La resiliencia es una de las características o propiedades de los sistemas complejos. Aunque el término ‘resiliencia’ ha experimentado una gran difusión, especialmente cuando se estudian las reacciones de una sociedad o grupo frente a los cambios en el entorno medioambiental, sin embargo en un primer acercamiento al concepto no aparece una vinculación directa a la cuestión medioambiental. Una definición básica de resiliencia puede ser: la capacidad de un sistema para enfrentar el cambio y con- tinuar su desarrollo, o dicho de otra forma, la capacidad de un sistema social para desarrollarse y crecer ante fuertes dificultades.
Se trata de una manifestación central de la capacidad de un sistema social que le per- mite continuar viviendo creativamente a pesar de las adversidades. Va mucho más allá de dar una determinada respuesta en un momento dado, y no se limita a reparar el daño causado. La resiliencia implica generar, a partir del desafío que presenta el choque externo o la modificación del entorno, una dinámica, un proceso capaz de reaccionar de manera creativa, sin perder su identidad. De alguna forma, la resiliencia es la capacidad de un sistema de continuar su desarrollo frente los múltiples cambios que se producen en su entorno. Sería un error reducir la resiliencia a las respuestas que se dan ante catástrofes o fenómenos extremos puntuales. Supone una capacidad más amplia y profunda de cara al cambio y que exige el reto de la innovación.
Como se ha señalado, el término se utiliza más profusamente cuando se trata de las relaciones entre la naturaleza y la sociedad. Desde esta propuesta más específica se habla de la resiliencia socio-ecológica, que se puede entender como la capacidad de un socio-ecosistema sujeto a algún tipo de stress -en el sentido más básico del término- o de cambio profundo -no necesariamente negativo- para regenerarse a sí mismo sin al- terar sustancialmente su forma y funciones, en una especie de “conservación creativa” (Escalera y Ruiz, 2011). En otra expresión, se hablaría de un desarrollo resiliente al clima o de enfrentar el cambio climático en el contexto del desarrollo (Bahadur et al., 2010). Aquí también hay que insistir en el peligro de una visión estrecha del concepto, resiliencia no es lo mismo que sostenibilidad, sino que es un atributo, una capacidad del sistema. De hecho el pensamiento resiliente se basa en la asunción que los siste- mas ecológico y social se hallan muy integrados, lo que implica trabajar con un alto grado de complejidad y conectividad, el que existe dentro de cada sistema y el que se genera al relacionar a ambos.
Desde esta perspectiva, la resiliencia pone de manifiesto una dimensión fundamental del desarrollo humano local, como es la estrecha vinculación entre la gente y la natu-
raleza, la imposibilidad de diseñar una estrategia de desarrollo que no contemple las restricciones y condicionantes de la naturaleza como cuestión central de la visión del desarrollo. La propuesta de los sistemas socio-ecológicos enfatiza que los seres hu- manos deben verse como una parte, no aparte, de la naturaleza y que la delimitación entre sistemas sociales y ecológicos es artificial y arbitraria.
No resulta sencillo encontrar una base teórica elaborada que permita la operativi- dad del concepto. Bahadur et al., (2010) ponen de manifiesto que todavía existen importantes carencias teóricas existentes al revisar la literatura sobre la resiliencia, lo que dificulta su operatividad y, de manera especial, la elaboración de indicadores. Sin embargo, existe una abundante serie de trabajos sobre cómo han enfrentado diferen- tes comunidades los desafíos de las restricciones y cambios experimentados por su entorno.
La falta de una suficiente elaboración teórica del concepto no elimina su utilidad. En primer lugar porque, reiterando lo ya expresado, plantea una pregunta central que debe enfrentarse y que no siempre es tenida suficientemente en cuenta: la relación con la naturaleza de las personas y del modelo de desarrollo. En segundo lugar, porque los trabajos realizados desde esta perspectiva han puesto de manifiesto cuáles son las propiedades o capacidades necesarias para que un grupo disponga de la resiliencia necesaria.
Cuadro 21. Características de la resiliencia de un sistema
1. Alto nivel de diversidad en: los grupos que realizan diferentes funciones en un ecosistema; la disponibilidad de oportunidades económicas; las voces que se incluyen en el proceso de elabora- ción de políticas de resiliencia; las asociaciones existentes dentro de una comunidad; los recursos naturales que las comunidades pueden disponer; y la planificación de las actividades de respuesta y recuperación.
2. Gobernanza eficaz e instituciones que pueden mejorar la cohesión de la comunidad. Estas deben ser descentralizadas, flexibles y en contacto con las realidades locales; deben facilitar el aprendizaje del sistema; y realizar otras funciones especializadas como traducir los datos científicos sobre el cambio climático en orientaciones útiles para los responsables políticos. 3. Se acepta la existencia inevitable de la incertidumbre y el cambio. La no linealidad o aleatorie-
dad de eventos en un sistema es reconocido, lo que cambia la política de un intento de con- trol del cambio y crear estabilidad a la gestión de la capacidad de los sistemas para afrontar, adaptación y cambio de forma.
4. Hay participación de la comunidad y apropiación de conocimientos locales en cualquier pro- yecto de fomento de la capacidad de resistencia; las comunidades disfrutan de la apropiación de los recursos naturales; las comunidades tienen voz en los procesos políticos pertinentes. 5. El objetivo de las actividades de preparación no es resistir al cambio sino prepararse para vivir
con él; esto puede hacerse bien redundando dentro de sistemas (cuando los fallos parciales no conducen al colapso del sistema) o mediante la incorporación de fallos en los escenarios en los planes de gestión de desastres.
6. Existe un alto grado de equidad social y económica en los sistemas; los programas de resiliencia tienen en cuenta cuestiones de justicia y equidad al distribuir los riesgos dentro de las comunidades. 7. Se reconoce la importancia de los valores sociales y las estructuras porque la asociación entre
las personas pueden tener un impacto positivo sobre la cooperación en una comunidad que puede conducir a un acceso más equitativo a los recursos naturales y una mayor resiliencia; también pueden bajar los costos de transacción en cuanto los acuerdos entre miembros de la comunidad sean reconocidos.
8. Se reconoce la dinámica de no equilibrio del sistema. Cualquier enfoque de construcción de la resiliencia no debe trabajar con la idea de restaurar el equilibrio porque los sistemas no tienen un estado estable al que se deba regresar después del percance.
9. El aprendizaje continuo y eficaz es importante. Este puede tomar la forma de procesos po- lítico-institucionales, aprendizaje de organización, práctica reflexiva, gestión adaptativa y se puede combinar con el concepto de capacidad de adaptación.
10. Los sistemas resilientes adoptan una perspectiva de escala cruzada de eventos y ocurrencias. La resiliencia se construye a través de las redes sociales, políticos, económicas y culturales que van desde lo local hasta la escala global a escala mundial.
Fuente: Bahadur et al., 2010.