• No results found

Possible Errors While Using Stellar Phoenix Photo Recovery

Shivley cruzó el patio y sintió los ojos de Rachel clavados en su espalda a cada paso. Su corazón latía con fuerza, tenía la boca seca y la cabeza le daba vueltas. Sus botas hacían suaves ruidos de crujidos encima de las rocas pequeñas, y se sentía como si estuviera caminando hacia la horca. Alejarse de Rachel era una de las cosas más difíciles que alguna vez hubiera hecho, y cuanto más se alejaba de ella, más fría se volvía la realidad. No podía simplemente tener sexo con Rachel. Ella estaría partiendo en unos días, y ¿luego qué? Shivley no era mojigata, pero la idea de un polvo rápido, en realidad más de un asunto a corto plazo, no parecía estar bien. Aunque dormir con Rachel no parecía ser complicado en la superficie, en realidad lo era más de lo que parecía.

A menudo Shivley se hablaba a sí misma cuando estaba luchando con una situación difícil. Eso la hacía pensar más claramente, y definitivamente necesitaba tener su cabeza en claro. “Jesús, Shivley, contrólate. Tienes cuarenta y dos años de edad, no eres una adolescente que no puede mantener sus pantalones con la cremallera cerrada. Eres una mujer respetable con un negocio exitoso. Follar en el granero simplemente no es tu estilo. Te mereces algo mejor que eso.” Shivley entró al porche, dudando antes de alcanzar el picaporte.

Y Rachel también. Y ella se irá pronto. El mero pensamiento de la

inminente partida de Rachel hizo que Shivley se sintiera angustiada. Quería que se quedara más tiempo. Quería llegar a conocerla mejor, para aprender todo sobre ella. Quería hacer el amor con ella sin la amenaza del tiempo que se cernía sobre ellas. El tictac del reloj en su

cabeza sólo se había vuelto más fuerte.

*

Shivley se sentó en su lugar habitual en la cabecera de la gran mesa del comedor y jugueteó con la comida. No tenía hambre y, por la cantidad de comida que quedaba en el plato de Rachel, ella tampoco. Rachel no le había hablado cuando volvió a la casa y apenas había reconocido a ninguna de las otras mujeres sentadas alrededor de la mesa. Ellas no parecían darse cuenta de que Shivley y Rachel no eran contribuyentes activas a la charla.

Cindy se sentó a su izquierda, seguida por Joyce, Sue, y Christina. Jane, Debra, Jackie, Becky, y Ellen estaban a su derecha, con Rachel en el extremo opuesto de la mesa. Las mujeres tenían abundante apetito después de varios días de arduo trabajo y se sirvieron ellas mismas, en segundos, casi todo lo que Ann trajo. Shivley observó a cada mujer. Sus atributos físicos eran obviamente diferentes, pero la diferencia más notable eran sus personalidades.

Ellen se rió, trayendo la atención de Shivley de nuevo a la mesa. Cindy, Joyce, y Jane tenían personalidades similares, mientras que Debra, Jackie y Sue tenía los mejores sentidos de humor. Becky era introvertida, Christina era temperamental, y Ellen pacificadora. Shivley miró a cada mujer y repasó la lista mental de comparaciones con Dale.

No había absolutamente ninguna similitud entre Rachel y Dale, aparte del hecho de que ambas eran mujeres. Y que ambas la habían besado, pensó Shivley con ironía. Se concentró en ello y de inmediato se dio cuenta de que no debería haberlo hecho. Sí, ambas la habían besado, pero era ahí donde terminaba la similitud. Una de ellas lo había hecho por costumbre, la otra por deseo y necesidad.

Ann sirvió café, dando a Shivley un descanso de sus pensamientos, pero no por mucho tiempo. Tan pronto como sus tazas estuvieron llenas, Shivley cayó en la cuenta de que tal vez por eso se

negaba a involucrarse con una de sus huéspedes. Y en los últimos años, había tenido un montón de oportunidades. Pensó de nuevo en las otras mujeres que se habían sentado alrededor de esta mesa, y de repente Shivley se dio cuenta de que había comparado a todas con Dale. Eso era algo que conscientemente se había encontrado haciendo los primeros meses después de la muerte de Dale, pero no últimamente. Por supuesto que todas habían palideció en su comparación con Dale de una forma u otra, pero esta vez, era Dale la que era menos que perfecta.

Shivley luchó contra el aguijón de culpa que amenazaba con convertirse en un caso de plena vergüenza. Dale había muerto, le había dejado todo a ella, y Shivley había seguido adelante con su vida. Y seguir adelante con su vida incluía alguien con quien compartirla. No incluía a Dale, pero nunca habría tenido lugar en el primer lugar. ¿Seguiría comparando a todas las mujeres con Dale? ¿Estaba usando la propiedad como un escudo para no tener que lidiar con el hecho de que era más feliz sin Dale de lo que había sido con ella?

Shivley miró a Rachel, y tuvo miedo. ¿Vería la cara de Dale si hacían el amor? ¿Compararía sus técnicas para hacer el amor? Un sentimiento de humillación se disparó a través de Shivley como si eso en realidad hubiera sucedido. No podía hacerle eso a Rachel. Jesús, no podía hacerle eso a nadie. Miró nuevamente alrededor de la mesa. Le encantaba tener su casa llena con la risa de las mujeres que se amaban. Quería a Rachel aquí, en la mesa con ella, todas las noches. Quería hacer el amor bajo las estrellas con Rachel, y no como una huésped a la que nunca volvería a ver.

Rachel abservó las emociones jugar en la cara de Shivley como nubes pasando por el cielo. Shivley no sería una buena política, sus emociones eran demasiado transparentes. Rachel estaba tachando la gama de emociones que pasaban por ella también. Hubo lujuria, confusión, ira, luego deseo, de vuelta a la ira, el patrón repitiéndose. Estuvo caliente y fría y observó mientras Shivley estuvo encendida y apagada también. Gracias a Dios que sólo quería coger, no casarse. No

estaba a la práctica de psicoanalizar sus sentimientos. Entrar en la cabeza de su compañera de cama no era en lo que estaba interesada. No era aficionada a solucionar las “cuestiones” de su pareja temporal. Dios, tenía suficientes problemas por su cuenta. El único problema que quería solucionar era la necesidad de liberar meses de energía sexual acumulada.

*

Shivley cruzó el patio y se detuvo en el corral. Puso su pie sobre el riel inferior y apoyó los antebrazos en la cálida madera. Sabía que había sido una imbécil con Rachel durante la cena. Sabía que tenía que hacer algo, sólo no sabía qué. Algo tenía que cambiar y tenía que cambiar pronto.

“Una cuarto de dolar por tus pensamientos.” “¿Por qué tanto?”

“¿No te has estado manteniendo al día con el costo de la inflación?” Un centavo ya no compra lo que solía, ya sabes.”

Shivley se rió, aliviando parte de la tensión en el aire. Rachel se mudó a su visión periférica y también ella descansó sus brazos sobre la barra superior. Las dos miraron a las estrellas.

“¿Dónde creciste?” preguntó Shivley en voz baja. “En todos lados.”

“¿Siempre eres tan evasiva?” Shivley esperaba que su pregunta no sonara tan acusatoria como podría hacerlo.

Rachel abrió la boca para sacar una respuesta, pero por el contrario dijo, “Sólo cuando la gente se acerca demasiado.”

Shivley tomó un sorbo de su café. “¿Preguntarte dónde creciste es acercarse demasiado?”

Rachel vaciló y tomó una decisión crucial. “Cuando eres propiedad del estado de Montana lo és.” Rachel leyó la pregunta en los ojos de Shivley. “Viví en nueve hogares de guarda y fui a ocho escuelas para cuando tuve quince años.” Rachel estaba cansada sólo

de decirlo.

“Lo siento.”

“¿Por qué? Tú no me conoces.” El mecanísmo de defensa de Rachel arrancó a toda marcha.

“¿Alguien lo hace?” Preguntó Shivley en voz baja.

“¿Qué carajo significa eso?” Rachel estaba enojada. ¿Cómo se

atreve a actuar como si supiera algo de mi vida?

Shivley no contestó. La tensión en el aire era espesa. “¿Por qué estás aquí, Rachel?”

“Descanso, relajación, aire fresco, trabajo duro. Todo lo que tu folleto en papel satinado describía.” Rachel cruzó sus brazos sobre el el pecho y apoyó su costado derecho contra la barandilla. Vio a Shivley sonreir.

“Me alegro de que mi publicidad funcione, pero en tu caso, creo que es pura mierda.”

Rachel empezó a decir algo mordaz, pero algo la retuvo. Shivley repitió su pregunta. “¿Por qué estás aquí, Rachel?”

Las entrañas de Rachel sintieron como si una puerta oxidada estuviera tratando de abrirse. “Pasé unos años en un rancho cuando era adolescente. Probablemente fue la mejor casa de guarda que tuve en los doce años que estuve en el sistema. Cuando llegué con los Stewart yo era una sabelo-todo, dura-empedernida de trece años de edad. Nadie podía decirme nada. Quiero decir, mi mierda no apestaba. Y después de unos pocos días limpiando establos y paleando mierda, yo sabía que tenía razón. En comparación con el hedor a la mierda de caballo y el estiércol de vaca, la mía no apestaba. Definfinitamente eran rosas.

“Pero amé ese lugar. Era como si yo fuera una persona totalmente diferente. No podía esperar para levantarme todos los días. El Sr. Stewart prácticamente me metía en la casa por la noche para que hiciera mi tarea. Estar allí me enseñó mucho. No sólo la forma de montar a caballo o utilizar una cuerda, sino la forma de respetar la naturaleza. Cómo vivir de la tierra. Cómo es nuestra responsabilidad

devolverle a la tierra. Me dio una sensación de paz que no he sido capaz de encontrar otra vez.” Rachel podía ver el rancho y sus tres años allí claramente como como si fuera ayer.

“Me siento de mal humor últimamente. Perdida y descontenta. Lo que antes solía hacerme feliz ya no lo hace.” Rachel nunca había pronunciado esas palabras a otra persona.

“¿Qué lo hacía?” Preguntó Shivley con cautela.

“El poder, la fama, superar al otro tipo. Las mujeres.” Rachel recitó los principales impulsores de su vida de los últimos años.

“¿Qué hiciste cuando saliste del sistema?” Preguntó Shivley, llevando la conversación hacia la infancia de Rachel.

“Caí en el olvido durante unos años. Un día eres un niño que no es capaz de cuidar de sí mismo, al menos a los ojos del Estado, y al día siguiente eres un adulto. Muchos niños quedan en la calle, sin nada, el día en que cumplen los dieciocho años. Sin casa, ni familia, ni nada. Tuve suerte. Tenía un trabajo decente y había ahorrado un poco de dinero. Conseguí un apartamento deprimente, traté de mantener mi nariz limpia, y me abrí camino hasta la universidad.” Rachel resumió seis años de su vida en unas pocas frases.

Los grillos chirriaron a la distancia y uno de los caballos en el establo relinchó, rompiendo la noche por lo demás silenciosa. “¿Cómo te metiste en política?”

Rachel no podía creer lo mucho que se estaba abriendo a Shivley. Nunca le había dicho a nadie ni la mitad de lo que le estaba contando a ella. Estar aquí en el rancho le había hecho eso. “La Universidad. Tengo una licenciatura en ciencias políticas, pero siempre supe que quería estar detrás de la escena. Me dieron una oportunidad con un político local que buscaba su reelección, y quince años más tarde aquí estoy, de pie bajo las estrellas con una bella mujer.”

Finalmente Shivley se volvió y miró a Rachel. “¿Estás hallando lo que buscas?”

“No estoy segura de que lo sabría si lo viese. Podría estar de pie justo en frente de mí y honestamente puedo decir que no lo

reconocería.” Rachel había tenido suficiente de desnudar su alma por esta noche y desvió la conversación para centrarse en Shivley. “¿Por qué estas tú aquí?” Sabía la historia básica por su conversación la otra noche, pero sospechaba que había algo más en ello.

Shivley le contó a Rachel acerca de Dale, su enfermedad, cómo se compró el rancho y lo desarrolló hasta ser lo que era hoy. Ni una sola vez miró a Rachel, pero podía sentir sus ojos suaves observándola.

“¿La extrañas?”

La pregunta no era lo que Shivley esperaba que Rachel dijera. Por lo general, obtenía una variante de “Lo siento por tu pérdida,” pero nadie le había preguntado nunca si la echaba de menos. “No.” La sencilla palabra la sorprendió. Ni siquiera había pensado en su respuesta y ciertamente no pensó que sería no. Rachel no dijo nada.

“Me refiero a aquí. Este rancho fue mi sueño no el de Dale. Ella nunca estuvo aquí, literalmente o figurativamente. Echo de menos estar con alguien. No sólo el sexo.” Shivley espió a Rachel, que tenía una mirada muy escéptica en su rostro. “Bueno, echo de menos el sexo, pero también extraño la idea de tener a alguien en mi vida.”

“¿Cómo es eso?” Preguntó Rachel. Nunca había extrañado a nadie a excepción de su madre, y eso sólo al principio.

“El hecho de saber que hay alguien allí. Incluso si esta a cientos de kilómetros de distancia, todavía está contigo.” Levantó la barbilla. La noche era clara y miles de estrellas brillaban en el cielo negro. “Podrías estar en París, y yo aquí, y veríamos las mismas estrellas.”

El anhelo en la voz de Shivley sacudió a Rachel. Nunca había sentido así por otra persona y se preguntó si era bueno o malo. “No lo sabría.”

Shivley se volvió y miró a Rachel a su lado. Era cómodo estar con Rachel de esta manera, la luz de la luna iluminando su rostro con sombras suaves.

“Nunca he tenido un mejor amigo o alguien que se preocupara por mí de esa manera.” La realidad era tan fría como parecía.

“¿Y tus padres?”

“Mi padre estuvo perdido-en-acción desde el primer momento, y mi madre, bueno, todo lo que sé de ella es que me dejó con un vecino, me dijo que volvería, y nunca lo hizo. No hace falta decir que la confianza no es algo con lo que yo este verdaderamente familiarizada.”

Shivley quería abrazar a Rachel, pero sabía que sería rechazada si lo intentaba. Rachel no querría su simpatía. “¿Y qué hay de una amante?”

Rachel sonrió. “Demasiadas para contarlas, ninguna que lo haya hecho nunca.” Sabía que Shivley no sería crítica de su pasado. Otra larga pausa llenó la noche. “¿Y tu familia?” Rachel nunca le había hecho esa pregunta a alguien, que pudiera recordar. Quería saber la respuesta ahora.

“Mi padre es un gilipollas de primera clase, y por alguna razón, mi madre lo ha aguantado durante cuarenta y seis años. Papá pone las normas en la casa, es dogmático y una vergüenza constante. Dejé de invitar amigos cuando tenía quince años.”

“¿Hermanos?”

“Un hermano en Pittsburgh. Frank es una astilla del viejo palo.” Shivley tenía dos sobrinos que nunca había visto, prefiriendo no someterse a las intolerantes diatribas de Frank.

“¿Cómo reaccionaron cuando se enteraron de que eras lesbiana?” Rachel había tenido la suerte de estar con una familia sustituta conprensiva cuando ella salió. Si no lo hubieran sido, sólo podía imaginarse lo que su vida habría sido.

Shivley se dio la vuelta, de espaldas a la cerca del corral. Puso las manos en los bolsillos de sus pantalones vaqueros. “Papá me golpeó, Mamá lloraba, y mi hermano tuvo una erección. Yo tenía diecisiete años. Al igual que tú, yo me abrí camino hasta la universidad, tuve una novia aquí y allá, obtuve mi CPA, trabajé para unos cuantos imbéciles, comencé mi propia empresa, conocí a Dale, ella murió, y eso casi te trae hasta hoy.”

“¿Cuánto tiempo estuvieron juntas?” Era extraño que Rachel estuviera haciendo preguntas acerca de una ex-amante. Cada vez que lo había hecho antes había sido sólo para preguntar acerca de enfermedades de transmisión sexual.

“Cuatro años. Salimos uno y vivimos juntas durante tres.” “¿Eras feliz?”

Le tomó unos momentos a Shivley responder a la pregunta. Imágenes de ella y de Dale compartiendo la risa, el amor y las lágrimas flashearon en su mente. “Yo pensaba que lo era.”

“¿Qué te hizo cambiar de opinión?” La curiosidad de Rachel curiosidad se incrementó.

Shivley miró a su casa al otro lado del patio. Ella misma había diseñado la estructura, junto con el establo y el cobertizo. Había puesto casi todos los postes de la cerca, martillado cada clavo, y seleccionado cada cabeza de ganado. Era más de lo que podía imaginar. “Esto. Esto es lo que ha cambiado mi vida. Es donde quiero estar por el resto de mi vida.”

Rachel miró a su alrededor también y respiró hondo. “Estoy contigo.”

Shivley deseó que eso significara para Rachel tal como lo había dicho. Quería a Rachel a su lado, para compartir el rancho con ella. Quería pasar noches tranquilas como esta con ella y despertar a su lado cada mañana. Alargó la mano y tocó el brazo de Rachel. “Lo siento... por esta tarde... esta noche.” Shivley no estaba segura de qué decir. La sonrisa suave de Rachel la llenó de calidez.

“Esta bien. Nuestros demonios nunca salen a la superficie en el momento adecuado. Buenas noches.”

Shivley vio a Rachel caminar hacia la casa. Ella la deseaba y no tenía idea de qué hacer al respecto. Rachel se iría en cinco días.

Related documents