transcurrida entre abril y diciembre de 1973, con la publicación de tres números en dos volúmenes (Burgos, 68).
El estudio del pensamiento político-cultural de este grupo de intelectuales es relevante porque concentra una multiplicidad de tensiones que se produjeron en la izquierda argentina y en el peronismo de este período, y da una particularidad a la nueva izquierda argentina. Portantiero dirá, años después, que en los tempra- nos sesenta eran “gramscianos, guevaristas, maoístas” porque eran voluntaristas y antideterministas (Altamirano, 192).
Además, a contramano de otras tendencias revolucionarias, PyP valoraba el
papel de los intelectuales en la construcción del nuevo bloque de poder deseado. Por otro lado, tuvo un temprano conocimiento del contrapoder y de la democracia de base en la fábrica, debido a que estaba en contacto directo con una sociedad radicalizada en la que tuvieron lugar, primero, la CGT de los Argentinos, en 1968; luego, el Cordobazo, en 1969, y, en los primeros 70, los SITRAC-SITRAM y las construcciones del sindicalismo de base combativo; a la vez, tradujeron y difun- dieron en sus Cuadernos de PyP —específicamente en Teoría Marxista/3,en 1973,
que compila artículos de Rossana Rossanda, Jean Paul Sartre y Potere Operaio, entre otros— las experiencias del Poder Obrero Italiano, ese en el que militaban
jóvenes como Paolo Virno o Antonio Negri (Negri, 2003). Finalmente, el papel de difusión del marxismo revolucionario crítico que cumplió la Editorial Pasado y Presente fundada por Arico, del Barco, Juan José Vargas y Santiago Funes en 1968 (Burgos, 154-164) es significativo no sólo en Argentina sino en América latina; se- guramente ha contribuido a romper diques y desarrollar el pensamiento en acción, típico de los 60 y 70, esa subjetividad de tiempo-ahora revolucionaria (Redondo, 2010). Evaluando la experiencia pasada, Aricó dijo que Cuadernos expresó:
La heterodoxia de la Tercera Internacional fue una especie de panóptico en el que la historia del movimiento socialista dejaba de ser la del enfrenta- miento entre la verdad y el error, entre el bien y el mal, entre una interna-
cional buena y otra mala; aparecían historias discontinuas y fragmentarias, momentos de iluminación y momentos de ceguera, problemas que el debate no clausuraba, etc. (Burgos, 156).
Nuestro propósito
En este trabajo se analizará la conversión al peronismo del grupo político- cultural marxista Pasado y Presente. Se tomarán como referencia los editoriales de
las revistas PyP Nº 458, de enero-marzo de 1964 y las Nº 1 y Nº 2/359, segunda
época, de 1973.
El grupo manifiesta un fenómeno típico de inicios de los 60 en Argentina: el éxodo del Partido Comunista (PC) —en este caso forzado porque el PC los expulsa (Burgos, 2004)— al que considera dogmático e incapaz de comprender tanto al propio marxismo como a la realidad sociopolítica en la que se inscribe. La inquie- tud fundamental que tiene es ver cuál es la manera de concretar la revolución socialista en aquel presente; es decir, sin esperar a que se realicen determinadas etapas históricas, tal como lo sostenía el PC (Löwy, 1982; Altamirano, 2012). En este sentido, en la década 63-73 vemos, en este núcleo intelectual, un movimien- to que va desde el guevarismo hasta la izquierda peronista. En todos los casos se presentará como constante la necesidad de la lucha armada para llevar adelante un proceso revolucionario pero, a la vez, se observará el imperativo de lograr la inserción en el movimiento de masas. De aquí que las dos circunstancias históricas que tensan la perspectiva de PyP sean la Revolución Cubana y el peronismo.
Los problemas que surgen son, por un lado que el éxito de la guerrilla en Cuba no se repite en Argentina; así es que el fracaso del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) en Salta en 1964 (Rot, 1997, 2000; Redondo, 2009) será el fan- tasma que merodee el editorial de la Nº 4. La demostración de que Perón y la estructura del Partido Justicialista tienen un proyecto capitalista y avanzan hacia la destrucción de los “jóvenes imberbes”60 es el otro fantasma a aventar y estará
presente en los editoriales de la segunda época.
58 Directores: Oscar del Barco y Aníbal Arcondo. Secretario de Redacción: Héctor Schmucler. Consejo de Redacción: del Barco, Arcondo, Schmucler, José María Aricó, Samuel Kieczkovsky, Juan Carlos Torres, César Guiñazú, Carlos Assadourian, Francisco Delich.
59 Editor responsable: José María Aricó. Colaboradores: J. M. Aricó, O. del Barco, J.C. Torres, Jorge Feldman, José Nun, Juan Carlos Portantiero, Jorge Tula.
60 Enrique Raab, periodista del diario La Opinión, el 2 de mayo de 1974, refiere el discurso de
Es que se había partido del PC con el marxismo y se había ido rumbo a la radicalización guerrillera —en parentesco, como señala Burgos, con una de las organizaciones de la izquierda peronista: las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)61— a la vez que buscado a los obreros en el seno del peronismo; sin em-
bargo, no se lograba que el movimiento de masas revolucionario avanzase hacia la construcción del socialismo. Se habían seguido ciertos parámetros gramscianos respecto de lo nacional y popular y del rol de los intelectuales: un imperativo era constituir un nuevo bloque histórico, amalgamado por intelectuales revoluciona- rios, siempre en el seno del peronismo.
A la vez se actualizaba permanentemente la valorización de una democracia directa en la fábrica, con eje en los obreros y no en el sindicato y su burocracia. Esta democracia directa se estaba pensando y practicando en las fábricas del norte de Italia desde fines de los 60, con las experiencias de los consejos obreros remo- zados con nuevas experiencias autonomistas; pero fundamentalmente lo venían haciendo los obreros de Argentina en las zonas de mayor concentración monopó- lica industrial: Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Provincia de Buenos Aires. Había surgido en el 68 la CGT de los Argentinos; se había producido la insurrección
derecha peronista y llama ‘imberbes’ a la izquierda. Esto causa el retiro de la mayoría de los mili- tantes que ocupaban la Plaza de Mayo: “Decía que a través de estos veinte años, las organizaciones sindicales se han mantenido inconmovibles, y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon veinte años”. Las consignas montoneras eran: “El pueblo te lo pide, queremos la cabeza de Villar y Margaride” (responsables del asesinato de militantes de iz- quierda); “¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa, general, que está lleno de gorilas el gobierno popular?”; “Se va a acabar, se va a acabar la burocracia sindical”. Perón amenaza con hacer “tronar el escar- miento”, ante la caída de burócratas sindicales conspicuos como Vandor y Rucci. Raab destaca: “La plaza quedó semivacía. Pero quizá por primera vez en la historia argentina, la ruptura de un acto de masas por diferencias políticas no originó ni la euforia ni el odio en la mayoría de los participantes. Quizá solo estuvieron alegres algunos infradotados fascistas que creían que Perón ‘había liquidado’ a la ‘ultraizquierda’” (Caraballo y otras, 201-203).
61 Burgos sostiene que el núcleo de Portantiero —también expulsado del PC e integrado ade- más por Juan Gelman, Antonio Caparrós, Roberto Quieto y Eduardo Jozami (2004:145)— for- ma en 1963 (79), la agrupación Vanguardia Revolucionaria, de corta duración y que se expresó fundamentalmente al ganar la conducción del Sindicato de Periodistas de Buenos Aires al PC, en 1965. En los primeros meses de 1966 sectores provenientes del Partido Socialista de Vanguardia y de Vanguardia Revolucionaria —Quieto y Jozami— comenzaron a formar una organización que pensaba sumarse al Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia. “La derrota de la guerrilla guevarista frustró la tentativa, pero el desarrollo de esta organización embrionaria condujo a la formación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) bajo la conducción de Carlos Enrique Olmedo, en 1970” (147).
obrero-estudiantil llamada Cordobazo en 1969; con posterioridad el Viborazo. Se había desarrollado el sindicalismo de base combativo a partir de las experiencias de SITRAC (Sindicato de Trabajadores de Concord), SITRAM (Sindicato de Trabaja- dores de Matefred) y SMATA (Sindicato de Mecánicos y Afines al Transporte Au- tomotor), en Córdoba; el control de los ritmos de producción en la planta fabril; y un enfrentamiento cada vez mayor con la burocracia sindical perteneciente al blo- que de poder dominante. Pero PyP no podía dejar de tener presente la experiencia
del foco armado ni la necesidad de organizar ejércitos populares para defender el doble poder que se estaba gestando , como señalaba Ernesto Che Guevara en “Guerra de guerrillas, un método” (1963).
La riqueza de los análisis de PyP está en esta mixtura, este “ensuciarse”,
como ellos decían. No pudieron resolver la tensión y sufrieron como muchísimos la tragedia abierta con el terrorismo de Estado, pero aportaron un intenso esfuerzo por teorizar la práctica a la luz de una amplia gama de teoría revolucionaria que buscaba un mundo no capitalista.
“Examen de conciencia” enero-marzo de 1964
Estos intelectuales62 reivindican su marxismo pero sostienen que no se debe
encuadrar la realidad a través de principios generales —tal como se entiende hacía el PC— sino que deben ser los hechos los que corroboren las “claves interpre- tativas marxistas”. Además se inscriben en una tradición marxista diversa de la oficial, a partir de destacar su lectura directa de los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844 de Carlos Marx, Cuadernos de Filosofía de Vladimir Lenin y El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce de Antonio Gramsci.
Se distancian de la práctica del PC de despreciar a los intelectuales y tenerlos como adorno; del ‘obrerismo’ y ‘anticulturalismo’ exacerbado del período stalinista y de la tendencia a congelar toda discusión teórica o resolverla por vía burocrática y autoritaria. Consideran que es necesario iniciar una revisión de la concepción del partido revolucionario en la que prima más la interpretación pobre y rígida del sta- linismo que lo sostenido primigeniamente por Lenin, debido a que se ha operado “la sustitución del centralismo democrático por un centralismo orgánico”(242).
62 Los integrantes de PyP se anuncian como “un grupo de intelectuales, casi todos militan-
tes comunistas, que creyó en la posibilidad de impulsar un proceso de renovación ideológica y práctica desde el interior de una estructura que se les presentaba anacrónica y momificada, y que fracasó, aun cuando paradojalmente en su fracaso reside quizá la condición para una futura victoria”(1964:241).
Para este grupo el PC ha fracasado “en su política de fusionar la conciencia revolucionaria con la acción de la clase obrera y a partir de ella lograr la formación de una voluntad nacional-popular capaz de realizar las transformaciones revolu- cionarias requeridas por la nación” (243).
Por qué el marxismo no se ha extendido en el seno del proletariado es la pre- gunta principal que se realizan; responden que el problema no era sólo externo, sino también interno: el instrumento cognoscitivo que aportaba la organización parti- daria era inoperante porque no permitía el conocimiento del contexto social y eco- nómico en que se movían. Esta es entonces la tarea que se autoasigna PyP: aportar
como intelectuales para transformar “en autoconciencia histórica la rebeldía innata de una clase que carga sobre sus espaldas la misión histórica de construir una nueva sociedad” (244). Pero estos intelectuales no deberán estar sometidos a disciplina partidaria porque angosta y convierte en ‘ideología’ toda investigación científica; sólo el espíritu crítico puede ponerse al servicio del partido revolucionario.
Destacan que los males que atribuyen al PC se extienden a toda la izquierda argentina. Por otro lado, este partido es el resultado de la política internacional sig- nada por el stalinismo que lleva sobre sus espaldas el aplastamiento de la Revolución China en 1927, la derrota de la Revolución española en 1939, la desviación browde- rista que padecieron los PC latinoamericanos y explica el enfrentamiento del PC con el peronismo y su integración a la “tristemente célebre Unión Democrática” (245). Los comunistas, dicen, han mirado con soberbia hechos tales como la revolución argelina y la cubana, y fueron ciegos “ante procesos tumultuosos de masa como el advenimiento del peronismo” (247). Es decir, han perdido su carácter revolucionario y se han vuelto dogmáticos e idealistas. No sólo eso: en Argentina el PC también cayó en la trampa de apostar al ‘desarrollismo’ de Arturo Frondizi y no sacó de ello ninguna conclusión. En cambio para PyP, la revolución cubana significa “la apertura
de un nuevo curso revolucionario” y la evidencia de una nueva correlación de fuerzas favorable a la realización de las tendencias iniciadas con la revolución de octubre.
Advierten que “los revolucionarios tienen un ciclo inexorable”: deben apro- vechar las situaciones cuando están maduras porque ellas no son eternas y si no el proceso se invierte: “las esperanzas de las masas ceden lugar a la desilusión y las fuerzas del partido retroceden, se tornan pasivas” (249)63.
63 Es interesante esta afirmación porque coloca en manos de lo subjetivo y de la voluntad —ejer- cida en el momento oportuno en el que las condiciones objetivas se expresan— la posibilidad de la revolución; es decir: no hay catástrofe inexorable en el proceso histórico; hay destino inexorable para los revolucionarios.
Este grupo sostiene que los problemas de la alienación deben ser investi- gados en el seno mismo del marxismo; no consagrar como palabra autorizada lo dicho en algunos textos de Marx y Lenin; además, cuestionan la teoría del reflejo como forma de conocimiento (248)64. Analizan que el desconocimiento de la revo-
lución cubana por parte del PCA se debe a que tira por tierra varios dogmas de ese partido: demuestra que es posible un proceso revolucionario sin la previa dirección del partido comunista; por el contrario, ha sido dirigido por “un grupo político de extracción pequeño-burguesa y apoyado fundamentalmente por el campesinado” (250). La experiencia argelina también ha dado esta demostración.
PyP defiende la vía armada para iniciar un proceso revolucionario y así se dis-
tancia de Héctor Agosti —su maestro gramsciano en el PCA— quien ha hablado de “seguidismo” al nacionalismo burgués (1964: 3) y de “acné izquierdizante” (5) en Cuadernos de Cultura N° 66 —revista oficial de ese partido—. Dicen que la gue-
rra revolucionaria nunca fue cuestionada por Lenin y que el origen de su negación está en “el fracaso de la revolución en Europa y la imposición de la construcción del socialismo en un solo país” (252) realizada desde la URSS stalinista. Se renunció al internacionalismo proletario a favor de un statu quo no revolucionario.
Los casos particulares de las revoluciones cubana y argelina permiten llegar a la conclusión, dice PyP, de que “es posible estimular, acelerar, la maduración
de una situación revolucionaria directa” (252). Además, “una situación puede ser considerada revolucionaria sólo si existen grupos de revolucionarios —partido, frente y lo que sea— que estén dispuestos en los hechos a dar un impulso decisivo al curso de los acontecimientos”(253). Es decir, que exista “una vanguardia de cla- se revolucionaria”. Esta concepción es la acusada de “voluntarista”, “aventurera” y “blanquista” por parte del PC.
PyP se opone a las concepciones pacifistas, afirma que son excusas para jus-
tificar “el abandono práctico del camino de la revolución” y revindica la violencia como “parte de una estrategia global que conduzca a poner en movimiento a las masas populares hacia la conquista del poder” (253). La Revolución Cubana de- muestra que la acción armada es viable aún en “las mismas puertas del imperialis- mo” y que en muchos casos la vanguardia revolucionaria no coincide con el partido que se adjudica tal carácter.
Al analizar el proceso histórico argentino, sostienen que no tenemos una nación salvo en los aspectos formales; en realidad se trata de una yuxtaposición de
64 Este aspecto es coherente con el cuestionamiento a la inexorabilidad de la revolución más allá de la acción de los hombres, tal como puede verse en los planteos marxistas economicistas.
zonas caracterizadas por distintas relaciones sociales, donde a la par de los grandes centros industriales y agrarios de elevado desarrollo capitalista, existe un vasto
hinterland en el que predominan relaciones precapitalistas y que está de hecho
reducido a mercado de venta semicolonial, fuente de mano de obra barata y de ahorros para las clases dominantes argentinas (255)
El capitalismo argentino no fue el resultado de un desarrollo interno sino de la penetración violenta y sangrienta del capitalismo extranjero; por esta razón el Estado argentino se constituye por un bloque de clases que es la expresión de “una alianza de las fuerzas ‘urbanas’ y ‘rurales’ del litoral con los barones de la tierra del ‘hinterland’ semicolonial” (255). El antiimperialismo pequeñoburgués —que in- cluye al PC— considera a la industria nacional y el imperialismo como contradic- torios. PyP dice que se equivocan porque “la explotación imperialista de los países
dependientes no es incompatible con una pseudoindustrialización” (255).
En el análisis que se realiza en este editorial se rompe con el continuum his- tórico eurocéntrico por el cual todos los países deben pasar por las mismas etapas