Chapter 3: Method and Discipline
3.6 Piloting Phase: Trial and Error
El Dr. Moreno tomó sobre sí el cargo de editor de la gaceta de
Buenos Aires, cuyo establecimiento fue promovido por él mismo (…)
cuando se estableció la Junta, se echaba de menos el medio de esparcir ideas y hacer a los hombres comunicativos y determinó la
103. En Francia hasta 1750 aproximadamente sabio es sinónimo de “ilósofo”, y
guarda su antiguo signiicado de hombre de saber, más que el de especialista en una
determinada disciplina. Descartes o Newton son denominados sin distinción sabios
o ilósofos. Los hombres que participaron en La Enciclopedia son, paradójicamente, los últimos representantes de ese conocimiento encumbrado.
fundación de una gaceta enteramente nueva, y que jamás se había visto en las colonias.
Manuel Moreno
El origen de muchos malentendidos proviene de frases opulen- tas como la del epígrafe que, en 1812, el biógrafo Manuel Moreno publicó en homenaje a su hermano atribuyéndole hazañas que no realizó, palabras que no pronunció y escritos que no redactó, pero que casi todo el mundo tomó por ciertas sin examinar siquiera el prospecto completo y original de la GBA.104 De tanto dar vueltas por ahí la fabulación del hermano Manuel se convirtió en verdad irrefutable. Una es la que afirma que Moreno ejerció el unicato de la GBA (y de paso fue el númen de la Junta).105 Impugnar el desacierto es simple: está en un párrafo del propio prospecto y des- cifra quién dispuso la publicación del periódico oficial y en quién recayó la responsabilidad de llevarlo adelante; si había de ser una resolución oficial es claro que no podía serla de un particular, tan diáfano como el nombre del integrante de la Junta a quien se hizo garante de sostener la propuesta. En sus consideraciones dice la Junta en el decreto del día 2 que se reimprimió en la GBA:
Para el logro de tan justos deseos a resuelto la Junta [el énfasis es nuestro] que salga a la luz un nuevo periódico semanal con el título de Gazeta de Buenos- Ayres (…) anun- cie al público las noticias interiores y exteriores que deban mirarse con algún interés (…). Todos los escritos relativos a éste recomendable fin se dirigirán al Señor Vocal Dr. D. Manuel Alberti, quien cuidará privativamente [el énfasis es
104. Cotejar nuestros dichos con la GBA n° 1 del 7/6, p. 5-7.
105. El adjetivo numen de mayo se le atribuye a Mitre. No es así. Mitre lo toma prestado de una larga poesía escrita por un amigo íntimo de Moreno, Fray Cayetano Rodríguez, titulada: “A la digna memoria del doctor D. Mariano Moreno” que dice: “O joven ilustrado, Con numensuperior, Que aun hoy despide rayos, Su rara ilustración”. En: La Lira Argentina, colección de poesías patrióticas, compilado y editado por Ramón Díaz que reunió en un volumen todas publicaciones en verso compuestas y publicadas en Buenos Aires desde 1810 hasta 1824, p. 16. Numen: en la mitología romana, el poder de cada divinidad ligado a la manera de manifestarse.
nuestro] de este ramo, agregándose por la secretaría las noticias oficiales, cuya publicación interese.106
Quedaron establecidos tres puntos: 1) que la Junta fundó la GBA; 2) que se trató de un periódico nuevo y oficial, es decir que no prohijaba un medio editado antes; 3) que lo ponía bajo la dirección del Vocal, Dr. Dn. Manuel Alberti quien cuidaría privativamente de este asunto y a quien se dirigirían todos los escritos. Así pues, ningún colaborador (la Junta cursó invitaciones ese mismo día) se manejaría por su cuenta, sino que enviaría a Alberti sus contribuciones. Reparemos un instante en el adverbio “privativamente”, que según el diccionario de la Real Academia Española, dice “con exclusión de todos los demás”, privado, propio de una persona o cosa.
Pretendemos despejar otro punto oscuro que asimismo ha provocado tergiversaciones: el de las firmas al pie de los documen- tos en la GBA y en el Registro Nacional. Para ello consignamos la Instrucción que servirá de regla en el método de despacho, y ceremonial en actos públicos dictado el 28 de mayo de 1810 por la Junta donde en sus artículos IV y V del reglamento para el ejercicio de la autoridad de la Junta queda establecido:
IV. En los decretos de substanciación y contestación den- tro de la capital, asuntos leves y de urgente despacho, basta la firma del presidente autorizada por el respectivo secretario.
V. En los negocios que debe decidirse por la Junta la formarán quatro Vocales con el Presidente; pero en los asuntos interesantes de Alto gobierno deberán concurrir todos precisamente.107
El dictamen final es sentencia de la Junta, no de los secretarios cuya primera tarea, precisamente, es informar resoluciones. Acá vale, a efectos de evitar nuevos equívocos, aclarar que la firma de un decreto no hace autor del mismo a quien lo rubrica y en verdad, en los últimos siete meses de 1810 fueron recopiladas, según el
106. Registro Nacional n° 18, p. 29 y GBA n° 1 del 7/6, p.7. 107. Registro Nacional n° 11, p.27.
Registro Nacional, doscientas dos resoluciones, órdenes, notas, proclamas, circulares, etc. emanadas de la Junta (de las cuales solo 33 se publicaron en la GBA). De esa documentación alguna aparece con la firma de todos los integrantes, otra con la del pre- sidente y un secretario, otra con la de un secretario; basta ojear los decretos y cotejar las firmas para comprender que el procedi- miento es constante y ni siquiera se cumplió la instrucción de la orden del 2 de junio porque falta la firma del presidente Saavedra. La Junta Gubernativa Provisional parece haber cuidado la forma solo en aquellos casos de suma importancia, como por ejemplo la Proclama y reglamentación de la milicia, el cruce de informes con la Audiencia o el fusilamiento de Liniers, entre otros.
El mismo 2 de junio de 1810, junto con la orden que autoriza la aparición de la GBA108, se dio a conocer una importante circular –para nuestro análisis– que ha pasado inadvertida; hablamos de un papel postergado (una invitación en realidad) que se repartió a un número incierto de personas, e incitaba a los vecinos de “este pueblo para que consagren sus luces a la publicación de la gaceta semanal”. La Junta confiaba el desempeño a “los celos de los sabios que ilustran la Sociedad”. El pedido, en la necesidad de “instruir al pueblo en las reglas que deben dirigir la heroica felicidad y patriotismo” ya manifestado en la orden, cobra carácter personal en la circular por “el particular aprecio con que distingue los talentos de Vd., esperando consagrará sus luces á este servicio que debe ser tan útil a la causa del Rey y de la patria”. Firman los Dres. Castelli, Moreno y Belgrano.109
El tramo habilita para avanzar al menos sobre dos cosas: 1) que la Junta requirió de redactores fuera de ella para la GBA y 2) que al editor Alberti se sumaban ya al periódico el secretario Moreno y los vocales Castelli y Belgrano; Moreno no registraba experiencia en medios de comunicación; Castelli colaboró con el Telégrafo Mercantil y el Semanario de Agricultura y Comercio y Belgrano, además de publicar sus escritos en ambos medios, era en ese mismo momento responsable de llevar adelante el Correo de Comercio.110
108. Registro Nacional n° 18, p. 29-30. 109. Registro Nacional n° 19, p. 30.
Respondieron a la circular, de acuerdo con los registros, cua- tro vecinos;111 el día 4 el capellán José Ignacio Grela (1765-1834) aceptaba la invitación aunque “protesto que el grande objeto de su contenido es muy superior a mis luces” pero de cualquier manera “cuando la patria habla yo no soy de mi mismo (…) y me consagraré todo a su servicio”. Grela, ordenado sacerdote dominico, fue uno de los primeros curas en adherir a la revolución. Alega Luis L. Domínguez, en su Historia Argentina (1861), primer ensayo global técnicamente valioso de nuestro pasado, que “las celdas de los dominicos Perdriel y Grela eran centro de agitación revolucionaria donde concurrían los hombres públicos a discutir los intereses de la patria”. Por su oratoria directa, desprolija y vehemente Mitre lo llamó “tribuno de barricada”. Ocupó diversos cargos, entre ellos el de Provincial, el más alto de la Orden y desde 1829 hasta su muerte fue director de la Biblioteca Pública.112
El 5 llegó una esquela de Hipólito Vieytes (1762-1815). El ex editor del Semanario, que colaboraba con Belgrano en el Correo de Comercio era un hombre de larga experiencia y acepta complacido “dirigir mis pequeñas luces, en concurrencia con los sabios que se han encargado de la Gaceta semanal [la de Cisneros] y desde
biografía recuerda: “La gaceta ministerial [GBA] era el único papel público por donde se difundían las luces y se satisfacía la curiosidad de los pueblos. Ella puede decirse que incluyendo los informes de los señores Funes, Castelli, Paso, Belgrano, Moreno, había formado la opinión pública”. En: Funes, Gregorio. Apuntes para una biografía,
en: Biblioteca de Mayo, p. 1538. Funes escribió sus apuntes en tercera persona y es curioso que no aparezca en la lista el editor Alberti. Algunos han hecho responsable
al Deán de la muerte del editor “por el control de GBA (…) y las conferencias más o
menos escandalosas a que esto dio motivo entre ambos, en los primeros días del mes de enero causaron la muerte de Alberti”. En: Núñez, Ignacio. Noticias Históricas, p. 421-422. Algo similar recalca Posadas en su Autobiografía: “El vocal Alberti murió de resultas de una desavenencia escandalosa con el Deán Funes que también era vocal de aquella celebérrima Junta de gobernadores que no se entendían”. En: Memorias de la patria nueva, selección Eudeba, Buenos Aires: 1966, p, 51. Algo llamativo habrá sucedido porque dos días antes de su muerte Alberti redacta su testamento. En: Gelly y Obes, Carlos María. Manuel Alberti, el presbítero de la revolución, Del Atlántico S.
A., Buenos Aires: 1960, Apéndice, p. 35-41. En el testamento igura la biblioteca del
cura y vale observar la cantidad de libros que tenía y a cuánto se tasó cada uno. 111. La copia completa de las cuatro respuestas se encuentran en: Biblioteca de Mayo, p. 16176-16178.
112. Las órdenes religiosas de los Dominicos y los Mercedarios fueron las más afectas a la revolución. Para ahondar el tema ver Di Stéfano, Roberto. El púlpito y la plaza, Siglo XXI, Villa Ballester: 2004.
ahora puedo lisonjearme de que vuestra excelencia [Saavedra] me hará el honor de creerme íntimamente penetrado [el énfasis es nuestro] de los más vivos deseos de sacrificar mis desvelos a tan sagrado intento”: nos preguntamos, ¿Por qué debería Saavedra creer íntimamente en Vieytes? Una respuesta posible nos conduce a las invasiones ya que El Semanario de Vieytes se dejó de publicar sorpresivamente en 1807 y la razón del cierre nunca se despejó, pero no habría sido económica. Belgrano en el prospecto del Correo de Comercio de 1810, se refiere al tema como al pasar:
Habiendo cesado aquel, [El Semanario] y no pudiendo continuarse por motivos poderosos algunos patricios proyectaron un nuevo papel, prestándose a trabajar, gra- tuitamente, para llenarlo, avergonzados de que la gran Capital de la América Meridional, digna hoy de todas las atenciones del mundo civilizado, no tuviese un Periódico en que auténticamente se diese cuenta de los hechos que la harán eternamente memorable, e igualmente sirviese de ilustración en unos países donde la escasez de libros no proporciona el adelantamiento de las ideas a beneficios del particular y general de sus habitadores. Pero sus esfuerzos salieron vanos.113
¿Cuáles habrán sido los motivos poderosos que impidieron a Vieytes continuar con el periódico? Saavedra en una carta a Juan José Viamonte escrita en mayo de 1811 brinda una ver- sión interesante: Vieytes –asegura Saavedra– colaboró con los ingleses a favor de las invasiones y el libre comercio a través del periódico británico The Southern Star, (La Estrella del Sur) impreso en Montevideo y después de la derrota de los invasores, Liniers le habría prohibido continuar con la publicación del Semanario. Escribe Saavedra:
No dudemos que estos fueron afectísimos a la dominación inglesa; [Vieytes y Larrea] querían se perpetuasen las cade- nas de Buenos Aires en ellas; que algunas cartas vimos en
la Gaceta de Montevideo, Estrella del Sur del gran patriota Vieytes, con el nombre supuesto de Anselmo Nayteya, y otras con el de su sacristán, Beruti bajo de otro que no me acuerdo, en que bien claro manifiestan su inclinación a aquel gobierno.114
Con la firma de Anselmo Naitein se publicó, efectivamente, en el n° 2 del The Southern Star (30/5/07, p. 2 columnas 2-4. Corres- pondencia, Carta n°1, A un amigo de Buenos Aires y en el n° 3 del 6/6/07, p. 1, columnas 1-4, Carta n°2). Los textos, redactados en español e inglés, son cantos de sirenas a las inigualables ventajas económicas que podría ofrendar la presencia de las manufacturas británicas en estas tierras.115
El mismo día resuelve afirmativamente otro convocado, Vicente Anastasio Echevarría (1768-1857) “para cooperar en la Gaceta del país a la consumación y sostén de la grande obra empezada (…) y la causa del rey y de la patria”. Echevarría, doctor en leyes egresado de Chuquisaca, peleó en las invasiones y durante 1806 y 1807 fue asesor de Liniers; en 1810 votó por la destitución de Cisneros y resulta llamativo que en los mismos días en que se le ofrecía integrar la GBA, Echevarría mantenía una fluida relación epistolar con Liniers, quien le envía una última carta a su ex asesor, fechada en Córdoba el 7 junio. Refiriéndose a los sucesos de Mayo, dice Liniers como ajeno a la situación: “Mucho podría decirle sobre el suceso intempestivo y extraordinario del día 25 y 26 y Dios quiera que sea orégano”. El párrafo confirma esa actitud y aparentemente hasta ese día Liniers no imaginó su ingerencia en los sucesos: “El sábado me voy con toda mi familia a Alta Gracia a cavar mi tierra, sembrar y plantar árboles”.116 Setenta y nueve días más tarde, por orden de la Junta, era pasado por las armas en el Monte de los Papagayos. Echevarría ocupó desde junio un
114. Carta de Saavedra a Viamonte fechada en mayo de 1811. La carta fue intercep- tada por el jefe del apostadero naval de Montevideo, José María Salazar. En: Biblioteca de Mayo, p.1092-1093.
115. The Southern Star, reimpresión facsimilar del Instituto Histórico y Geográico del
Uruguay, Montevideo: 1942. Algunos investigadores señalan a Miguel Aniceto Padilla como responsable de los artículos. En el año 2007 la Biblioteca Nacional se encargó de una nueva reimpresión.
alto cargo en la Real Audiencia y en 1811 acompañó a Belgrano para negociar la paz con Paraguay. Durante su larga vida política tuvo destinos de importancia relacionados casi siempre con la mediación de conflictos bélicos.
Un día más tarde, el 6, la Junta recoge la cuarta respuesta. Concierne a fray Gregorio Torres (1779-1816), de la orden de los mercedarios. Adhiere al pedido precisando que “aunque una inclinación irresistible a la lectura me ha llevado alguna vez al estudio de las letras humanas, ha sido solo a aquella parte que podía ilustrarme en la ciencia de mi profesión [era teólogo]. Con- curriré con mis desgreñados pensamientos y servirán estos como sirven los lunares en un bello rostro”, respuesta que, además de poética, expresa el compromiso que implicaba convertirse en redactor público. Al final se muestra un hombre prudente fray Gregorio al señalar que “no lo haré bajo mi nombre: un resto de amor propio que no me es posible extinguir, me impedirá siem- pre aventurarlo”.117 En la posdata, como quien adivina el futuro, agrega en relación al juramento de obediencia a la Junta por parte de las distintas corporaciones:
En la plaza hubieron muchísimos vítores, sombreros tira- dos al aire, mucho fuego graneado y empavesamiento de los barcos ingleses con sus correspondientes salvas. Estos [por los ingleses] han celebrado mucho y yo digo que no ha de ser por el bien que de ella [la Junta] puede resultar a nuestro país, sino al de ellos. La Audiencia también hizo juramento bajo no se que protestas.118
Lo sucedido con la Audiencia será tomado para su estudio como caso testigo en el último capítulo de nuestra investigación.
117. En el Cabildo del 22 de mayo fray Torres siguió la opinión de Saavedra y ha quedado una crónica directa de los sucesos de los días de mayo. Cuando nombra a los miembros que integraban la Junta del 25 dice: “Hay un tal Larrea y otro llamado Matheu, ambos europeos que yo no conozco”.
118. Torres, Fray Gregorio. Crónicas de los sucesos de mayo de 1810 (del 23 al 25 de mayo), en: Biblioteca de Mayo, p. 4294-4296.
3.3. “Proveer a la subsistencia”: metálico, amonedado o en pasta
En correspondencia con la demanda de sabios el prospecto se impone ciertas obligaciones. Promete escucharlos, protegerlos, asegurarles su libertad de expresión y establece como programa publicar las acciones del gobierno para su examen ante el tribu- nal de la nación; la divulgación, de cuño ilustrado, es proyectada como una manifiesta confrontación hacia el viejo poder absoluto que la había negado: “El poco conocimiento de las tareas que se ha consagrado a la pública felicidad”, al tiempo que se exhibe como una garantía de racionalidad de las propias decisiones de la Junta para que puedan ser verificadas. Hay otra señal encu- bierta: “La junta además de incitar ahora a los sabios de estas provincias para escribir sobre tan importantes objetos, los esti- mulará por otros medios [el énfasis es nuestro] que les descubran la confianza que ponen en sus luces y en sus zelos”.119 Inferimos que la Junta se refiere a una compensación económica ya que cuando muere Alberti en enero de 1811, el Deán Funes se hace cargo transitoriamente de editar el periódico y dos meses más tarde la Junta Grande elige al abogado Pedro Agrelo (1776-1846) para dirigir la GBA. Agrelo aporta algo de luz sobre la cuestión porque años después revisando sus papeles personales localiza un acuerdo con fecha 18/3/1811 que le hace llegar la Junta y lo trascribe en sus memorias: “La Junta ha dispuesto nombrar a usted por editor de la gazeta, asignándosele la cantidad de 2000 pesos por año”.120 Sería –presumimos– la primera vez que a un escritor público se le retribuyó por su esfuerzo intelectual en Buenos Aires. “Al poco tiempo –evoca Agrelo– fui encargado de la Gaceta del gobierno (…) creí también que me provocaban a dar esta prueba de mis sentimientos y temí que no hacerlo me podría ocasionar algún mal (…) llevé la redacción hasta en mes de octubre (…) repetí mis renuncias y logré ser exonerado de tan molesto trabajo”; el Triunvirato aceptó su renuncia el 5 de enero
119. GBA n° 1 del 7/6, p. 7.
120. Agrelo, Pedro José. Autobiografía (fragmento 1810-1816), en: Biblioteca de Mayo, Tomo II, p. 1295-1323. También igura en el Registro Nacional n° 292, p. 141.
de 1812 “en consideración a los apuros en que se halla el erario y a que no debiendo tenerse por gazeta ministerial, sino por un papel particular, se han ofrecido varios patriotas en virtud de la libertad de prensa, a desempeñar este trabajo en obsequio a la patria”.121 La aprobación de la renuncia revela la decisión de recuperar la GBA como órgano propagandístico oficial, ya que Agrelo como editor fluctuó entre criollos y españoles como él mismo reconoce porque se tenía que “alejar la idea, por todas partes, de que los conceptos de la Gazeta fueran del gobierno”. De su paso por la GBA el abogado guarda recuerdos amargos: “Enemistándome con los españoles, no pude ganar tampoco la aceptación de los revolucionarios y cuando dejé la Gazeta ya estaba perdido con unos y con otros”.122
Es preciso subrayar que la cuestión económica merece ser des- pejada pues ha sido poco tratada: el párrafo inicial del prospecto