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Por personalidad autoritaria entendemos aquella que tiene como características fundamen- tales ser prejuicioso, conservador a ultranza, intransigente y poseedor de exagerada fidelidad al propio grupo nacional, la cual le hace hostil a determinados grupos étnicos (xenofobia).

Desde mediados de siglo, con el surgimiento y desarrollo de ideologías de masas de tipo totalitario, fascismo, comunismo, la psicosociología ha mostrado un interés especial en determinar qué características definen a las personas que participan de tales ideales. Todas ellas las englobamos en el concepto de persona autoritaria.

Fue Adorno, en 1950, el que realizó los estudios más divulgados sobre este tipo de fe- nómeno social en su obra “La persona autoritaria”, centrando el síndrome autoritario como exclusivo de ideologías de derechas; si bien, posteriormente, distintos autores lo hicieron extensivo a cualquier tipo de ideología, tanto de derechas como de izquierdas. Cabe des- tacar, entre los estudiosos de este tema, además del mencionado Adorno de la Escuela de Berkeley, a Levinson, Sandford, Maslow, Stewart y Hoult, Dahrendorf, etc.

5.1. ESTUDIOS DE ADORNO (ESCUELA DE BERKELEY)

El estudio más conocido sobre esta cuestión es el publicado por Adorno y sus colabo- radores en 1950, “La Personalidad Autoritaria” que, en palabras de sus propios autores, “es su principal objetivo el estudio del sujeto potencialmente fascista”, lo que, a priori, lo inutiliza en cierta forma, al no hacerlo extensivo a otras ideologías, de corte contrario, tam- bién autoritarias.

Se basó en la confección de distintas escalas: A, de antisemitismo; E, de etnocentris- mo; C, de conservadurismo, político y económico y, por último, la más famosa de todas, la escala F, de fascismo.

En esta escala se señalan los componentes fundamentales del autoritarismo, según sus autores:

– Convencionalismo, es decir, la aceptación incondicional de los valores sociales ac- tuales.

– Sumisión a la autoridad: obediencia ciega al poder.

– Hostilidad hacia los transgresores de los valores convencionales. – Actitudes basadas en estereotipos establecidos.

– Desprecio por los aspectos sentimentales y tiernos de la subjetividad. Es la llamada anti-intracepción (una muestra de la escala F realizada en España no incluye este punto, así como tampoco, el sexo o los estereotipos).

– Tendencia a la superstición.

– Obsesiva preocupación por todo lo relacionado con el poder y el sexo. – Pesimismo acerca de la verdadera naturaleza humana.

– Están predispuestos a pensar que las cosas peligrosas y amenazantes provienen de fuera.

Las teorías de Adorno tuvieron inmediatamente contrateorías y objeciones que la inuti- lizaron en parte, si bien se ha transcrito la base de su contenido porque refleja, a grandes rasgos, peculiaridades válidas de este tipo de personalidad.

5.2. OTRAS CARACTERÍSTICAS DE LA PERSONA AUTORITARIA

Resumiendo las distintas teorías y estudios sobre la persona autoritaria, podemos con- cretar los rasgos comunes que caracterizan este tipo de personalidad en los siguientes:

– Autovaloración. Normalmente este tipo de personas prejuiciosas tiene una impre- sión más favorable sobre sí mismas que las demás. Esta sobrevaloración se extien- de a sus padres.

– Normalmente son autoritarias las personas de mayor edad, bajo nivel educativo, situadas en estratos económicos inferiores.

– Valoran los signos de poder y de riqueza.

– Identifican generosidad y simpatía con inferioridad y la brutalidad con una naturale- za superior.

– No admiten lo contradictorio ni la ambivalencia, siendo poco complicados intelec- tualmente.

– Normalmente el grado de autoritarismo va en relación inversa al número de roles que domina o es capaz de utilizar.

– Dos son los prejuicios más destacados de este tipo de personalidad: intransigencia o dogmatismo y la xenofobia. En el fondo, dos visiones distintas de una misma realidad, pues la primera trae como consecuencia la segunda. Tal vez la intransi- gencia, en forma de totalitarismo, tuvo mayor incidencia social en épocas pasadas (fascismo, comunismo). Aunque de manera larvada subyace en personalidades con estas características, en la actualidad son las manifestaciones xenófobas las más llamativas, debido, sin lugar a dudas, a la problemática migratoria actual, ca- nalizada hacia los países de nuestro entorno. Comentamos a continuación ambos conceptos.

5.3. DOGMATISMO

Un dogma es una verdad cierta, indiscutible, indudable, exenta, por tanto, de cualquier tipo de crítica, que no admite réplica, cuyo contenido puede ser religioso, filosófico, sexual, político, social, etc. Actualmente el significado principal es el de dogma teológico que en una religión se impone como verdad indiscutible.

El dogmatismo, entendido sociológicamente, es la intransigencia, el estar férreamente convencido de que las ideas de uno son las únicas viables. Es igualmente consecuencia exagerada del etnocentrismo: “No solamente lo nuestro es lo mejor, es lo único posible”. Son tan claras sus convicciones que para el dogmático existe una frontera clarísima entre el bien y el mal. Aceptan como ciertos e incontestables sus propios puntos de vista.

Al igual que la xenofobia o el etnocentrismo, podemos decir que el dogmatismo es una actitud que poseemos desde las primeras fases socializadoras, en la creencia de que el mundo es exactamente de la forma que lo percibimos y no admitimos disidencia alguna.

Con la continuidad del proceso socializador, y dependiendo de cada miembro social y sus circunstancias, bien vamos cediendo hacia actitudes más contemporizadoras, bien se va acrecentando, formando parte de nuestra propia personalidad.

El dogmatismo es la actitud de aceptar como ciertos e incontestables los propios pun- tos de vista; es propio de toda persona autoritaria, sin distinción de ideologías, siendo más frecuente entre políticos y gente religiosa muy conservadores, que se aferran a la ortodoxia de sus idearios.

El dogmatismo es, pues, cerrazón mental en una verdad que impide crear otros ele- mentos nuevos y que rechaza toda creencia contraria. Esta actitud es propia de personas autoritarias que presentan nula tolerancia a la ambigüedad.

Actualmente tenemos múltiples ejemplos de este tipo de personalidad en los radicalis- mos islámicos y en el terrorismo etarra.

Adorno y su Escuela centraron el dogmatismo en las personas autoritarias fascistas, de derechas; Milton Rokeach amplió el espectro a toda ideología: de derechas e izquierdas, señalando al dogmático como persona cerrada, rígida y temerosa y definiendo el dogma- tismo como una organización cognitiva relativamente cerrada de convicciones acerca de la realidad, la cual, apoyándose en algunas ideas absolutas, proporciona una base para sostener patrones de intolerancia hacia otros.

5.4. XENOFOBIA

5.4.1. Consideraciones generales

Se podría definir como la actitud hostil hacia lo extraño, lo distinto, lo ajeno.

Este prejuicio es común en prácticamente todos los grupos humanos, ya que tiene un carácter innato, dándose con más frecuencia en sociedades donde cohabitan, sin mezcla, varios grupos étnicos, lingüísticos, culturales, etc.

El término xenofobia indica temor, miedo a lo ajeno, a lo extraño.

La necesidades económicas de los países más poderosos han creado una serie de pre- juicios, al fin de justificar la explotación a que han sido sometidos los más pobres.

No siempre son víctimas los grupos minoritarios, sino, normalmente, aquellos grupos que, aunque mayoría, tienen estatus inferior (la población negra en Sudáfrica).

Las bases de este prejuicio son varias y de toda Índole. Entre otras, podemos señalar: – Es la consecuencia negativa de un etnocentrismo exagerado, que, radicalizado,

deviene en odio hacia lo que no pertenece al grupo.

– En el fondo es el miedo a perder lo propio por culpa de la mezcla con lo extraño. Hay una gran dosis de inseguridad en esta actitud.

– Generalización de las diferencias reales o imaginarias entre el xenófobo y su víctima. – Los mitos, los estereotipos..., son base para el soporte de esta actitud.

5.4.2. Funciones de la xenofobia

La xenofobia y, en general, todos los prejuicios, cumplen dos funciones de defensa del yo, ambas basadas en las teorías del psicoanálisis:

1. De Proyección, descargando lo propio inaceptable sobre otros grupos que el xenó- fobo considera en inferioridad social.

La proyección es un mecanismo de defensa por el que sentimientos, características, deseos, etc., que no se reconocen en uno mismo o que se rechazan, se localizan en otras personas, normalmente de grupos en inferioridad.

Así, por ejemplo, si una persona tiene un cierto grado de hostilidad reprimida no admitida a nivel consciente, suele desconfiar de los demás y piensa que todos tratan de aprovecharse de ella. Su desconfianza y suspicacia son proyección en los demás de su propia hostilidad.

2. De Desplazamiento, encontrando en los grupos marginados “cabezas de turco” a los que culpar de los males sobrevenidos.

En la agresión, el desplazamiento se produce trasladando a otra persona la fuente original a la que en principio se dirigía. Así, por ejemplo, si un jefe reprende a un empleado de forma violenta y pública y este tiene que asentir pidiendo incluso disculpas, con el fin de no perder su trabajo, posteriormente puede que descargue la agresión dirigida en principio contra su jefe, sobre un familiar que de él depende.