Desde las distintas visiones literarias, la comunidad es un espacio en el que cierto grupo humano se ha condensado para convivir mediante normas, valores y principios que se logran gracias a la avenencia por la búsqueda simple de objetivos comunes. Todo esto como fruto de la relación interdependiente que posee con la sociedad, gracias a los recursos que esta le brinde para desarrollarse y de la capacidad adaptativa que el grupo humano muestre para procesarlos y consumarlos como materia principal de la vida diaria.
Existen posturas que representan a la comunidad como una agrupación netamente cultural, en la cual los individuos se agrupan más bien por hábito y memoria. Ante esto surge el planteamiento del elemento vital en la comunidad según Ezequiel Ander Egg en (Terry Gregorio, 2011):
[…] “Conciencia de pertenencia” que constituye uno de los soportes vertebradores del concepto comunidad, ya que no existe pertenencia sin la presencia de un grupo humano ubicado en un territorio determinado. Este grupo humano es portador de una cultura, una identidad cultural y un patrimonio, un sistema de valores, tradiciones y creencias propios que le confieren autenticidad y singularidad.
Esta conciencia de pertenencia significa entonces, que además de regirse por un sistema de normativas, la comunidad es un espacio ritualista y compulsivo, que busca favorecer espacios de desarrollo para abordar un bienestar común.
A demás permite establecer una diferenciación entre quienes se han agrupan al interior de este conglomerado humano para interactuar de manera espontánea y voluntaria, con un propósito consiente que se aparta del control jerárquico establecido, pero que aporta al bienestar. (Koontz et al., 2012)
En este sentido y adaptándonos al contexto del país que nos compete, lo explicado en el párrafo anterior se resguarda dentro de la definición de organización social, en la legislación vigente desde el 4 de junio de 2013, en el Art. 3 del Decreto N.16, cuya descripción manifiesta:
Articulo 3.- Definición. Para efectos del presente Reglamento, organizaciones sociales se definen como el conjunto de formas organizativas de la sociedad, a través de las cuales las personas, comunas, comunidades, pueblos, nacionalidades y colectivos, tienen derecho a convocarse para constituirse en una agrupación humana organizada, coordinada y estable, con el propósito de interactuar entre sí y emprender metas y objetivos lícitos para satisfacer necesidades humanas, para el bien común de sus miembros y/o de la sociedad en general, con responsabilidad social y en armonía con la naturaleza, cuya voluntad, se expresa mediante acto constitutivo, colectivo y voluntario de sus miembros y se regula por normas establecidas para el cumplimiento de sus propósitos. (Correa, 2013)
Entonces frente a esto, la comunidad es un sistema que basa sus conductas en una jerarquía total, pero que permite la apertura para generar cambios desde el interior mediante intereses, acciones o actividades determinadas en pro de todos quienes la conforman, sin importar si comparten o no la ideología, es decir
la agrupación humana se convierte en efecto de la causalidad y no de la casualidad.
Ante esto, resulta ser una unidad organizacional que respeta una jerarquía, posee una identidad, proyecta una imagen al resto del mundo, se provee de herramientas para subsistir y basa sus acciones en una cultura específica, tal como lo haría cualquier institución.
3.1.2.1 Organizaciones sociales en la comunidad
Generando una pequeña retrospectiva histórica, las organizaciones sociales al interior de las comunidades en Ecuador han existido desde 1998, cuando entró en vigencia la reforma constitucional que permite “la diversidad de las expresiones culturales de los ciudadanos, y por ende el establecimiento de una noción de ciudadanía de orden pluricultural y multiétnico distinto” (Bretón Solo de Zaldívar, 2000, p. 20). Considerando de esta manera la dimensión humana para trabajar y desarrollar un cambio positivo en el sistema político de la comunidad.
Entonces, las organizaciones sociales se tratan de una simbiosis entre las acciones y la comunidad, ya que, es gracias a estos conglomerados que surgen en el interior que se obtiene un desarrollo bilateral para el resto de individuos.
Es justo en este nivel de organización, que se ve reflejada la integración para la satisfacción de necesidades que propone Maya Jariego (1999) en (Úcar, 2009), en la cual refiere el poder de compromiso que se obtiene con los individuos a partir de los valores que los rigen, para conformar un subgrupo al
interior de la comunidad gracias a la percepción inmediata de una realidad, que permite que estos avancen sin dañar a nadie.
Lo que a la realidad el país se traduce como forma sistemática que facilita los procesos de vinculación con la sociedad, para lograr que su comunidad avance y sea reconocida como un miembro de vital importancia para el desarrollo de la vida política, económica y cultural de toda la nación.
3.1.2.2 El vínculo
Cada una de las actividades que se realizan en el día a día de la vida comunitaria forja un vínculo con la sociedad y su modo de concebir la organización al interior de la comunidad.
De acuerdo con los planes de ordenamiento territorial vigentes en el país, las actividades comunitarias más comunes son la agricultura, ganadería, pesca y crianza de animales, lo que nos da una perspectiva de producción alimenticia únicamente.
Sin embargo, existen pequeños asentamientos que consideran la potenciación de la comunidad mediante actividades de relación directa con el resto de la sociedad, como es el caso del turismo y sus agregados (museos, guías nativas, procesos artesanales, etc.) (SENPLADES, 2017). Es en este punto dónde, las organizaciones sociales se convierten en el mayor aliado de la vida comunitaria.
En si, las acciones antes mencionadas se realizan por apego profesional o para aprovechar los recursos que se tienen a la mano, lo que permite que estas
pequeñas agrupaciones logren regular, promover derechos y entregar un producto o servicio adecuado a los individuos que los rodean.
En este sentido la consideración de la comunidad como una corporación se vuelve más evidente, pues todo lo produzca se genera en base a una cultura establecida, y como se proyecte al resto del mundo es el reflejo de su identidad y sentido de pertenecía que en ella se guarde. Lo que permite, según Zimmerman (2000: 43) en (Guerrero & Noreña, 2010) potenciación comunitaria, como resultado de los esfuerzos para mejorar la calidad de vida de comunidad. Así las relaciones públicas se convierten en la herramienta principal de la propuesta de Zimmerman, pues es gracias a ellas que las actividades de cada comunidad se reconocen por un proceso de información pública y pueden ser desenvueltas en niveles de mayor relevancia por la gestión de las organizaciones sociales, lo que constaría dentro de la teoría como una alianza estratégica, además la necesidad de demostrar que toda acción realizada en su interior genera un beneficio entra en contraste con el modelo de información pública.
Por otro lado, la comunidad es una constante fuente de relaciones públicas, ya que considera a cada uno de sus integrantes como público interno ya que su influencia es directa hacia las decisiones que tome el sistema jerárquico por el cual se rige.
3.1.3 EL DESARROLLO COMUNITARIO COMO EL PARADIGMA DE LAS