3.6.1.- Geografía de la Galia.
¿Como era ese territorio? Para los romanos existían tres Galias:
Galia Cisalpina: Desde los Alpes hasta el río Rubicón. Hoy en día forma parte de Italia y es la zona que llamamos los Alpes italianos.
Galia Narbonense (llamada Galia Togata, o la Galia con gente togada. Es decir que vestían como los romanos y por tanto estaban romanizados ya). Era una provincia habitada por romanos y celtas. Habían ciudades como Narbona o Marsella.
Galia Transalpina (llamada Galia Cabelluda) Esta Galia se dividía a su vez en tres partes: la Bélgica al norte, la Céltica al centro y la Aquitania al sur.
3.6.2.- ¿Como eran los habitantes de la Galia?
Si pensamos en los galos, se nos viene rápidamente a la cabeza la imagen de los dos galos más famosos, Astérix y Obélix, además de su inseparable perro, Ideáfix, el primer perro ecologista, que ama sobremanera a los árboles y no soporta que nadie les haga nada. Pero precisamente los dos irreductibles galos más famosos, son producto de la imaginación de los autores franceses Uderzo y Goscinny.
Los galos reales, no tenían una poción mágica que les hacia invencibles, pero eran muy fieros y temidos por los romanos. Cuatro siglos antes de que César existiera, se habían atrevido a saquear la mismísima Roma. En el año 399 a.C. un grupo de guerreros galos comandados por su jefe, de la tribu de los sennones y llamado Brennos, llegaron de noche amparados por la oscuridad a la urbe.
El jefe galo Brennos invade Roma en el año 399 a.C.
Cuenta la leyenda romana que fueron las ocas del templo de Juno, las ocas sagradas de la diosa que forma parte de la Triada Capitolina, las que avisaron con sus graznidos a los habitantes de Roma que pudieron refugiarse en la fortificada y sagrada colina del Capitolio. Lo malo fue que, con las prisas, dejaron abiertas las puertas de sus casas para que los galos saquearan la ciudad, dándose un buen
festín de riquezas romanas. Desde entonces en Roma, se les temía y respetaba a partes iguales.
Jefes galos Infantería gala
Guerreros galos a caballo
Estos guerreros eran de tez clara y solían llevar el cabello largo con trenzas. Lucían amplios bigotes y/o barbas. Se agrupaban en clanes o tribus que combatían a menudo entre si: los éduos, los belovacos, los carpetanos, los turdetanos, los carducos, los arvernos, los senones, los cardutos, los nervios, los eburones, etc.
3.6.3.- Economía.
Su dedicación fundamental era la guerra, bien entre ellos o bien contra otras tribus. En invierno se dedicaban a recoger las cosechas y cuidar su ganado. Estaban bastante avanzados en la industria tradicional. Disponían de buenas armas, buenos barcos e instrumentos agrarios de calidad. La Galia era un país muy rico en recursos. Pero en primavera se lanzaban a su afición favorita, la guerra.
3.6.4.- Cultura.
El vínculo común entre todos los galos era la cultura, a pesar de que la práctica totalidad de los galos eran analfabetos y su transmisión cultural era de tradición oral (historias que pasaban de padres a hijos). Aquello que los unía era el Druidismo, una especie de religión basada en la inmortalidad del alma, el honor y la piedad. El protagonista fundamental de esta religión y verdadero transmisor cultural de los galos era el druida. El druida, que vivía en el bosque lejos de los poblados, era a un tiempo juez, médico y maestro de los nobles, entre otras muchas cosas. Vestía de blanco y deambulaba por caminos y poblados difundiendo sus sabios mensaje.
Representación de un druida Panorámix, el druida de ficción más famoso.
3.6.5.- Precedentes y objetivo inicial de los romanos.
El objetivo inicial que se marca desde el Senado es la contención de los helvecios que han iniciado una migración masiva y poner freno a las tropas germanas de Ariovisto que han atravesado el río Rhin para intervenir en la Galia. Los romanos piensan que, una Galia unida y fuerte, bajo tutela romana por supuesto, contendría a los pueblos germanos del norte en caso que estos, quisieran atacar Roma. En la actualidad, parafraseando a George Bush y al ejército norteamericano, diríamos que sería hacer una guerra preventiva. O como dice el refrán: “la mejor defensa, es un buen ataque”.
3.6.6.- La conquista de la Galia.
Los enfrentamientos entre tribus galas eran una constante en la Galia. El gran número que de ellas existían y sus diferentes intereses, les conducían muy a menudo al enfrentamiento fraticida por disputas de muy diversa índole.
Fue precisamente un enfrentamiento entre las tribus de los eduos y los secuanios lo que hizo que una de estas dos tribus decidiera buscar ayuda. Una delegación edua atravesó el río Rhin para pedir ayuda a los germanos. Liderados por Ariovisto, quince mil guerreros mercenarios germanos atravesaron el Rhin, intervinieron en el conflicto, pero después no se volvieron a sus tierras, sino que trajeron más guerreros y decidieron quedarse en la Galia. Viéndose fuertes, decidieron demandar una tercera parte del territorio para ellos.
Rey Ariovisto.
Esto hizo que eduos y secuanios olvidaran sus antiguas diferencias y se unieran para rechazar a los germanos, pero fueron derrotados por Ariovisto en el campo de batalla. Sólo les quedó una solución: Pedir ayuda a Roma. Y así, Cayo Julio César, procónsul de la Galia, tuvo la excusa perfecta para empezar sus movimientos bélicos.
Pero además, la presión de los guerreros de Ariovisto sobre las tierras de la Galia, hizo que otro acontecimiento empujara a César a la guerra. Los helvecios, los habitantes de la actual Suiza, decidieron abandonar sus tierras y establecerse en otras más productivas más al este, en la zona que los romanos conocían como la Galia Narbonense. Más de quinientas mil personas iniciaron una emigración masiva atravesando la Galia. Antes de partir incendiaron sus más de cuatrocientas aldeas, para que la tentación de volver no les invadiera.
Mapa del territorio que ocupaban los helvecios.
Partieron desde Ginebra (Geneva en el mapa) con dirección a la costa atlántica y pidieron permiso para pasar por territorio de los eduos. Éstos, pidieron una vez más ayuda a César (que representaba el poder de Roma) y César les dijo que le dieran un plazo de quince días para tomar una decisión. Los helvecios, esos días pararon su avance, pero la necesidad de abastecer al medio millón de personas, hizo que se dedicaran al saqueo y al pillaje entre las tierras de los eduos. Este hecho le dio la excusa perfecta a César para negarles el paso, aprovechando esos quince días para fortificar la frontera (el río Ródano) Al ver su camino cortado, tomaron otra ruta pero al final el enfrentamiento fue inevitable y se produjo quince días después.
La batalla de Bibracte (ver mapa) fue el primer triunfo de Cayo Julio César en esta guerra. Con tan sólo cuatro legiones consiguió, a los pies de la ciudad, derrotar a los helvecios gracias a la mejor calidad de sus espadas (las gladius romanas eran más cortas y manejables que las largas espadas galas).
Gladius romanas.
Cuando la batalla se decantó a favor de los romanos, se produjo un auténtico genocidio, pues entre los muertos en batalla, los saqueos y las violaciones posteriores protagonizados por los legionarios, más de 390.000 helvecios perdieron la vida. Los aproximadamente 110.000 helvecios que sobrevivieron, fueron invitados a volver a sus tierras. Y fundaron un pueblo que hoy en día llamamos Confederación Helvética o Suiza.
El eco de la victoria del Gran Julio César, hizo llegar al campamento romano un aluvión de peticiones de ayuda de diferentes tribus galas que se veían amenazadas por Ariovisto. César, le pidió una entrevista, tratándole con sumo miramiento y delicadeza, pues los optimates, para evitar que César se enfrentara a él y adquiriera aún más gloria, declararon al germano Ariovisto amigo y aliado del Senado de Roma. Este nombramiento hizo de Ariovisto un personaje intocable para César si no quería ser procesado al volver a Roma por desobedecer al Senado. Pero Ariovisto renunció a esa entrevista aludiendo que si César quería algo de él, que fuera a donde él estaba, que no quería ni necesitaba nada de los romanos. César, a pesar de la soberbia del germano, solicitó por emisarios que le enviaba, que no trajera más guerreros germanos a la Galia y que devolviera los rehenes que había tomado. La respuesta de Ariovisto fue un rechazo en toda regla y le invitó a atacarle si se atrevía:
“ Atácame y conocerás el valor de un pueblo que hace catorce años que no duerme bajo techo ”
Ariovisto pretendía tomar la ciudad de Vesontio (actual Besançon). César se adelanta y la toma antes que el germano. Ariovisto no tuvo más remedio que retroceder hacia el río Rhin. Pero los legionarios refugiados en la recién tomada ciudad, comenzaron a creer las terribles historias que contaban los galos de la ciudad sobre los terribles guerreros germanos y hubo un amago de motín. César, soltó una arenga a sus tropas.
Les convenció de que los germanos eran batibles y les preparó para la batalla. En siete días se presentó en la orilla del Rhin, frente a las tropas de Ariovisto. Entonces sí que se produjo la entrevista entre ambos líderes, en la que ni siquiera llegaron a descabalgar de sus monturas (el caballo de César se llamaba Genitor que significa “el creador”) y en la que no se llegó a ningún acuerdo. Era evidente que las armas decidirían ese conflicto.
La batalla de los Vosgos se produjo el 10 de septiembre del 58 a.C., y fue una nueva victoria aplastante para los romanos.
Dibujo de la situación de las tropas de César y Ariovisto en los Vosgos.
Los que no murieron en la batalla, murieron en su fuga ahogados en las aguas del Rhin. El propio Ariovisto, malherido, consiguió atravesar en una canoa el río. Nunca más se supo de él y suponemos que murió poco después, por las heridas de esta terrible batalla.
Acabadas estas campañas del año 58 a.C., César acuarteló sus legiones para pasar el invierno en el país de los eduos y las dejó al mando de su mejor lugarteniente, Tito Labieno. Mientras él, regresaba a la Galia Cisalpina para controlar lo que pasaba en Roma, esperando la llegada del buen tiempo y poder seguir con sus campañas.
Campamento romano en vista aérea. El legado Titus Labienus.
Llegado el año 57 a.C., y gracias a las cartas que recibía de Labieno, César se enteró de la nueva rebelión que azotaba la Galia: La rebelión de los belgas.
La Galia Belga
Los belgas eran un pueblo que ocupaba una tercera parte de la Galia y estaban situados al norte de la misma, separados de los germanos únicamente por el río Rhin. Las tribus que vivían allí, eran descendientes de los germanos y muy belicosas. Estas tribus hicieron una asamblea y decidieron conjurarse, rebelándose contra el poder de Roma por una serie de razones:
• Temor a que los romanos, después de acabar con Ariovisto, se fijaran en ellos como próximo objetivo y les atacaran.
• No querer someterse ni a germanos ni a romanos, es decir, mantener su libertad y su independencia.
Se decidieron a formar un ejército poderoso para derrotar a los romanos: La tribu de los Belovacos, la más numerosa y fuerte, aportaría 60.000 guerreros; los Suesonios aportarían 50.000 guerreros y además, su jefe, el rey Galba, ostentaría el mando supremo, por ser el mejor preparado y el más respetado entre los belgas; los Nervios, eran otra tribu importante y aportaban 45.000 guerreros más. Muchas otras tribus menores aportarían muchos más guerreros, en total unos 300.000. Los romanos tenían que reaccionar pronto si no querían ver reducidas sus opciones de victoria frente a un ejército tan numeroso. César recibió la noticia como un regalo de los dioses, pues eso le permitía tener una excusa para seguir sus campañas en la Galia y saciar su sed de gloria y guerra.
Reclutó dos nuevas legiones y en cuanto el tiempo mejoró, marchó contra los belgas con unos 60.000 hombres. Al llegar a la frontera del país de los belgas, recibió una embajada de una tribu belga, los Remos, que no querían participar de la conjura masiva de las tribus vecinas y que se pusieron a disposición de los romanos. César se aseguró su fidelidad tomando como rehenes a los hijos de las familias más poderosas de la tribu.
Los belgas van al encuentro de los romanos cerca de la ciudad de Bibrax, pero al tener los romanos una muy buena posición defensiva, cruzan el río y se retiran. Al ver esta retirada, César lanza su caballería a castigar la retaguardia del ejército belga, causándoles un buen número de bajas.
Carga de caballería romana
A partir de aquí, César se dedica a someter a las tribus de la zona occidental sin grandes apuros, tomando rehenes y armas, pero no es así en la parte oriental del territorio belga, donde habitaban los Nervios. Ese territorio era muy boscoso y los nervios se podían ocultar y espiar fácilmente a los romanos. Cuando observaron que los romanos tenían dificultades para fortificarse en ese territorio boscoso, el líder de los nervios, Boduognato, ataca cerca del río Sambre. La batalla del Sambre de julio de 57 a.C., está a punto de acabar con los romanos que se salvan gracias a la oportuna llegada de dos legiones de refresco al mando de Labieno que llegan en el momento justo para darle la victoria a César.
Derrotados los nervios, César decide acabar con las tribus cercanas que aún le resistían y ataca a los Aduatucos. Estos se rinden, pero sufren la ira romana por resistir a su dominio: Los hombres son exterminados, las mujeres y los niños son vendidos como esclavos.
Mujeres y niños belgas conducidos a la esclavitud.
El Senado en Roma se entera de esta gran victoria y decreta, a petición de Cicerón, quince días de acción de gracias en honor al Gran Julio César. El invierno cae sobre el territorio y los romanos se acuartelan. César, en su informe al Senado escribirá de los belgas:
“De todos los pueblos de la Galia, los belgas son los más inteligentes”
El año 56 a.C. trae de nuevo malas noticias. Las poblaciones marítimas de la costa norte de la Galia se han rebelado. La tribu de los Venetos es la más aguerrida de todas. Sus tierras son muy complicadas geográficamente por sus escarpados acantilados, su clima desapacible, sus promontorios de difícil acceso por la subida y bajada de las mareas. César divide en tres grupos sus fuerzas y consigue dominar la rebelión. Condena a todos los jefes de los Venetos a muerte y vende como esclavos a los demás. Además establece en el trono de las tribus belgas a reyes afines a Roma y a él mismo, para asegurarse su lealtad. Aunque con esa medida no habrá suficiente y los problemas volverán al año siguiente.
Ese mismo año 56 a.C. César ha de regresar a la Galia Cisalpina para solucionar los asuntos políticos de Roma. Las relaciones entre los dos miembros del triunvirato, Pompeyo Magno y Craso, que permanecen en Roma son cada vez más tensas. César ha de mediar y de mover sus hilos. Les convoca a una reunión en
Luca, más allá de la frontera de la provincia que marca el río Rubicón, pues él no puede cruzarla ya que, un gobernador de provincia no podía entrar en territorio romano sin abandonar el mando de sus legiones y evidentemente César no iba a hacer eso. En dicha reunión, se reafirma el triunvirato. César mueve sus hilos en Roma para conseguir que ambos sean elegidos cónsules. Craso y Pompeyo en agradecimiento, confirman a César cinco años más como procónsul (gobernador)
procónsul de Siria durante cinco años y así poder hacer la guerra contra los partos. Pompeyo se adjudica, por el mismo periodo de tiempo, el proconsulado de Hispania y África.
En el 55 a.C. César se tendrá que enfrentar a nuevas tribus en el norte de la Galia: los tencteros y los usípetos, pueblos germanos que han cruzado el Rhin para establecerse en territorio galo. Eran aproximadamente medio millón de personas que son recibidos por los nativos como aliados frente al dominio romano. Pero César reacciona con prontitud, les coge desprevenidos y masacra a casi 430.000 personas, mujeres y niños incluidos. A pesar de esta masacre, en la orilla germana del Rhin se concentraban muchos más hombres dispuestos a pasar a la Galia. César hace un alarde de ingeniería y decide construir, donde se alza la Roca Loreley (cerca de la actual Bonn), un puente sobre el río Rhin, uno de los más anchos y caudalosos de Europa.
La Roca Loreley en la actualidad, donde supuestamente César cruzó el Rhin
En tan solo diez días, tiende dicho puente y traspasa con sus legiones el río. Es la primera vez que las legiones romanas pisan territorio germano. Las tribus allí concentradas, huyen despavoridas y se ocultan en los bosques, desistiendo de nuevas tentativas. Tras la demostración de fuerza de César y algunas escaramuzas, dieciocho días después, las legiones romanas se retiran de nuevo a la Galia, destruyendo el puente a sus espaldas.
Esta hazaña, junto con la masacre de los germanos protagonizada por César, al llegar a oídos del Senado, hace que Catón le acuse de hacer una guerra innecesaria y genocida, pidiendo que se le apresara y se le entregara a los germanos, pues de no ser así, la cólera de los dioses caería sobre el pueblo romano.
Pero el Senado, que tiene como cónsules a dos triunviros (Craso y Pompeyo) rechaza la moción y decreta más días de acción de gracias a los dioses por la gran hazaña de César, el primer general romano que ha entrado en Germania.
Ese mismo año, el 55 a.C., César y sus tropas realizaran otra gran gesta. Más o menos pacificada la zona norte de la Galia, a César le llegan noticias de un gran territorio, donde los guerreros se pintan la cara de azul, llamado por los belgas la isla de Mona, situado más allá del mar, atravesando el Canal de la Manica. Un lugar donde los druidas tienen su templo sagrado e iniciático (el Stonehenge) y donde habitan hombres con los mismos orígenes y cultura que los galos.
Recinto del Stonehenge, lugar sagrado para los druidas.
Ese misterioso lugar se llama Britania y era una gran isla, la que hoy conocemos con el nombre de Gran Bretaña. Pero poco o nada conocía César y los romanos de ese territorio y de sus gentes. Sin pensárselo dos veces, en agosto del 55 a.C., César prepara una flota de 80 naves para transportar a dos legiones desde Itio, la actual Calais. Las tribus britanas, avisadas por sus hermanos galos, se preparan para rechazar a los romanos con una lluvia de flechas, dardos y piedras.
Desembarco romano en Britania.
A pesar de ello, los romanos desembarcan y construyen un campamento. Pero el continuo incordio de las tribus locales y los pocos efectivos que habían desplazado los romanos, hacen que César decida retirarse, en septiembre, de nuevo al continente hasta una nueva y mejor ocasión.
Guerrero britano.
Y así ocurrió. En junio del año 54 a.C., César volvió con cinco legiones y 400 caballeros. Los britanos no opusieron resistencia al desembarco esta vez y se retiraron hacia el norte para organizar sus tropas. César llegó hasta el río Támesis, estableció allí un campamento que, mucho después, se convertiría en una pequeña ciudad llamada Londinium (la actual Londres).
Pero una fuerte tormenta destruyó las tropas de refuerzo que venían desde el continente y César se limitó a firmar acuerdos de paz con los britanos, intercambió rehenes y se aseguró así que, si en un futuro volvían a haber