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La sección anterior ha esbozado el impacto de la revitalización del gua- raní sobre el sistema educativo y político, además sobre los medios de comunicación y la cultura popular. Ahora nos enfocamos en las impli- caciones de estos cambios sobre un área crucial de gobernabilidad, la erradicación de la pobreza. La pobreza continúa siendo altísima en Paraguay y está fuertemente concentrada en áreas rurales. Según da- tos oficiales, el 38,2% de la población total vivía en condiciones de pobreza en 2005, y el 15,5% vivía en pobreza extrema. El 20,8% de la población rural vivía en extrema pobreza a diferencia de sólo el 11,6% de la población urbana. Como consecuencia, a pesar del rápido proce- so de migración hacia áreas urbanas en recientes décadas, el 57% de un total de 902.294 personas en extrema pobreza vive en áreas rurales (DGEEC 2006). En septiembre de 2000 Paraguay fue uno de los 189 países del mundo que firmaron el compromiso de cumplir con las Me- tas de Desarrollo del Milenio (MDM) para erradicación de la pobreza. Sin embargo, un informe del Banco Mundial en 2005 afirmó que Para- guay no estaba ‘en camino’ para cumplir con cinco de las siete metas en 2015 (PNUD 2005). El Estado carece aún de una estrategia com- prensiva de erradicación de pobreza. En vez de esto, un sinnúmero de pequeñas iniciativas improvisadas lo realiza la Secretaría de Acción Social (SAS), con un bajísimo nivel de coordinación de esfuerzos entre los ministerios sectoriales (IDD 2005).

La estrecha correlación entre el monolingüismo en guaraní y los niveles de pobreza absoluta y relativa en Paraguay es algo bien conocido. «Cuan- do se descompone la inequidad entre diferentes grupos por idioma ha- blado en el hogar, el porcentaje convencional de ‘entre-grupo’ es aproxi- madamente el 30 por ciento» (Banco Mundial 2005, 41). El 94% de la población rural en extrema pobreza y el 68% de la población urbana en extrema pobreza viven en hogares donde el guaraní es el principal idio- ma (Banco Mundial 2001, 47). Los dos departamentos del país donde los niveles de pobreza son más altos -San Pedro y Caazapá– son tam- bién los departamentos donde el monolingüismo en guaraní es el más alto. Además, «El fondo de la pirámide de ingreso está compuesto casi

exclusivamente de guaraní-parlantes» (Morley 2001, 8). Los datos ofi- ciales de los sectores de educación y salud confirman la estrecha asocia- ción entre la incidencia de pobreza y el guaraní. Un estudio del Ministe- rio de Educación y Culto en 2000 mostró que los niños guaraní-parlan- tes son más pasivos en la escuela. Los profesores reportaron que ellos tenían 50% más probabilidades que los niños hispano-parlantes de acu- dir a la escuela con hambre, a sentirse cansados y quedarse dormidos en clase, a tener que trabajar fuera del hogar, a no contar con libros escola- res, y a no tener espacio en casa para hacer sus deberes (MEC 2000). La mortalidad infantil de la población guaraní-parlante es tres veces mayor que el promedio nacional (PNUD & DGEEC 2002, 43). En 2004, las madres que vivían en hogares donde el guaraní era el idioma principal tenían cinco veces más probabilidad de no recibir atención médica du- rante su embarazo que aquellas que vivían en hogares donde el español era el idioma principal (CEPEP 2005, 214).

En este contexto socio-lingüístico, una estrategia para la erradicación de la pobreza obviamente requiere enfatizar el guaraní tanto como in- dicador para focalización de programas como el principal medio de comunicación, para así ‘empoderar’ a la sociedad civil y «dar voz a los pobres».25 Pero hasta la fecha hay pocas señales de que el Estado esté

incorporando la comunicación en guaraní en sus limitados esfuerzos por combatir la pobreza. Esta carencia refleja una problemática mayor, el diseño de una estrategia de comunicación bilingüe que abarca toda la administración pública. El Artículo 140 de la Constitución de 1992 dice que Paraguay es un país bilingüe y por primera vez nombra al guaraní como lengua oficial. A pesar de varios proyectos de ley eleva- dos al Congreso, para mediados de 2007 todavía no se había promul- gado la necesaria legislación reglamentaria en la forma de una Ley de Lenguas. Como resultado, el Estado ha hecho muy poco para defen- der los fundamentales derechos lingüísticos de la ciudadanía a través de mecanismos para ampliar la ‘visibilidad’ del guaraní. A excepción de unos pocos ejemplos en el sector de la salud, ni los ministerios del gobierno central ni las municipalidades ofrecen información a sus ciudadanos para acceder a los servicios públicos básicos en forma de boletines y panfletos bilingües (Pic-Gillard 2003).26 El sistema judicial

25 Varios escritores han señalado una supuesta ‘debilidad’ de la sociedad civil como

factor explicativo de la lenta consolidación de la democracia en Paraguay (Rivarola, 1994; Ocampos & Rodríguez, 1999; Carrizosa, 2003). Sin embargo, esta afirmación es muy cuestionable. En verdad la ‘voz de los pobres’ es débil, pero esto es así porque el orden político y social vigente discrimina fuertemente en contra del uso de guaraní por la sociedad civil en su comunicación con el Estado.

26 La Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos es la única entidad del

paraguayo sigue funcionando en forma muy sesgada en contra de los pobres. En ausencia de un programa de asistencia legal gratuita ofreci- da por el Estado, los acusados de bajos ingresos quedan a la merced de abogados venales y fiscales corruptos. Durante los años 90 la demo- cratización trajo la construcción de una red costosa de Palacios de Jus- ticia en áreas rurales, pero esto no fue acompañado por reformas para introducir el idioma guaraní en las audiencias judiciales. Los agriculto- res pobres y monolingües en guaraní sufren especialmente de esta ca- rencia de una estrategia bilingüe por el Estado hacia sus ciudadanos. «Esto los pone en una desventaja significativa en la comercialización de sus productos agrícolas, en presentar solicitudes para préstamos banca- rios, y en decidir sí o no introducir nuevas cosechas o nuevas tecnologías de cultivo. Es uno de los factores que tiene que tomar en cuenta cual- quier persona que quiere ayudar a los pobres o que quiere introducir una tecnología más moderna al sector agrícola» (Morley 2001, 8). Las organizaciones no-gubernamentales (ONGs) que trabajan en el área de erradicación de la pobreza, las cuales dependen mucho del financiamiento externo, en sus programas apuntados al ‘empodera- miento de los pobres’ parecen igualmente haber olvidado el papel cru- cial del guaraní. Aun cuando el número de ONGs aumentó notable- mente como consecuencia de la democratización, llegando a 223 a mediados de 2006, muy pocas de ellas han priorizado la promoción y el uso del guaraní en sus trabajos de campo y sólo catorce tienen nom- bres en guaraní (CIRD 2006). De igual modo las 26 organizaciones que conforman la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay, desde 1993 a 2003, dejaron de considerar el tema de derechos lingüís- ticos en su publicación anual detallando las violaciones de los dere- chos humanos en Paraguay (CODEHUPY 2003).

La renuencia del Estado y las ONGs a tomar en cuenta ‘la cuestión lingüística’ tuvo consecuencias negativas para el impacto ‘pro-pobre’ del limitado proceso de descentralización que acompañó a la demo- cratización desde 1989. Por primera vez en 1991 los intendentes muni- cipales fueron electos en forma directa, y en 1993 se creó un nuevo nivel departamental de gobierno electo. Sin embargo, existe una gran desilusión con el desempeño del gobierno local, lo cual ofrece un bajo nivel de eficiencia en el suministro de servicios básicos, una baja parti- cipación ciudadana y la ausencia de una priorización en la erradica- ción de la pobreza. L a principal explicación de la incapacidad de la descentralización en producir una mayor inclusión social -de permitir a ‘la voz local’ expresarse- es justamente la falta de obligación a las auto- ridades municipales de introducir una estrategia de comunicación bi- lingüe. En vez de esto, la descentralización tiende a fortalecer el poder de las élites locales, quienes residen en la cabecera municipal. Tal como comentó un investigador perspicaz:

«Al que viaja al interior rural de Paraguay le llama la atención la predominación del guaraní y por ende la necesidad de depender de intérpretes bilingües. El interior está punteado por pequeñas áreas urbanas, y la fuerte relación entre la incidencia de bilingüismo y los asentamientos urbanos es obvio por donde uno vaya. Las escuelas, los negocios, las iglesias y las oficinas administrativas de los puebli- tos rurales son refugios del idioma español, pero ni bien camina por las calles de tierra que salen de la plaza central uno entra al mundo del guaraní monolingüe» (Gynan 2001, 66).

Conclusiones

Un informe del Banco Mundial sobre desigualdad en América Latina en 2003 concluyó de que sólo «profundas reformas de las instituciones políticas, sociales y económicas» pueden ser capaces de aumentar las tasas de crecimiento de la economía regional como de reducir la po- breza e inequidad existentes. Cualquiera de esas reformas (incluyendo la reforma agraria) necesariamente tendría que mejorar el acceso no sólo a la educación y a las oportunidades, sino también a la influencia y al poder político, para así corregir un largo proceso histórico en la región (Banco Mundial 2003). La revitalización actual del guaraní es un mecanismo crucial para que los pobres puedan comenzar a ejercer dicha influencia política y poder en una de las sociedades más des- iguales en América Latina. Actualmente los guaraní-parlantes prove- nientes de hogares campesinos están extremadamente sub-representa- dos en todos los niveles del sistema político. A mediados de 2007 casi todos los miembros del Congreso paraguayo –con 80 diputados y 45 senadores– eran terratenientes medianos o grandes y sólo uno de ellos, el senador Estanislao Martínez, tenía antecedentes como activista cam- pesino. Esta extrema sub-representación de las clases subalternas en el sistema político formal es un rasgo llamativo del sistema actual de go- bernabilidad y está estrechamente vinculada con las altas desigualda- des en la distribución del ingreso y de la tierra.

En abierta oposición a estas crecientes desigualdades, creció rápida- mente desde principios de los años 90 un movimiento social de peque- ños agricultores y de familias sin tierra.27 Su reivindicación principal ha

27 A pesar de este crecimiento rápido en la movilización social en áreas rurales en

años recientes, los par tidos políticos de izquierda han quedado débiles. En la elección presidencial de 2003, Tomás Zayas, candidato del único partido de izquierda, Partido Patria Libre, sacó 4.559 votos, equivalente a sólo el 0,3% del total. Uno de los principales factores al cual se atribuye su fracaso electoral es la incapacidad de estos partidos, cuyos dirigentes son intelectuales urbanos monolingües en español, de comunicarse en guaraní (Medina, 1997:82).

sido una profunda reforma de la distribución altamente desigual de la tenencia de la tierra en Paraguay, reforma estructural que fue identifi- cada hace décadas como clave para la erradicación de la pobreza y el desarrollo sostenible (González 1931; Pastore 1972; Fogel 1989; Ga- leano & Rivarola 1999). Las dos organizaciones que forman la espina dorsal del movimiento –la Mesa Coordinadora Nacional de Organiza- ciones Campesinas (MCNOC) y la Federación Nacional Campesina (FNC)– son también fervientes propulsores del uso del guaraní en sus campañas y en sus negociaciones con el Estado. En la medida en que las barreras invisibles representadas por la ‘vergüenza’ del guaraní van sustituyéndose por un mayor orgullo en la lengua nacional, es proba- ble que nuevos y poderosos ‘promotores de cambio’ (drivers of chan- ge) broten de este movimiento y penetren el sistema político a nivel municipal, departamental y nacional. En cuanto la fuerza del MCNOC y la FNC crezca, también es factible que aparezca un nuevo partido político para representar los intereses de los pequeños productores agrí- colas. La habilidad de su liderazgo para comunicarse en guaraní con una amplia base de apoyo potencial podría devenir en una transfor- mación veloz de la escena política a mediano tiempo y, al incentivar un estilo de desarrollo más incluyente, así podría traer positivos beneficios para el sistema de gobernabilidad en su conjunto.

Las políticas de lenguas siguen siendo un aspecto ignorado por la agen- da de gobernabilidad. Sin embargo, como lo demuestra este estudio de caso, ejerce una fuer te influencia subyacente sobre muchos de los indi- cadores de gobernabilidad promocionados por el Banco Mundial. El orgullo y respeto al idioma de los pobres es ingrediente crucial en la receta de empoderamiento, rendición de cuentas del Estado y la partici- pación ciudadana en el desarrollo. De hecho, el catalizador del actual resurgimiento lingüístico en Paraguay no fue el Estado. A pesar de la retórica de la Constitución de 1992, en 2007 la modalidad en guaraní del PEB quedó asfixiada, y el Estado todavía no había promulgado una ley que convertiría al guaraní como idioma de la administración pública a la par del español. Sin embargo, los avances que ya se han realizado en la revitalización del guaraní a pesar de esta indiferencia oficial, son testimonio evidente a las profundas corrientes de cambio social que es- tán fluyendo a la superficie de la sociedad paraguaya en la actualidad.

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