Es también en esta decisiva década cuando se empiezan a construir los primeros establecimientos verdaderamente turísticos, imprescindibles para el desarrollo de la industria de los forasteros. Prueba de esta necesidad es un editorial de
Diario de Ibiza de 10 de julio de 1931, titulado ‘En favor del turismo’ y en el cual, al tratar de que José Costa Ferrer ‘Picarol’ en una entrevista sentenciaba que el turismo mundial vendría a Eivissa atraído por sus bellezas, remataba que “al final de la conversación convinimos en que para ello faltaba lo principal, que es la construcción de un edificio para destinarlo a Hotel”.
En Formentera, Lorenzo Bosch inauguraba en 1933 el hotel IFA, aunque ya existía allí la fonda Platé en 1932. Este año, el mismo en que los hermanos Vicente y José Marí Ribas adquieren la fonda Rayo, en la ciudad de Eivissa —que ya contaba con las fondas La Marina y El Comercio— abrirán sus puertas la pensión Mediterránea, el hotel Balear y el hotel España; estrenando este último, en marzo de 1934, nuevo emplazamiento frente al puerto, en Can Xiquet Pep, propiedad de José Escandell. En 1933, iniciarán el hotel Isla Blanca y el magnífico Gran Hotel Ibiza, cuyo inmueble, diseñado por el maestro de obras Juan Gómez Ripoll ‘Campos’ y propiedad del médico Juan Villangómez, disponía de sesenta habitaciones (algunas con cuarto de baño completo), salón-fumadero modernista y biblioteca decorada con muebles de estilo renacimiento mallorquín94.
Si en Sant Antoni, convertido aquellos años “en el centro turístico más importante de laisla”(Valero, 2001: 61), abrió en 1935 el hotel San Antonio, dos años antes ya habían inaugurado las fondas Miramar y Esmeralda, así como el hotel Portmany, propiedad de José Roselló Costa y con veintitrés habitaciones en sus instalaciones. Y, en Santa Eulària des Riu, se abrieron en 1933 el hotel Buenavista y en 1934 el hotel Cosmi, perteneciente éste a los hermanos Antonio y Cosme Marí Noguera.
Por consiguiente, Eivissa, que entre sus diez u once fondas no contaba ni con treinta plazas de alojamiento antes de 1930, al inicio de la Guerra Civil ya disponía de
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más de cuatrocientas setenta. Por su parte, Mallorca, tenía entonces alojados, en hoteles y pensiones, siete veces más turistas que Eivissa, generando una renta veintidós veces superior; y Menorca, por el contrario, antes de 1936 solo reunía alrededor de ciento cincuenta habitaciones, computándose dos hoteles en Maó y dos fondas en Ciutadella95.
Frente al empeño de estos emprendedores empresarios por salir de la postergación económica de la isla, prontamente encontramos algunas voces críticas. Y así, Walter Benjamin, en su carta a Gershom Scholem fechada en Sant Antoni el 22 de abril de 1932, escribe, tras elogiar la vida en la isla y la serenidad y belleza de sus gentes, que hay que ser parcos en las informaciones sobre la isla, pues, “desgraciadamente, todas estas cosas pueden quedar amenazadas por un hotel que se está construyendo en el puerto de Ibiza” (Benjamin, 2008: 38). Asimismo, la periodista catalana Irene Polo advierte premonitoriamente, en L’Instant de 16 de julio de 1935, de los cambios que se han ido produciendo en los últimos tiempos: “Cada vegada que torneu a Eivissa hi trobeu més ciment armat gris i espès, en lloc de la calç blanca i alada. Més camins i automòbils, en lloc dels carros plens de verdor i pagesos. […] Cada cop hi ha més hotels i més bars, més cars cada dia. Més ràdios. Més estrangers…”(Polo, 2003: 272).
Otro paso sustancial de la naciente industria de los forasteros debió de ser la constitución del Fomento del Turismo de la ciudad, un 12 de octubre de 1933, a imitación de la sociedad Fomento del Turismo de Mallorca, fundada en Palma en 1905 como primera entidad de este tipo creada en España, y del Fomento del Turismo de Menorca, constituido en Maó en 1930 con el precedente de la Sociedad de Atracción de Forasteros y Excursiones de 1909 96. Pero, la entidad turística ibicenca —que se
marcó como principal objetivo conseguir del Patronato Nacional de Turismo más fondos para infraestructuras, publicidad y transportes, amén de la declaración como monumento nacional de la necrópolis del Puig des Molins—, desde el mismo instante de su nacimiento pareció “destinada a una vida lànguida per culpa dels minvats recursos de què disposava i de la poca participació de les empreses del sector turístic” (Cirer, 2004: 162). [DOC. Nº 42]
Para su fundación, un importante impulso pudo haberse dado en la inauguración del Gran Hotel Ibiza, cuando Francesc de Sales Aguiló, en nombre de la corporación palmesana, sentenció en su discurso que “el turismo es un arma de dos filos pues influye en los hábitos de los pueblos y los ibicencos debéis cuidar de que no se pierda la fisonomía espiritual del vuestro”, recomendando seguidamente “el mayor cuidado en la construcción”, así como “la creación en Ibiza de una Sociedad de Fomento del Turismo” (LVI, 05/06/1933). Tras este último consejo, César Puget propondrá al pleno del consistorio capitalino la creación del Fomento del Turismo, cuyo reglamento será aprobado por la corporación municipal en verano de 1933, quedando solo a la espera del plácet del gobernador civil de la provincia, quien lo daría en el otoño. El 3 de octubre de 1933, fue constituida la junta del Fomento del Turismo de la ciudad de Eivissa bajo la presidencia de Ignacio Wallis Llobet, acompañado en sus funciones por César Puget Riquer (vicepresidente 1º), Bartolomé de Roselló Tur (vicepresidente 2º), Bartolomé Ramón Ferrer (secretario), Pedro Matutes Noguera (tesorero), Domingo Viñets (contador), y los vocales Isidoro Macabich y Juan Verdera Mayans97. Entre los acuerdos adoptados por unanimidad en esta primera reunión de la
directiva, además del relativo a la consecución de una mayor limpieza para la ciudad, encontramos el de “la necesidad de hacer desaparecer de Ibiza el turismo que podríamos llamar indeseable, pues con su manera de vestir y portarse no hace más que pervertir nuestras costumbres. Digamos claramente que la presencia de estos
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LVI, 13/07/1933, 28/09/1933 y 02/05/1934; Buades (2004: 81 y 84-85); Cirer (2004: 141).
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DI, 21/11/1933; Serra (2001: 111-114); Buades (2004: 83-84).
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turistas —o lo que sean— no nos hace ninguna falta y dificulta además que vengan los verdaderos turistas, que son los que realmente reportan beneficios” (DI, 04/10/1933). Otra de las primeras resoluciones fue la de designar a Tomás Schlichtkrull, director de la International Tourist Office, como asesor del Fomento del Turismo. Este caballero, en junio de 1933, había sido el encargado de coordinar la primera oficina de turismo pitiusa, Ibiza información, alojada en el Gran Hotel Ibiza.
De su labor en la búsqueda de fondos, siempre escasos, para poder desempeñar dignamente su tarea, hay sobrados testimonios. Sabemos que, si en 1934 el Fomento del Turismo obtuvo una subvención de 1.800 pesetas del Patronato Nacional de Turismo, cuando la comisión parlamentaria de Turismo visitó la isla en ese mismo año la entidad solicitó un aumento de la subvención; así como la construcción de un nuevo edificio para museo arqueológico en la necrópolis, otra línea regular del vapor Palma-Eivissa-València y que fueran concedidas ventajas para la conservación de las murallas. Más adelante, César Puget y Bartolomé Ramón, delegados por el Fomento del Turismo de la ciudad, asistirán en Madrid a la asamblea de la Federación Española de Sindicatos de Turismo, desarrollada en aquella capital entre el 7 y el 9 de abril de 1935, y en ella presentarán una ponencia en la que pedirán al Patronato Nacional de Turismo, entre otras cosas, una subvención para editar un folleto turístico sobre Eivissa o la creación de una oficina de turismo98.
Como, muy a pesar de lo que se cree, el Fomento del Turismo de Ibiza nunca tuvo carácter insular, en Sant Antoni de Portmany quedará constituido, en la primavera de 1936, el comité organizador del Fomento del Turismo municipal, formado por Vicente Ferrer, Andrés Tur, Juan Prats, Vicente Roselló y José Vives. Inspirado en el de la ciudad, “el Fomento del Turismo de San Antonio, tiene un objeto doble. Por una parte atraer al turista y hacer aquí su estancia agradable y por otra, orientar a los naturales del país hacia la manera de obtener ese resultado” —dijo Vives, secretario general de la sociedad y “alma de la misma” (DI, 28/05/1936).
“En aquest context de turistització incipient sense gaire suport públic ni social, […] l’afluència turística és ja rellevant: 5.446 turistes (1.205 dels quals estrangers), que haurien deixat una renda d’1.361.500 PTA el 1935” (Buades, 2004: 84); año en el cual, si a Santa Eulària habían llegado muchos forasteros, en el pueblo de Sant Antoni estaban completamente llenas las fondas y hoteles99. Pero el estallido de la Guerra
Civil, la Segunda Guerra Mundial y el posterior aislamiento internacional, truncarán cualquier tipo de expectativa en un país volcado a la fuerza en sí mismo y cuya autárquica economía, política causante de la aguda crisis de postguerra, imposibilitará su despegue. No será hasta la década de los cincuenta cuando, reanudadas las relaciones internacionales, el régimen franquista ponga en marcha medidas modernizadoras, posibilitando así la primera oleada turística previa al turismo de masas de finales de los setenta.
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DI, 19/03/1934 y 18/08/1934; Ex, 10/04/1935. Por cierto, las obras del museo sito en la necrópolis del Puig des Molins, que había sido declarada Monumento Histórico-Artístico el 3 de junio de 1931, quedaron aprobadas por decreto del Ministerio de Educación Nacional de 18 de octubre de 1935, siendo adjudicadas en subasta al contratista Miguel Guasch Clapés por 176.957 pesetas. ( http://www.maef.es )
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