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diaria.

1. El compromiso social

No es una etapa. Es una realidad que ha de estar presente en las diversas etapas de un modo acomodado a la situación de cada una, debidamente discernida.

a) Es muy conveniente iniciar ya el tema aunque se trata más ampliamente en las clases de la Escuela.

b) Es necesario que los alumnos capten su raíz, no ajena o añadida a la esencia de la Renovación Carismática, sino íntimamente enraizada en ella.

Por eso, es conveniente recordar qué es la Renovación Carismática, en su ser más profundo; la conversión y el compromiso con Cristo que implica Su irradiación al compromiso con los demás, a todos los niveles, y que tiene su fuente en el compromiso con Cristo.

c) Se debe insistir en la necesidad de que los grupos y los individuos se vayan comprometiendo, pero progresivamente, armonizándolo con sus obligaciones y preparándose para ellos….

d) Es necesario insistir en que los compromisos de la Renovación Carismática, partiendo del compromiso con Cristo, en su realización son variadísimos; su motivación y su dinámica, dando cabida a todo lo bueno humano, creado por Dios, tiene su punto central en el modo y la dinámica de Cristo. El cristiano auténtico se entrega y es fiel a los demás, en la medida en que se ha entregado y es fiel a Dios.

e) Conveniente indicar también que, aunque el compromiso de la Renovación Carismática, es a partir de la oración, que éste es el principal y la fecundación de todos los demás, Tiene sus prioridades en el mismo comportamiento de Cristo; en las necesidades actuales del mundo y en las propuestas para nuestro continente.

Por los compromisos de la Renovación Carismática, se llevan, sin posibilidad de sustitución, por vía de oración, de intercesión, del poder del Espíritu.

f) Bien comprendido todo lo anterior, en ella caben los compromisos más arduos a ejemplo de Cristo, tanto a nivel personal como a nivel comunitario.

g) Es preciso notar que los servidores, si quieren atender debidamente a sus grupos, no pueden comprometerse sino limitadamente con otros. Su principal compromiso es con la Iglesia, estará en la atención cuidadosa a los que se la han encomendado para integrarlos, ayudarlos a crecer y prepararlos para que asuman compromisos

armonizados con sus obligaciones, a nivel parroquial, etc… en los diversos campos de evangelización, catequesis, asistencia a los más necesitados, etc.

h) La educación social a que nos referimos entra, como un postulado esencial de la fe viva, del amor sincero cristiano a los demás, como la realización del mandato de Cristo, como exigencia de nuestra pertenencia al cuerpo Místico; nace de la entraña misma de la Renovación Carismática, en cuanto que la conversión permanente que reclama el compromiso total con el Señor abarca todas las áreas de la vida y es una irradiación del amor auténtico que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones. i) El hecho de que se trate de algo tan importante en la perspectiva de la justicia y de la

caridad y la realidad de que no siempre se imparte conforme a la mente y la doctrina de la Iglesia, exige ( y debe velarse por ello) de que en la Renovación Carismática, no sea dada sino por personas a la vez seriamente capacitadas, seguras en su fe y dotadas de un sano equilibrio humano y espiritual.1

Hubiéramos deseado tratar, con cierta amplitud, el tema presente; pero recordamos que ha sido tratado en diversos tomos ya editados. A ellos remitimos a los lectores:

- ―Elementos Fundamentales de los Grupos de Oración. c. VIII. - ―Tentaciones de los Servidores‖ c. XIV.

- ―Introducción a los Carismas‖. c. XV.

Incluimos esta larga cita de J. Ratzinger que tan claramente expone su pensamiento.

2. El principio “para”

―La fe cristiana solicita al individuo, pero no para si mismo, sino para el todo; por eso la palabra ―para‖ es la auténtica ley fundamental de la existencia cristiana. Esto se deduce necesariamente de lo anterior. Por eso los sacramentos fundamentales del cristianismo, centro del culto cristiano, ilustran la existencia de Jesucristo como existencia ―para muchos‖, ―para vosotros‖, como existencia abierta que posibilita y crea, mediante la comunión en él, la comunión con los demás. Por eso, la existencia de Cristo culmina y se realiza como existencia ejemplar en su apertura en la cruz. Por eso, Cristo, al anunciar su muerte y explicarla, dice: ―Me voy vuelvo a vosotros‖ (Jn 14,28). Porque me voy, caerá la pared que limita mi existencia; esto será mi venida real en la que realizo lo que soy; el que introduce a todos en la unidad de su nuevo ser que no es límite, sino unidad.

Así explicaron los padres de la Iglesia la postura de Cristo en la cruz, con los brazos extendidos. En él ven ante todo el modelo de la postura de la oración cristiana, la actitud orante, tal como la vemos extasiados en las catacumbas. Los brazos del crucificado nos lo presentan como orante, pero su oración presenta al mismo tiempo una nueva dimensión que constituye lo específico de la glorificación cristiana de Dios. Los brazos abiertos expresan la adoración porque nos revelan la entrega total a los hombres, porque son el gesto del abrazo, de la plena e indivisa hermandad. La teología de los padres, interpretando simbólicamente la cruz de Cristo, afirmó que en la actitud orante y cristiana se unen inseparablemente la adoración y la hermandad, el servicio a los hombres y la glorificación de Dios.

Ser cristiano significa esencialmente pasar del ser para si mismo al ser para los demás. Esto explica también el concepto de elección, a menudo tan extraño para nosotros. Elección no significa preferir a un individuo y separarlo de los demás, sino entrar en la tarea común de la que hablábamos antes. Por eso la decisión cristiana fundamental –aceptar ser cristiano— supone no girar ya en torno a sí mismo, entorno al propio yo, sino unirse a la existencia de Jesucristo consagrado al todo. El seguimiento de la cruz no es una devoción privada, sino que está subordinada a la idea de que el hombre, dejando atrás la cerrazón y la tranquilidad de su yo, sale de si mismo para seguir las huellas del crucificado y para existir para los demás, mediante la crucifixión de su propio yo.

En general, las grandes imágenes de la historia de la salvación, que son también las grandes figuras del culto cristiano, son formas de expresar el principio ―para‖. Pensemos en la imagen del éxodo (―salida‖) que, desde Abraham y pasando por el clásico éxodo de la historia de la salvación, la salida de Egipto, es la idea fundamental bajo la que vive el pueblo y todos los que pertenecen a él. Todos están llamados a continuar el éxodo mediante la salida de si mismos. Igualmente sucede con la idea de la pascua con la que la fe cristiana formuló la unión de la cruz y de la misteriosa resurrección de Jesús con la idea de ―exodo‖ de la antigua alianza. Juan expresó todo esto con una imagen tomada del reino vegetal. Así el horizonte que antes se limitaba a lo antropológico e histórico – salvífico, se extiende hasta lo cósmico, la estructura de la vida cristiana revela el sello característico de la creación.

―En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, permanece solo; pero si muere, da mucho fruto‖ (Jn 12,26).

―También en lo cósmico vale la ley de que la vida nace de la muerte, cuando uno se pierde a sí mismo. Lo que indica la creación se realiza en el hombre, en Jesucristo, el hombre ejemplar. La verdadera vida comienza cuando se entra en el destino del grano de trigo, cuando uno se ofrece, cuando uno se pierde a sí mismo. Los datos de la historia de las religiones, que en este punto coinciden con el testimonio bíblico, nos dan pie para afirmar que el mundo vive del sacrificio. Tienen su verdad y validez los mitos según los cuales el cosmos se formó a consecuencia de un sacrificio original, que siempre vive del sacrificio y que está colocado sobre el‖. Estas imágenes míticas ilustran el principio del éxodo cristiano.

―Quien ama su vida, la pierde; y quien odia su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna‖. (Jn 12,25; cf. Mc 8,35 y par.).

Digamos, por último, que no basta que el hombre salga de si mismo. Quien sólo quiere dar, quien no está dispuesto a recibir; quien solo quiere ser para los demás y no está dispuesto a reconocer que también él vive del inesperado e inmotivado don-de‖ para de los demás, ignora la forma fundamental del ser humano y destruye así el verdadero sentido del para-los demás. Cuando el hombre sale de sí mismo, para que esta salida sea provechosa, necesita recibir algo de los demás y, a fin de cuentas, de aquel que es en verdad el otro de toda la humanidad y que a un tiempo, es, uno con ella: Jesucristo Dios-hombre.

―Este ser para‖, como ley fundamental de la existencia cristiana, es también la obra fundamental del Espíritu Santo en la oración, o como fruto de ella‘ al tener como misión

conformarnos según la imagen de Cristo; necesariamente no conforme con lo que constituyó el ser íntimo de su existencia; vivir para los demás.

NOTAS

1. E. Griese, Los Dones del Espíritu Hoy‖, (autores varios), (Dir Muhlen) Secretario Trinitario, Salamanca, 1987, 177-190.

2. J. Ratzinger, ―Ser Cristiano‖, edic. Sigueme, 1970, 217-219; cfr. Card. L-J. Suenens, Don Helder Cámara, Renouveau dans I‘ Esprit et service de I‘ homme, (Document de Malines 3) Lumen Vitae, 1979.

XVI

Formar para la adhesión incondicional a la Iglesia

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