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Polybasic sequences in STIM1 and Orai1 are determinants of the dependence of the STIM1-Orai1 interaction on PIP 2 in membrane

EF-Hand SAM

3.5 Supporting Information Available:

4.4.4 Polybasic sequences in STIM1 and Orai1 are determinants of the dependence of the STIM1-Orai1 interaction on PIP 2 in membrane

Si Wittgenstein quisiera defender aún, tras la crítica a la que sometió a sus antiguas ideas, una concepción de la ver­ dad como correspondencia, esta noción ya no podría ser en­ tendida como la relación que guarda una imagen reflejada o una copia con un original independiente y autónomo. Lo que llamemos correspondencia estaría determinado ahora por nuestro lenguaje, su gramática y sus conceptos y ya no por una instancia independiente. Pero ¿por qué seguir hablando siempre de concordancia con los hechos en todos los juegos de lenguaje en los que los términos ‘verdadero’ y ‘falso’ re­ ciban una aplicación significativa? Esto significaría caer de nuevo en la ya cuestionada tendencia a usar un mismo tér­ mino común para cobijar usos muy diversos:

El uso de «v erd ad ero o falso» tiene algo que nos confun­ de porque es co m o si m e dijera «está o no está de acuerdo con los hechos»; y se podría preguntar qué es aquí ‘acu e rd o ’. L a proposición es «verd ad era o falsa» sólo quiere decir que ha de ser posible decidir a favor o en co n tra de ella. Pero con ello no se p ro p o rcio n a el tipo de fundam ento que c o ­ rrespon d e a tal d ecisió n 1“*.

Las maneras de decidir a favor o en contra de una propo­ sición, el tipo de fundamentos o criterios que se empleen pa­ ra determinar su verdad o falsedad no están fijados de modo universal y definitivo. Ellos son contingentes, cambiantes, como lo son nuestros juegos de lenguaje, y pueden ser muy diversos, dependiendo de la proposición misma y de las cir­ cunstancias y la forma en que se usa. ¿Qué*se gana al buscar

una forzada uniformidad que ignore estas diferencias? Klhi parece responder únicamente a una controvertible aspiración a la generalidad; pero antes que exigir ciegamente tal genera­ lidad, cediendo a un pertinaz prejuicio universalista, habría que mirar y describir la diversidad de maneras cómo se es­ tablece la distinción entre lo verdadero y lo falso en diferentes contextos y para diferentes proposiciones (lo que intentaremos más adelante) y entonces sí juzgar si el concepto de verdad se emplea de manera tan uniforme y universal en un sentido, o en distintos sentidos, que podamos cobijar bajo la expresión común ‘correspondencia con los hechos’. El deseo de asimi­ lar de entrada los distintos usos de ‘verdad’ y ‘falsedad’ a una única noción de correspondencia, así sea muy amplia, tanto que correría el riesgo de volverse vacía, entraña ciertas con­ fusiones, sobre las «que cabe prevenir expresamente.

Estas confusiones surgen, principalmente, de una asimila­ ción poco crítica del modelo de las ciencias naturales, concre­ tamente de cierta imagen ingenua de cómo se verifican sus enunciados. En estas ciencias, se suele creer, debe ser aplica­ ble una noción de verdad como correspondencia con los he­ chos, la cual les imprimiría su crucial carácter empírico. Lo que haría un científico natural al recopilar y utilizar datos observacionales y al diseñar experimentos (que valdrían co­ mo un tipo especial de experiencias diseñadas o provocadas de forma artificial) sería reunir la suficiente evidencia em­ pírica para confirmar que sus hipótesis y teorías son verda deras, en el sentido de que guardan el debido acuerdo con lo fáctico. Esto no es sino una imagen general muy ingenua y simplificada, pero también muy extendida e influyente, del papel fundamental que debe jugar la noción de acuerdo mu los hechos en la determinación de la verdad cienlifirn n.itm ;il

En la práctica científica lo fáctico, el ámbito presuntamen­ te puro de los hechos, en comparación con el cual se estable­ cerían las verdades de las ciencias naturales, resulta muy difícilmente separable de los supuestos teóricos que subyacen a la labor de investigación científica, supuestos cuya corres­ pondencia con los hechos está muy lejos de ser clara. Pero no es nuestro propósito aquí perseguir las dificultades a las que conduce la interpretación de las hipótesis y teorías cien­ tífico-naturales como verdaderas en el sentido de correspon dencia con los hechos, ni adentrarnos en las consideraciones críticas que han contribuido a derrumbar el mito de los he­ chos observables como lo dado, como el fundamento puro, último e incontrovertible en el que se basa la verdad cientí­ fica. Lo que queremos es prevenir acerca de las confusiones a las que puede llevar una acrítica generalización de esta imagen, de suyo problemática, de la verdad científica como concordancia con los hechos. Queremos oponernos a la ten­ tación de darle un alcance excesivamente extendido y general a esta imagen de la verdad, señalando el carácter problemá­ tico de algunas consecuencias de tal generalización.

Hacer valer esta imagen en la lógica y en la matemática podría conducir a una posición platónica, según la cual el ló­ gico y el matemático, análogamente a un físico, descubren verdades que corresponden también a hechos. Sólo que estos hechos serían más abstractos y generales que los naturales y acaecerían en un reino o cielo platónico de objetos ideales cuya existencia sería independiente de la mente humana que los capta por medio de alguna especial facultad intuitiva. Witt genstein se opone de forma muy vehemente a este platonis­ mo, no solamente en su obra tardía sino ya desde el Tractatus. En él se afirma que las constantes lógicas no denotan nada

real y que las pseudo-proposiciones de la lógica no describen ninguna realidad:

4 .0 3 1 2 [...] M i p en sam ien to fun dam ental es que las «constantes lógicas» n o representan.

[...] 4 .4 6 1 L a prop osición m u estra aquello que d ice; la tautología y la con trad icción m uestran que no dicen nada

[...].

4 .4 6 2 Tautología y con trad icción no son figuras de la realidad [...].

5 .4 A p a re ce , pues, claro que no hay «objetos lógicos», «constantes lógicas» (en el sentido de Frege y R ussell)14.

En razón de que las «proposiciones» de la lógica carecen de contenido fáctico y no pueden ser ni verdaderas ni falsas en el sentido de correspondencia del Tractatus, Wittgenstein llega a negar que sean, estrictamente hablando, proposiciones. Su posición respecto de las «pseudo-proposiciones de la matemá­ tica» es análoga:

6 .2 L a m atem ática es un m étodo lógico.

L as p roposiciones de la m atem ática son ecu acion es, y, p o r consiguiente, pseudo-proposiciones.

6.21 L as p rop osicion es m atem áticas no exp resan nin gún p en sam ien to 15.

Wittgenstein no abandonará en su obra posterior el reclia zo a este platonismo, aunque algunos de sus puntos de visla

14 TLP, p. 77, p 107, p, 131. 15 TLP, p. 181.

sobre la lógica y las matemáticas sufran otras transformacio­ nes. Posteriormente (ver abajo la parte C) volveremos sobre las cuestiones de cómo entender, vistas bajo su nueva perspec­ tiva, las nociones de verdad lógica y matemática y cómo dar cuenta del carácter necesario que se les atribuye. Por ahora nos basta con testimoniar su persistente y muy abierto re­ chazo a la tentativa de aplicar un criterio de verdad como concordancia con la realidad a las proposiciones lógicas y matemáticas:

¡Pero yo sólo p ued o inferir aquello que realm en te se

si­

gue*. —

¿H a de significar esto: sólo aquello que se sigue de acu erd o a las reglas de inferencia; o bien: sólo aquello que se sigue de acu erd o co n

ciertas

reglas de inferencia, que c o ­ rresp on d en de algún m o d o a u na realid ad? L o que v ag a­ m en te nos ro n d a aquí en la cab eza es que esa realidad es algo m uy abstracto, m uy general y m uy rígido. L a lógica es u n a suerte de ultrafísica, la descripción de la «construcción lógica» del m undo, que percibim os m ediante una especie de u ltraexp erien cia (con el entendim iento p o r ejem plo).

[...] L o que llam am os ‘inferencia lógica’ es una transfor­ m ación de una expresión. Por ejem plo, la conversión de una m ed id a a otra. U n lado de la regla está dividido en pulga­ das, el o tro en centím etros. M ido la m esa en pulgadas y lo paso luego a centím etros

sobre la regla.

- Y realm en te existe tam bién lo co rrecto y lo falso en el paso de una m ed id a a o tra ; p ero ¿c o n qué realidad co n cu e rd a aquí lo co rre cto ? Seguram ente con u n a conversión, o co n un uso, o acaso con las necesidades p rácticas16.

Para evitar generalizar excesivamente la noción de verdad como correspondencia que llevaría a considerar la lógica

y

también la matemática como ‘ultrafísicas’ que se ocupan de unos ‘ultrahechos’ no naturales intuibles mediante alguna ‘ul- trafacultad’ especial del entendimiento, Wittgenstein sugiere cautamente la aplicabilidad de criterios de verdad diferentes al de correspondencia: un criterio pragmatista o, tal vez, uno convencionalista. Pero a estos criterios tampoco habría que generalizarlos en demasía, con el fin de desarrollar una teo­ ría o definición general alternativa de la verdad (ver abajo las partes

B y C).

Las confusiones

y

los riesgos a los que conduciría una aplicación excesivamente generalizada de la verdad como correspondencia se hacen sentir también en campos distintos a la lógica

y

a la matemática. En una carta escrita a Ludwig Fecker en 1919, Wittgenstein le revela que el punto central de su Tractaíuses ético17. El habría tratado de delimitar la esfera de lo ético desde dentro, es decir trazando los límites de lo decible (un propósito que puede interpretarse como crítico, en sentido kantiano) para mostrar que lo ético queda más allá de esos lí­ mites. Wittgenstein se habría propuesto salvar a la ética, a la que él considera, como a la lógica, ‘trascendental’ (ver

TLP,

6.421), de las garras de un cientifismo positivista amenazante.

17 El pasaje relevante de esta carta está citado en Janik, Alian