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incremento paulatino de los niveles de P en el suelo, cuando el P agregado es superior al P exportado en los productos cosechados de los cultivos. Esto explica que en suelos con un historial prolongado y constante de fertilización fosforada se puedan alcanzar niveles altos de P-Olsen cercanos o superiores a los niveles de suficiencia de P, necesarios para satisfacer la demanda de P de cada cultivo en una determinada rotación. Una vez alcanzado este nivel de P–Olsen en forma estable, determinado antes de la fertilización mediante un análisis de suelo, la fertilización fosforada debe tener como objetivo mantener este nivel de suficiencia compensando las pérdidas producidas a través de la exportación de P de los cultivos (Rodríguez et al, 2001). Como se observa en el Cuadro 10, los tipos de suelo B-I (trumaos recientes), presentaron los niveles más bajos de P-Olsen residual con valores entre 2,56 mg kg-1 y 6,44 mg kg-1, valores que se encuentran en rangos muy bajos y bajos.

Los suelos de tipo A-III, B-II y B-III, que corresponden a suelos pardos arcillosos, rojos arcillosos y trumaos, entre la VIII y X región, presentaron un aumento en los valores de

V50 para los niveles de P-Olsen, alcanzando valores en un rangos entre 8 mg kg-1 y

15 mg kg-1 (Cuadro 9), por lo que se considera que estos suelos presentan niveles de P-Olsen residual bajos y medios. Según Rodríguez (1993) en los suelos donde predominan arcillas alofánicas o arcillas 1:1 y óxidos de Fe, con una superficie reactiva especialmente en las primeras, una alta proporción de fósforo adsorbido en el pool lábil, pasa a formar parte del pool no lábil. A pesar de los niveles bajos y medios de P- Olsen, estos suelos aumentaron la disponibilidad de fósforo residual en términos porcentuales en un rango de 50% a 70% entre el primer y tercer trienio.

Los suelos de tipo C-II (ñadis) y C-III (metamórficos), no presentaron cambios en los niveles de V50 para P-Olsen entre trienios. Los suelos de tipo C II (ñadis) derivan de cenizas volcánicas, que se encuentran depositadas sobre un substrato endurecido en su parte superior, debido a la acumulación de materiales cementantes, que corresponde a una estrata de muy baja permeabilidad que se ubica entre 20 y 80 cm de profundidad, es por esto que son suelos húmedos, y con las precipitaciones del lugar se sobresaturan de agua en gran parte del año, por esto dificulta su manejo agrícola y se usan principalmente como praderas permanentes, a su vez presentan

baja fertilidad en fósforo (Balocci, 1998 citado por Wittwer, 2003). Presenta características físico-químicas similares a los trumaos, lo cual explicaría su alta fijación de P (Valdés, 1969).

Cuadro 10. Valores de V50 en curvas de frecuencia acumulada de P-Olsen, para cada tipo de suelo, por trienio.

V50 para P-Olsen (mg kg-1)

Tipo de suelo

Primer trienio Segundo trienio Tercer trienio

(1996-1997-1998) (2002-2003-2004) (2005-2006-2007) A-II 5,69 ± 0,23 a 7,48 ± 0,93 a 8,51 ± 0,43 a A-III 10,7 ± 0,59 b 14,56 ± 0,44 a 15,73 ± 0,44 a A-IV 18,27 ± 2,20 b 18,51 ± 0,49 b 22,64 ± 0,70 a B-I 2,56 ± 0,03 b 6,22 ± 0,57 a 6,44 ± 0,11 a B-II 5,11 ± 0,12 b 7,91 ± 0,29 a 8,38 ± 0,29 a B-III 7,61 ± 0,33 b 13,00 ± 0,44 a 13,01 ± 0,60 a B-IV 7,85 ± 1,73 c 17,30 ± 0,70 b 28,15 ± 0,63 a C-II * 6,32 ± 0,20 a 6,87 ± 0,18 a C-III * 11,87 ± 0,32 a 11,11 ± 0,26 a

Letras distintas representan diferencias significativas (p< 0,05) entre trienios; (*) Sin información.

Como se observa en el Cuadro 11, la mayoría de los suelos presentó una variación en los porcentajes de muestras entre trienios, observándose un aumento en los rangos medios y altos de P-Olsen residual. Los tipos de suelo B-IV (metamórficos), presentaron la mayor variación en el porcentaje de muestras, acumulando el 75% de las muestras en el rango alto de P-Olsen residual, en el tercer trienio. Los suelos de tipo C-II (ñadis), no presentaron cambios en los porcentajes de muestras de los distintos rangos de P-Olsen residual entre trienios.

Los suelos de tipo A-III, B-II y B-III, que corresponden a suelos pardos arcillosos, rojos arcillosos y trumaos, entre la VIII y X Región, presentaron una mayor acumulación de muestras de suelo en el rango medio de P-Olsen residual durante el segundo y tercer trienio (Cuadro 11). Esto puede ser porque que los suelos trumaos y rojos arcillosos presentan una alta retención de fósforo debido mayoritariamente a reacciones de adsorción específica por formación de complejos de esfera interna con aluminio, hierro y manganeso de la superficie de los minerales de arcilla con carga variable y de óxidos cristalinos y no cristalinos (Sadzawka et al., 2006).

Cuadro 11. Porcentaje de muestras (%), que se encuentran dentro de los rangos de P-Olsen bajo, medio y alto, para cada trienio.

Trienios

Primer trienio Segundo trienio Tercer trienio

(1996-1997-1998) (2002-2003-2004) (2005-2006-2007)

Tipo de

suelo Bajo Medio alto Bajo Medio alto Bajo Medio alto

A-II 65,7 26,8 7,5 50,6 24,1 25,3 48,5 34 17,5 A-III 36,6 39,6 23,9 18,2 45,9 35,8 14,6 43,7 41,7 A-IV 29,2 16,9 53,8 11,5 34,5 54 9,4 28,1 62,5 B-I 95,7 4,3 0 60,2 29 10,8 62 36,7 1,3 B-II 76,5 21,6 2 52,3 38,5 9,2 47,3 40,4 12,3 B-III 52,9 37,1 10 26,8 43 30,2 26,2 41,4 32,4 B-IV 55,2 17,2 27,6 19,6 32,4 48 11,1 12,1 76,8 C-II * * * 63,9 31,2 4,8 59,9 34,3 5,8 C-III * * * 25,2 53,3 21,5 27,8 53,2 19

Rangos: bajo (0-10 mg kg-1 de P), medio (10.1-20 mg kg-1 de P), Alto (>20.1 mg kg-1 de P). (*) Sin información.

En la Figura 4, se pueden observar los gráficos de las curvas que representan la frecuencia acumulada para el P-Olsen residual, donde se puede ver la variación que presento el valor V50 entre trienios, de los principales tipos de suelos.

En la Figura 4, los tipos de suelos A II (graníticos y terrazas aluviales) presentaron un aumento en los niveles de fósforo en el segundo trienio, pero en el tercer trienio se observo una disminución. Esto puede ser debido a que los tipos de suelo A II tienen arcillas de tipo 1:1 (caolinitas), que presentan baja retención de fósforo (Besoain, 1985), por lo que se pueden producir pérdidas por lixiviación, erosión, escurrimiento superficial y a través del fósforo exportado por las cosechas (Brady y Weill, 1999). Como se observó en la Figura 4, el 50% de las muestras con los valores más altos de fósforo en los suelos de tipo A-III, B-II y B-III, que corresponden a suelos pardos arcillosos, rojos arcillosos y trumaos, entre la VIII y X región, presentaron un mayor aumento en los niveles de P-Olsen entre el primer trienio y el segundo trienio, entre el segundo trienio y el tercer trienio no se observaron grandes diferencias. Esto puede ser debido a que primero es necesario aumentar los niveles de P-Olsen en suelos donde no se realizó una reposición del fósforo extraído por los cultivos, por lo que se debe considerar la aplicación de una dosis de corrección permanente de P para alcanzar un nivel de suficiencia de P-Olsen como se observó entre el primer trienio y el segundo trienio. El número de años considerado para alcanzar el nivel de suficiencia está condicionado por el nivel de P-Olsen inicial en el suelo. Una vez alcanzado el nivel de suficiencia, aplicaciones de dosis de mantención sostendrían este nivel en el tiempo (Rodríguez, 1993), lo que puede haber ocurrido entre el segundo y tercer trienio.

A partir de 1997, el Sistema de Incentivos para la Recuperación de Suelos Degradados (SIRSD), subsidia el uso de fertilización fosfatada de corrección destinada a recuperar los niveles de fertilidad natural en suelos deficientes de P, definida esta en 20 mg kg-1 de fósforo en el suelo, según el método P-Olsen (Ministerio de Agricultura, 2010). Como se observó en la Figura 4, los tipos de suelos C II (ñadis) y C III (metamórficos), no presentaron variación entre las curvas de frecuencia acumulada para los valores de P-Olsen durante los trienios.

FIGURA 4. Variación de las curvas de frecuencia acumulada de P-Olsen (mg kg-1).

La cantidad de fósforo disponible en el suelo, no es un valor único y constante, ya que varía de acuerdo a las condiciones ambientales que a su vez influye sobre el suelo y el desarrollo de las plantas (Rojas, 2002).

Los suelos del sur de Chile se caracterizan por una alta capacidad de retención de P determinada por el tipo y contenido de arcilla. Esto influye directamente en la disponibilidad de P en el suelo, ya que a mayor capacidad de retención de P, menor será la fracción de fósforo del fertilizante aplicado que quede disponible en una temporada de cultivo (Rodríguez, 2001).

Suelos A-II 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 0 25 50 75 100 Primer trienio Segundo trienio Tercer trienio P-Olsen (mg kg-1) Por c e n ta je ac um ul ad o Suelos C-II 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 0 25 50 75 100 Segundo trienio Tercer trienio P-Olsen (mg kg-1) P o rc en ta je ac um u la d o Suelos B-II 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 0 25 50 75 100 Primer trienio Segundo trienio Tercer trienio P-Olsen (mg kg-1) P o rc e n ta je acu m u la d o Suelos B-III 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 0 25 50 75 100 Primer trienio Segundo trienio Tercer trienio P-Olsen (mg kg-1) P o rc en ta je acum ul ad o Suelos A-III 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 0 25 50 75 100 Primer trienio Segundo trienio Tercer trienio P-Olsen (mg kg-1) P o rcen ta je acu m u la d o Suelos C-III 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 0 25 50 75 100 Segundo trienio Tercer trienio P-Olsen (mg kg-1) P o rcen ta je acu m u la d o

4 CONCLUSIONES

Las prácticas agrícolas de fertilización y de corrección de la acidez, realizadas en los suelos de la zona sur de Chile a través de los años, han generado aumentos en el contenido de macronutrientes primarios P y K disponibles en el suelo y a mantener o disminuir el grado de acidez de estos suelos.

El cambio en acidez medido en pH en H2O y CaCl2 tiende a ser menos ácido en algunos suelos con aptitudes agrícolas, sin embargo la mayoría sigue presentando condiciones fuertemente ácidas o moderadamente ácidas. El cambio en la condición de acidez presentada en estos suelos, no se ven reflejadas en el contenido de aluminio intercambiable. Esto hace que el porcentaje de saturación de aluminio presente en estos suelos se mantenga constante, manteniéndose en rangos que van de 0,1% a 6,6% de saturación de aluminio.

La mayoría de los suelos del sur de Chile aún presentan cantidades suficientes de potasio disponible para el crecimiento de los cultivos agrícolas, presentando un aumento en la concentración disponible a lo largo de los años. Este aumento puede ser relacionado con la naturaleza joven de los suelos que presentan minerales ricos en potasio y de la aplicación de fertilización de mantención a través de los años.

La tendencia a largo plazo en la fertilidad fosforada para suelos con aptitud agrícola de las Regiones VIII, IX, X y XIV, presenta una evolución a incrementar los niveles de fósforo Olsen del suelo ente 3 y 5 mg kg-1. En cambio, suelos que no tienen aptitudes agrícolas importantes, no presentan una variación en su contenido de fósforo Olsen.

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